Hechos y palabras

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando los enamorados enlazan una y otra palabra para expresar sus sentimientos, las oraciones suelen resultar, en ocasiones, bellas y poéticas, capaces de envolverlos y crearles sueños e ilusiones, e incluso alejarlos de la realidad, principalmente si consienten que la retórica pura los embelese.

Y es que ahora que las redes sociales y los correos están de moda, resulta tan fácil escribir “te quiero” o “te amo”, y hasta redactar textos que no pocas veces rebasan los sentimientos reales, que generan expectativas que no siempre se cumplen. Fabrican desalientos.

Más allá de palabras y frases, que de alguna manera es significativo expresarlas en determinados momentos, en una relación de amor lo que importa son los hechos, los detalles que uno se regala cada instante.

Cualquiera puede escribir “te amo” y dejar satisfecha a la pareja sentimental; sin embargo, no todos se convierten en cielo, en detalle, en realidad. Amar no solamente es plantearlo en un mensaje matutino o nocturno; es, parece, vivirlo, demostrarlo con atención e interés en la otra persona, con calidad y tiempo, con detalles y consejos, con sonrisas y vivencias.

Uno aprende, a través de la caminata del tiempo, que si las palabras son hermosas, igual que flores que adornan y embellecen los jardines, de nada sirven si no se cultivan con autenticidad y esmero.

Hay quienes en un mensaje -oh, al fin mundo cibernético- ofrecen sentimientos que no experimentan o prometen un mañana inexistente, algo fugaz como las mismas palabras que redactan.

Otros, con mayor sensibilidad, pronuncian las palabras como quien aplica el maquillaje con equilibrio, y dan mayor importancia a los pequeños detalles que sumados, forman la grandeza. Saben que son los hechos, no las palabras ni las promesas, con lo que se demuestra el amor.

El amor no se mide por la cantidad de palabras que se redactan o pronuncian; simplemente se da. El sentimiento es tal, que supera medidas, distancias, tiempo y fronteras, porque quien ama, entrega lo mejor de sí.

Quien recibe el amor de alguien que es más detalle que palabra, mayor acción que promesa, tiene ante sí la dicha y el encanto de trasladar el cielo a su mundo, y esa persona, hombre o mujer, es la que indudablemente siempre caminará a su lado durante los días soleados y sombríos, en la primavera y el estiaje, hasta pisar la orilla de la eternidad.

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