Ayotzinapa, la casa, el tren y otros asuntos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En medio de un escándalo como su casa blanca de las Lomas de Chapultepec que tiene un valor aproximado de siete millones de dólares (86 millones de pesos que un trabajador mexicano con el sueldo mínimo de la Zona “A” pagaría con poco más de tres mil 500 años de percepciones íntegras) y que refleja enormes contradicciones e inconsistencias, sobre todo si se toma en cuenta que ahora cualquier ciudadano puede ser sujeto de investigación y acusado de evasión o lavado de dinero por movimientos bancarios y compras muy inferiores a las del caso expuesto, junto con el descontento generalizado por políticas como la fiscal que ha deteriorado la economía nacional, la incapacidad gubernamental para ordenar al país y hasta la revocación de la licitación enrarecida del Tren de Alta Velocidad, el caso de los 43 estudiantes normalistas asesinados de Ayotzinapa coloca al presidente Enrique Peña Nieto en una situación bastante compleja ante la comunidad internacional que contempla los signos de un país totalmente resquebrajado.

No importa si de acuerdo con la revista Forbes, el mandatario nacional perdió popularidad y descendió 23 lugares dentro de los hombres más poderosos del mundo, porque el clamor generalizado es de honestidad, justicia, seguridad y resultados tangibles por parte del Gobierno Federal. Lo demás, el asunto de la popularidad internacional, es cuestión de telenovelas.

Inmersos en un ambiente nacional en el que los ejecutados forman parte de las noticias cotidianas, incontables mexicanos tal vez no se habrían manifestado en contra de las autoridades si éstas, en vez de reaccionar tardíamente y ofrecer declaraciones y respuestas poco o nada satisfactorias, como si se tratara de un crimen de Estado, hubieran actuado oportunamente y presentado resultados apegados a la realidad.

Las sospechas de la comunidad internacional es que la corrupción y los problemas que enfrentan los mexicanos son más graves de lo que proyectan los noticieros nacionales, frecuentemente supeditados a intereses de políticos y funcionarios, a las élites de poder que les confeccionaron, incluso, una reforma de telecomunicaciones a modo.

El asunto es que ahora el problema se ha internacionalizado y las expresiones de protesta contra las autoridades mexicanas continúan incrementándose sin que haya alguien que con inteligencia ofrezca explicaciones convincentes, basadas en pruebas, y promueva un cambio real en el país.

Grupos sociales y de estudiantes siguen manifestándose y protestando contra las autoridades, muchas veces, es cierto, rebasando el estado de derecho y distorsionando una lucha legítima con fastidio y rechazo por parte de sectores afectados; aunque también con filtraciones de personajes extraños que pretenden prostituir el movimiento y causar daño y confusión.

Si con el mismo interés e ímpetu con que promovieron y defendieron sus reformas fiscales y energéticas, entre otras que aún dejan mucho que desear, los políticos se empeñaran en conciliarse con la sociedad mexicana y construir juntos un auténtico e integral proyecto de nación, basado en hechos reales e inmediatos y no en discursos, acuerdos que jamás se cumplen, fotos en los periódicos y tomas para los noticieros de televisión, México estaría dando un gran paso hacia otra clase de reformas que definitivamente lo conducirían a niveles de bienestar y progreso.

En un país donde amplios sectores de la sociedad permanecen masificados, endeudados, manipulados y empobrecidos económica y culturalmente, la tendencia parece ser la del control, la del autoritarismo, la del abuso por parte de los que mayor poder e influencia tienen.

Ante los innumerables acontecimientos que fragmentan y debilitan a México, el Estado parece ausente, lerdo y en ocasiones hasta cómplice, porque no actuar a favor de las mayorías también equivale a asestar un golpe a las actuales generaciones que ya coexisten en un basurero y negar a las futuras el derecho a la justicia, el progreso, la libertad.

Los problemas que enfrenta México no se resolverán, como piensan los políticos y funcionarios públicos, a través de acuerdos, declaraciones en los medios de comunicación, discursos y simulaciones; es necesario que asuman un compromiso auténtico y den la cara. México ya no necesita más capítulos de historia nefasta ni repetir las amargas lecciones del pasado.

4 comentarios en “Ayotzinapa, la casa, el tren y otros asuntos

  1. Realmente es lamentable la situación actual de esta tierra bonita con tanta tradición, encanto y pasión.
    Desde la distancia en la que me encuentro sólo pido a diario una cosa… PAZ.
    Excelente artículo Santiago.

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    • Tienes razón, Lulú Sommaruga. Realmente es lamentable que en una nación tan rica se presenten situaciones negativas, pero eso sucede cuando la población está más interesada en espectáculos de futbol y en telenovelas que en asumir sus responsabilidades y exigir honestidad, justicia y resultados a sus autoridades. Gracias por el saludo y los buenos deseos para este país.

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  2. QUE EQUIVOCO TAN GRANDE LOS QUE PENSARON QUE DANDO SU VOTO AL PRI TODO CAMBIARÍA EN BIEN DE MÉXICO , AHORA SE DARÁN CUENTA QUE REGRESAR CON EL PRI EN EL GOBIERNO ES NEFASTO PUES LOS POLÍTICOS ESTÁN PEOR QUE EN DÉCADAS PASADAS , AHORA SU CORRUPCIÓN ESTA CORREGIDA Y AUMENTADA.

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