Un día

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Un día, después de tanto caminar, me di cuenta de que no son la fama ni las riquezas que se conquistan durante la jornada terrena lo que importa, como tampoco la acumulación de placeres ni los reflectores de las apariencias, sino las huellas indelebles que se dejan en el sendero y lo que dan y sostienen las manos.

También descubrí que no son las flores que se llevan a los hospitales y a las tumbas lo que tranquilizan el alma y destierran los remordimientos; es la acumulación, un día, otro y muchos más, de amor, detalles, sonrisas y actos. Lo demás es superfluo.

Estaba sentado en una banca aquella tarde, cuando entendí que de nada sirve coleccionar aventuras placenteras, como aquellos que en sus salas exhiben las cabezas de sus presas, porque todo lo que carece del verdadero amor es fatuo y se extingue a una hora infausta.

Ahora comprendo que sin amor, las flores no germinarían ni volarían las mariposas, como tampoco aparecería la constelación una noche ni el sol se manifestaría al amanecer, porque tal sentimiento es el que mueve al universo.

No son el dinero y la apariencia causas de la dicha; es el amor y son los detalles, los brazos que se extienden y las manos que apoyan y dan, en verdad, fuente de la verdadera felicidad.

A veces, la gente deambula entristecida y con desesperación en los parajes mundanos, acaso porque la cotidianeidad y la rutina los hunde en una terrible monotonía, quizá por perder el auténtico sentido de la vida o tal vez por buscar las superficialidades que brillan a su alrededor para seducirla y mantener cautiva a la mayoría, cuando lo cierto es que los días de la existencia podrían ser plenos e inolvidables, bellos e intensos, exquisitos e irrepetibles.

Muchas ocasiones, las personas cuentan con salud y condiciones para alcanzar la felicidad; sin embargo, abandonan sus valores y adquieren el boleto para convertirse en tripulantes de la embarcación que navega a las playas y los puertos de la ambición desmedida, y caen ante los reflectores fatuos de las apariencias y la lascivia, ¿y en qué terminan al final?

Ocurre que al caer el telón de los días, al cerrarse las puertas y ventanas de la existencia, la mayoría de las personas lamentan haber derrochado el tiempo en asuntos baladíes y cosas vanas, perdiendo así la oportunidad de crecer, probarse y transformarse en los seres más extraordinarios e irrepetibles.

Generalmente, hay que admitirlo, es tarde cuando la mayoría de la gente comprende que el sentido de la vida es opuesto al que experimentaron durante su jornada, y por eso son las flores extemporáneas y el llanto incesante de la amargura y el dolor.

Imágenes y recuerdos de vivencias transitan por las mentes de quienes al final, acosados por las enfermedades y los años repetidos e imperturbables, se arrepienten de haberse negado la oportunidad de experimentar cada día con amor, equilibrio, honestidad, armonía y plenitud.

Estaba sentado en una banca aquella tarde, reflexivo, mirando el celaje, cuando entendí que debía levantarme, caminar hacia el cesto de la basura y arrojar mis superficialidades, mis cosas vanas, para rescatarme a través del amor y lo que efectivamente vale.

Así fue como emprendí mi caminata por otro sendero y ya con la costumbre de cultivar flores y detalles a mi paso, te descubrí con el resplandor de tu sonrisa, con la transparencia de tu mirada y con el amor que deseabas entregar a quien estuviera dispuesto a acompañarte por el rumbo más sublime y esplendoroso.

Desde entonces, lo confieso, somos uno durante las temporadas de dicha, encanto y risa; pero también permanecemos tomados de las manos cuando de manera natural, por tratarse de los claroscuros de la vida, enfrentamos capítulos tristes y adversos.

Transitamos juntos por el camino de la vida y retiramos, cuando se presentan, las piedras y los cardos que impiden el paso, porque seguimos, durante nuestra travesía, la luz de un faro superior que salvará nuestra embarcación del hundimiento o del naufragio.

Un día, al atardecer, comprendí que debía abandonar la banca y transitar de espectador a caminante, y fue, entonces, cuando empezaron a ocurrir acontecimientos maravillosos como descubrirte a mi lado, tomar tu mano y experimentar juntos la brisa del mar inconmensurable, tripular el barco y navegar durante toda la vida hacia las rutas de la inmortalidad. Así, hacemos de cada día una vivencia inolvidable, un recuerdo bello, una oportunidad de trasladar algo del paraíso al mundo.

Un comentario en “Un día

  1. Es curiosa la forma en que la vida nos enseña, a través de los años, darle el valor real a las cosas. Finalmente descubrimos que lo minúsculo es superlativo en valor, que las cosas pequeñas son responsables de las mayores y valiosas emociones.

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