La viga

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Soy la viga que sostiene el techo de la casa. Tal vez, por cumplir mi encomienda en silencio, te acostumbraste a mi presencia, a mi forma, a mi estilo, y al ignorar mi existencia, al no valorarme, olvidaste que el día que me debilite, caerá la construcción y se transformará en ruinas. La humedad y la polilla me acosan constantemente e intentan construir túneles en mi intimidad. Así, quizá alguna vez ofreceré una presencia íntegra, igual al cuerpo de apariencia sana que se aproxima al ocaso ante un órgano putrefacto. Cuando me mires, recuerda que el amor es como nosotras, las vigas, porque sostiene a la humanidad; pero nunca olvides que la ausencia de comunicación y confianza, la infidelidad y la falta de detalles son la humedad y la polilla que hieren nuestro interior y atentan contra la fortaleza de los sentimientos más bellos y sublimes.

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