¿Y nosotros?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Textualmente, declaró que “la apreciación del dólar ha generado cierto escozor en la gente” y que, no obstante, “también es positivo, le da a nuestro país condiciones de mayor competitividad, lo hace más atractivo y atrae turismo”. No, no lo dijo un aficionado a la economía que comenta superficialmente las noticias y pretende solucionar los problemas nacionales desde la mesa habitual de un café; lo expresó recientemente el mandatario del país, el presidente Enrique Peña Nieto.

Si el debilitamiento del peso frente al dólar ha causado desazón entre amplios sectores de la sociedad mexicana, no es un síntoma que deba minimizarse. Se trata, sin duda, del descontento social provocado por la incapacidad gubernamental para mantener estabilidad económica más allá de factores externos y de los problemas que representa la caída de la moneda ante el fortalecimiento del dólar.

El hecho de que el peso se devalúe, implica que innumerables productos, incluidos los alimentos, incrementarán sus precios irremediablemente, ya que México depende, en gran medida, de refacciones, insumos y materias primas procedentes del extranjero. Hasta los productos agrícolas registrarán aumentos porque forzosamente son transportados en camiones de carga. Así que el escozor que experimenta la gente -término que sustituyó la palabra millones-, es justificable. Se entiende porque el debilitamiento del peso impactará en la economía familiar.

Resulta lógico que millones de mexicanos se sientan disgustados con sus autoridades, principalmente porque están más interesadas en la macroeconomía que en la estabilidad económica y social de las familias. Parecen despreocupadas por el fortalecimiento y desarrollo de las empresas pequeñas y medianas, y demasiado proclives a maquillar la realidad nacional ante la comunidad extranjera. Colocan exceso de maquillaje al país para prostituirlo y coquetear a los extranjeros.

Es innegable que el fortalecimiento del dólar frente al peso, contribuye a que mayor número de turistas extranjeros visiten el país; pero tal situación no es para mostrar optimismo porque el incremento en la afluencia de visitantes extranjeros, en caso de que se dé, será, en todo caso, propiciado por la situación coyuntural en el cambio de moneda.

Paralelamente, el hecho de declarar que la devaluación del peso mexicano resulta atractiva para los turistas e inversionistas, es como adoptar una actitud de remate frente a las ruinas en que todos, autoridades, políticos y sociedad, hemos convertido a México.

Si bien es cierto que la del mandatario nacional fue una declaración un tanto irresponsable que finalmente pretende justificar los fracasos de la política económica, es innegable que al transformarse el peso mexicano en basura, en símbolo de una realidad lacerante para millones de familias, los únicos beneficiados serán aquellos que poseen residencias y bienes, los inversionistas que aprovecharán oportunidades como quien adquiere baratijas y los viajeros que pagarán menos por divertirse.

Mientras unos aprovecharán y se enriquecerán por medio de las oportunidades coyunturales e históricas derivadas de la devaluación del peso mexicano, las mayorías pagarán las consecuencias de coexistir en un país donde la política económica es un desastre. Ellos multiplicarán sus fortunas, ¿y nosotros?

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