Estampas de la vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Las flores y los riachuelos, la lluvia y los arcoíris, el viento y las hojas doradas y quebradizas, el frío y la nieve, son estampas que pertenecen al álbum de la vida. Uno, al contemplarlas, sabe que son ciclos que marcan el ritmo y sentido de la naturaleza. Y si una mañana, al despertar, uno camina y toca los pétalos tersos y huele la fragancia de las rosas, una tarde, sin duda, admirará el cielo nublado y la lluvia torrencial, o sentirá, a otra hora vespertina, las ráfagas del aire otoñal, preámbulo, es cierto, de las noches y madrugadas invernales.

Hay quienes inmersos en la cotidianeidad, en la rutina, prefieren deleitarse con las luces de los aparadores y los rasgos de los maniquíes que portan, en su mundo lúdico, la ropa de temporada, la moda de primavera, verano, otoño e invierno; pero no todos, en cambio, tienen capacidad de observar y descifrar los mensajes de las estaciones.

Aquéllos, los que sólo se fijaron en las estaciones como parte de un calendario y de fenómenos naturales que se repiten un año, otro y muchos más, para cambiar de guardarropa, quizá una tarde desolada o una noche helada definirán sus rasgos ante el espejo y se asustarán al contar las arrugas esculpidas por el tiempo acumulado. Se verán con las manos inútiles, el corazón vacío y el envejecimiento encima.

Desde que uno nace hasta el minuto postrero de la existencia, siente y vive los efectos de las cuatro estaciones e indudablemente se prepara, como los demás, con la ropa adecuada; no obstante, ante la ausencia del sentido de observación y la capacidad de análisis, no fija la atención en los pequeños detalles, en el lenguaje de la naturaleza.

Con su permanente dualidad, como el día y la noche, el calor y el frío, el tapiz de la naturaleza se transforma cotidianamente en la libreta de anotaciones, en el libro de la vida; aunque lamentablemente escaso número de seres humanos sabe interpretar su enseñanza.

Todos sienten fascinación ante las flores de intensa fragancia y policromía que crecen ufanas en un lado y en otro, como también, al percibir la fuerza e intensidad de las tempestades, experimentan admiración, o definitivamente voltean a sus alrededores y observan las hojas yertas que el viento arrebató a los árboles, o permanecen trémulos ante las ráfagas heladas.

Uno no solamente debería de aprender las características de las estaciones en las aulas de clase, sino salir a su encuentro, palpar los árboles y las plantas que renacen, mojarse con la lluvia al caminar descalzos por la campiña y hundir los pies en el barro, exponerse a las corrientes del viento y sentir, en determinados instantes, las delicias del frío.

Así, uno aprendería que los años de la existencia tienen similitud con las estaciones, y que si la niñez, adolescencia y juventud son maravillosas, inolvidables e intensas, la madurez enseña a actuar con fortaleza, mientras el preámbulo a la ancianidad resplandece con experiencia y la vejez, en cambio, permite entrever la historia de toda una vida, lo bueno o lo malo que se grabó en el rostro. Entre una estación y otra existe un puente endeble.

Nada es permanente. Ni siquiera el bebé que hoy se arrulla en el cunero, la niña que juega con las muñecas y el pequeño que se mece en el columpio, quedarán anclados en la primavera de sus existencias, como tampoco lo harán quienes corren, saltan y se enamoran, impulsados por el frenesí juvenil. Todo pasa. Un día, cuando menos lo esperen, estarán varados temporalmente en el puerto de la ancianidad, quizá contando los años y sus historias, o tal vez, nadie lo sabe, lamentando lo bueno que pudieron hacer y no llevaron a cabo.

Para renacer y darse la oportunidad de ser pleno, hay que morir. Nacer y sucumbir duele, pero siempre, aun entre las lágrimas, hay sonrisas. Tras la noche helada, existe la esperanza de un amanecer soleado. Nunca quedó una tormenta matutina sin la belleza de un arcoíris. Es verdad, a cualquiera le llenará de congoja saber que después de una tarde veraniega, intensa, bella e irrepetible, acudirá la noche con sus sombras y enigmas; pero una vez que la madrugada se extinga, el sol asomará en el horizonte y resurgirán las esperanzas y oportunidades.

El himno de los pájaros se anticipa al concierto del búho. La noche estrellada, como alguna vez de intensa felicidad se miró en la bóveda, se desvanece al otro día con los ósculos del sol y la luminosidad que guía a los caminantes en su incansable peregrinar.

Si aprendemos a observar y analizar los mensajes de la naturaleza, a través de las cuatro estaciones, seguramente asimilaremos las lecciones y nuestras existencias se armonizarán y serán más equilibradas y plenas, porque habremos comprendido que la oportunidad de vivir y ser felices es hoy, en este momento, con lo que se es y se tiene, porque no hay certeza del mañana.

Y vivir intensamente el momento, no significa hacerlo como en la hora contemporánea lo practican millones de personas, creyendo que la entrega enloquecida y fugaz a los vicios, estulticia y pasiones son la justificación de la existencia. Vivir plenamente equivale a protagonizar una historia diferente, capítulos pletóricos de acciones e instantes positivos, para al final, cuando caiga el telón de la trama existencial, cargar en la canasta un volumen hermoso, interesante, rico e inolvidable.

No cantemos con arrepentimiento, amargura, dolor y tristeza junto con el que ya no dispone de tiempo para enmendar la historia de su existencia:

Esta noche oscura, querida,
requiero un espejo, un triste espejo,
para definir mi silueta abatida,
mi semblante de hombre viejo.

La vida florece cada instante. Abrir los ojos, igual que las burbujas que brotan de la intimidad de la tierra en los manantiales, es una experiencia excelsa; pero regresar a la fuente, dormir en lo que llaman muerte, es inevitable y sólo es un sueño temporal para volver a nacer. Es verdad, para renacer hay que morir; pero mientras se aproxima el ciclo natural, es perentorio voltear al horizonte, a los lados, para descubrir los encantos de la vida e incluir el amor y la felicidad en el libro de la existencia.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s