SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA
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Vivimos la tarde de la humanidad, muy próximos a su anochecer, a la caída del telón, y no por el desgajamiento de la Tierra ni por el impacto inminente de un asteroide de enormes proporciones, y menos por invasiones extraterrestres fingidas o por guerras mundiales -resulta una niñería y un sentimentalismo creer que quienes dominan el mundo van a destruir el planeta y a sí mismos-, ni tampoco por la rebelión de las inteligencias artificiales -ese tema está controlado y totalmente manipulado con cierta intencionalidad perversa-, como tanto pregonan cotidianamente distintas páginas en internet, unas académicas, oficiales y científicas, y otras no. Diariamente, el ser humano es reducido a basura, insignificancia, número, baratija y estadística. Es monstruoso presenciar a miles de millones de personas, en todo el mundo, extraviadas en supuestos encantos, creencias, apegos y realizaciones de apariencias, con ausencia de proyectos existenciales y valores, y exceso de ambición desmedida sin sentido y satisfacción desenfrenada de apetitos e impulsos primarios antes de cualquier sentimiento de bien, ideal y raciocinio. Es una época de agresividad, escándalo, diferencias marcadas, odio, miedo, resentimiento y violencia. El modelo de familia está denigrado. La gente -y más los opuestos- es radical, no se soporta y se aborrece. Nadie puede opinar contrario a la estulticia de las mayorías porque es señalado, despreciado, criticado, marginado y agredido. Sorprende que hasta gente con preparación académica sienta, crea y piense irracionalmente, como una élite ambiciosa y malvada lo ha impuesto gradualmente. Existe mucha decepción, incertidumbre, desesperación y tristeza ante los jóvenes que realmente sienten y piensan diferente a la tendencia globalizadora que desea que toda la gente -hombres y mujeres- se conviertan en enemigos y se destruyan a sí mismos. Es preocupante y ridículo que los grandes rebaños humanos, las personas convertidas en cuerpo informe y colectivo, incapaces de sentir y hacer el bien, razonar y luchar, asuman como verdades las mentiras, el consumo de alcohol y droga, el derecho de asesinar, las modas, la desintegración familiar y social, la estupidez. Hoy, quienes presumen un automóvil o una motocicleta de lujo, una mansión, un viaje, joyas, romances pasajeros e ideas, ocurrencias y palabras estúpidas, reciben más aplausos, reconocimiento y admiración que aquellos que tienen proyectos interesantes, hacen el bien, conservan valores, piensan distinto y anhelan una vida en armonía, digna, libre, plena, equilibrada y justa. La élite que ambiciona destrozar a los seres humanos y apoderarse de sus vidas, tiempo, decisiones, actos, razón y destino, avanza significativa y planea dar el golpe final en el corto plazo. Son capaces de crear guerras, invasiones, calamidades, epidemias y toda clase de situaciones aterradoras con el objetivo de generar pánico y los sentimientos más negativos, hasta desgarrar a la gente, más allá de cualquier raza, creencia, estudios y capacidad económica. Esta tarde humana, tan próxima a su anochecer, es tan compleja que se necesitarían volúmenes para analizar y plantear el tema. Parece un acontecimiento muy cercano e inevitable, con un destino fatal para miles de millones de hombres y mujeres. Lamentablemente, prevalecen irresponsabilidad, apatía, desinterés, pasividad e ignorancia. Vivimos la tarde y el cercano anochecer de la humanidad. igual que las plantas con flores y espinas que el segador destierra del jardín y condena a su fatal exterminio.
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