La muerte enseña a vivir: artesano de Catrinas en Capula

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

“La muerte enseña a vivir, a reflexionar sobre el milagro de respirar cada instante, a descubrir el sentido de la existencia”, advierte Arturo Pérez Espinosa, artesano que durante los últimos 18 años se ha especializado en elaboración de catrinas de barro, quien reconoce, además, que “es el personaje que da de comer a mucha gente en el pueblo”.

Originario de Capula, tenencia de Morelia, rememora sus días infantiles, cuando tenía entre nueve y 10 años de edad, y ellos, sus padres y abuelos, le enseñaron las técnicas ancestrales para preparar barro, manipularlo y crear piezas de alfarería.

El aroma del barro y la leña al recibir el aliento de la lumbre, le recuerda los días en que mezclaba los juegos en la campiña, en las callejuelas del caserío, y el aprendizaje en la creación de ollas, platos y cazuelas.

Arturo es uno de esos artesanos que se sienten orgullosos de ser depositarios de una tradición legendaria, de sus obras, de cada objeto elaborado con paciencia e inspiración. La artesanía, asegura, “corre por mis venas, la llevo en la sangre, en la piel, en todo lo que hago, en mi estilo de vida”.

Fue en su juventud cuando decidió transitar de la artesanía utilitaria a la ornamental, y así sustituyó la alfarería por las catrinas, “actividad que me inspira y hace sentir artista. Es muy satisfactorio encontrarme en el taller, en Capula, y recibir visitantes interesados en conocer las técnicas de elaboración de las catrinas, o asistir a las exposiciones artesanales y cautivar la atención de mexicanos y extranjeros”, explica.

Refiere que al caminar por el monte o al dormir, llegan ideas inspiradoras a su mente, como si repentinamente se abriera una grieta de la que surgen modelos cautivantes, “y es así como al siguiente día, muy temprano, me dispongo a darles forma, a materializarlos con mis manos”.

El hombre acomoda sus obras, las catrinas elaboradas en su taller, en algún rincón de Capula, tenencia artesanal de la capital de Michoacán. Cada una posee un encanto especial, un rasgo que embelesa, acaso porque como él dice, hay elaborar las obras con pasión, amor e inspiración.

Reconoce que después de todo, la muerte enseña a vivir. Autor de catrinas de barro y pinturas alusivas a dicho personaje en platones de barro, símbolos del más puro mexicanismo, Arturo sonríe y acepta que “ella, la muerte, es quien da de comer a muchos artesanos y les muestra los senderos de la vida”.

Como dato adicional, se calcula que Xenguaro, hoy Capula, fue uno de los poblados indígenas conquistado con mayor celeridad por los españoles, quizá desde la llegada de Cristóbal de Olid a Michoacán en 1522, un año después de la caída de la Gran Tenochtitlán.

Fue el obispo Antonio Ruiz de Morales quien erigió en 1569, en pleno siglo XVI, la parroquia de Santiago Capula, siendo el primer párroco, en 1570, Juan Díaz Novela. Si bien es cierto que del primer templo cristiano se conserva un Cristo monumental de piedra, la actual parroquia fue construida, según cálculos de los especialistas, entre 1768 y 1770. El recinto es hijo del siglo XVIII.

Existe una piedra fechada el año 1528, que es testimonio de que Capula fue Encomienda de los españoles en el discurrir de la Colonia. Paralelamente, hay evidencias arqueológicas que aunque no han sido exploradas ni recibido la atención que merecen por parte de las autoridades en la materia, e incluso han sido destruidas y saqueadas, dan idea de la grandeza que Xenguaro tuvo antes de la llegada de los conquistadores europeos.

Quien recorra Capula, descubrirá talleres artesanales de alfarería y catrinas, un templo de origen virreinal, costumbres, leyendas y tradiciones que bien vale conocer, experimentar y vivir.

4 comentarios en “La muerte enseña a vivir: artesano de Catrinas en Capula

  1. Estuve en febrero en Capula, pueblo bonito y artesanal, platicando con algunos creadores de éstas bellezas tan frágiles.
    Unas personas después de conversar por un rato , querían obsequiarme una catrina que medía un metro , les expliqué que no podría subirla al avión que me llevaría de regreso a casa y que con mucho agrado elegiría una mas pequeña pero tan hermosa como la anterior.
    Con sumo cuidado ,la envolvieron como si fuera el cristal mas caro, y me la traje junto con el cariño
    mas bonito.
    Muy bello el artículo San, me has hecho volver al sitio como siempre.
    Saludos.

    Lulú.

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