¿Maestros y doctores para curar a México?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Ostentan -sólo eso- títulos que los acreditan como maestros y doctores por parte de universidades mexicanas y extranjeras de prestigio, inaccesibles a las mayorías, donde el mundo es analizado y contemplado desde otra perspectiva, la de los poderosos y sus servidores; pero en la práctica -pregúntele a la sociedad mexicana-, su desempeño y resultados como funcionarios públicos y políticos son mediocres, contrarios a los intereses nacionales. Generalmente, en nada benefician a millones de familias que enfrentan crisis económica y una serie de problemas que colocan al país en riesgo de resquebrajamiento.

Teóricamente asistieron a las aulas universitarias diseñadas para la élite y adquirieron mayores conocimientos que aquellos que cotidianamente recibieron clases en instituciones públicas con paros de actividades, o privadas, pero de menor categoría. En la práctica, son los que han rematado a México y conducido al empobrecerlo a amplios sectores de la sociedad; aunque claro, ellos, los maestros y doctores de la función pública y la política, poseen cuentas millonarias, residencias de lujo, vehículos blindados y todos los beneficios que pertenecen a la clase gobernante.

Al contender en campañas políticas o cuando reciben nombramientos como funcionarios o los anuncian en los actos públicos, con frecuencia destacan su formación académica, sus títulos universitarios, al grado que da la impresión de que poseen las fórmulas y llaves para asumir su responsabilidad ante los mexicanos y enfrentar los problemas y retos de la hora contemporánea a favor de las mayorías.

Los años de gestión en cualquiera de los tres poderes, transcurren fugaces y se suman, hasta convertirse en ayer, en historia mediocre y sucia que muy pocos comprenden para no volver a resbalar en los mismos errores. Siempre es lo mismo. Resurgen como salvadores del país y al final se convierten en señores acaudalados, dueños de fortunas inmensas, ante el empobrecimiento y endeudamiento de la colectividad.

Así, la actuación de los relucientes funcionarios y políticos con maestrías y doctorados, muchas veces es tan absurda y perversa como la que mostraron hace décadas quienes les antecedieron. La mayoría se enriquecen ilícita e inexplicablemente y heredan lastres a millones de mexicanos todavía adormilados, aplaudidores de bellezas artificiales, críticos de café, conformistas con recibir las migajas del pan que les arrebatan.

Si bien es cierto que la ambición desmedida parece formar parte de la naturaleza humana, y más cuando se ostenta el poder, los funcionarios y políticos mexicanos parecen competir entre sí en la incansable carrera de corrupción y enriquecimiento exagerado e ilegal.

El desempeño tan pobre en resultados para los mexicanos por parte de tales funcionarios y políticos, quienes actúan como dueños de la nación, indican que en las universidades únicamente les enseñaron a trabajar por el bien propio, a negociar, relacionarse y ponerse bajo las órdenes del Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos, el Grupo de los 7, instituciones financieras de carácter internacional y trasnacionales.

Se doblegan ante los intereses mundiales y se preocupan más en atender la macroeconomía que las necesidades urgentes de millones de habitantes que cada día enfrentan problemas y crisis derivadas de las políticas gubernamentales erróneas; aunque en el lapso de los últimos años su ineficiencia ha quedado al descubierto. Engañan a los mexicanos, o eso pretenden, al hacerles creer que en el año habrá crecimiento y más tarde, ante la realidad que ellos mismos provocan, presentan argumentos ridículos y ajustan sus perspectivas a la baja. Ahora ni siquiera pueden controlar la cotización del peso frente al dólar. El precio del petróleo ha caído abruptamente en los mercados internacionales y no cuentan con estrategias. Presumen sus estudios de posgrado y hasta son tecnócratas; pero también, deben admitirlo, hombres y mujeres desnudos ante el mundo por los niveles de miseria en que han colocado a México.

Aprendieron a involucrarse y negociar con las grandes instituciones financieras del mundo, pero no con la población, contigo y conmigo, con los millones de mexicanos que hoy reclaman honestidad, justicia, gobernabilidad, desarrollo integral, equidad, oportunidades reales de desarrollo y no discursos demagógicos ni dádivas ofensivas que se adquieren con los impuestos a muy alto costo.

Conocen el pensamiento de los ideólogos de la política y economía mundial; sin embargo, desconocen o al menos eso aparentan, las lecciones históricas, el peligro que representa el empobrecimiento acelerado de millones de personas, el desempleo masivo, la formación de cinturones de miseria, la pérdida de poder adquisitivo, el cierre de empresas y la aplicación exagerada e irracional de impuestos, entre otros factores riesgosos para la estabilidad, en medio de un ambiente de corrupción, inseguridad, represión, deshonestidad, cinismo, ausencia de rumbo e impunidad.

Para colmo, los maestros y doctores de la función pública y la política mexicana, ahora han adoptado la manía de no responder oportunamente a los reclamos sociales, consentir que ocurran las catástrofes, lucir descaradamente su riqueza de dudosa procedencia, contestar tardíamente con argumentos absurdos y contradictorios, y al quedar rebasados por las quejas, críticas y circunstancias, callar. No tienen respuestas.

Entre los flamantes funcionarios y políticos mexicanos que hoy lucen títulos universitarios de maestrías y doctorados, y los que hace muchos años ridiculizó Cantinflas en sus películas, no se percibe diferencia en los fines individuales y de grupo que persiguen, a excepción del estilo y los métodos con que actúan en perjuicio de la sociedad y de México.

México necesita y exige funcionarios y políticos comprometidos con la nación, con sus habitantes, no con el Banco Mundial ni otras instituciones financieras que se interesan en objetivos ajenos a los de la población. Más que maestros y doctores que se conducen como deidades y cuyos resultados son pobres y desastrosos para la sociedad, México requiere hombres y mujeres comprometidos, responsables y honestos que verdaderamente encaren los retos y reclamos nacionales de la hora contemporánea.

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