Y lo que falta

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Como las cremas y los maquillajes que se aplican en exceso para disimular las arrugas prematuras o los jeroglíficos cincelados por el tiempo, el photoshop se convirtió en el cosmético que ha pretendido suplir creatividad, ideas y propuestas por rostros joviales y sonrientes de candidatos políticos dedicados a atacar y descalificar a sus adversarios.

Al photoshop se añadieron banderas agitadas mecánicamente por jóvenes aburridos y sudados que se mezclan con limosneros, voceadores, “tragafuego”, limpiadores de parabrisas y vendedores ambulantes en los principales cruceros y avenidas de las ciudades; pero también canciones y corridos cuyas letras insisten en que los aspirantes políticos en referencia son los mejores y obtendrán el triunfo mayoritario en las urnas, a los que se unieron ocurrencias que parecen diseñadas, por lo absurdas y grotescas, por bufones de la radio y televisión, por comediantes que se especializan en entretener a las masas con estulticia. La diferencia es que las elecciones representan, se supone, un mecanismo democrático para que la población elija a sus gobernantes y legisladores; los chistes, las canciones sin contenido y las chocarrerías son para otro momento.

La mayoría de los candidatos políticos no convencen. Muchas de lo que denominan propuestas son, en realidad, listas que citan los problemas que aquejan a Michoacán y México. Sus respuestas a las demandas ciudadanas reflejan escasa creatividad y total desinterés en involucrarse en la solución de la problemática que hunde al estado y al país. Es más fácil declarar que se atenderán temas de empleo, salud, vivienda, inversiones, justicia y seguridad que presentar compromisos responsables y planteamientos inteligentes y viables.

No pocos de los candidatos semejan auténticos gladiadores en arenas donde la única regla que impera es la de los golpes. Entre más contundentes son sus agresiones, mejor para ellos. Los costos económicos y sociales no les interesan. Al adversario no se le pretende derrotar a través de propuestas convincentes, realistas y viables,, sino por medio de declaraciones mediáticas, amenazas, críticas y condena.

Tantos intereses millonarios deben existir en el ejercicio de la política y la función pública, que existen personajes que corrompen y engañan para obtener el voto, y otros que se atreven a acabar con sus competidores.

Al término de los debates, los candidatos suelen asegurar que ganaron y que ya cuentan con el apoyo mayoritario de la población; pero la comedia es tan pobre que el ciudadano que aún conserva dignidad y capacidad de análisis, se siente preocupado por la mejor elección.

Con autoridades electorales ambiguas y endebles, y dentro de un entorno de acoso e inseguridad, muchos candidatos prometen sueños, ofrecen emprender hazañas que no llevaron a cabo durante sus cargos públicos anteriores, critican a los aspirantes y partidos políticos adversarios sin reparar en el daño que la mayoría ha causado desde hace décadas en perjuicio de la entidad y el país.

Obviamente, son de entenderse los abusos, conductas y engaños de no pocos candidatos políticos si tomamos en cuenta el nivel de desarrollo de amplio porcentaje de electores, quienes tienen un pie en las comedias y telenovelas y otro en el futbol y el chismorreo de las redes sociales. Como que los gobernantes, autoridades y políticos mexicanos reflejan el nivel evolutivo de la sociedad. En otras naciones, los corruptos ya estarían en las cárceles y los mediocres desempleados.

Hace aproximadamente tres años, una joven exclamó ante nosotros, sus amigos, “y lo que falta por vivir”. Su expresión, digna de una persona joven e ilusionada, bien podría aplicarse a las campañas que se desarrollan en Michoacán y diferentes rincones de la República Mexicana porque parece que aún no presenciamos todos los números programados para la carpa política correspondiente a 2015. Estamos a la expectativa de lo que falta por venir.

Atiborrada de propaganda, información contrapuesta e imprecisa, contradicciones, descalificaciones y sospechas, la ciudadanía deberá emitir su voto el domingo 7 de junio de 2015 y alguien tendrá que asumir las diputaciones federales, pero también las alcaldías, gubernaturas y legislaturas locales en algunos estados como es el caso específico de Michoacán.

Resulta preocupante escuchar en un lugar y en otro a la gente que declara que no acudirá a las urnas o que ya en las casillas, tachará todas las opciones como muestra del descontento y rechazo hacia la clase política mexicana. Están en su derecho de hacerlo, pero hasta cierto grado cederán la oportunidad para que los candidatos que “acarreen” votantes o los obliguen o comprometan a sufragar a su favor, obtengan el triunfo electoral.

Esta ocasión, ante la falta de opciones convincentes entre la mayoría de los candidatos políticos que se disputan los votos en todo el país, los mexicanos tendrán que analizar bien los perfiles y elegir a quienes consideren más aptos y honestos. Evidentemente, la responsabilidad ciudadana no concluirá en las urnas porque en lo sucesivo habrá que vigilar la actuación de la clase política tan acostumbrada a manosear los recursos públicos y las oportunidades de enriquecimiento.

Si los aspirantes políticos no convencen y algunos, incluso, hasta son acusados de conductas graves, corresponderá a todos los sectores de la sociedad, una vez que resulten electos, exigirles resultados y evitar que despilfarren el dinero público y jueguen con las leyes y circunstancias a su favor, como si se tratara de su mejor partida en un tablero en el que sus patrimonios personales y familiares se multiplican contra la miseria y desgracia de millones de personas.

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