Parques industriales de fantasía

En Michoacán

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hace años, cuando mi pasión juvenil se desbordó y destaqué con euforia ante un empresario las bellezas arquitectónicas y coloniales de Morelia, Pátzcuaro y Tlalpujahua, y los escenarios naturales de Michoacán, el hombre sonrió irónico, me dio una palmada en la espalda y contestó que él, para invertir, no tomaba en cuenta tanto el acervo cultural e histórico de una plaza porque finalmente ni el acueducto ni la catedral, por más admirados que fueran por los turistas nacionales y extranjeros, le representarían recursos para fortalecer una empresa, a menos que fuera turística, sino otras características como certeza jurídica, estabilidad social, fluidez económica, legalidad, orden, paz, respeto y seguridad.
Mi inexperiencia influyó para sentir cierto malestar por las palabras de aquel capitalista procedente de la región norte del país, quien no solamente demostró indiferencia ante las joyas virreinales que le mostré en el centro histórico de Morelia, sino criticó la economía de Michoacán, estado que me abrió las puertas en aquella época.
Hoy recuerdo, desde una orilla cada vez más distante, aquella expresión que entonces me pareció descortés e insultante, pero que en el fondo, a través de la óptica de un inversionista, tenía mucho de cierto: “yo prefiero un lugar en el que circule el dinero y prevalezcan la estabilidad, el respeto y la seguridad, aunque sea árido y no tenga historia, que uno como Michoacán en el que sus autoridades y habitantes no han sabido aprovechar la incomparable riqueza que se extiende en todo el estado. Ni el acueducto ni la catedral me darán de comer por sí solos”.
Tenía razón. Hay que hablar de un caso específico: el de los parques industriales y la promoción para atraer plantas automotrices. Y es que desde hace muchos años, en Michoacán, autoridades y población han participado en el juego del ilusionismo al anunciar, las primeras, reuniones de trabajo con directivos de plantas automotrices supuestamente interesados en invertir y establecer armadoras en la entidad, y al creer los otros, la sociedad, incluidos los empresarios, que se concretarán grandes proyectos que coadyuvarán a propiciar el desarrollo económico.
Tras emitir esa clase de declaraciones un tanto perversas e irresponsables, transcurren los días, las semanas, los meses, hasta que la noticia se diluye y olvida, se hace añeja o simplemente los funcionarios declaran que estados como los de México, Puebla, Querétaro y Guanajuato tienen ventaja considerable sobre Michoacán.
Los lectores de periódicos y de noticias a través de portales, junto con los que las siguen en radio y televisión, seguramente se cuestionan la razón por la que los dueños de los capitales no eligen Michoacán para instalar sus industrias armadoras de vehículos, sobre todo si se considera que a diferencia de los estados ya mencionados, no sólo ofrece ventajas comparativas como la autopista que enlaza a los dos polos más grandes del país -Ciudad de México y Guadalajara-, sino es el único que cuenta con litoral y, por lo mismo, con puerto en el Pacífico.
No es raro que en sus discursos, autoridades, líderes empresariales y políticos insistan en el inigualable acervo cultural, histórico y natural de Michoacán, al grado de que antes de que inicien sus participaciones en foros como convenciones y congresos, uno casi adivina sus palabras inaugurales y de promoción, y en cierto sentido hablan correctamente porque indiscutiblemente se trata de una entidad privilegiada a nivel nacional en tales temas; sin embargo, no basta difundir las oportunidades inigualables de desarrollo que se contemplan desde un pódium, un micrófono, una oficina burocrática o un negocio, ya que se necesita transitar de las ideas y las palabras a las acciones.
No obstante, las autoridades continúan declarando las posibilidades de que se establezcan armadoras de autos en el territorio estatal, lo cual, hay que ser realistas, no se concretará mientras Michoacán continúe como una de las zonas de mayor riesgo dentro del mapa nacional.
Efectivamente, como manifestaba aquel empresario norteño de mis días juveniles, los dueños y directivos de las marcas automotrices no se sentirán atraídos por las bellezas naturales y el legado arquitectónico, cultural e histórico de Michoacán, que innegablemente son adicionales y valiosos; ellos, para tomar decisiones, analizarán las condiciones que garanticen el desarrollo pleno de sus negocios y sus inversiones millonarias.
Nadie desconoce que los capitales, productivos o especulativos, no tienen nacionalidad, lo que significa, en términos reales, que los inversionistas siempre buscarán la seguridad de su dinero, de sus empresas, y no se guiarán por sentimentalismos de carácter histórico, natural y humanitario. Irán a donde les ofrezcan garantías y sus inversiones sean redituables.
Los funcionarios públicos y los políticos de Michoacán deben ser más éticos y respetuosos con la sociedad, más que hacer creer a la opinión pública en inversiones multimillonarias por parte de las marcas automotrices. La población debe madurar y ser menos ingenua.
En primer término, por políticas pésimas que datan de hace décadas y se prolongaron hasta nuestros días, junto con el saqueo de las finanzas públicas que hasta la fecha ha quedado impune, los parques industriales de Michoacán son insípidos y resultan una caricatura grotesca comparados con los del Estado de México, Puebla, Querétaro y Guanajuato; adicionalmente, no pocos de los predios han sido adquiridos, en determinados momentos, por funcionarios y políticos dedicados a especular, mientras otros, en cambio, permanecen abandonados o enfrentan la asfixia provocada por la expansión de los asentamientos humanos, cuyos habitantes, al cabo de cierto lapso, pugnarán por la reubicación de las escasas fábricas que considerarán amenaza para su salud e integridad.
Por otra parte, habrá que preguntarse si los parques fabriles de Michoacán disponen de suficientes reservas territoriales porque las industrias ancla, como las automotrices, no llegan solas; las acompañan empresas que las proveen de micas, hules, viniles y una gama de aditamentos.
Los parques industriales requieren un diseño inteligente y contar, por lo mismo, con infraestructura adecuada y servicios modernos y acordes a las necesidades productivas. Necesitan carreteras y caminos, calculados para soportar las maniobras y el paso frecuente de camiones y tráileres. Ningún directivo automotriz sentirá atracción por un parque industrial degollado por el crecimiento urbano, rebasado por la modernidad o rodeado de herrerías, bodegas comerciales, vulcanizadoras, loncherías, tendejones y asentamientos irregulares.
Paralelamente, otros factores importantes son la estabilidad social y la seguridad. Definitivamente, ningún grupo de inversionistas expondrá sus capitales en regiones donde los bloqueos a calles y carreteras son práctica cotidiana, y menos cuando las autoridades únicamente contemplan los secuestros de autobuses y camiones de carga, el incendio de vehículos y el saqueo a distribuidores de productos. La certeza y la aplicación de las leyes con justicia son fundamentales.
Extraña, en consecuencia, que los funcionarios públicos estatales y políticos crean que los dueños de capitales productivos se sentirán atraídos por terrenos casi regalados en las incipientes zonas industriales de Michoacán y por facilidades administrativas y tributarias, versus los problemas económicos y sociales que desbordan las acciones gubernamentales y son del conocimiento de toda la comunidad internacional.
Anta tal escenario, las autoridades y los políticos deben ser realistas y hablar de frente a la sociedad para no generarle falsas expectativas por medio de noticias ambiguas sobre el posible establecimiento de plantas automotrices; la población michoacana, incluida la iniciativa privada, no puede actuar como aplaudidora ni comportarse ingenuamente, al grado que crea en la instalación de grandes industrias en parques fabriles de juguete. Hay que ser realistas y trabajar en base a un proyecto común de estado.
Resulta primordial arreglar la casa, restaurar los daños, modernizar el estado y garantizar la estabilidad social y el progreso. Nadie deseará invertir en el chiquero que hemos convertido todos a un estado tan rico en minerales, fauna y flora, climas, arqueología, arquitectura colonial, folklore, historia, leyendas y tradiciones.
Habrá que imaginar lo grandioso que podría ser Michoacán con todas sus riquezas y la instalación de industrias que verdaderamente coadyuven a generar el desarrollo, algo muy lejano a difundir noticias sobre supuestas reuniones para convencer a los dueños de los capitales productivos con la finalidad de que se instalen en el estado, casi regalar los terrenos de las zonas fabriles porque nadie desea establecerse en lugares de alto riesgo, exonerar de algunos impuestos a quienes se arriesguen a trasladar sus plantas productivas, mirar con coraje e impotencia la falta de autoridad y el abuso de quienes se apropian de las carreteras y calles, tambalearse ante la ausencia de un proyecto integral de estado.
Desde hace 26 años de ejercicio periodístico, casi siempre en la fuente económica, he escuchado a las autoridades estatales y a los políticos, secundados por algunos empresarios aplaudidores, que están negociando el establecimiento de plantas automotrices que darán otro matiz a Michoacán. ¿Será?
Primero hay que limpiar y ordenar la casa porque nadie invertirá por el simple hecho de que Michoacán ofrezca paisajes naturales paradisíacos, cuente con poblaciones de origen colonial y haya influido en los procesos históricos y sociales de México. Tenía razón el empresario norteño de mis días juveniles. La respuesta la tienen las autoridades, los políticos y la sociedad en su conjunto. Los michoacanos tienen ante sí la tarea no de maquillar el rostro de Michoacán, sino de practicarle una cirugía integral para que se encuentre en condiciones de incorporarse al ritmo de crecimiento y progreso que han alcanzado otros pueblos en diferentes regiones del mundo, muchas veces con menos recursos y ante adversidades y condiciones peores a las que actualmente enfrenta el estado.

2 comentarios en “Parques industriales de fantasía

    • Tienes mucha razón, Tere; sin embargo, en el caso de Michoacán, las autoridades comienzan al revés, de modo que anuncian reuniones con supuestos inversionistas y finalmente sus resultados son muy pobres.Mientras no ofrezcan seguridad ni certidumbre, definitivamente no habrá capitalistas interesados en establecer sus industrias en Michoacán; además, otros ingredientes fundamentales son el orden y la estabilidad social. Los parques industriales del estado son muy limitados y rebasados por la modernidad. Saludos.

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