Primeros días de campañas políticas

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Descalificaciones, triunfalismos anticipados, acusaciones, apasionamiento excesivo, movilizaciones, expectativas que rebasan la realidad y ausencia de compromisos serios y propuestas inteligentes han definido, en sus primeros días, los esbozos de las campañas políticas en Michoacán, precisamente en una etapa en la que incontables familias en ese estado ya están hartas de abusos de poder, corrupción, delitos, injusticias, promesas incumplidas, adormecimiento de las autoridades, falta de oportunidades reales de desarrollo e impunidad.

Tal vez los asesores de los aspirantes políticos, los que les hablan al oído, quienes diseñan las estrategias, viven una realidad económica diferente a la que enfrentan la mayoría de los michoacanos y creen que sus consejos son acordes a las urgencias de la hora contemporánea, ya que no es lo mismo ir todas las mañanas al club, al vapor, al restaurante, a alabar a los que ostentan el poder o criticar a los opositores y tratar de componer la situación de un estado desde una mesa de café o envueltos en toallas, que caminar por las calles de las colonias populares, por las rancherías desoladas, por los pueblos empobrecidos, donde la gente carece de satisfactores mínimos, y no porque prefiera la holgazanería, sino por la falta de oportunidades de progreso.

La realidad de Michoacán es diferente y necesita, en consecuencia, propuestas y acciones reales, no promesas ni campañas de bajo perfil, como si se tratara de obras de teatro que se ejecutan por compromiso u obligación y concluyen en cuanto desciende el telón pesado y oscuro, cubierto por el polvo y rasgado por el descuido, sin que salgan nuevamente los actores a recibir aplausos por temor a ser agredidos por el público defraudado e irascible.

Han sido 13 años -casi todo el lapso del siglo XXI- de corrupción, mentiras, riesgos e injusticias sin que se aplique la ley a quienes han dañado a los michoacanos. Las condiciones actuales de Michoacán exigen la participación de hombres y mujeres comprometidos con la verdad, el trabajo, la justicia, el bien común, la honestidad y el desarrollo integral, no discursos incendiarios ni declaraciones mediáticas o encuestas que confunden a la gente.

Y si la sociedad, al menos los sectores más conscientes de la realidad, no está convencida con las actitudes de descalificaciones y hostigamiento porque exige propuestas y compromisos, e indudablemente se siente defraudada, hay otros factores que influyen negativamente y le dan la razón al pensar que los políticos solamente se interesan en cometer excesos, como el caso reciente de Angélica Rivera, la esposa del presidente Enrique Peña Nieto, quien junto con sus hijas, hijastras y amigas realizó un viaje a Estados Unidos de Norteamérica con la intención de visitar las boutiques más caras de Beverly Hills y preguntar por vestidos con valor hasta de 20 mil dólares, cuando millones de mexicanos carecen de unos cuantos pesos para satisfacer sus necesidades básicas, dar de comer a sus hijos o comprarles algún medicamento.

Si el sueldo del mandatario nacional es, como lo estipuló el Presupuesto de Egresos de la Federación para 2015, de 248 mil 674 pesos mensuales, ¿cómo es posible que una joven de su familia pretenda adquirir un vestido para su graduación con un valor que supera los ingresos familiares? De tener el presidente Peña Nieto otros ingresos económicos, ¿dónde están las declaraciones ante la Secretaría de Hacienda y Crédito Público? Indudablemente se trata de recursos que aportan los mexicanos a través de sus impuestos. Y lo más sospechoso es que al siguiente día de la aparición del video que dio fe de las actitudes superficiales y derrochadoras de la familia presidencial, fue eliminado de youtube, lo cual denota el afán de autoritarismo que prevalece en México.

Tales conductas, por no citar otros ejemplos como la visita a Inglaterra con más de 200 invitados o la utilización del helicóptero, entre otros, contribuyen a denigrar el de por sí mediano trabajo de los candidatos, y no solamente de los priistas, sino de panistas, perredistas y otros, porque la población está fastidiada de la clase política mexicana en general, independientemente del partido del que provenga, precisamente por los excesos que comete en detrimento del país.

Por el bien de Michoacán y México, habría que esperar que los aspirantes políticos que contienden durante las actuales campañas, recapaciten y verdaderamente se comprometan con las familias que coexisten, ya lo sabemos, entre la miseria, la inseguridad, la corrupción, las injusticias y la desesperación.

Las autoridades se asustan, mienten y actúan miserablemente cuando aparecen grupos opositores que legítimamente o no defienden sus derechos y exhiben la incapacidad oficial; sin embargo, al no actuar responsablemente ante la sociedad, como lo juraron al asumir sus funciones, se convierten en cómplices de los grandes problemas. No entienden, o son omisos, que los signos de malestar social están creciendo y que una vez que se rompa el equilibrio social, es decir cuando tú quiebres tu negocio o te despidan del empleo y no tengas dinero para alimentar a tus hijos, comprarles medicamentos que salven sus vidas o darles una educación digna, y a tus familiares, amigos y vecinos les suceda lo mismo, nada halagüeño se desencadenará para el estado y la nación. Hoy, los candidatos enfrentan la oportunidad histórica de convertirse en actores del cambio y la justicia que reclaman millones de personas o sellar complicidad con la cadena de la clase política que tanto daño ha causado a los michoacanos y mexicanos en general.

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