El perfume

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Recuerdo tu perfume. La fragancia se impregnó en mi mejilla al besarte, en mi mano al estrechar la tuya, en mi camisa al abrazarte, como si la esencia se hubiera empeñado en acompañarme para recordarte toda la noche, al regresar a casa emocionado y con ilusiones, mientras las estrellas luminosas y silenciosas asomaban por la ventana de mi buhardilla.

Admito que el aroma pasó de ti a mí, como algo etéreo y mágico, símbolo, acaso, de la unión de dos seres -tú y yo- que ya se presentían antes de coincidir en un rincón del mundo.

Nunca el aroma de un perfume me había parecido tan especial como el tuyo, aquella noche de nuestro encuentro, acaso porque fue la hora en que me miré retratado en tus ojos, quizá por tomar tus manos y declararte mi amor, tal vez por el ambiente romántico entre flores y velas dispuestas en la mesa.

Gracias a la delicadeza de tu perfume, aprendí que existen fragancias capaces de estimular sensaciones y provocar recuerdos. El tuyo, lo confieso, delató tu estilo y la naturaleza especial de tu ser.

Intenté conservar la fragancia de tu perfume en mi olfato, en mi memoria, como quien guarda el pañuelo o la diadema de su amada en un cofre secreto; sin embargo, descubrí, también en casa, que se diluyó igual que los minutos que compartimos o la lluvia que admiramos y nos mojó mientras pisábamos los charcos, reíamos y jugábamos.

Esa noche, ahora te lo revelo, apliqué en mi piel y en mi ropa las últimas gotas de un perfume que durante muchos años conservé y reservé para un momento especial de mi vida, y fue contigo, sí, con la mujer a la que esa noche declaré mi amor, con quien lo consumí.

Aquella noche, al regresar a casa y todavía percibir la fragancia de tu perfume mezclado al mío, noté que conforme transcurrían las horas, se transformaban en ecos de historias compartidas, en recuerdos de instantes dichosos, en imágenes bellas e irrepetibles.

Más tarde, al despertar, la esencia de los perfumes de ambos ya formaba parte del ayer y yacía, en consecuencia, en mi memoria, en los latidos de mi corazón, en las evocaciones, en algún pasaje de nuestra historia.

Obtuve, tiempo después, el nombre de la marca de tu perfume, el que aplicaste en ti aquella noche durante mi declaración de amor, y lo anoté en una libreta para recordarlo siempre y un día, sorpresivamente, comprarlo y regalártelo como muestra de mi más puro amor.

Tras nuestro encuentro, tú lo sabes, compartimos incontables capítulos, y si unas veces jugamos y reímos como dos pequeños en medio de un mundo de ensueño, otras ocasiones, en cambio, las dedicamos al diálogo, a pasear, a conocernos y a viajar juntos por la aventura existencial; aunque jamás hemos perdido la costumbre de halagarnos con los aromas de nuestros perfumes, igual que la primera vez.

Es cierto que la esencia de los perfumes escapa, igual que el tiempo, la belleza y la vida, por ser de naturaleza efímera; no obstante, parece que parte del encanto del amor es eso, experimentar los detalles e intensificarlos, eternizar la ternura, prolongar la dicha.

Si con tu perfume logro extender tu presencia, aunque en determinados momentos no te encuentres a mi lado, y si al mezclarlo con el mío siento nuestra unión, ahora sé que la esencia no de una marca, sino de nuestros seres, es la que trascenderá las fronteras del tiempo y nos dará el encanto de vivir el verdadero amor.

Es por eso que hoy te propongo que mezclemos la naturaleza de nuestros perfumes y propiciemos que el mundo, la vida y el universo se impregnen de nosotros, de la fragancia del amor que una mano prodigiosa e incorpórea -la de Dios- aplicó dulcemente en tu alma y en la mía.

4 comentarios en “El perfume

  1. “…propiciemos que el mundo, la vida y el universo se impregnen de nosotros, de la fragancia del amor que una mano prodigiosa e incorpórea -la de Dios- aplicó dulcemente en tu alma y en la mía.”

    Fascinante leerlo. Usted tiene un corazón de oro y yo lo leo con los ojos del corazón. Felicidades.

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  2. Es tan cierto, que el corazón y la memoria graban esos aromas, que identifican al ser amado, y no se olvidará jamas el aroma de un perfume así mismo como el aroma de dos personas que al amarse mezclan y se convierte en uno solo.

    Le gusta a 1 persona

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