La torre

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Mis realidades y sueños para ti, que eres el amor de mi vida

Anoche, mientras la luna y las estrellas asomaban por el dintel de mi ventana, soñé que tú y yo extraíamos mármol y piedras con el objetivo de construir una torre enorme y hermosa, con tu nombre y el mío inscritos en letras de oro sobre un marco de madera preciosa. Al despertar, sonreí al percibirte en mis latidos, en el rocío de la mañana, en el jardín, en las nubes, en toda la belleza y el palpitar de la vida. Me sentí dichoso cuando recordé que tú, a quien confié las llaves de mi corazón y mi vida para hoy, mañana y siempre, aquí, en el mundo, y allá, en la eternidad, apareciste en mi sueño. Comprendí que somos protagonistas de una historia de ensueños y realidades. Abrí las páginas de mi conciencia y mi memoria, los archivos de mis sueños más bellos y subyugantes, los expedientes de nuestra historia, hasta que comprendí, entonces, que Dios me habló al oído durante la noche, cuando dormía, con la finalidad de interpretar las imágenes que miré y revelarte sus secretos. Tal es la razón por la que ahora me sumerjo en tu mirada, en las profundidades de tu ser, para explicarte que los bloques de cantera y mármol que tallamos y acomodamos, significan los detalles, las sonrisas, el tiempo y el amor que cotidianamente enriquecen y fortalecen nuestros corazones. Son los materiales que utilizamos para edificar cotidianamente nuestro baluarte. La torre, con los nombres de ambos grabados en oro, simboliza nuestro amor grandioso y sublime, coronado con las estrellas del firmamento. El torreón significa que tú y yo, unidos en el amor, somos una fortaleza que sortea las pruebas del mundo y cada día se acerca al cielo. Esta mañana, al salir de mi sueño, decidí correr a tu lado para compartirte que tuve uno de esos sueños que Dios entrega a uno cuando duerme, quizá como regalo o tal vez con la intención de enviar mensajes a corazones como el tuyo y el mío.

28 comentarios en “La torre

  1. Santiago, usted y Celeste en verdad viven un amor inigualable. Un amor que claramente es un regalo divino.

    Dios no sólo le habló a usted al oído… les mira y les sonríe a los dos enamorados. Bellísima publicación, y en tanto siga creciendo el amor entre ustedes, yo como lectora le sigo disfrutando.

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  2. En mi modesta opinión, en unas cuantas líneas el autor sustenta un aspecto importante en las relaciones sentimentales que casi todos hemos olvidado como parejas y son los detalles por formar parte de los ladrillos que sostienen la torre de la que él habla. Como han dicho algunas de las lectoras en comentarios de otros textos, me robaste el corazón.

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  3. LO QUE YO DIGO ES COMO LE HACE EL AUTOR PARA INSPIRARSE Y ESCRIBIR TANTO A LA FAMOSA CELESTE, ME PREGUNTO SI UN HOMBRE PUEDE INSPIRARSE Y AMAR TANTO A UNA MUJER COMO PARA ESCRIBIRLE TANTOS TEXTOS TAN INTENSOS Y BONITOS, EL DEBE ESTAR MUY ENAMORADO Y ELLA DEBE SENTIRSE MUY FELIZ CON UN HOMBRE QUE SOLO TIENE OJOS PARA ELLA, ADEMAS PARA UNO COMO LECTOR ES AGRADABLE ENCONTRAR ESCRITOS DE ESCRITORES QUE TODAVIA HABLAN DE DIOS Y DEL AMOR DE TEMAS QUE LLEGAN AL CORAZON DE UNA MUJER Y HACEN REFLEXIONAR A LA GENTE.

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  4. Desde que leí el primer texto me encantó este autor, ahora lo sigo porque aparte de todo me lleva a pensar muy en serio sobre el amor y otros temas.

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  5. Hola, soy egresada de Filosofía, vivo en la ciudad de México y este autor me parece admirable lo mismo por su sensibilidad de artista que por su pensamiento, la forma que tene de ver la vida y su capacidad de asombro hasta en las cosas más sencillas.

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  6. Como escritor y periodista, soy hombre público y comprendo que me encuentro expuesto, por lo mismo, a los juicios positivos y negativos por parte de quienes cotidianamente hacen favor de leer mis textos en más de 80 naciones; sin embargo, deseo aclarar que en el caso de mis publicaciones sobre el amor, están inspirados en una persona real, irrepetible, maravillosa, especial y de virtud modelo, a quien se los dedico con mis más puros sentiientos y a la que llamo musa, vida y cielo, y ángel tierno. No la traicionaré ni la cabiaré por otra persona. Ella no es personaje público. Merece respeto. Siempre he defendido la libertad de expresión, a pesar de no pocas veces estar en desacuerdo con las manifestaciones de algunas personas; no obstante, el amor auténtico no es baratija que se prostituya en un antro ni mercancía que se remate, ya que se trata de sentimientos excelsos. Agradezco y valoro que lean mis publicaciones y las comenten; pero a aquellas personas que se empeñan en molestar a quien me inspira, les informo que lamentablemente tendré que eliminar sus comentarios agresivos. Un amor como el nuestro, jamás se engaña ni destruye; al contario, cada día se enriquece y fortalece con sentiientos, detalles, momentos, fidelidad y atenciones. Todos mis lectores son bienvenidos a este blog. A quienes desafortunadamente han cometido la imprudencia de faltar al respeto, no solamente lo hacen contra mi musa, sino en perjuicio de todos los lectores y de mis textos. Por fortuna, la mayoría de mis lectores son hombres y mujeres educados y bien intencionados. A ustedes, mi aprecio y respeto. A quienes no han entendido el contenido de mis escritos, les recuerdo que la relación sentimental que mantengo con mi musa es para siempre y está sustentada en valores universales. Es un amor auténtico y sublime.

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    • Hace poco, durante una serie de conferencias sobre desarrollo personal, uno de los invitados expresó que entre nosotras, las mujeres, no existe lealtad a la “manada”, a la hermandad, al género. Santiago, me atrevo a transcribir mis notas en su espacio, por la serie de palabras de acoso hacia usted y agresión a su musa de algunas lectoras que como yo, admiramos sus publicaciones y anhelamos tener un hombre como usted en nuestras vidas. Parece que no logra quedar claro, a pesar de sus múltiples aclaraciones, que su corazón y usted pertenecen a Celeste como ella misma se presentó hace unos días. Con humilde intención y con todo respeto a las mujeres que como yo valoramos sus artículos, deseo reflexionemos con honesta lógica femenina lo siguiente:

      “La mujeres llevamos miles de años compitiendo, desprestigiándonos unas a otras, atacando a la más débil o compitiendo con la más fuerte. Cuando las mujeres no nos respetamos, nos queda muy difícil honrarnos, amarnos y respetar nuestro cuerpo físico, nuestras relaciones, nuestra vida sexual, crear armonía en el hogar y en los trabajos, en el mundo. Esta actitud de competencia, nos ha llevado a rivalizar con las demás mujeres en lugar de acogerlas e integrarlas en nosotras mismas, ayudarlas a ser mejor. Es más fácil criticar y hacer de lado a alguna mujer, que ser compasiva con ella; es más fácil ver a una mujer fuerte y desafiarla que aprender de su fortaleza y virtudes sin sentirnos amenazadas y viéndonos obligadas a competir; es más fácil echarle la culpa a los demás, en lugar de analizar lo que está sucediendo en nosotras mismas”.

      Amigas, si las mujeres no nos respetamos y no somos leales con nuestro género, nadie lo hará. Ningún hombre lo hará, nulas posibilidades tendremos de ser verdaderamente amadas y valoradas.

      Cuando una mujer está sana física, mental y emocionalmente, dejará de ir tras los hombres o de los compañeros de otras mujeres, dejará de buscar lo que no le pertenece.

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      • Aída Vivero y Marié Fogelberg: ante todo, con damas cultas y decentes como ustedes, es un privilegio leer sus argumentos respecto a la dignidad y el respeto que deben darse las mujeres entre sí y con los hombres. Agradezco y aprecio la decisión y el valor con que presentan sus opiniones, las cuales, hay que admitirlo, proyectan los principios con que fueron educadas y que indudablemente rigen sus existencias. Es un honor contarlas entre mis lectoras, y más sentir su apoyo y comprensión en situaciones de acosos y juicios que Celeste y yo hemos recibido. Como lo señalé recientemente, soy persona pública y definitivamente estoy expuesto a comentarios positivos y negativos; pero en el caso de mi musa, Celeste de Serrallonga, es una mujer con verdaderos principios, dedicada a sus actividades profesionales y a sus asuntos familiares y privados, muy alejada de los reflectores, de modo que considero injusto que algunas personas que no se valoran y sí, en cambio, exhiben su ausencia de dignidad y respeto, la ataquen con juicios a priori. Hoy, más allá de adornos literarios y honduras filosóficas, agradezco a ambas su invaluable defensa a las causas de la mujer, a mis obras, a mi musa, a mis lectores y a mí. Aprovecho para dejar en claro que ella, Celeste, es una mujer real, y aunque por respeto y protección a ella no revelaré su nombre, aprovecharé la oportunidad para expresar que se trata de un ser especial, muy proclive a la espiritualidad, inteligente, bella, distinta al mundo, con un alma resplandeciente de la que algún día escribiré un artículo y rica en detalles y sentimientos. Soy afortunado y bendecido al contar con su amor. Paralelamente a los textos que escribiré y publicaré sobre diversos temas, tengan por seguro que continuaré inspirándome en mi musa para hablar sobre el amor. Saludo a todos mis lectores y agradezco su gentileza al leer mis textos. Gracias, Aída Vivero y Marié Fogelberg.

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