¿Qué fue?

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

¿Fueron, acaso, los recuerdos del ayer y sus acompañantes, las nostalgias y los suspiros, lo que me atrajo de usted? ¿Fue, quizá, el encanto de su mirada, al reflejarme, lo que hizo de usted mi musa y mi inspiración? ¿Fueron, tal vez, sus manos que saben acariciar y dar, lo que me agradó de usted y me motivó a renunciar a otras rutas para quedarme a su lado? ¿Fueron, probablemente, sus sentimientos, sus ideas, sus motivos, sus palabras y sus actos lo que me enamoraron de usted? ¿Fue su alma? ¿Fue su rostro? ¿Fue su perfil? ¿Fue la certeza, seguramente, de compartir con usted una historia y un destino? ¿Fue la posibilidad de ser uno y otro una porción mágica de usted con un tanto de mí’ ¿Qué fue?

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Mujeres de siempre. Mercedes, una vida dedicada a hacer el bien y a aliviar los dolores de quienes más sufren

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Mi padre y mi madre, quienes nunca perdían la oportunidad de educarnos. me inculcaron, una y otra vez, que siempre hay que agradecer y reconocer a aquellas personas, hombres y mujeres, que en algún momento de nuestas existencias hacen algo extraordinario y positivo por nosotros y que, por lo mismo, dejan huellas indelebles.

Y es verdad. Tenían razón. Hay seres humanos, en toda la geografía internacional, que son más esencia que arcilla y, en consecuencia, sus sentimientos, ideales, palabras, acciones y pensamientos se orientan a hacer el bien, a aliviar los dolores ajenos, a dejar el mundo un tanto mejor que como lo encontraron.

Aunque cada vez resulta más difícil coincidir con esos hombres y mujeres que, por sus actos, palabras, opiniones, ideas y sentimientos, transforman cada instante en una oportunidad para hacer el bien, afortunadamente todavía existen y son una auténtica bendición para aquellos que, por algunas circunstancias, sufren tanto.

En ocasiones, uno se entrega a la dinámica de las labores y, de pronto, es notorio que se hizo de noche, al grado, incluso, de que se pierde la oportunidad de agradecer a quienes colocaron pétalos en nuestos caminos para hacer más livianos nuestros pasos y las cargas que llevamos.

Cuando miro los días que han pasado, descubro una etapa de mi existencia en la que venía de una estación en la que perdí casi todo, como naturalmente ocurre con las naciones, los seres humanos, las empresas y las instituciones, en cualquier parte del mundo. Enfermé y, por una serie de situaciones complicadas, perdí empleo, salud y patrimonio material.

En esa época, una mujer de sentimientos extraordinarios -Mercedes, a quien en su comunidad llaman Míriam Ruth por la nobleza de su ser-, percibió que algo me dolía profundamente y se interponía en mi camino hacia la evolución y la felicidad. Se atrevió a preguntarme. qué ocurría conmigo. Yo, que siempre he sido tan hermético, y no porque oculte algo, sino por ser mi naturaleza proclive a la soledad y al silencio interior, a pesar de que mis actividades como artista, escritor y periodista me lleven a la parte pública de la vida, apenas le respondí; pero ella, quien era mi contacto en una red social, insistió y, finalmente, le relaté superficialmente mis preocupaciones.

Nunca imaginé que, a partir de entonces, Mercedes o Míriam Ruth, haría algo extraordinario por mí, evidntemente sin que se lo solicitara. Creyó en mí. Me apoyó por su propia voluntad. A mí me apenaba, entonces, recibir su ayuda, sobre todo porque soy un hombre que siempre ha trabajado con honestidad, por mí mismo, y no es mi costumbre abusar de los sentimientos nobles de otras personas.

Mi situación empeoró en aquella época, principalmente por mi estado de salud y las complicaciones de empezar de nuevo tras perder todo lo material. Desinteresadamente, Míriam Ruth siempre estuvo atenta a mis necesidades y jamás renunció a ayudarme. Me enteré, al paso de los años, que es una mujer que ha apoyado a niños, personas de edad avanzada y gente enferma en la India y en otras naciones, donde, incluso, los pequeños, en agradecimiento al apoyo otorgado por ella, un día la recibieron en una institución educativa y le llamaron embajadora.

Cuando uno pierde tantas cosas materiales y la salud se deteriora, resulta muy difícil recuperar la estabilidad de antaño; sin embargo, esta mujer extraodinaria se empeñó en apoyarme, a pesar de ser yo un hombre tan extraño. Nunca se cansó de darme consejos muy valiosos. Siempre estuvo presente.

Cierta ocasión, le prometí que un día, cuando me recuperara, devolvería a otras personas el bien que me hizo, y creo que de eso se trata, en la vida, de sumar y multiplicar todo lo bueno a favor de los demás, y principalmente a aquellos que, por sus condiciones, más lo necesitan.

Míriam Ruth -Mercedes-, es una mujer de siempre, a quien hoy, en agradecimiento a lo mucho que hizo por mí, rindo un reconocimiento muy grande, con la bendición y la dicha de saber que las personas cargadas de luz son reales y no sueños. Ella irradia y derrama el bien, sin necesidad de exhibirlo públicamente, como tantas personas que buscan los reflectores y las cámaras, porque su esencia está cargada del bien que siempre ha buscado. Mi gratitud permanente a una mujer de siempre.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Más de 200 registros de nacimiento… ¿y el mío?

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

En el lapso del último año -entre 2021 y 2022-, conseguí, a través de mis investigaciones y de mi búsqueda incansable de datos, fotografías e información familiar, más de doscientas copias de documentos y registros de nacimiento, bautismos, enlaces matrimoniales y defunciones de mis antepasados, en sus diferentes ramas, acervo que, innegablemente, respalda mi libro sobre la historia de mi geneaología.

Desde la infancia, cuando tenía alrededor de diez años de edad, me cautivaron las historias que con tanta amenidad relataban mi padre, mi madre y algunos de mis familiares, al grado de que me prometí, en secreto, escribir un libro sobre mis antepasados y mis orígenes. Crecí y transité a las estaciones de la adolescencia y de la juventud, épocas en las que realicé visitas a los parientes de antaño y a los amigos que aún sobrevivían, quienes, con frecuencia, me atendían con gusto y me narraban innumerables anécdotas, en ocasiones con el regalo de alguna fotografía o de un documento totalmente amarillento por la caminata de los años y las pisadas de la historia. Me contertí, acaso sin darme cuenta, en puente entre mis antepasados y mi familia de la hora contemporánea.

Muchas veces, en distintos períodos de mi existencia, dediqué mi atención a diversas actividades y la información genealógica de antaño permaneció guardada en cuadernos y en hojas, junto con copias de documentos y retratos. Los años transcurrían implacables, igual que hoy, y yo no escribía el libro familiar que me había prometido desde la niñez.

Inicialmente, planeaba escribir la obra para mí, mi padre, mi madre, mis hermanos y mis descendientes. Simplemente, se llamaría Historia de la familia. Al transcurrir los años, analizaba la posibilidad de escribir y publicar un libro que llevaría por título Columpio de remembranzas, con la reseña de la epopeya y del linaje de mis antepasados, acompañada de historias de otras familias ajenas a la mía. Pensaba que la variedad de historias, ofrecería una obra más enriquecedora.

Hace poco, me di cuenta de que la genealogía familiar es un tema que interesa a poca gente. Reflexioné sobre el asunto, hasta que, finalmente, tomé la decisión de escribir Historia de la familia, aquellos años o columpio de remembranzas, de manera muy privada, con la idea de que el libro sea consultado, si les interesa, por mis descendientes, y con la esperanza de que alguno añada más fotografías e información, cuando yo ya no me encuentre aquí.

Fue así como, mientras lo escribía, tuve la fortuna de conseguir, tras décadas de investigación, más de doscientas copias de actas y registros familiares de antaño. Conseguí, en este tema, cumplir uno de mis anhelos y proyectos de la infancia.

Dediqué incontables horas, que se tradujeron, quizá, en días y en semanas, a la consulta de registros de documentos del ayer, hasta que lo conseguí; sin embargo, tras una labor exhaustiva de investigación y análisis, con redacciones y letras gariboleadas de hace más de ciento cincuenta años -algunas de este país y otras que me llevaron a diferentes naciones-, me doy cuenta de la paradoja de la vida y de su incansable juego, porque si fui capaz de buscar y obtener un número superior a dos centenares de documentos que difícilmente pueden identificarse si no se conoce la historia familiar, no he podido, gracias al costo de la burocracia mexicana, tramitar mi acta de nacimiento.

Claro que fui registrado correctamente por mi padre y mi madre, quienes, en su momento, solicitaron bastantes copias de mi acta de nacimiento, en la cual se basan mis documentos oficiales que he tramitado en mi vida; no obstante, hace tiempo me percaté de que la burócrata que inscribió mi nombre en el libro de registro, trazó una letra tan mal que los empleados del Registro Civil la traducen por otra vocal, y no entienden mis argumentos, a pesar de las pruebas documentales.

A tan garrafal falta, se sumó, en el período de la digitalización de las actas del Registro Civil, el error de otra generación de burócratas, de tal manera que modificaron los números de inscripción y resulta que ahora nací antes, cuando no fue así. Dos errores de la burocracia mexicana que perjudican mi dignidad humana, entorpecen mis trámites y prácticamente me desaparecen de un país surrealista. Algunas ocasiones, he recibido invitaciones a España, Francia, Italia, Costa Rica y Nueva York, entre otras naciones; pero por el momento tengo que invertir dinero y tiempo para la corrección de dos errores que corresponden al descuido y a la irrespeonsabilidad de la burocracia mexicana. Y en eso estoy.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Ausencias y presencias

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Las ausencias son pedazos que ya no están disponibles, perfiles y rasgos que se fueron, cosas que ocuparon espacios. Se trata de faltantes que estaban anotados en la lista de espera y registrados en la estación pasajera con el objetivo de partir a cierta hora, en alguna fecha. Las ausencias dejan huecos, remembranzas y olvidos. Las ausencias, cuando pertenecen a alguien tan amado, duelen tanto y rasgan al ser. En los cementerios, suelen percibirse las ausencias, con sus alivios y sus dolores; pero al mirar aquí y allá, en un sitio y en otros más, uno nota que abundan los sobrantes, los nombres y los apellidos -algunos hasta con títulos, fatuos e innecesarios ya, de lo que fueron en la vida-, los epitafios que sustituyen historias, las flores secas que mueren como los anhelos, los recuerdos y los instantes que pasan. Son, a la vez, ausencias y presencias en abundancia que, a veces, asustan y entristecen, de las cuales una aprende que, tras las bardas que aíslan las criptas de la vida que palpita, están la gente, los animales, las plantas, los árboles -la naturaleza entera-, que esperan de nosotros sentimientos nobles, sonrisas, amor, pensamientos elevados y acciones justas, con la idea de, todos, ser felices y trascender antes de volvernos ausencias que causan llanto y tristeza, y presencias de nombres, apellidos y epitafios que intentan compensar lo que no se hizo y salvarnos de la amnesia que se hunde en sus naufragios frecuentes. Hay ausencias que enseñan a rectificar y a vivir, y presencias que, en ocasiones, ya no sirven.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

La soledad

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

La soledad me ha enseñado mucho. Ha sido mi compañera y mi maestra. En la soledad, aprendí a buscarme, a recorrer diferentes rutas hacia mi interior, hasta que me descubrí auténtico, libre, pleno, resplandeciente, como es el alma, la esencia, la parte inmortal de uno. En la soledad, he encontrado, al natural, mis sentimientos, mis ideales, mis pensamientos; pero también, una y otra vez, desde la infancia hasta el minuto presente, me ha ofrecido, entre sus rumores y silencios, pedazos de inspiración. La soledad es compañera inseparable de quienes dedicamos los días y los años de la existencia al arte, a la razón, a las causas que pretenden el bien de los demás, a la ciencia, a alguna encomienda. La soledad voluntaria, como la busqué desde la niñez, me ha ayudado a andar por la ruta interior y llegar hasta parajes insospechados y a la fuente infinita. La soledad me acompaña, me instruye, me ayuda a construirme cada instante; sin embargo, parece que la vida, en el mundo, plantea una coexistencia, actividades sociales implícitas a los ambientes, a las situaciones y a las actividades de cada persona. Y así vivo, en mis soledades que tanto anhelo y necesito, y también en mis compañías humanas, con quienes cotidianamente me pruebo y convivo. Resultaría insano y poco justo, recluirme en una celda, en una habitación apartada, y no compartir el bien, la verdad, el amor, los sentimientos nobles, los sueños y las vivencias con los seres humanos, en mayúsculas y en minúsculas, en femenino y en masculino, con la idea de protgonizar las historias que nos corresponden y evolucionar durante nuestro paso fugaz por el mundo. Permanezco entre la gente, con sus cosas y sus historias; pero, con frecuencia, toco a la puerta de la soledad con la idea de refugiarme en sus brazos, en su rezago, para así regresar con energía y regalar amor, sentimientos positivos, enseñanza y sonrisas.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Estoy acostumbrado

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Estoy acostumbrado a las letras antiguas, a los documentos que huelen a polvo, a los papeles heridos por la polilla y dañados por la humedad. Conozco la experiencia de palpar los retratos de antaño, las fotografías cepia, apenas visibles, de personajes del ayer, como si tuviera la facilidad de interpretar sus silencios, descifrar sus rasgos y escuchar sus lenguajes. Sé lo que significa quedar rezagado en los sueños nocturnos, en calles y en vecindarios donde la gente duerme ajena a los trasnochados que nos empeñamos en realizar tareas, mientras escudriño innumerables páginas de la historia. Reconozco el papel maquillado y perfumado por los años, con olor a ancianidad y a tinta, En otros tiempos -estaciones de la vida, al fin-, he andado en ruinas, en las entrañas de la tierra, en cementerios, entre piedas yertas y lápidas con epitafios e inscripciones, simplemente con el objetivo de cumplir mis encomiendas personales y por la pasión que me motiva a horadar, recolectar y analizar. Asi escribo el pasado y devuelvo realidades a todas las remembranzas. Traigo cosas de otras fechas. No me asusta caminar por esas soledades que ya me resultan familiares por tanto andar en sus rutas, donde el viento arrastra hojas melancólicas, doradas y secas; me espantaría, en todo caso, quedar atrapado tras los barrotes del pasado y olvidar, por lo mismo, retornar al presente y experimentar y disfrutar cada instante de mi existencia. Es apasionante e interesante explorar los muchos días del ayer; sin embargo, en este momento de mi existencia, cuando escribo dos libros relacionados con la historia, con otra gente y con acontecimientos distantes, suelo retornar, puntual, al hoy, para no perder un momento de la vida. También debo vivir y protagonizar mi historia.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y si usted escuchara, en medio de los silencios y los rumores de la noche, que toco a su puerta

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y si usted escuchara, en medio de los silencios y los rumores de la noche, que toco a su puerta con la idea de abrazarla y confesarle, mientras tomo sus manos y me descubro en su mirada, que me resulta difícil permanecer lejos, sin compartirle un detalle, un motivo, uno de mis tantos desvaríos. Y si usted supiera que mis poemas, aunque a veces no los escriba, están inspirados en lo sublime del amor, en su nombre que leo y pronuncio junto al mío, en el perfume que impregna en mí cuando la abrazo y, emotivo, le confieso que la amo tanto. Y si usted comprendiera que la extraño tanto y necesito su risa de niña inquieta, sus alegrías y sus enojos, sus travesuras y sus consejos, sus formalidades y sus bromas, y más cuando, al andar en la soledad, entre bruma y tormentas, requiero su presencia para seguir mi itinerario. Y si usted entendiera que un yo con la ausencia de un tú, es una fórmula incompleta, una agonía que se siente cada instante y pesa demasiado. Y si usted tuviera noticia de que cotidianamente lucho para no convertirme en ayer ni en recuerdo. Y si usted supiera, amor mío, que cada letra y palabra que diseño y tejo, están diseñadas para que me sienta y se convenza de que soy su concieto y su poema, el artista que la reconoce su musa, el mar que, aquí y en el horizonte, necesita el sol que refleja la belleza, el prodigio y la grandiosidad de su crepúsculo. Y si usted lo entendiera y lo supiera.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Una hoja de árbol, una hoja de papel

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Las hojas que, pacientemente, brotan y crecen en los árboles, hasta un día desprenderse por las caricias del viento y formar alfombras doradas, amarillas, naranjas y rojizas, que exhalan los suspiros y las fragancias de la naturaleza -el aire, la lluvia, el calor, la humedad, el frío, la tierra, la nieve-, son fieles a su origen y a sí mismas, no renuncian a su esencia y siguen sus encomiendas, sus motivos y sus rutas. Enseñan tanto, a pesar de sus silencios. Aunque estén rotas y ya no reciban los nutrientes que las alimentaban, reconocen de dónde vinieron y no olvidan su destino. Al fundirse en la tierra, en el barro, se perciben el aroma de los árboles, el perfume de los bosques, con todos sus encantos. Iguales son, me parece, las hojas de papel que, también, llevan consigo los aromas del autor y de la tinta, con los perfumes impregnados de una musa inseparable, en esos desvelos e inspiraciones que, a veces, se transforman en elucubraciones, y, en ocasiones, en fórmulas y en ecuaciones literarias. Son páginas que siempre, en cualquier fecha, llevan pedazos del arte de las letras, fragmentos de una escritura que es novela, cuento, historia, relato, con las huellas indelebles de cada autor. Unas son hojas del árbol, con los signos de la naturaleza; otras, en cambio, de papel, con las letras del escritor, cada una con su belleza y su magia, con la grandiosidad y la sencillez de la creación.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Allí, donde fuiste tan feliz

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Allí, donde fuiste tan feliz, permanecen los juegos infantiles -columpios, resbaladillas, volantines, sube y baja, carruseles-, con el eco y el palpitar de tantas generaciones que rieron y se divirtieron, como tú, entonces, simplemente porque se trataba de su historia y de su pequeño mundo. Allí, entre bancas, árboles, calzadas, fuentes y juegos metálicos, permanecen, casi escondidos, los anhelos, las fragancias y los suspiros de otras infancias. Allí, en el parque infantil, donde los juegos parecen esqueletos abandonados, en la intemperie, ante las distracciones virtuales, los riesgos de la inseguridad, el circo de la televisión, la inmediatez y otras trampas, dejaste pedazos de ti que, quizá, como muchos más, olvidaste recuperar. Allí, en el parque de juegos infantiles, tus padres, amorosos, te llevaron, una y otra vez, junto con tus hermanos, como tú, en otras fechas, acompañaste a tus descendientes para compartirles el milagro de vivir, siempre con la idea de hacer de su jornada terrerna, de ese paréntesis y sueño llamado realidad humana, una historia maravillosa e inovidable. Allí permanecen los juegos, fieles a las infancias, asoleándose y entumiéndose, con calores y con fríos, en ocasiones con lluvias y a veces con nieve, en espera de que las familias se reúnan y los niños recuperen los tesoros que se perdieron hace mucho tiempo. Allí, entre los juegos metálicos, uno aprende que la infancia es tan breve e irrepetible, como todas las estaciones de la vida, y que es pertentorio, en consecuencia, disfrutar cada instante, a pesar de las luces y las sombras. Allí, en los juegos metálicos, tú y otros niños de una y de otras generaciones, ensayaron la vida, consumieron momentos inolvidables a través de los paraísos y de los infiernos que crearon, casi siempre con retornos felices a casa, y, en ocasiones, con algunos raspones y heridas que pronto sanaron y recordaban, como a los héroes, sus grandes batallas, con sus triunfos y sus derrotas. Allí, casi sin darse cuenta, apenas ayer, tú, ellos y los otros, jugaron y vivieron mucho; aunque, tal vez, olvidaron, antes de partir a otros ciclos, recolectar los pedazos de alegría, bondad e inocencia que necesitaron más tarde. Allí, donde fuiste tan feliz.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Columpio de remembranzas, de libro a manuscrito

SANTIAGO GALICIA ROJON SERRALLONGA

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Aquellas noches de mi infancia, tan distantes como la edad que celebro cada año, las tempestades y los relámpagos me parecían interminables. Las gotas de lluvia deslizaban en los cristales de las ventanas; las ramas de los eucaliptos se balanceaban y crujían al recibir las caricias del viento; los truenos se propagaban en todos los rincones de la casa solariega, en el jardín inmenso y en los escondrijos insospechados donde mis hermanos y yo jugábamos a la vida y protagonizábamos incontables historias y capítulos épicos; los árboles, la higuera, las flores y las plantas destilaban sus perfumes al mojarse.

En la finca, mi padre y mi madre derramaban un amor profundo y real hacia nosotros, sus hijos, a quienes consentían tanto. Entonces, las casas eran hogares que albergaban familias que se amaban y respetaban, sin que las diferencias de edad fueran motivo para discutir y pelear. Éramos intensamente dichosos y no conocíamos los antagonismos.

Dormíamos temprano, pero antes, cenábamos y platicábamos. Mi padre y mi madre hablaban dulcemente y aconsejaban sabiamente o relataban historias de las que aprendíamos mucho. Algunas veces, cuando nuestros visitantes pernoctaban en nuestra casa, solían reseñar episodios de los antepasados y de la gente de antaño, narraciones que me atraían y embelesaban. Imaginaba a los personajes y visualizaba los acontecimientos.

Así, a través de los años, reuní gran cantidad de historias familiares. Decidí, entonces, visitar a mis familiares de mayor edad, a los amigos que tuvieron mis abuelos, a la gente que naufragaba desde el pasado, hasta que me convertí, sin darme cuenta, en puente entre las generaciones de antaño y las de mi hora presente. Llegué, en mis investigaciones, hasta días medievales, navegué en mares que olían a aventuras y a piratas, estuve en batallas y en conquistas y sentí las alegrías y las tristezas, los triunfos y los fracasos, el sí y el no de mis antepasados.

Si bien es cierto que, desde temprana edad, ya había definido que dedicaría los días de mi existencia al arte de las letras, independientemente de tener, en el futuro, una grandiosa familia y realizar todos los proyectos que contemplé para mi biografía, pensé que, por gusto, podría escribir una memoria sobre mis antepasados. El primer título que diseñé fue Historia de la familia; sin embargo, ya en mis horas de madurez, llegué a la conclusión de que el título sería Columpio de remembranzas.

Transcurrieron los años. Con gran cantidad de información, acumulada durante varias décadas, me di cuenta de que mis antecesores eran eso, precisamente, ayer, pasado, historia, y que, por lo mismo, ya no estaban presentes; también comprobé que a las generaciones de la hora contemporánea, inmersas en una realidad diferente a la que viví en en mi niñez, adolescencia y juventud, les interesan otros temas.

Sé que en cada familia y generación, suelen aparecer, entre sus integrantes, personas con la inquietud sobre sus orígenes, en busca de respuestas a sus interrogantes y de un principio, historias que lamentablemente no siempre se conservan. Los recuerdos se diluyen y se transforman en olvido. Quedan los retratos de la antigüedad, de hace un siglo o más, y los sucesores no reconocen a sus antepasados. Se pierden las historias que a una hora del pasado fueron realidad de otra gente.

Pienso que la genealogía es una asignatura que debería de impartirse en todos los niveles escolares. La gente rescataría su origen y sus historias; además, facilitaría obtener tendencias de conductas, enfermedades, causas de muerte, aficiones y tantos rasgos humanos. Contiene una riqueza invaluable que muchas personas todavía no exploran.

La vida es tan breve que apenas alcanza para hacer algo importante. Las grandes tareas no admiten distracciones ni treguas. Aún debo escribir otras obras. La historia antigua de mi familia, que siempre me ha acompañado y cautivado, no se perderá porque se encuentra asentada en mis apuntes; no obstante, tomé la determinación de transcribirla en una libreta especial que pasará de una generación a otra y a muchas más, con la idea de que mis descendientes agreguen datos e información. Creo que el documento tendrá más valor, por lo que significa nuestra historia familiar, si lo escribo a mano en una libreta y se suman mis sucesores con sus aportaciones, que si lo publico. Después de todo, es un tema familiar. Hace poco, descifré, estudié y analicé más de 500 documentos. Me siento bastante contento porque, finalmente, tras toda una vida de búsqueda e investigación, por fin conozco los aspectos más trascendentes de la historia de mis antepasados. He cumplido uno de mis sueños de la infancia y así rindo homenaje a mis antepasados.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright