Es ella, es ella…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, con amor, porque eres tú…mi corazón te reconoció desde la primera vez que te vi

“Es ella, es ella”, dijo mi alma, cuando te miré por primera vez, aquella noche, entre la gente aglomerada que igual que tú y yo, esperábamos la hora exacta para llegar puntuales y de frente a nuestras citas con el destino.

Miré tu apariencia lozana, tus facciones juveniles de estudiante, mientras la voz interior insistía: “es ella, a quien buscaste aquí, allá, en todos los rostros humanos. Acércate como te lo dicte el corazón -amigable, caballeroso, sonriente, respetuoso-, para tender un puente hasta su alma y protagonizar, en su momento, la más esplendorosa de las historias de amor. Háblale. Es ella”.

Mi primera sensación al descubrirte, ahora lo confieso, fue enternecedora y, paralelamente, de embeleso, porque mirar tu figura juvenil y femenina, equivalió a recibir las llaves del cielo para abrir los cerrojos de tu alma, reconocerte y encontrar mi espacio a tu lado, percibir tu resplandor e identificarme, entonces, con las riquezas internas y los sentimientos más excelsos.

Al mirarte aquella ocasión, una secuencia de imágenes del ayer, el hoy y el mañana transitaron frente a mí, como si nuestras almas, la tuya y la mía, formaran parte de la misma esencia y estuvieran predestinadas a compartir capítulos grandiosos. Me pareció que nuestra historia ya estaba inscrita en el cielo y que tú y yo tendríamos oportunidad de vivirla nuevamente e incluso enmendar o aumentar los capítulos.

Repasé, como al principio, tus rasgos colegiales, el brillo especial de tus ojos, tu tez; pero comprendí que la luminosidad que irradiabas, provenía de tu interior, donde yacen tesoros de belleza incomparable.

Insistió la voz de mi ser interno: “no la dejes ir sin antes presentarte ante ella. Es la mujer por la que siempre preguntaste, ¿recuerdas? Cuando eras pequeño y posteriormente en la adolescencia, abrazabas a tu madre y le preguntabas inquieto si ya habría nacido la mujer que amarías toda la vida y hasta la eternidad. Ella sonreía, como sabía hacerlo, amorosa, y expresaba que seguramente ya había nacido y se encontraba en un cunero, en la escuela o en casa jugando con sus hermanos y recibiendo el cariño y la protección de sus padres. Sugería que pidieras a Dios, el Eterno, una mujer de virtud modelo, más proclive a lo espiritual que a lo mundano, porque los asuntos del alma les proporcionarían dicha infinita, mientras los temporales, en cambio, solamente significaban eso, caducidad. Aseguraba, como si adivinara el futuro, que esa mujer sería una dama auténtica, el ser espiritual, maravilloso y sentimental que tanto anhelabas, y te invitaba a pedir mucho a Dios por ella… No permitas que se vaya sin antes identificarte. Es ella”.

Un hálito indescriptible, quizá la presencia celeste o tal vez las palabras que emergían de mi interior, me transportaron hasta aquellas horas de mi aurora existencial, cuando interrogaba a mi madre acerca de ti y ella, conmovida, intentaba aconsejarme y aliviar mis inquietudes tempranas, los deseos y sueños que ya desde entonces albergaba mi corazón.

Ninguna mujer entonces, ni siquiera hoy, había vibrado en mi interior como lo sentí contigo en ese instante y lo experimento actualmente, señal inequívoca de que eres tú, como en su momento lo dictó la voz, el ser con quien compartiré el amor aquí, durante nuestras jornadas terrenas, y allá, en la morada del infinito.

Experimenté las sensaciones más subyugantes. Las capas de mi vida se desgarraron, mientras el cielo se iluminó, creo yo, al abrir sus compuertas y unirme a ti, como si se tratara, parece, de un pacto de amor entre dos almas que siempre se habían buscado.

Sucedió el milagro. Aún no me descubrías, pero te acercaste al mostrador donde me encontraba en espera de recibir un documento solicitado. Te miré y te sentí a mi lado. La sensación de alegría e ilusión fue mayor a la que uno, al retornar a la antigua estación del ferrocarril, experimenta al esperar a la persona amada de la que se separó durante muchos años. Allí estabas, junto a mí, igual que siempre, con tu alma luminosa, tu fragancia del cielo y tu estilo tan especial. Te reconocí por tu esencia.

Giré hacia donde te encontrabas e inicié una conversación amigable y breve, hasta que obtuve, como prefacio de la historia grandiosa que iniciamos años más tarde, tu nombre y tus datos personales.

Al mirar tus ojos, confieso que definí mi semblante retratado; al escuchar tu voz, recordé los susurros de un paraíso lejano, donde indudablemente moró y reposó mi alma junto a la tuya; al estrechar tu mano, sentí la calidez del amor que se manifestaría muchos años después, al reencontrarnos; al percibir tu perfume, mi memoria y mi corazón se abrieron al universo infinito, a la inmensidad del océano, donde te descubrí conmigo, ambos meciéndonos en un columpio, sonrientes, persiguiéndonos felices entre los árboles y las rocas enclavadas en los ríos.

Entendí que estaba frente a ti, mi amor eterno, hasta que la voz de mi interior me recordó que debía esperar, como prueba, algunos años. Se cumplió la promesa. Al cabo del tiempo, como en una historia de ensueño, coincidimos otra noche, en un café, donde intercambiamos las llaves de nuestros corazones para entregarnos el más puro amor.

Lo que quiero expresar este día anónimo, es que al descubrirte hace años, eras una joven que como hoy, me cautivaste por el resplandor de tu alma, por la energía mágica que transmitiste a mi corazón, por tu luminosidad digna de los seres superiores, de quienes conservan en su interior riquezas intocables y reciben el aliento de Dios.

Intento recordar la emoción de aquellos minutos y derramo lágrimas al comprobar que una mano etérea, la de Dios, coloca todas las piezas en el tablero universal para cumplir sus leyes, y al unirnos en el amor que hoy percibimos en cada latido de nuestros corazones, sabemos que lo hizo, igualmente, para demostrar a otros seres humanos que los sentimientos más dulces y hermosos provienen de una fuente infinita y cuando se entregan de verdad, nunca se agotan ni mueren.

Nunca sentí algo similar con otra persona porque tú eres quien Dios decretó para ser mi musa, mi vida y mi cielo, mi ángel tierno y mi amor eterno. Y como la primera vez, me cautivas y encantas por los sentimientos puros que me inspiras y por las burbujas de amor, alegría, emoción, encanto, feminidad, ilusión y virtudes que brotan de tu alma, manantial que Dios consiente para expresarse dignamente.

Ahora que he confesado las sensaciones que experimenté al descubrirte hace años, es innegable que la nuestra es una historia diferente e intensa de amor, y así tiene que ser lo que proviene de las almas nobles y de los corazones enamorados.

Aquella noche, cuando te miré por primera vez, el tintero de Dios derramó en mi corazón tonalidades que desconocen ojos humanos y formó un mar del que surgieron sentimientos en forma de estrellas, hipocampos y espirales.

Miré en tus ojos mi imagen, la historia de nuestras vidas y del amor que compartimos, tus manos y las mías unidas siempre, la sonrisa de ambos, el nacimiento de la primera flor en el mundo, la lluvia más cautivante, el vuelo de las aves, las formas de las nubes, la brillantez del sol, los guiños de las estrellas plateadas, el inicio del universo, la aurora y el ocaso.

Abrí las puertas de mi ser para maravillarme con las imágenes que desfilaron en tus ojos. Contemplé el instante en que un hombre y una mujer, por primera vez en la creación, tomaron sus manos, unieron sus labios, se miraron reflejados y sintieron sus corazones latir al mismo ritmo que los susurros de Dios, los cantos de los ángeles, los conciertos de los pájaros y el murmullo del mar y las tormentas, hasta que descubrí que se trataba de ti y de mí, sumergidos en el ayer, el hoy y el mañana.

Desfilaron, igualmente, los sentimientos convertidos en gotas de lluvia, las virtudes transformadas en burbujas de manantial, la voz de Dios expresada en los susurros del mar, la lluvia y el viento, tu corazón y el mío manifestados en el más puro amor.

Al confesar las sensaciones que experimenté al mirarte por primera vez, comprenderás que si entonces me embelesó el resplandor de tu alma, ahora que tu corazón y el mío ya son uno, es innegable que soy un ser afortunado en el mundo y el universo porque tengo la dicha de conocer lo que significa visitar el cielo y ser su huésped.

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58 comentarios en “Es ella, es ella…

  1. Santiago… aparte de que escribes hermoso me parece lindo que un hombre letrado haya visto a una mujer como dama llena de virtudes y no como un deseo carnal como muchos hombres lo hacen ahora. Ha de ser ella una mujer excepcional.

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  2. Santi, eres un autor prolífico, como algunas lectoras te definieron ya, el escritor del amor y de Dios. Sigue dando más sorpresas con tus textos. Son regalos hermosos, demasiado hermosos.

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  3. Un buen inicio tendrá siempre un desenlace feliz, supongo. Si como relata en su texto, el hombre sintió algo hermoso en su alma y se fue a lo espiritual desde el principio, es lógico que no buscó un cuerpo o placeres sino una relación permanente y basada en valores. Si ella es así como dice en el escrito, no hay duda de que los dos han de ser muy felices y compartir un proyecto de vida muy hermoso y para siempre. Cuántas personas quisieramos algo así.

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  4. Escritor más romántico más espiritual más amable más todo lo que se sospecha que es, es igual al candidato perfecto para las mujeres que todavía buscamos un amor de verdad.

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  5. Qué bonito que a una mujer le escriban con esa belleza y tanta intensidad, es como para corresponder con un amor fiel y para toda la vida. Si alguien te trata así y muestra estar enamorado, ni lo piensas, te quedas con él.

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  6. Qué padre que escribas tan bonito y estés tan enamorado, pero lo feo es tanto acoso que recibes de algunas lectoras… ¿cómo le haces para no caer en tentaciones de responderles y conocerlas? me parece que amas demasiado y eres muy fiel, como se siente en tus escritos.

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  7. Santiago, sinceramente quiero felicitarte porque escribes muy bonito de verdad y sabes llegar hasta el fondo del corazón. En el buen sentido de la palabra, enamoras y reflejas mucho amor. Lo llevas a uno de la mano a sentir y pensar. Te felicito.

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  8. Lo que yo pienso es que estos escritos tienen dos aspectos, uno el lado literario, filsófico y hasta espiritual y el 0tr0 lado que refleja una relación sentimental feliz como pocas hay en el mundo.

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  9. Tambien toca un punto muy importante y que casi nadie tomamos en cuenta en esta época y es la presencia de Dios. Eso bendice cualquier relación sin importar a que religión pertenezcan porque el amor puro y tan sincero como lo maneja en los escritos, únicamente puede atraer las bendiciones de Dios.

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  10. Ya no veo el comentario de la hija del ingeniero Cross, la ofrecida del sí si sí sí sí, “yo quiero a mi escritor para que me escriba poemas románticos y me los lea al oído y a la luz de la luna” jajajajajajajaja, quién sabe que apodo se pondrá la muñequita de cuerda, pero no dudo ni tantto que al rato aparezca como la mosquita de la fruta podrida o la muchachita de la esquina, jajajajajajajajajaja

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  11. Santiago… en ti reconocemos al gran escritor que proyectas ser con tus textos y al buen hombre que seguramente eres… muchas mujeres quiéramos un hombre como creemos eres en la vida real y algunas hasta desearían ser tus musas como lo hemos leído en sus comentarios, mas no es tan sencillo convertir los sueños en realidades, así que nos conformaremos con leerte… por eso no te detengas, sigue por favor, no dejes pasar días sin publicar algo bello para los corazones enamorados…

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