En estos días y los que siguen

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Los días pasados y los actuales, han alterado las notas de la vida, y no es por el destino ni por el tiempo. La guerra continúa con su rostro deforme e irreconocible, casi sin que lo note la gente que está tan distraída y desconoce que, junto con otros miles de millones de seres humanos, se ha convertido en prueba de laboratorio, en ensayo perverso, en producción en serie, en estadística. El agua, el oxígeno, la tierra y los alimentos, en el mundo, se agotan, al mismo tiempo que manos ambiciosas, crueles y egoístas -las mismas que crearon los desórdenes y propician el caos, el odio, las enfermedades, los enfrentamientos, la destrucción, los antagonismos y la muerte- acaparan los recursos naturales y minerales y acumulan fortunas y poder inmensos que contrastan con el hambre, las carencias económicas y las enfermedades. Mucha de la gente que se dedica a la ciencia, al arte, al conocimiento, ya lo comprobamos una y otra vez, es soberbia, ausente de sentimientos, y tiene precio. Vende el arte y la ciencia igual que se comerrcializa cualquier baratija. Son mercenarios que se han aliado al mal y a los que no les interesa prostituir el bien, la verdad, la justicia y la libertad. La élite ha saqueado al planeta, con la cacería de animales, el botín que obtienen de las entrañas de la tierra y los paraísos de cristal y mármol que construyen sobre esteros, bosques y selvas, siempre culpando a las multitudes que formó a través de la televisión y los medios de internet. Y la guerra se acentuará. Ahora, tras el experimento del Coronavirus, poseen el mapa completo, la geografía humana, y saben cómo reaccionan cada pueblo y raza. Intentan, y lo están logrando, apoderarse de la voluntad humana, destruir a los que les estorban y significan cargas onerosas, a quienes sienten y piensan diferente. La búsqueda de condiciones favorables a la vida en el espacio, en otros planetas, no es con el objetivo de beneficiar a la humanidad, sino a un segmento privilegiado materialmente, y no solo con la idea de colonizar el universo, sino para obtener y ganar la supremacía militar y el control absoluto. Y claro, también saquearán las riquezas de otros planetas, aunque la inversión supere las cantidades que se requieren para alimentar y sanar a las multitudes. Seguramente habrá nuevos minerales y piedras que sustituyan al oro y a los diamantes. Todo será distinto. De hecho, ya lo es. Si el denominado Covid-19 fue diseñado, creado y disperso en sitios estratégicos para su propagación inmediata, se trata del principio de la destrucción masiva, y pronto, sin duda, surgirán otras expresiones que asustarán, desestabilizarán y aniquilarán a amplio porcentaaje de hombres y mujeres a nivel global. Si innumerables artistas y científicos se han escondido, por conveniencia, miedo o interés, otros, lo sabemos, son mercenarios que trabajan a favor de quienes les pagan. Dentro de esa basura humana que ha tenido oportunidad de dominar las manifestaciones artísticas y el conocimiento, también existen hombres y mujeres auténticos y extraordinarios, capaces de desafiar a los dueños de las fortunas y del poder, con el objtivo de defender la verdad, el derecho a la vida, las libertades y la dgnidad humana. Quienes aún poseemos la fortuna y el privilegio de contar con valores y practicarlos para bien propio y de los demás, en la incabable tarea de construir un mundo hermoso y pleno, tenemos la obligación, el compromiso y la responsabilidad histórica de crear e investigar con ética y respeto, siempre para beneficio de la humanidad. El arte y la ciencia, si son auténticos, tienen el compromiso irrestricto de invitar al bien, a la verdad, al desarrollo equilibrado e integral de la humanidad y de toda expresión con vida e inanimada, a la evolución. Y el arte y la ciencia, en manos de gente honesta y con valores, no están a la venta, y menos para causar sufrimiento en los demás. Al menos, yo no utilizaría mis letras y mis palabras, en la destrucción y en el engaño, y sobre todo cuando pienso que el arte es lenguaje de Dios, destello de la fuente de bien y luz.

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Y así…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Con esperanza, a quienes han olvidado vivir… Y sí, la muerte aparece cuando la vida pierde sentido

Y así, la vida se va, como el suspiro de una primavera que se añora tanto o la lluvia de un verano que despierta perfumes entre las cortezas, los helechos y las flores de un bosque encantado. Se marcha y no vuelve más, aunque se le extrañe y se le llore. Y así, llega un momento en que la mañana se vuelve tarde o noche, y el día entero se consume sin más posibilidades. No se repite, a pesar de que existan horas de apariencia idéntica, porque la vida es viajerra incansable que anda de una estación a otra. Y así, casi sin darnos cuenta, una mañana despertamos y, al descubrir nuestro semblante en el espejo, estrmecemos sin consuelo y pensamos que tal rostro irreconocible no es nuestro. Culpamos al destino, a otros, al tiempo, a los minutos y a as horas, a los días y a los años, que depilfarramos de modo impiadoso en contra propia. Y así, llega el momento, en el viaje, en que la gente sustituye las acciones, las vivencias, por los recuerdos y las nostalgias. Guarda sus caminatas, si las tuvo, en cajones empolvados, y saca, para justificación de sus tiempos y de su permanencia en el mundo, los ecos, las sombras, los pedazos rotos de sus vidas. El ayer les duele, el presente les incomoda y el mañana, el porvenir, el siguiente amanecer, les resulta incierto y los asusta. Darían sus fortunas, sus rasgos, su fama, a cambio de trozos minúsculos de salud y de vida, y de tener la dicha de salir libremente al jardín una mañana soleada o una tarde de lluvia, sentir las gotas deslizar en su textura cutánea, empaparse y saberse plenos. La vida tan bella, parece indiferente a las súplicas y no se corrompe con lisonjas ni le conmueven fortunas o rrostros bonitos. ¿Acaso le interesarían las baratijas que distraen a la humanidad, las cosas materiales y los apetitos humanos, las apariencias y los motivos? Cada persona, lo sabe la vida, define sus rutas y elige su destino. Y así, llega el período en que la aurora se convierte en ocaso, cada uno con su encanto y su desencanto, con sus fascinaciones y sus terrores, porque la vida y la creación se componen de dualidades, de cristales con el sí y el no, que la mayoría confunde con buena o con mala suerte y no comprende ni aplica para vibrar a ritmos superiores, en un sentido o en otro y desbarrancarse o irradiar la luz más herrmosa y plena. Y así, casi sin notarlo, el aliento del amanecer permanece muy cercano al del anochecer, como si el nacimiento y la muerte terrena mantuvieran un vínculo secreto e inquebrantable, un pacto incomprensible para tanta gente, cuando se trata de un lapso y de un acto pasajero fuera de casa. Y así, la inocencia de la niñez, la lozanía juvenil y el vigor de la madurez, parecen agotarse un día, a cierta hora, después de las tempestades y de la quietud, cuando el viento regresa tras su recurrente ausencia, sopla y arranca las hojas de los árboles y las flores que tiñe de matices nostálgicos, de esos tonos que uno ve al escapar la vida. Y así, casi sin percatarse, la vida escapa y llega puntual a su cita, en alguna estación, para saludar a la muerte y marcharse a otras rutas. Tal es la vida. Y así, al emprender el viaje, incontables hombres y mujeres miran atrás y descubren que el paisaje, con su gente, sus historias y sus cosas, empequeñece y se diluye, hasta que aquella realidad pierde sentido. Y así, cada viajero nota, durante el trayecto, que en su equipaje solo carga lo bueno y lo malo de sí, su biografía inalterable, como pasaporte a otros ciclos y destinos. Y así, la calidez de primavera -con sus colores y perfumes-, la lluvia de verano -mágica, sorprendente y encantadora-, al aire otoñal -tan nostálgico- y el frío del invierno -oh, esos copos que cubren abetos, montañas, paisajes y caseríos, al repetirse tanto, cubren las lápidas y sus epitafios con sus lágrimas y sus sudores, los ennegrecen y, alguna vez, por cierto, los recuerdos se vuelven olvido. Nombres, acontecimientos, fechas, todo naufraga en la desmemoria. Los amores y los desamores, los encuentros y los desencuentros, las alegrías y las tristezas, los hechos y los sueños, la abundancia y la escasez, la fama y el anonimato, la belleza y la fealdad, la sabiduría y la ignorancia, todo se vuelve parte de una historia, de una biografía, y la vida, indiferente, da vuelta a la página. Cada uno, por cierto, compone su obra magistral o sus notas discordntes.

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Quién que es…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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¿Quién que es no se ha sentido cautivado, una noche, al contemplar un lago rodeado de abetos y descubrir en la pinacoteca celeste los faroles y los luceros estelares que asoman enamorados al espejo actuático que duerme arrullado por los rumores y los sigilos de las horas? ¿Quién que es no ha experimentado la locura de correr, una tarde de lluvia, en el parque, solo o acompado, y sentir las gotas deslizar en su rostro y empapar su cabello, su ropa y su calzado? ¿Quién que es no ha sentido embeleso al percibir las fragancias de los tulipanes, las orquídeas y las rosas, una mañana primaveral, al internarse en algún jardín con rasgos de paraíso? ¿Quién que es, al admirar el oleaje en su interminable ir y venir y distinguir, en la lejanía, al sol y al horizonte, refugiados entre matices amarillos, maranjas y rojizos, en su romance y en su ósculo vespertino, antes del anochecer, no ha reaccionado con un suspiro que se propaga en el universo? ¿Quién que es, al nacer no trae un pedazo de cielo y al vivir elige, antes de la muerte, su destino en un paraíso o en un infierno? ¿Quién que es no ha reído y llorado, en sus alegrías y tristezas, con el consuelo de no saberse solo? ¿Quién que es no está incluido en los guiones y en las partituras de Dios, en los susurros y en las pausas del viento, en el palpitar de la creación?

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En un párrafo

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Para usted

En un párrafo le digo que cuando me ausento de las letras que usted me inspira, me encuentro en el abecedario y en las palabras que construyo para entregarle un poema, una hoja de papel con las expresiones más sublimes y elegantes que solo manifiesta quien ha sentido la presencia de un amor en su alma y en su textura, en su esencia y en su mirada, en sus realidades y en sus sueños, en sus alegrías y en sus tristezas, en sus ideales y en sus pensamientos, como un regalo que llega del cielo, una locura que se experimenta cada instante, todos los días, con sus motivos, sus detalles y sus sentidos, o un delirio que propicia ocurrencias y risas, caminatas y aventuras, amaneceres y ocasos, a pesar de los encuentros y los desencuentros que pudieran presentarse en uno o en otro, acaso por saberse tú y yo, quizá por despertar perfumes de un paraíso infinito, tal vez por pensar que vienen de una fuente etérea, bella, prodigiosa e inmortal, donde estarán siempre.

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Cuando digo que usted da sentido a mi vida

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Cuando digo que usted da sentido a mi vida, no me refiero, como algunos supondrían, quizá, que andaba sin rumbo en mis caminos o extraviado en rumbos y destinos inciertos; significa que es maravilloso coincidir con alguien en el mundo -un amor, un alma gemela, la otra parte de uno- y elegir, juntos, las sendas con flores, las hondonadas apacibles, los campos serpeteados por ríos de agua cristalina, sin duda en un acuerdo de sortear abismos, escalar cumbres y llegar al cielo infinito. Cuando escribo que usted ordena mi existencia, no lo hago con la intención de que algunos entiendan que realiza mis tareas cotidianas; es con la finalidad de que la gente sepa que me acompaña y permanece no atrás ni adelante de mí, sino a mi lado. Cuando manifiesto que usted es mi musa, es porque me inspira profundamente y, pregunto, ¿quién no se siente cautivado y enamorado de alguien que no tiene reemplazo? Cuando declaro que usted es una dama, sencillamente es porque a su lado me pruebo y me mido como caballero. Cuando expreso que usted es el amor de mi vida y de mi infinito, es poque ya la siento en mí, en mi alma, y no espero a alguien más.

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Las diferencias

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Paseaba el filósofo con su hijo, aquella mañana, en la campiña, mientras le hablaba acerca de la ambición desmedida y la rapacidad humana. Le explicaba que en el mundo coexisten seres humanos capaces de aniquilar gente, árboles, plantas y animales, o contaminar el agua y el oxígeno, a cambio de obtener ganancias y acumular fortunas. La codicia no se identifica con el bien. Inesperadamente, el niño preguntó a su padre la diferencia entre una persona depredadora, en cualquiera de sus niveles, y un artista. El filósofo suspiró profundamente, sonrió paternal y explicó al pequeño que mientras un depredador arrebata lo que pertenece a otra gente y destruye y aniquila con la intención de obtener riqueza y poder que utiliza para sus propósitos egoístas y crueles, el artista -escritor, músico, pintor, escultor- emula a Dios y crea, participa, aporta lo más excelso de su ser, trae y añade pedazos de cielo y destellos de luz al mundo, a la naturaleza, a la vida. El escritor, el poeta, no arranca ni roba los signos de la naturaleza y de la vida; simplemente, sus letras y sus palabras se convierten en un canto incesante al prodigio de la creación, a la maravilla de existir, al pulso infinito que hay en uno. El músico reproduce los sigilos y los rumores de la vida y sus cosas, y regala y dispersa sus propios sonidos y pausas. El pintor es una fuente de colores, un arcoíris mágico y cautivante, un manantial de combinaciones y matices. El escultor multiplica las formas que percibe en la esencia y en la textura. El artista imita a Dios, trae fórmulas infinitas de luz, enciende faroles y cultiva sentidos, detalles, motivos. Un detractor, a pesar de su fortuna y su poder, ya está roto y siempre se encontrará incompleto, frágil e irreconocible, a pesar del cetro, el ropaje y la corona que porte. Un artista, en tanto, ya ganó el paraíso, el cielo que frecuentemente visita al inspirarse y crear obras magistrales, porque es un ser especial que cumple la encomienda infinita y da lo mejor de sí. Tras su disertación, el filósofo se refugió en su silencio interior, mientras su hijo observó el paisaje natural y percibió la correspondencia que tiene con el arte. Comprendió que el artista es alguien más que un hombre o una mujer común y que el mundo se apagaría sin las letras de los escritores y los poetas, los matices de los pintores, las melodías y la silencios de los músicos y las formas de los escultores. Los artistas, reflexionó, son tan opuestos a los perversos, a los rapaces, que sus ganancias, muchas veces intangibles, valen más que las fortunas acumuladas y el poder aplastante. Entendió, en consecuencia, el valor del arte

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Preocupa tanto…

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Preocupa tanto que a las generaciones de la hora contemporánea, la élite del poder económico y político las desmantele, en complicidad con medios de comunicación mercenarios e instituciones totalmente indignas de confianza. Cotidianamente les arrebatan sus ideales y sus sueños, interrumpen sus proyectos, vacían su esencia, endurecen sus sentimientos, acortan los días de sus existencias, colocan trampas, los entretienen con estupideces y superficialidades, manipulan sus pensamientos y los condenan a transformarse en marionetas y en títeres de un escenario que tiene dueños ambiciosos y perversos Diariamente presenciamos el infausto paisaje. ¿Reaccionaremos antes de que ocurra la deshumanización en el planeta? La mejor trinchera para defender a los niños, adolescentes y jóvenes es desde la familia, en el hogar, con ejemplos positivos, con la práctica del bien, la búsqueda del conocimiento y la defensa de la dignidad humana y la libertad, en ambientes de respeto, armonía, paz y amor, reforzada con la enseñanza, en la escuela, siempre que sus profesores sean auténticos, profesionales, éticos y responsables. Preocupa tanto, en verdad, que alguien -y muchos más- tenga interés en desarticular a la humanidad, a través de la niñez, la adolescencia y la juventud. Bastará con destruir a la generación del minuto presente para sepultar la esencia, la luz, lo que era tan nuestro, y transitar con ropaje manufacturado a la medida de hombres y mujeres enajenados, ausentes de sí, incapaces de crear y de soñar, distantes de sentimientos e ideales, empobrecidos racionalmente. ¿Eso deseamos? ¿Queremos retroceder? Los antagonismos, las desigualdades y el odio se acentúan, mientras las estructuras espirituales, mentales y orgánicas son manipuladas e intoxicadas por mentes y manos capaces de destruir masivamente a la humanidad. De eso no hay duda. Ya lo estamos viviendo, y lo peor no es presenciar y sufrir las atrocidades diseñadas e implementadas por alguien -y otros más-, sino callar y no defender lo poco que queda de nosotros.

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Cada instante que pasa

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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En cada instante descubro un paisaje de mi existencia, un pedazo de mi historia, una huella de mi caminata. En cada minuto que pasa, miro transitar los motivos de mi vida, las rutas a otros destinos, algo de lo que fui y de lo que soy, con la posibilidad, en un quizá de cristal, de lo que, finalmente, seré. En cada movimiento del péndulo, al columpiarse bajo las manecillas inquietas del reloj, observo a la gente que estuvo conmigo, a quienes aún permanecen a mi lado, y siento sus abrazos y su presencia, percibo sus fragancias, escucho sus voces y me reconozco en sus miradas. En cada día que se consume y se agrega a mi biografía, detecto los segundos, los minutos y las horas que se acumularon y se llevaron algo de mí, y así, con asombro, contemplo los años de mi existencia con sus momentos fugaces. Cada minuto, agradable o repugnante, feliz o triste, bueno o malo, integra el expediente de mi perfil, la historia que protagonizo al vivir y al soñar, de día y de noche, acompañado o solo. Noto que mi existencia no es la apariencia de mi rostro, la ropa que me cubre, el perfume que despido y las cosas materiales que pueda tener. Lo compruebo al verme a cierta hora del ayer y en otro momento más cercano a mi presente, tan distinto e irreconocible en algunos rasgos y signos. No obstante, bajo tantos escombros, en mi interior, me encuentro conmigo, me identifico, me doy cuenta de que soy yo, el que pulsa con el ritmo infinito y trasciende más allá de cada período. Una voz, afuera y dentro de mí, me invita a vivir con mis apariencias materiales y mis profundidades etéreas, con mi luz y mi textura, con mis realidades y mis sueños, con mi esencia y mi ropaje, porque cada instante, positivo o negativo, es parte de mi historia durante mi paso temporal por este mundo. Y los mismos susurros que escucho, me dicen que los días de la vida, en el mundo, son breves y que, por lo mismo, he de experimentarlos en armonía, con equilibrio, plenamente, siempre aplicado en el bien y en la verdad, en la justicia y en la dignidad, en el amor y en la libertad, si es que deseo, en verdad, conquistar la eternidad. Hay ciclos amargos y períodos dulces. Debo buscar el equilibrio, sortear abismos, derribar fronteras, destruir celdas y, por añadidura, cruzar puentes y escalar cimas, hasta trascender. Cada instante que se presenta es mío, me pertenece, entre un suspiro y uno más, como todos los que se fueron en otros tiempos de mi vida y los que están por venir. Hay que vivir ahora. Sería ocioso esperar otros días o años para recobrar la felicidad con alguna meta anhelada y soñada. El trayecto no debe quedar desierto. El navegante vive con intensidad su travesía y lo mismo se prueba durante las tempestades, en medio del mar impetuoso, que en la tranquilidad de una noche estrellada, mientras toma el timón y sigue su itinerario. Se provocan vacíos tristes y dolorosos cuando no se disfrutan los instantes por esperar una fecha grandiosa. Cada momento tiene un espacio para uno, un escenario para vivirlo. Vivamos, antes de que una tarde lluviosa o una noche desolada, lloremos desconsolados por la historia existencial que dejamos escapar.

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El tiempo es idéntico en ustedes y en nosotros, dijo el pordiosero a los magnates

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Su colección de relojes valía una fortuna. Eran modelos elegantes y finos. Los había de oro, con incrustaciones de diamantes y de todas las piedras y de los metales preciosos más caros y selectos. Él y ella recibían catálogos de las relojerías de mayor prestigio en el mundo; además, los agentes que reresentaban las compañías de renombre, los buscaban con la intención de presentarles las novedades y los diseños exclusivos. La gente, en aquella ciudad, reconocía la fama de ambos personajes, quienes, por cierto, eran admirados públicamente por la distinción de los relojes que portaban. Una mañana, un pordiosero de los tantos que deambulaban en las calles de aquella ciudad, de cabello desordenado y mirada extraviada, aprovechó un descuido del personal de seguridad con el objetivo de acercarse al “matrimonio de los relojes”, como se les conocía popularmente en la región, a quienes preguntó la hora. El hombre y la mujer intercambiaron miradas de asombro. Estaban tan sorprendidos como sus escoltas. “Un pordiosero o un loco pide comida o dinero, pero no pregunta la hora”, expresó la pareja con el propósito de que el hombre escuchara y se hiciera a un lado, avergonzado por el acto. Le informaron la hora y siguieron su caminata con desdén; sin embargo, el pordiosero sonrió y fue tras ellos. Balbuceó. Explicó al hombre y a la mujer: “les he preguntado la hora, en este momento, porque al mirar personas tan altivas e inaccesibles para las multitudes, creí que el tiempo sería distinto o que tendría para ustedes concesiones y significados diferentes y privilegiados; pero me doy cuenta de que para los acaudalados y los menesterosos, los instantes y las horas parecen idénticos. He descubierto, gracias a ustedes, que no existe diferencia en el tiempo de los ricos y en el de los pobres. Es el mismo”. Enfadados, él y ella ignoraron al limosnero, quien habló: “el problema no es invertir su fortuna en relojes de tanta elegancia, sino en pretender comprar un tiempo de lujo que es igual para todos -magnates y pobres, cultos e ignorantes, buenos y malos, bellos y feos- y perder los segundos y los minutos en presunciones y en superficialidades. Es secreto consiste, parece, en el uso que se le da al tiempo. ¿Se han dado cuenta de que de nada sirve presumir relojes tan finos -máquinas para medir el tiempo, después de todo-, si no aprovechan cada instante en experimentar una vida grandiosa, bella y ejemplar? Pierden su tiempo -pedazos de vida, al fin- en tanta banalidad, que resulta estúpido, contradictorio y fatuo pretender mostrarlo en maquinaria fina y perfecta. El tiempo huye y no regresa más. Ahora que sé que el tiempo de ustedes, los acaudalados, es igual al de nosotros, los pobres, los exhorto a que no lo despilfarren en ese sueño llamado fortuna y poder. Si es su pasión y tienen oportunidad de hacerlo, compren relojes de lujo; pero utilicen su dinero y su poder para el bien que puedan hacer a los demás, en la búsqueda de la verdad, en la aplicación de la justicia y en el vuelo de la libertad. Vivan plenamente su tiempo y hagan de su existencia una historia ejemplar, cautivante y magistral. El tiempo, en el mundo, no se compra para perpetuar la arcilla. Contiene los mismos lapsos y ritmos para todos. Vívanlo plenamente.

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Viento de otoño

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

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Trae las fragancias de otras estaciones, los perfumes diluidos de inviernos, primaveras y veranos, la vida y la muerte que dibuja y marca en cada hoja que arranca de los árboles y dispersa en tapices, alfombras y tapetes amarillos, dorados, naranjas y rojizos. Sopla de rumbos distantes, como para recordar, cada tarde sombría, que no estamos solos, que hay otra gente y diversos rincones. Agitan sus ráfagas las flores de los bosques, las que crecen silvestres y las de los jardines, en un concierto sinfónico, en armonía con las nubes que arrastra y los molinos que mueve. El viento otoñal desnuda la naturaleza y muestra su fragilidad y sus matices postreros, recuerda la cercanía y la lejanía del final y del principio. Es el aire incesante, a veces melancólico, en ocasiones fugaz o insistente, que anuncia otros ciclos. Son las caricias de Dios, los abrazos del cielo y del mundo, el lenguaje silencioso y estridente que pulsa en uno y en todo. Hay, en el mundo, quienes, a cierta edad, comparan su edad, previa al envejecimiento natural, con el otoño. Muchos lo sienten con tristeza, atormentados por la proximidad del minuto postrero de la existencia; no obstante, es preciso recordar que el viento otoñal es capaz de mover e impulsar molinos y embarcaciones. El otoño trae consigo pedazos de otras estaciones, recuerdos, nostalgias y capítulos pretéritos; aunque también carga y ofrece experiencia, talento y capacidad para transformar al mundo y contribuir a su proceso de transformación. Si el otoño no se dedicara a desvestir el paisaje, tal vez no tendríamos capacidad de admirar y comprender el final de un período y el renacimiento de otra etapa. La vida es maravillosa, bella y prodigiosa en cualquier estación. Me encanta, en este momento, recibir el aire otoñal desde mi ventana; un día, quizá, me arrullará al columpiarme y me cobijará bajo sus hojas quebradizas, con la esperanza de despertar una mañana primaveral y ser gota de agua, flor o helecho.

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