La puerta

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Toqué a la puerta de tu ser con la idea de fundirme contigo en las cascadas y en la lluvia, en los sueños y en la vida, en el mundo y en planos sin final, y al entrar a tu morada, descubrí que era mi casa, que siempre había estado contigo

Siempre anhelé entrar por esa puerta. La miré una y otra vez, y suspiré mucho, y la soñé demasiado, y deslicé mis dedos sobre su textura mágica. Me cautivó al caminar por la vida, al soñarla, al imaginar su riqueza inconmensurable, al mirar por su cerrojo, hasta que un día, sin darme cuenta, me sentí tan atraído por su estilo especial, por lo que significaba para mí, que decidí tocar con la aldaba, como si acariciara tu piel o tu cabello una mañana soleada o una tarde lluviosa. Asomaste por el postigo. Te reconocí de inmediato. Definí el perfil de tu rostro, el encanto de tu mirada intensa, y escuché, arrobado, la dulzura y la sutileza de tus palabras, mezcladas con los colores, las fragancias y los rumores del cielo. Al verte por primera vez tras la puerta, supe que se trataba de ti porque entré donde siempre me había encontrado, identifiqué el ambiente de tu morada, percibí el aroma de tu esencia. Antes de consentir mi ingreso, anticipaste que no esperabas a alguien más, igual que yo, y te creí, y confié en ti, y compartimos la llave del cerrojo, y comprendimos, entonces, que los prodigios son reales y que a veces, cuando uno sueña y cree, alguien -Dios, la vida, el destino, el universo- cumple los deseos más bellos y puros. Toqué a tu puerta para reencontrarme contigo, correr el pasador y no salir más de nuestra casa, porque el amor lleva a las estrellas, al oleaje jade y turquesa del océano, a los sueños y a la vida, al mundo y a los planos sin final.  Toqué a la puerta suavemente, quizá porque siempre intuí que te encontrabas al otro lado y que al entrar, comprobaría que siempre había estado contigo.

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El poema más bello

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, que eres mi musa. A ti, que te encuentras en mi historia. A ti, que te defino en mi alma. A ti, que te descubro en mi vida y en mis sueños. A ti, que sabes que te amo

El poema más bello, uno lo escribe, quizá, alguna noche romántica, cargada de estrellas distantes que apagan y encienden sus luces plateadas, tal vez con un suave viento que hace sentir la presencia del amor y la vida, quizá con el rumor del agua que brota de la fuente. El poema más hermoso, uno lo compone una mañana, al despertar de un sueño mágico para entregarse a una vida intensa, con la alegría e ilusión de encontrarse con la musa amada. El poema más dulce, uno lo plasma al sentir la dulzura de un beso, el calor de un abrazo y el palpitar de dos corazones. El poema más sublime, uno lo escribe al amar de verdad y percibir el mundo y el cielo, tu alma y la mía, la sonrisa de Dios y la maravilla de la vida inmortal. El poema más cautivante, uno lo escucha al pronunciar tu nombre y el mío, al amarte y al descubrir que somos un acto prodigioso y una luz inextinguible.

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De este amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

De este amor, parto contigo al día y a la noche, a las cumbres y a las llanuras,, a las flores y a la lluvia, a tu alma y a la mía, a otros mundos y la morada sin final 

De este amor que te entrego cada día, he hecho una locura, un desvarío, porque al inspirarme este sentimiento que no cesa, escribo para ti, juego contigo y te comparto mis ocurrencias. De este amor que te declaro cuantas veces me es posible, surge una historia imborrable, con instantes de la mañana, la tarde y la noche que arrancamos al tiempo y unimos para evitar el naufragio en el hondo vacío. De este amor que funde mi alma con la tuya, escucho los rumores del cielo que a cierta hora llegan con el viento. De este amor que renuevo cada amanecer, envuelvo detalles en gotas de cristal para que lleguen a ti. De este amor que hace de nosotros una coincidencia, la parte tuya y la mía convertidas en uno, te entrego un bouquet con nuestros secretos. De este amor tan nuestro, hacemos de tu existencia y la mía un sueño inolvidable. De este amor que ha dejado colores y fragancias en el aire, en la lluvia, en el océano, en la arena, en el trigal y en la nieve, convertimos los sueños en vida. De este amor que me asombra a toda hora, contabilizo las estrellas perceptibles en el firmamento e imagino que existen otros mundos para los dos. De este amor que tiene tu nombre y el mío, suscribo un pacto para nuestras almas, encuentro un significado y empiezo a sentir la brisa que proviene de ti y de mí, del mundo y la creación, de una ruta sin final.

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Al tener tu amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Al tener tu amor, he encontrado un instante, un motivo, una razón, un sentido. Al sentir tu amor, he ganado el cielo

Al tomar tus manos, siento necesidad de introducirlas en la fuente para juntos extraer las gotas diáfanas que deslizan por tu piel y la mía, soplarles y transformarlas en hojas que mece el viento, en flores que presumen su aroma y su policromía, en mariposas con diseños mágicos en sus alas, en perlas que forman collares. Al mirar tus ojos, me encuentro contigo y conmigo, me vuelvo tú con un yo muy mío y me sumerjo en las profundidades de tu ser, en la región más insondable de tu alma, donde me uno a ti mientras llegan hasta nosotros los rumores de la eternidad. Al inspirarme cada día, te convierto en mi musa y te entrego mi cuaderno de poemas. Al besar tus labios, llevo tu sabor en mis sentidos y en mi memoria, en mi sangre y en mis sentimientos. Al caminar a tu lado, vuelo libre y pleno hacia fronteras insospechadas, donde el principio se renueva cada instante. Al descubrir la primera estrella que aparece al anochecer, tengo la constelación que alumbra el balcón de nuestro romance. Al percibir tu fragancia y sentir tu presencia, recuerdo las flores de prodigioso encanto que recolecto y envuelvo en un bouquet que te regalo con mi perfume. Al escribir y deletrear tu nombre, pronuncio el mío. Al hablar contigo y escuchar tu voz, oigo la música del universo. Al abrazarte desde la profundidad y el silencio de nuestras almas, me siento entre el mundo y la inmortalidad. Al protagonizar una historia contigo, entiendo que  alguien muy especial nos incluyó en el volumen de su creación. Al tener tu amor, he ganado el cielo.

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Días mágicos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Un amor mágico, ilumina la ruta a la morada. De ninguna manera podría ser infiel, artificial e incierto quien se enamora durante sus horas de temporalidad con la idea de amar con mayor plenitud en la eternidad. Se trata, en el amor, de que cada día sea mágico y de especial encanto

Quiero correr por las calzadas de los jardines, entre árboles y flores, para encontrarme de frente contigo, alegre e ilusionada, con tu vestido y tus zapatillas de dama, cargarte y girar hasta caer sonrientes al pasto y sentir así el pulso del mundo y percibir los aromas que exhalan los poros de la tierra. Deseo caminar a tu lado hasta una fuente con la idea de tomar tus manos, unirlas con delicadeza e introducirlas al agua para contener incontables gotas entre tus palmas y tus dedos y soplar dulce y suavemente con la intención de convertir las gotas en flores, pétalos y mariposas sutiles. Pretendo que juntos abracemos un árbol para sentir el palpitar de la vida, mirar la caída de sus hojas y escuchar el crujido de sus ramas al balancearse, lenguaje, al fin, de la naturaleza, voz que enseña a experimentar en armonía, con equilibrio y plenamente cada instante de la existencia, con sus luces y sombras. Tengo la idea de que escuchemos, abrazados desde el silencio de nuestras almas, los rumores del viento, el lenguaje de Dios, para comprender que el amor y la vida son para experimentarlos en el momento presente que con celeridad se convierte en ayer, porque el minuto próximo es incierto. Quiero jugar y sonreír contigo, consentirte, llevar tu sabor, ser tú y que te vuelvas yo sin perder nuestra esencia, cubrir las horas de tu vida con detalles, admirarte y sorprenderme con tu estilo especial, hacerte muy feliz y remar hasta la orilla del cielo para zambullirnos en las aguas de la eternidad. Deseo mirar nuestros reflejos en un charco de agua, en los cristales de los aparadores y en un espejo y otro; andar por el jardín y recorrer el mundo en caminatas inolvidables, en un vapor por el mar, en algún ferrocarril, en un velero o en una lancha; abrazarte para fundirnos en un amor luminoso y mezclar nuestras lágrimas de alegría y consolar y secar las de tristeza; permanecer en casa y compartir momentos irrepetibles con la dama que eres; sabernos uno con dos identidades y volar plenos por el aire, entre el turquesa y jade del océano y el azul del cielo, hasta el horizonte, donde asoma el sol dorado. Intento compartirte la fórmula de la inmortalidad para amarte ahora y mañana, aquí y allá, y convertir nuestros instantes en días mágicos.

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La puerta

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…no abriría la puerta de mi morada a alguien más ni renunciaría a ti porque ya eres mi mundo y mi cielo, mi día y mi noche. En el amor auténtico y fiel, tu alma es la mía. Te siento en mí y me percibo en ti…  

Tras la búsqueda incansable, uno coincide con quien ama y le abre la puerta. Uno construye el puerto con la idea de recibir a alguien muy especial en cierto instante de la vida. Al camino a casa se le cultivan flores de intensa policromía, impregnadas de perfume natural, para embellecer el paso de la bienamada, envolverla en texturas de dulce encanto y transformar el ambiente en una estancia palaciega y edénica. Uno, en determinada época, recibe a la mujer que soñó desde la infancia y no abre la puerta a alguien más porque el amor, cuando se entrega, es fiel. Uno fabrica la silla que cede un día y otro a quien le cautiva por ser tan dama. Los detalles se reúnen con la intención de hacer de sus horas una colección de alegría y recordarle que merece reír, ser feliz y realizarse plenamente. Uno, al enamorarse, admira a quien es tan femenina y sutil hasta en los momentos de consejo, formalidad y enojo. Cuando uno está ante la dama de sus sueños y su vida, se vuelve más caballero y el amor que le da es auténtico, fiel y puro, con tal admiración y confianza que le abraza desde la profundidad y el silencio del alma. Al principio y al final de la jornada, uno abre la puerta para reencontrarse con quien es la dama de su mundo y su cielo. Uno, al amar con esa intensidad, aprende que el portón de la casa sólo se abre a alguien especial, a quien se siente en el alma y en la vida, y tal dama, con su encanto de niña y ángel, eres tú.

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Desperté en octubre

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Desperté en octubre, cuando por la ventana asomaban inciertas las hojas doradas y quebradizas que gradualmente el viento desprendía del follaje. Abrí los ojos después de un sueño mágico de primavera que se unió a la emoción del verano. Ya es otoño. La otra estación será la del invierno. Me parece tanto como cuando durante el atardecer se presienten, por su cercanía, los minutos de la noche y las horas de la madrugada. Inesperadamente, deslizan por los cristales las gotas de un verano agónico que rehúsa marcharse. Es otoño. El follaje cambia sus tonalidades. Al caminar, escucho los gemidos de las hojas secas  al quebrarse y miro los tallos ausentes de flores. El perfume es distinto. El aire parece anunciar la proximidad de otros días, los invernales. Presiento que vendrán otras primaveras, incontables veranos, con sus consecuentes otoños e inviernos. Miro en un lado y en otro los estanques cubiertos del agua que dejaron las lluvias veraniegas. Asomo y descubro asombrado mi rostro reflejado y atrás, en la profundidad, la inmensidad de un cielo que grita “vive” y ofrece, en consecuencia, los ciclos de las estaciones en el mundo y el deleite de un palpitar sin final en su esencia. Ya es otoño. El trinar de las aves y la policromía de las plantas y los árboles me parecen diferentes. El viento arranca las hojas del follaje y las dispersa en una alfombra amarilla, dorada, naranja y rojiza, tan endeble y pasajera, que recuerda la fugacidad del otoño y la inmediatez de la existencia. Desperté en octubre tras un sueño prodigioso de primavera y verano. Hay que experimentar los días otoñales y los que siguen, los del invierno, para posteriormente disfrutar los de primavera y verano. Por lo pronto, es otoño. Desperté en octubre.

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