La sonrisa

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Las mariposas no renuncian a su policromía ni los pájaros a su bello plumaje por el hecho de que los cazadores furtivos intenten atraparlos, ni el agua diáfana evade los cauces ante la amenaza de quienes la contaminan y desperdician. Igual que el poemario o la partitura, el lienzo de la naturaleza derrama luces y sombras, acaso porque la vida no tolera pausas ni titubeos. Es una invención continua.

Igual que las criaturas de la creación, no detengas tu marcha en las estaciones de la melancolía. No abandones, por ningún motivo, tu sonrisa, la alegría de tu rostro, porque equivaldría a desdeñar el bote de remos en un lago profundo o el puente en el desfiladero.

Uno es, en la vida, escultor que cincela facciones, pintor que aplica colores y expresiones al rostro; pero muchos, intoxicados por la tristeza, cobijados en el dolor o atados a la amargura, al coraje o a la soberbia, olvidan trazar sonrisas a sus obras, a sí mismos.

Durante el tránsito por las rutas mundanas, uno descubre en un sitio y en otro a aquellos que perdieron la capacidad de reír y ofrecen a los demás los despojos de lo que son, el odio y la tristeza que cargan, la frustración y el miedo que arrastran, la altanería y el resentimiento que quedó en ellos.

La risa natural -no la que se deriva de la mofa ni de la crueldad- es la compuerta de la dicha, de la paz interior, de lo que uno es, de la satisfacción de vivir en armonía, con equilibrio y plenamente.

Cuán lamentable resulta mirar el paisaje humano y descubrir gente encolerizada o triste, incapaz de sonreír y regalar a otros, a los que les rodean, un gesto alegre, una imagen dichosa. En algún sitio del camino extraviaron la brújula, el ánimo, la dicha, y lo que eran pétalos se transformó en abrojos.

Ante la vorágine en la que se encuentra envuelta la generación de la hora contemporánea, gran parte de su risa está reservada a sus bromas y reuniones, pero no siempre ofrece expresiones de alegría a quienes le rodean, a los que igual que ella, en el mundo, ensayan la prueba de la vida.

Quien sonríe naturalmente, parece feliz y en total armonía con la vida. Como que transmite la dicha y los sentimientos que provienen de su interior. Una sonrisa auténtica tiene más poder que el fuego o una espada.

Al morir, una persona sonriente habrá dejado huellas indelebles en otros seres humanos, hombres y mujeres, como ejemplo, quizá, del itinerario hacia la felicidad y la plenitud.

Nunca permitas que los tintes del enojo, la melancolía y el odio arrebaten de tu cara el dibujo de la sonrisa. Perderías uno de los tesoros más bellos y sublimes porque una sonrisa auténtica refleja el estado del ser. Jamás dejes de sonreír, aunque en ocasiones derrames lágrimas y sientas desfallecer o que mueres. Recuerda que plasmar sonrisas en tu rostro es parte de tu creación. Tú decides si al final presentarás una obra maestra o un cuadro discordante.

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