¿Celebración, recapitulación o reflexión para definir cambio de rumbo?

Dos años de gestión

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Fue un voto más emotivo y hasta frívolo y hormonal, como de telenovela, que razonado y acorde a la realidad nacional. Funcionó bien la estrategia de propaganda, a tal grado que millones de mexicanas, al menos en el momento de adocenarse y convertirse en rebaño, demostraron sus pretensiones de desear al entonces candidato presidencial priista en su colchón. En ese nivel estamos.

Como todos los partidos políticos durante campañas electorales, el del hoy mandatario nacional diseñó una plataforma de promesas basadas en la experiencia que había gobernado al país durante más de siete décadas y principalmente con la intención de recuperar el poder y tejer políticas orientadas a no perderlo más, que indudablemente convencieron a millones de personas sinceras que creyeron en su viabilidad y buena intención, evidentemente sumadas a los aplaudidores de siempre, a quienes vendieron sus votos y a aquellos que obtendrían privilegios que hoy causan asco y vergüenza.

La mayoría de la gente desconoce, al menos en México, que el complejo proceso de transformaciones y resultados en un país, sobre todo tras años de corrupción e impunidad, requiere mucho tiempo, y, por lo mismo, se desalienta fácilmente al no cumplirse sus expectativas en el corto plazo.

Cuando llegan los sustitutos, como aconteció con los gobiernos panistas o igual que sucede en asuntos relacionados con las compañías telefónicas, verbigracia, las expectativas de cambio y mejoría resultan inconmensurables, de manera que rebasan los niveles de la lógica; sin embargo, nadie tomó en cuenta que para transformar al país había que enfrentar inercias, burocracia, intereses muy dominantes y lastres heredados por décadas, independientemente de que los grupos de poder se pulverizaron y reconformaron.

Por diversos motivos, los mexicanos no creyeron en el anterior presidente de la República Mexicana, Felipe Calderón Hinojosa, quien es innegable que muchas ocasiones actuó visceralmente y tomó decisiones erróneas en ciertas áreas estratégicas, de modo que pensaron que la mejor opción sería el candidato priista, Enrique Peña Nieto, quien habló de acuerdos políticos y reformas estructurales que sinceramente convencieron a no pocos.

Enrique Peña Nieto ganó las elecciones y convenció a mexicanos y extranjeros. Es cierto, implementó sus tan anunciadas reformas estructurales, las cuales merecen un análisis aparte, y la comunidad internacional, principalmente, se sintió halagada; sin embargo, la microeconomía, la que interesa a las familias, a los trabajadores, a los profesionistas, a los micros, pequeños y medianos empresarios, a ti y a mí, no solamente resultó olvidada, sino la enviaron al traspatio, donde las fauces del desempleo, la inflación y el exceso de impuestos pretenden devorarla, rasgar su piel endeble y destrozarla.

Más que ofrecer respuestas tardías, poco o nada convincentes, y no demostrar interés en los asuntos que verdaderamente afectan y preocupan a los mexicanos, el presidente Enrique Peña Nieto necesita involucrarse no en el proyecto de una élite política y económica, sino en el de la nación; además, es fundamental que gobierne con el ejemplo, que convenza a millones de habitantes de este país con acciones y resultados reales, que se convierta en auténtico líder social.

A dos años del inicio de su gestión como presidente de la República Mexicana -prácticamente la tercera parte de su gestión-, el escenario nacional y las opiniones de la mayoría de los mexicanos parecen indicar que no hay motivos dignos de celebración, sino la oportunidad para reflexionar y definir el rumbo que involucre a todos los sectores sociales y no solamente a los amigos del mandatario y los privilegiados de la clase gobernante, en un proyecto sólido de país, con oportunidades e igualdad, sin corrupción e impunidad, con el cumplimiento de las promesas de campaña, con justicia y equidad, sin discursos contrarios a la lamentable realidad que hoy prevalece. ¿Será un deseo difícil de cumplir en este segundo cumpleaños? La respuesta la tienen el mandatario nacional y sus colaboradores porque afuera, en las calles, en todo el país, los mexicanos ya dieron su calificación y recalcaron los temas que les interesan, preocupan e irritan.

2 comentarios en “¿Celebración, recapitulación o reflexión para definir cambio de rumbo?

  1. PUES A MI EN LO PERSONAL NUNCA ME CONVENCIÓ SUS PROMESAS DE CAMBIO, SUS REFORMAS NI LAS FALSAS IDEAS DE MEJORAR AL PAÍS, YA SE VEÍA LA CAÍDA DE LA ECONOMÍA, PRIMERO POR LA CRISIS MUNDIAL , DESPUÉS POR LA CORRUPCIÓN QUE SIEMPRE HA REPRESENTADO EL PRI Y TODOS SUS AGREMIADOS , SIEMPRE EN LA NOTICIA DE PRIMER PLANO COMO POLÍTICOS CORRUPTOS , QUE SOLO VEN POR SUS INTERESES PERSONALES , Y POR SUS ALIANZAS CON EL CRIMEN ORGANIZADO, AHORA PARA EL 2018 TENDREMOS QUE ESTUDIAR CON LUPA LOS CANDIDATOS PERO NO POR UN PARTIDO POLÍTICO , SINO POR SU PERSONA COMO SE MANEJA EN EL ÁMBITO POLÍTICO Y SOCIAL.

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