Encuentro perverso frente a un público masificado

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Acostumbrados al teatro futbolero, amplio número de mexicanos han presenciado durante el lapso de los últimos días el encuentro perverso entre dos equipos, uno que pretende aferrarse al balón, patearlo contra la portería, meter gol y concluir el juego; otro, en cambio, que sospecha que la pelota esconde un truco y, por consiguiente, desea exponerla y escudriñarla frente al público para descubrir la presunta trampa.

Inmersos en un estadio de ambiente enrarecido, ambos equipos actúan de acuerdo con sus intereses y sospechas, al mismo tiempo que el público masificado grita y protesta por los terribles marcadores de Ayotzinapa, la opacidad en la anulada licitación del tren rápido de la Ciudad de México a Querétaro, los incrementos mensuales a la gasolina y el diesel con sus consecuentes efectos inflacionarios y los resultados lacerantes y pésimos de las políticas económica y fiscal.

El equipo más poderoso, apoyado por su aliados de la televisión nacional y otros beneficiados y empalagados con las delicias del poder, intentan esconder el balón, producir amnesia entre la gente para que sepulte el tema de la casa blanca del presidente Enrique Peña Nieto, la residencia de Las Palmas que vale siete millones de dólares, 86 millones de pesos, más de tres mil 500 años de salario mínimo íntegro, el trabajo de medio centenar de generaciones, y que la élite del poder económico y político se empeña en asegurar que se trata de un regalo de una televisora a la esposa del mandatario nacional.

Cual incondicional del equipo por las alianzas y los beneficios recibidos, Televisa, la de los grandes espectáculos, argumentó el origen de la mansión en un afán de eximir al mandatario mexicano de toda sospecha e intento de crítica e investigación.

Hasta otros amigos del equipo goleador publicaron en internet los costos de las residencias propiedad de actores y cantantes mexicanos, actitud que no solamente denota su apoyo a las esferas del poder, sino los niveles tan ínfimos de desarrollo que tiene la sociedad en este país, ya que el hecho de que en una nación donde coexisten millones de familias en la miseria y otras tantas en difíciles condiciones económicas, versus la opulencia de bufones e ídolos televisivos, delata que algo anda muy mal y huele a podredumbre. Muy distinto sería que los multimillonarios fueran productores del campo, personas que se dedican a trabajar y generan fuentes laborales e impuestos.

Aseguran, los del poder, que la casa blanca del presidente no es de él, sino de la esposa, mientras las investigaciones del otro equipo, en tanto, denuncian que la mansión se encuentra a nombre de la empresa que ha resultado favorecida con las licitaciones federales y que, incluso, recientemente ganó la ya revocada del tren rápido.

Los millones de seguidores de las redes sociales, transformados en público con voz, reniegan, maldicen y hasta exigen la renuncia del presidente del país, mientras los dos equipos siguen empeñados en patear la pelota y anotar el gol del triunfo.

En determinados momentos de lucidez, los espectadores se preguntan las razones por las que cualquier mexicano, al adquirir una antigüedad, una casa, una joya o un vehículo de determinado precio, se convierte en sujeto de investigación y hasta puede ser acusado de evasión fiscal o lavado de dinero si no comprueba el origen de sus recursos económicos, situación que contrasta con funcionarios, personajes públicos y políticos que muchas veces ostentan grandes residencias y fortunas incalculables sin que apliquen para ellos las leyes.

No tardan los del equipo más poderoso en pasar sobre el árbitro, meter el gol que los haga ganadores y confinar la información a archivos intocables y restringidos durante muchos años, que el público enardecido olvidará con el siguiente encuentro que se presentará como distractor.

El equipo perdedor tendrá que conformarse con haber denunciado la trampa que intuye por parte de árbitros, organizadores y jugadores; sin embargo, si insiste en alegar que hubo fraude en el juego y que algo oscuro y perverso se esconde, serán enviados a la banca o expulsados de las canchas. A ese grado se juegan algunos partidos en este país, o al menos así lo siente uno ante las contradicciones y la falta de explicaciones convincentes y de transparencia.

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