La casa

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La casa permanece igual que siempre, intacta porque tus manos aún no la han tocado, con su inconfundible fragancia a libros y papeles, con los muros pletóricos de fotografías amarillentas, antigüedades, pinturas y litografías, como si las cosas y yo, su morador, aguardáramos tu llegada, el momento en que abras el cerrojo con las llaves que alguna vez, en mi locura y juramento de amor, deposité en tus manos. Son objetos, los que cuelgan en las paredes y yacen en el suelo, que pertenecen al ayer, a los otros días, porque todo lo de su época ya murió. Yo deseo un hoy y un mañana seguros, a tu lado. Las cosas sobreviven, igual que yo, por los suspiros y la esperanza de tu llegada. Mis horas de soledad se consumen durante mis jornadas literarias, al convocar a la inspiración y reunirme con el arte y el pensamiento, mientras busco tu presencia tras la puerta y las ventanas, en algún rincón del jardín o quizá ante la fachada. Los herrajes, la madera y las piedras me acompañan desde la infancia y se desvelan conmigo mientras escribo poemas inspirados en ti; pero no se comparan con tus ojos, tus labios, tu sonrisa y tus manos. El tiempo esculpe jeroglíficos en la piel, en los muros, como para marcar señales y recordatorios sobre la caducidad de la existencia. Te necesito aquí, en la casa, no para que seas una invitada, sino con la intención de que te conviertas en la princesa de un reino que diseñé para ti. Sin ti, la casa sólo es eso, una construcción con muebles y objetos, con el perfume de los libros y el sabor de las centurias, y lo que deseo, tú lo sabes, no son ladrillos ni cosas, sino un camino bordeado con flores para que llegues a la puerta, un par de copas para beber vino contigo, una chimenea para compartir el calor, un piso de duela para caminar descalzos, un tapete para jugar en el suelo, una banca para contemplar las estrellas, un columpio para mecernos, tu corazón para que lata con el mío, tus manos para sujetarlas y andar juntos por la vida. La casa no lo es sin ti. Aquí estoy, en la casa, con un libro de poemas, queso, pan y vino. Sólo faltas tú.

8 comentarios en “La casa

  1. Cuántos sentimientos logra describir y transmitir en un párrafo. Me gusta que sea polifacético. También le comento que me agradaron mucho los textos sobre la hija que llora y el padre que le escribe desde el cielo. ¿Podría redactar uno sobre la hija que le escribe al padre para conocer los sentimientos que se experimentan ante ese duelo y así reflexionar para ser mejores hijos? Creo que esa hija debió ser muy buena con su padre. Todos los seres humanos estamos sometidos a esas pruebas y el consuelo, como usted lo describe muy bien, es la eternidad que compartiremos. Nadie mejor que usted para consolarla, si esa mujer es real. Siga adelante.

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  2. Me siento conmovida con tus palabras porque llegan a las honduras del corazón y a la razón. En unas líneas expresas el amor mayúsculo hacia alguien, quizá a una mujer de la que estás enamorado. Creo que eres un escritor romántico que con mucho estilo y delicadeza invitas a una mujer a vivir en tu casa. Es raro que un hombre quiera compromisos porque la mayoría desea relaciones informales y rápidas. Si tu escrito está basado en la realidad, Rojon, ¿esa mujer cedió a tu invitación? Una invitación como la que presentas en tu texto no es para titubear. Muchas quisiéramos recibir una invitación parecida.

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