Fórmula perfecta: familias de las “oportunidades” históricas versus sociedad adormilada

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La fórmula parece perfecta para transformarse en parte de las familias que disfrutan las “oportunidades” históricas que le arrancan a México: durante sus gestiones favorecen a empresarios con contratos millonarios para posteriormente resultar beneficiados con residencias lujosas, práctica de la que nadie debe sorprenderse en un país donde la corrupción es ejercicio cotidiano, desde el policía extorsionador y el automovilista con documentos irregulares y el maestro que para pasar a sus alumnos les sugiere una aventura amorosa o una botella de licor, hasta aquellos que decretaron una estatización y favorecieron a sus descendientes o que aprovechan gestiones públicas para enriquecerse con recursos nacionales.

México es, sin duda, uno de los países más corruptos e injustos del mundo, donde las desigualdades sociales resultan evidentes. La miseria es lacerante, los abusos y excesos de poder son práctica cotidiana, el autoritarismo y la represión aumentan alarmantemente, el descontento social se generaliza. Una minoría se enriquece exageradamente, mientras las mayorías empobrecen.

Resulta que ahora, según la revista Proceso, el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, sí, el funcionario que realiza giras a diferentes regiones del país y se reúne con hombres y mujeres procedentes de polígonos de pobreza y violencia en actos más similares al esquema de los reality show, es dueño, a través de su esposa, de dos lujosas residencias en Lomas de Chapultepec, en la Ciudad de México, adquiridas bajo idéntica fórmula a la que aplicaron, en su momento, su jefe, el presidente Enrique Peña Nieto, y su compañero de gabinete, el titular de Hacienda y Crédito Público, Luis Videgaray Caso.

Y no hay que espantarse porque indudablemente existen más funcionarios y políticos, no solamente a nivel federal, sino estatal y municipal, que actúan de acuerdo con la moda de corrupción e impunidad que dicta la élite gobernante desde hace décadas en la República Mexicana.

Resulta incongruente y hasta con cierto grado de cinismo y ofensa, que tales funcionarios manifiesten públicamente, por medio de discursos y declaraciones mediáticas, que las autoridades están trabajando arduamente, con compromiso y responsabilidad, para erradicar del país las injusticias, las arbitrariedades, la corrupción, los delitos, las diferencias sociales, la impunidad, las prácticas nocivas, los grupos que tanto daño causan, cuando abusan del poder y se benefician con el dinero que proviene de los mexicanos.

De no ser verídicos el reportaje de Proceso ni los que han publicado medios de comunicación mexicanos y extranjeros respecto a las residencias del mandatario nacional y los funcionarios mencionados, junto con todo lo que implican sus adquisiciones, tendrán que probarlo con documentos y evidencias reales; pero aún así siempre resultará insultante poseer mansiones de valor incalculable versus el pauperismo de millones de personas y las casas de interés social que venden a los trabajadores con la cuarta parte de sus salarios y 30 años de pagos, las cuales son de pésima calidad y tan minúsculas que cabrían, incluso, en alguna de las alcobas principales en las Lomas de Chapultepec, Malinalco, el Pedregal de San Ángel o cualquier otra zona exclusiva.

La lucha contra la corrupción no prosperará mientras los mexicanos la practiquen desde sus niveles más bajos, en sus asuntos cotidianos, y permanezcan más distraídos en el teatro futbolero y telenovelero, en los chismes de actores y cantantes, en las redes sociales y el whats app, en las modas, en lo que ocurre con las vidas de sus vecinos y en esas cosas intrascendentes que acumuladas, consumen gran parte de los días de la existencia.

Independientemente del tema relacionado con las residencias del presidente Enrique Peña Nieto y los colaboradores de su gabinete, aunado al involucramiento y la sospecha de personajes favorecidos con licitaciones y obras públicas, lo cual es demasiado grave y preocupante por lo que implica, se trata de funcionarios que han demostrado incapacidad para gobernar y mantener estabilidad, desarrollo integral, justicia, seguridad y respeto a las libertades.

Con tales antecedentes, uno se pregunta qué regalos no otorgarán a los políticos y altos funcionarios los inversionistas que resulten favorecidos con los contratos derivados de las tan defendidas reformas presidenciales, como la energética, por citar una. Las utilidades serán excesivas y las dádivas también. El nuestro es un México ajeno a más de 100 millones de habitantes porque solamente el grupo que ostenta el poder obtiene privilegios.

Entre funcionarios públicos y políticos de diferentes partidos se acusan de corrupción y otros delitos, pero no pocos se encuentran involucrados en actos de ilegalidad. Seguramente ninguno actuará, de poder hacerlo, en contra del otro.

Resulta lógico que ahora, al escuchar los mensajes presidenciales y de secretarios, gobernadores, legisladores y toda clase de políticos y funcionarios públicos, uno no solamente experimente coraje, repulsión e impotencia; también surge un conflicto interno al sospechar que sus palabras son resultado exclusivo de la desfachatez y el engaño, de simulaciones y programas endebles, de un sistema más proclive a la represión, el autoritarismo y la corrupción que a la justicia social y el desarrollo integral de los mexicanos.

¿Cómo escuchar con respeto los discursos de tales políticos si ellos han actuado, parece, deshonestamente ante decenas de millones de mexicanos que depositaron su confianza en ellos? ¿Cómo reaccionar cuando el presidente de la República anuncie obras millonarias o resalte sus reformas ante la comunidad internacional y los inversionistas? ¿Habrá más contratistas agradecidos? ¿Qué argumentar cuando el secretario de Hacienda y Crédito Público resalte el cumplimiento de las obligaciones fiscales? ¿Y qué contestar a los discursos y declaraciones del secretario de Gobernación? ¿Hay razón para creerles a otros funcionarios y políticos? ¿Qué calidad humana tienen tantos legisladores que con frecuencia votan contra México? Si los principales actores de la política mexicana se conducen bajo fórmulas que despiertan sospechas y no han tenido capacidad de gobernar adecuadamente a los mexicanos, ¿cuáles serán las aspiraciones y los estilos de vida de quienes les siguen en estatus?

Al caminar y mirar a un lado y otro, uno palpa miseria, corrupción, injusticias, abusos, represión e impunidad. Unos, los que pertenecen a la élite del poder, cometen toda clase de excesos y saquean a la nación; otros, los miembros de la sociedad, permanecen adormilados y distraídos, totalmente atrincherados en los grandes corrales humanos. ¿Existen perspectivas de progreso para un país con el perfil de México? Habrá que preguntar a cada uno de sus habitantes.

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