Con un plan

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Hay gobiernos, en el mundo, que fomentan la desigualdad social y el antagonismo y el odio entre los opuestos, y que, aparentemente, toleran los desórdenes, el caos, la inseguridad y la violencia, con la estrategia de justificar, más tarde, su invervención armada y el control absoluto del poder.

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El peligro inminente

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Me preocupa que sean las generaciones jóvenes quienes estén participando en la destrucción de las bases y los principios que sostienen y dan sentido a cada persona, familia, grupo y pueblo. No me refiero a alguna religión específica ni a la moral de apariencias y simulación; hablo de valores que trascienden modas y tendencias del pensamiento y de la conducta. El plan y la intención de quienes forman parte de la élite que pretende ser gobierno global, es, precisamente, eliminar toda clase de principios orientados al bien, la verdad, la justicia, la originalidad, la iniciativa, el respeto y la dignidad humana, los cuales minimizan y ridiculizan, a través de películas, programas y series de radio y televisión, y contenido y mensajes en internet y en redes sociales, con la intención de normalizar los temas negativos y vaciar a la gente, sepultar sus sentimientos, sus capacidades, sus talentos, sus aspiraciones y sus anhelos, a cambio de engaños y superficialidades que, más tarde, al no tener obstáculos al frente, les arrebatarán para imponerles un esquema de control y explotación. Desde hace décadas, aplican la ley de gradualidad con una intención malsana. Lamentablemente, los progenitores de tales generaciones -también jóvenes-, justifican lo que acontece, se encuentran manipulados y tienen otros intereses. Y no se trata de volver al pasado ni de recolectar herramientas educativas que hoy ya no son aplicables, sino de enmendar todos los errores y diseñar rutas hacia el desarrollo pleno e integral, acorde a las necesidades y a los retos que plantean los signos de la hora contemporánea. En medio de la desintegración familiar, la corrupción y el quebranto de diversas instituciones, la deshonestidad, las enfermedades, la violencia, los crímenes, la escasez, lo baladí, la mediocridad, las enfermedades y el mal, los niños, adolescentes y jóvenes se están acostumbrando a las migajas que les ofrecen cotidianamente quienes pretenden ejercer el dominio absoluto del mundo. Afortundamente, existen jóvenes que todavía conservan principios y están conscientes de la importancia de impedir que la humanidad se desmorone; sin embargo, no son mayoría para enfrentar la terrible amenaza que parece inminente ante la pasividad generalizada. Junto con la gente joven, estamos presenciando el resquebrajamiento social con una pasividad e indiferencia que nos mantiene atados e inmóviles. Estamos asistiendo, casi sin darnos cuenta, a uno de los espectáculos más escalofriantes: el de la mutación natutal del ser humano a la criatura virtual que todo lo desecha y, ante las pruebas, es reducido a su realidad insignificante. ¿A dónde podrá llegar una generación humana a la que se le programa y automatiza para seguir una ruta existencial que resulta tan irreal como su incapacidad de sentir, pensar y soñar? ¿Seguiremos encadenados a la pasividad que es cómplice de lo que otros están haciendo en perjuicio de las generaciones del minuto presente? ¿Eso es lo que deseamos para nuestros descendientes? ¿En verdad deseamos una generación de personas intolerantes a la realidad natural, incapaces de acciones tan sencillas como destapar una lata o una botella, entregadas, ciegamente, a una existencia vacía?

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Cuando miro las sombras en las fotografías antiguas

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Sé que vivieron, sé que existieron, sé que rieron y lloraron. No fueron sueños ni fantasmas. No son parte de mi imagimación. Sus sombras, en los retratos, son huellas efímeras, constancia de que fueron reales. No estamos solos. Algo queda de nosotros cuando nos vamos. Tal vez, las sombras que dejaron son pruebas para que nosotros, al mirarlas años más tarde, aprendamos que la existencia es pasajera. Quizá se trata de poemas ocultos, pinturas con claroscuros, musica con pausas y sentidos.

Santiago Galicia Rojon Serrallonga.

En ocasiones, cuando reviso fotografías antiguas, me causan asombro e inquietud las sombras que proyectaron la gente y las cosas de entonces. Quedaron atrapadas, con los personajes y los objetos, en los retratos que pierden color y textura conforme transcurren los días y los años. Sombras, después de todo, que son cosntancia de que alguien -uno o más- existió y tuvo una realidad, un destino y sus propias razones. No fueron espejismos, imaginaciión o fantasmas. Sus sombras permanecen cautivas en los retratos, en las imágenes, cual testimonio de su caminata y de su estancia temporal en el mundo. Personajes, muebles, objetos, árboles, plantas y construccione que un día fueron reales y tuvieron sus motivos. Cuando, un día soleado o una noche con iluminación artificial, alguien me toma una fotografía, miro mi sombra efímera y pienso que quedará, junto con mi rostro y mi silueta, como testimonio de mi paso por las estaciones de la vida terrena.

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En un cuaderno o en una libreta

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Les comparto que, en los escasos momentos libres, al concluir mis actividades profesionales, escribo, a mano, con bolígrafo color sepia, la historia de mis antepasados en sus diferentes ramas. Lo hago en una libreta de pasta dura, totalmente numerada, con la idea de que en sus páginas quede inscrita la epopeya del ayer por parte de mis antecesores. Se trata de información, fechas y datos que he investigado y recopilado desde hace décadas, a partir de mi infancia. Un día -hace poco, realmente-, decidí que era momento de dedicarle mi mejor esfuerzo a ese libro, el cual, a diferencia de mis otras obras, no publicaré, ya que lo compartiré exclusivamente a mi familia más cercana, a mis descendientes; sin embargo, confieso que escribir la historia de mis antepasados, ha resultado un ejercicio muy saludable, espiritual y mentalmente, porque con cada línea aprendo y me entiendo más. Quien conoce su pasado, su origen, cuenta con elementos para conocerse y definir su presente, su hoy, y actuar de acuerdo con su proyecto existencial, con la promesa de un mejor futuro; aquel que lo desdeña o lo ignora, no sabe la información tan valiosa que pierde. Con cada personaje de antaño, aprendo algo y comprendo, por añadidura, que se trata de un fragmento de mí, uno de los tantos antecedentes que permanecen en mi genética, lo cual, por cierto, me da oportunidad de corregir o mejorar. Siempre les he tenido un profundo respeto a mis antepasados y hoy refrendo la admiración, el cariño y el agradecimiento que me inspiran. Me parece que la mayoría tenemos oportunidad de escribir algo sobre nuestros antepasados. Si alguien no dispone de información sobre sus abuelos, bisabuelos, tatarabuelos y demás antecesores, puede iniciar con sus padres. Lo importante es no dejarlo al olvido o a la desidia. Puede escribirse en un cuaderno con un estilo sencillo. No es requisito, para hacerlo, ser literato. La experiencia resulta enriquecedora, más allá de quiénes hayan sido los antecesores. Y será un legado invaluable para sus descendientes, quienes se comprenderán mejor. Un cuaderno sencillo, creo, puede resguardar, al terminar la hoja postrera, la obra más bella, cutivante, encantadora y real. Nunca hay que desdeñar a quien escribe en el papel más modesto; su texto puede resultar una obra grandiosa porque se trata de personajes reales. Disfruto los instantes que dedico a tan hermosa y significativa tarea. Creo, por otra parte, que ninguno de mis antepasados imaginó que uno de sus descendientes escribiría sus biografías personales y familiares, con las luces y sombras que todo ser humano lleva consigo durante su jornada terrena. Es como reconstruir vidas, personajes de los que, después de todo, uno forma parte. Es un honor y un privilegio hacerlo. Sin dame cuenta, me he transportado a los muchos días del ayer, a un sitio y a otro más, para acompañar, por un rato -horas o años- a mis antecesores, durante su caminata por las sendas de la existencia mundana. Me siento orgulloso de ser su descendiente y los percibo en mí, con sus diferentes rostros e identidades, sin que yo pierda mi esencia. Estoy seguro de que en alguna fecha, cuando yo haya finalizado mi paseo por este mundo al que denominamos Tierra, alguno de mis descendientes continuará los relatos de nuestra historia familiar.

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Las sonrisas

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Las sonrisas son orquídeas, tulipanes y rosas que no se marchitan, flores que aparecen en una estación y en otra y dejan sus fragancias a la gente buena, a los enamorados, a los artistas, a los que se quieren tanto, a los poetas inspirados, a los pintores de sueños e ilusiones, a los escritores incansables que construyen historias maravillosas. Las sonrisas forman palabras dulces que, una mañana, una tarde o una noche, se convierten en poemas, en textos cautivantes y tiernos, en versos sublimes y bellos. Las sonrisas genuinas, acompañadas de palabras amables, son, parece, pétalos tersos que abrazan y besan desde las profundidades del alma. Me encantan esas sonrisas que se presienten auténticas, ausentes de sombras y de prácticas malas. Como que traen los rasgos de la vida y la mirada de la creación que pulsa en cada expresión. Las sonrisas atentas y cordiales, son un puente entre las almas y significan, a veces, más que las palabras que no siempre se entienden. Quiero coleccionar sonrisas y regalar racimos de flores para que todos, hombres y mujeres, cultiven el jardín más hermoso y su mundo temporal, que simplemente es una estación inmersa en la ruta hacia el infinito, atraigan el bien. Pienso que debe ser motivo de dicha y encanto, regalar tantas flores a la gente que uno ama, a las personas que encuentra en el camino, a los seres que cotidianamente transitan por las rutas de la vida. Prefiero, con mi sonrisa y mi trato amable, ser el jardinero que siembra flores, que el segador que se dedica a arrancarlas. Necesito que tú, ella, él, ustedes, también se dediquen a regalar sonrisas agradables que surjan del interior, para así, juntos, hacer de este mundo un paraíso.

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Y si un día

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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A mis descendientes, a mi familia, a mis amigos

Y si un día ya no estoy aquí, contigo, quiero que, en vez de llorar, leas los textos que escribí, para que así me sientas cerca y sepas que te estoy hablando. Y si, en algún momento de tu existencia, percibes mi ausencia, hojea las páginas con fragancia a papel y tinta y deja que su perfume te envuelva, hasta que coincidamos en alguno de sus parajes y, juntos, caminemos por los senderos y las rutas que se encuentran en cada letra, las cuales, por contener tanto de mí, te regalarán mis abrazos y mis consejos con el amor que te tengo. Y si, en alguna hora insospechada, cae la noche y me desvanezco, cierra tus ojos y sumérgete en las profundidades de tu ser, en tu esencia, donde te estaré esperando con la intención de mostrarte el oleaje que lleva a la fuente infinita. Y si en alguna fecha incierta, al amanecer, ya no me miras ni me escuchas, no olvides que mis voces y silencios se mezclarán con el lenguaje de la naturaleza, con los códigos de la vida, con los signos de la creación. Y si alguna vez, tras concluir mi presente ciclo en el mundo, no me sientes, toca los pétalos de las flores -orquídeas, tulipanes, rosas- y, al percibir su textura, experimentarás mi cercanía y sabrás que nunca te abandonaré. Y si cierto instante sufres por las ocasiones que dejamos de convivir, desecha el arrepentimiento, la tristeza y el dolor porque cada uno, en la caminata de la vida por el mundo, tiene sus motivos, sus sendas y sus razones; pero en la esencia -y tú lo sabes-, nos amamos y compartiremos, una vez superados los destierros que nos ponen a prueba y hacen crecer, la dicha de una existencia plena e infinita. Y si una tarde, mientras llueve torrencialmente, sopla el viento y los relámpagos desgarran las nubes plomadas y ennegrecidas, sientes que te desmoronas, no llores ni sufras por lo que ya pasó y forma, en consecuencia, parte de tu historia; fortalece tu ser, sé grandioso e irrepetible, derrama el bien y la verdad, y nunca actúes con maldad ni con injusticia, para que así, al llegar a la hoja postrera del libro de tu existencia, mires atrás, feliz y satisfecho, las huellas que dejaste en el camino y los puentes y las rutas que diseñaste y construiste durante tu andar por las estaciones de la vida. Y si en determinado instante piensas que todo ha acabado, no dudes en abrir las ventanas de tu ser y de tu casa, mirar a tu alrededor y recordar que la vida es incesante. Y si un día crees que ya no estoy contigo, siénteme, en tu interior, a través de tu alma, de tu esencia inmortal, y, afuera, en los rumores del viento, en la lluvia, en los colores de las flores y en el oleaje del mar. Prometo, por así saberlo, que nuestras almas siempre permanecerán inseparables y dichosas. Y si un día.

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Otro de los temas preocupantes

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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… Otro de los temas preocupantes es que las generaciones de la hora contemporánea, al nacer, ya se encuentran inmersas en ambientes locales, nacionales y globales de ausencia de amor y de bien, desbordantes de odio y de violencia, maquillados de asuntos, modas y tendencias que parecen ser la verdad, carentes de sentimientos nobles y de racionalidad. Quienes nacen, en los minutos actuales, se acostumbran, por tratarse de su época y de lo que está a su alcance, a la escasez, las crisis económicas, las guerras, las enfermedades contagiosas y el control de los más poderosos a los más débiles. No saben que alguna vez hubo alegrías, creatividad, ilusiones, libertad, originalidad y sueños. No disponen de elementos de comparación. La gente que pudo relatarles cómo era el mundo apenas unos años antes, ya murió o anda ocupada en diferentes asuntos, independientemente de que, a través de los medios de comuicación y las redes sociales, les enseñan a no respetar a los adultos y a desechar lo que les parezca caduco. La superficialidad, con sus estupideces y ligerezas, resulta tan pesada y tóxica, que cubre e impide sentir desde el alma y razonar. Nadie se atreve a denunciar públicamente lo siniestro del proyecto de dominar el mundo y someter a la humanidad. Y a los que lo hacemos, nos descalifican. Por favor, quienes aún se encuentren completos, espiritual y mentalmente, hablen, despierten y guíen a las generaciones actuales. Impidamos que una élite perversa se apodere de las voluntades y del destino humano. No acostumbremos a los niños y a los adolescentes al mal, al odio, a la superficialidad, a la falta de sentimientos nobles y de raciocinio. Si cada adulto se comprometiera a inculcar valores, sentimientos e ideas a los niños y a los adolescentes, sumaría y multiplicaría el bien y la verdad, hasta desvanecer al grupúsculo que, a nivel mundial, ambiciona controlar a millones de hombres y mujeres. Los niños, los adolescentes y los jóvenes permanecen envueltos en el mundo y en la realidad que les han fabricado, de la cual todos somos, en parte, responsables. Resulta perentorio despertarlos, inculcarles valores, hablarles con la verdad, antes de que la noche más oscura y desolada llegue a sus existencias.

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El otro contagio

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Me parecen graves, mezquinas, preocupantes y tramposas las enfermedades de la hora contemporánea, diseñadas y creadas en laboratorios mecenarios de la ciencia, que, más tarde, son disueltas en el ambiente con la intención de afectar a la humanidad y, adicionalmente, debilitar a las generaciones de niños, adolescentes y jóvenes, y acostumbrarlos a una realidad terrible de dolor, escasez, dependencia, inutilidad, miseria, tristeza y muerte; sin embargo, siento mayor coraje, pesar y mortificación ante el otro contagio, el mal que desgarra los sueños y las ilusiones, aplasta los sentimientos, destroza el raciocinio y las ideas, y contamina el bien y la verdad. Y es que si las enfermedades de laboratorio atrofian los organismos y tienen capacidad de propiciar la muerte, el otro mal, el que atenta contra los principios y los valores, la creatividad y las libertades, los sueños y la originalidad, el amor y la honestidad, la alegría y las ilusiones, la dignidad y la justicia, es imposible combatirlo si ataca y carcome a las personas. Y ese plan dañino, perverso, irreversible y tóxico, que una élite poderosa, a nivel global, aplica gradualmente, desde hace años, con cierta intencionalidad, no tiene vacuna ni tratamiento. Una vez que el alma es sepultada y se vacían los sentimientos y el raciocinio de la gente, se le transforma en marioneta, en títere, en criatura desprovista de decisión, voluntad y sentido. Esa es la verdadera pandemia. Los grupúsculos que ambicionan el poder y el control del mundo, respaldados por sus mercenarios -científicos, intelectuales, gobernantes, militares, empresarios, multimillonarios, políticos y medios de comunicación-, han distorsionado la realidad humana, alterado la trama de la vida y normalizado el mal y lo negativo. Rompieron a las familias, las enfrentaron, como lo hicieron, igualmente, por medio de su cruel juego de los opuestos, con la generación de odio y violencia. Quebrantados el bien, la verdad, la justicia, la dignidad, los sueños, el ingenio y las libertades, hombres y mujeres se transforman el trozos de maquinaria humana a la que se puede manipular cual marioneta, controlar y explotar sin escrúpulos. Y para ellos, que se apropiaron del mapa de la humanidad, la niñez, la adolescencia y la juventud del minuto presente, son el rebaño de prueba que sacrificarán con el objetivo de establecer reglas injustas, decidir el rumbo de los pueblos y marcar e imponer un nuevo modelo que favorecerá a una minoría y embestirá a millones de hombres y mujeres. Ese es el contagio, la enfermedad, la terrible pandemia que atenta contra la aldea humana.

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La flor que se deshoja, silenciosamente, entre las páginas de un libro

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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La flor que un día lejano fue regalo e ilusión, es el poema que se conserva en una caja -la de los recuerdos, dulces o amargos-, o entre las páginas de un libro con aroma a papel, tinta, perfumes y un viejo romance. Los pétalos que se desprenden de la flor guardada en el armario, son pedazos de amor que tuvieron fragancias, colores y texturas. Las flores secas que se atesoraron cierta vez, tras provocar ilusiones y suspiros, con la idea de un amor bello y sin final, agonizan en la desolación, mientras algún corazón se apaga silenciosamente. Los pétalos secos que uno, al cambiar las páginas de un libro, descubre en el naufragio, huelen a idilios añejos, a alegrías pasajeras, a ilusiones y a sueños que duermen profundamente. La flor que, en otra fecha, alguien obsequió, es, simplemente, un pedazo de amor que quedó en el camino y que se deshoja irremediablemente.

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Somos, acaso, pedazos de hojas de papel

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Somos, acaso, pedazos de hojas de papel que quedan abandonados y dispersos, aquí y allá, con anotaciones que, por ser fragmentos, parecen incompletos, a pesar de significar trozos de nuestras vidas. Tal vez, cada instante, las páginas de nuestras existencias se deshojan, igual que las frondas de los árboles, en los bosques, en las calzadas y en los parques, una tarde de suspiros otoñales. Formamos parte, quizá, de una colección de notas que, un día, otro y muchos más, a ciertas horas, cayeron sin darnos cuenta y permancen en el camino, fieles a lo que que sentimos, pensamos e hicimos durante nuestras andanzas. Quedan, de nosotros, lo que hicimos, bueno o malo, en la mañana y en la tarde, al mediodía y al anochecer, solamente con la oportunidad de enmendar el presente y definir el futuro, porque los aciertos y los errores del pasado, allá se quedaron, solitarios, envueltos en las sombras de las añoranzas y los recuerdos. Somos, indudablemente, memoria del ayer, acontecimiento del hoy y promesa del mañana. Sin pasado, no existe la esperanza de un hoy; la carencia de un ahora, elimina todas las expectativas del porvenir. En breve, el ayer se vuelve hoy, y el ahora transcurre y queda en el pasado, hasta que el anhelado mañana asoma por la ventana y más tarde se desvanece, solitario, como llegó. Todo se queda en nuestra historia. El dinero, la fama y el poder que otorgan distinción a la gente, inevitablemente se deslindan de cualquier intento de rapto a otras fronteras. Son demasiado pesados y vacíos para la ligereza que se necesita al cruzar el umbral. Somos, parece, parte de un guión que componemos inspirados en nosotros mismos y en lo que sentimos, idealizamos, pensamos, soñamos, decimos y hacemos. Somos, creo, pedazos de hojas escritas con historias que el aire y el viento se llevan mientras permanecemos distraídos en otros asuntos. Son páginas que se deshojan. Forman parte de un cuaderno que también posee hojas en blanco que es preciso escribir antes de que alguien más lo haga. Somos, acaso, pedazos de hojas de papel.

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