No temas…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No temas enamorarte, expresar palabras tiernas, regalar flores como muestra de tus sentimientos y compartir tus días con un amor auténtico; tampoco olvides reír, permanecer alegre, ser intensamente feliz. Sé amable, honesto, leal y agradecido. Si no sabes bailar ni cantar, inténtalo una y otra vez, no te quedes con deseos de hacerlo, porque nada perderás y sí, en cambio, habrás explorado otras posibilidades humanas. No tengas miedo de agitarte o sudar porque significará que estás vivo, que sientes, que andas aquí y allá, activo y contento. Si enlodas el pantalón o el vestido y salpicas la camisa o la blusa, sonríe, que no sea motivo de enojo ni de enturbiar los minutos de tu existencia. No te enfades si un día, al andar de la mano con quien amas, encuentran una fuente en medio del camino. No la maldigan. Miren el agua que contiene porque reflejará sus rostros y atrás de ustedes, en las alturas, la belleza indescriptible del cielo. No tiene caso portar un rostro de desagrado ante circunstancias pasajeras y superficiales, ni exhibir arrogancia y desprecio al mundo, porque es un espejo que reproduce y devuelve las imágenes que proyectas. La vida pierde sentido cuando olvidas el silencio interior y escondes los tesoros de tu corazón, a cambio de preferir las luces de los reflectores, los maniquíes de aparador, la acumulación de dinero y bienes, los apetitos fugaces y carentes de sentimientos, y todos los actos inhumanos e intrascendentes que acumulados, consumen la armonía de tu ser y aceleran la hora postrera de la existencia. Camina, diviértete, sonríe, corre y acuéstate sobre el césped, bautiza los árboles y las estrellas con los nombres de quienes amas, sueña, permite que las mariposas posen en tu cabeza, báñate en el río o en mar, escucha música, acepta las caricias del viento y los ósculos de la lluvia. No te detengas, por temor, una noche de relámpagos y tormenta, porque tal vez entre las gotas y el cielo desgarrado surgirá la respuesta de lo que buscabas o la oportunidad de descifrar algunas incógnitas de la vida. Vive. Escala y sigue adelante. No te atormentes, recuerda que la mayor parte de los abismos, barreras, desfiladeros, fantasmas, fronteras, grilletes y prisiones se trazan y procesan en el corazón y la mente. Respira profundamente y siente el hálito de la creación en ti. La vida es muy breve como para diluirla en asuntos baladíes y temporales. La existencia inicia con una inhalación y concluye con una exhalación y un suspiro. Llora cuando sea necesario y tu ser lo requiera para aligerar la carga y sentir alivio; aunque procura que tus lágrimas sean por reír con frecuencia y no por remordimientos ni tristeza. Agradece las bendiciones al Creador y no te avergüences por ningún motivo de tu espiritualidad. Experimenta los años de tu existencia libremente, sin ataduras, guiado por un código de valores auténtico, acorde al pulso de la creación, no impuesto por los intereses de otros. No te masifiques. Demuestra que estás hecho de una arcilla diferente. Ama y respeta tu cuerpo, y no temas que tu piel sea rasguñada por las varas en un paraje natural mientras caminas, ni te mortifiques si el sol aplica su maquillaje en tu rostro y tu espalda o si al tomar la rosa te espinas. Inténtalo. No te desanimes. Si tienes familia, ámala, cuídala y disfrútala porque es un regalo celeste; si posees amigos, consérvalos y fortalece los lazos. Si amas a alguien, entrégale lo mejor de ti, cultiva sus días de detalles, sé fiel y dale felicidad. Toma en cuenta que todo, en el universo, es dual y que tienes libertad de elegir entre la luz y la sombra, el sí o el no, el bien o el mal. No sientas tribulación ante el ocaso porque siempre existe la esperanza de una aurora. Una noche de rayos y aguacero puede significar, horas más tarde, un amanecer bello y espectacular. Un día acalorado o turbio puede, igualmente, representar, en la noche, un firmamento hermoso e imponente. Con cada instante que registran las manecillas del reloj, huyen los destellos de la vida y la oportunidad de amar, reír, ser feliz, soñar, materializar los planes e ilusiones y convertirse en el personaje grandioso y principal de la trama. Recuerda que en tu vida, sí, en los días que te corresponde experimentar y probar en el mundo, tú serás el principal actor. Nunca causes daño ni humilles a los demás; al contrario, que tu paso por el mundo sea de alivio, restauración y crecimiento. Actúa y vive con sencillez y virtudes. La enfermedad, la tristeza y la muerte solamente responden a la ausencia de salud, alegría y vida. No mires ni frecuentes los desagües con su acumulación de basura; contempla y disfruta los ríos cristalinos y la alfombra de intensa policromía que se extiende a sus orillas. Entiéndelo y tendrás vida eterna. Pierde el miedo y transfórmate en el faro de la humanidad, en la luz del mundo. Así, cuando una noche tu cuerpo se sienta cansado y te acuestes sereno en tu lecho, ausente de remordimientos y en paz interior, sin duda despertarás, a la siguiente mañana, en una morada sublime y luminosa. Ante ti resplandecerá el cielo más subyugante, pero al voltear atrás, al camino que terminaste de recorrer, descubrirás incontables flamas que te guiaron a casa. Esas luces minúsculas que unidas formarán el resplandor más hermoso e intenso, serán resultado de tus sentimientos y acciones durante la jornada terrena. No temas descorrer el telón y actuar de acuerdo con tu esencia. La vida es sublime e interminable.

Hoy aprendí…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hoy aprendí, por alguna circunstancia, que los días de la existencia son más breves de lo que pensaba, y que los sueños e ilusiones, una sonrisa, un romance, un proyecto, algún viaje, la alegría y la tristeza, una historia, todo queda inconcluso cuando llega la hora del segador. Cierto día, uno, acostumbrado a la vida, asoma al espejo y descubre que el cabello encaneció y el rostro, matizado de arrugas, extravió a una hora no recordada su lozanía juvenil. Llegan, entonces, los nuevos huéspedes de la habitación con aspecto de muletas, bastones, medicamentos, sábanas, prótesis y sueros, hasta que una noche emergente, cuando los faroles del caserío somnoliento apenas alumbran las callejuelas, el padecimiento se acentúa y la transición resulta inevitable. Todo queda atrás, entre el recuerdo y el olvido, igual que un paisaje empequeñece cuando uno viaja en yate. La sepultura o la incineración derraman lágrimas, hasta que el aire y el tiempo desfiguran los nombres y las siluetas de la memoria. Por eso es que mi propuesta se basa no en agarrar la red para atrapar al tiempo que, transformado en mariposa de colores intensos, aletea y posa en las flores carentes de porvenir; mi planteamiento contempla vivir en armonía consigo, con la naturaleza, con todas las criaturas y con el universo, y también, lo admito, en equilibrio y con plenitud. Quizá es la razón por la que me descalzo y hundo los pies en el barro, en el agua, en la intimidad de la tierra, para sentir el pulso de la vida y gritar, reír, cantar, hacer locuras, jugar, comer y beber, platicar, transformarme en chiquillo, soñar, recibir las gotas de la lluvia en mi rostro y empaparme por completo, trepar a los árboles y colgarme de las ramas, escalar cerros, navegar, cortar una flor y regalarla, amar a alguien muy especial, escribir nombres sobre la arena de la playa, sentir la espuma del mar, asolearme, admirar el horizonte dorado una tarde, contar las estrellas y protagonizar mi historia inolvidable, con mi estilo personal. No tiene sentido atormentarse ni encadenar la vida a errores y prejuicios. Me encantan el silencio interior y la soledad, el canto de la inmortalidad y el hálito de Dios; aunque también busco la música y la textura, las fragancias y los sabores, la alegría y los ensueños, la libertad. No lleguemos a la ancianidad sin antes haber emprendido la más grandiosa de las epopeyas porque la vida, aquí, en el mundo, es una historia que tiene fecha de caducidad. Hoy, tras aprender, por ciertas circunstancias, que las horas de la existencia se consumen algún día, quiero asomar por la ventana, saltar la cerca y correr por el jardín hasta llegar a la fuente, donde pretendo mirar mi reflejo e introducirme para que el agua humedezca mi cabello y mi piel. Eso es la vida, creo, disfrutar plenamente cada momento, sin causar daño, para aprender, ser muy feliz, crecer y transitar a la inmortalidad.

Renuncia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Renuncia a las lágrimas de la amargura porque a diferencia de las del desconsuelo, nadie se sentirá conmovido ni te proporcionará un pañuelo con la intención de que las enjugues; tampoco sentirás los abrazos sinceros ni los trozos de cariño que se dan a quienes lloran ante el sufrimiento real.

No permitas que el llanto de los sinsabores frecuente tus ojos y deslice por tu cutis porque entonces en tu rostro se formarán ranuras, canales, cual testimonio de su paso, y todos los seres, en el mundo, se alejarán de ti.

La amargura ofrece en su menú diario, el sabor del enojo con la vida, consigo, con los demás, con el aroma y el color de los jardines, con el concierto de las aves, con la dulzura de una sonrisa, con la ternura de una mano amiga, con el corazón que se abre para entregar sentimientos.

Los ojos que destilan coraje, molestia, resentimiento, nunca experimentarán la dicha de admirar y sentir la magia del amor y el encanto de una sonrisa, porque ¿quién que es y alguna vez ha probado el sabor de la hiel, ha disfrutado por completo, instantes después, la esencia de la fruta?

Como peregrino del mundo, un día llegué a un paraje desolado, entre el lago y las montañas, donde los moradores de un caserío utilizaban herramientas y técnicas ancestrales para sustraer sal.

El agua sulfurosa hervía tanto, que los nativos introducían algunos alimentos crudos con la finalidad de cocerlos. El contenido de los pozos humeantes era ambivalente, de manera que podía emplearse para bien, como el cocimiento de las verduras, o con el objetivo de provocar quemaduras incurables.

La temperatura era tal, que ellos colocaban tierra sobre tablones para finalmente, por medio de sus técnicas ancestrales, obtener sal. El azufre y la composición del agua es tan fuerte, que la sal es comercializada, en muchos casos, con productores de quesos que la utilizan para ahuyentar moscas y otros insectos.

Igual es la amargura. No le coquetees ni te conviertas en su enamorado porque suele comportarse como una amante obsesiva e intolerante. Busca a su adversaria, la alegría, porque tomada de la mano del amor y de todos los valores, conduce a la felicidad plena. Entonces tus lágrimas no serán ácidas, sino dulces y cristalinas porque provendrán de la dicha y de reír tanto.

La vida es tan breve que no merece que uno la someta a torturas en el patíbulo. Solamente es un camino con luces y sombras, un paseo fugaz que finalmente conduce a dos destinos, a la inmortalidad o al desfiladero. De uno depende la elección.

No te atormentes. Deja de añadir nudos al hilo endeble de tu existencia. No lo ensucies ni lo maltrates con la ofuscación de tu mente y el arrebato de tus manos. En el momento que lo rompas, jamás volverá a ser el mismo y te precipitarás a las honduras, al pozo más oscuro e insondable.

Las aflicciones, el dolor, las tristezas, el odio, los resentimientos, el coraje y los deseos de venganza sólo conducen a la amargura, a la destrucción. Y si desfiguran tus facciones, si descomponen tu organismo, si destruyen a los demás, calcula a qué grado mancillan tu interior e impiden el desenvolvimiento de tu ser, el retorno a la morada de la inmortalidad.

Que tu amargura no te estimule a derribar escalinatas y puentes. Constrúyelos para sortear las desavenencias inherentes a la vida y que otros, a tu lado y atrás, también los utilicen para su desarrollo interior. Abandona las torturas de tu alma. Olvida y perdona. Date la oportunidad de experimentar los días de tu existencia como si de pronto emergieras de las profundidades de un mar oscuro e impetuoso y descubrieras, al fin, la isla prometida, el vergel soñado alguna noche ya lejana de tu infancia.

Sepulta las enfermedades de tu ser, cierra los ojos y entrégate al silencio interior para que escuches los murmullos de tu alma, el susurro de Dios, los gritos de la vida, las voces del universo. Al despertar, un nuevo día alumbrará tu ser y ya no renunciarás a la lámpara que te acompañará hasta el horizonte, donde concluye el mundo e inicia la eternidad.

Consume tus días no atrapado en una mazmorra, nunca encadenado a los grilletes que bloquean tu caminata y las obras de tus manos, jamás sometido a tormentos indecibles que nublan las praderas y los bosques floridos y soleados. Dedícalos a la alegría, al amor, a la práctica de las virtudes, a ser muy feliz y salpicar el resplandor del universo al mundo para embellecer las almas y transformarlo en el planeta de mayor belleza y colorido.

Renuncia, insisto, a las lágrimas de la amargura. Derrámalas con todo lo que las provocan y sustitúyelas por el canto de la vida, por el himno de la creación, por el concierto del amor y los sentimientos más excelsos, por la ruta que felizmente conduce a casa.

Te arrebato unos minutos de atención porque tengo la idea de dedicarte toda mi vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

“… y sí, mi intención es ofrecerte mi amor en esta vida y durante la eternidad…”

Este día, quiero arrebatarte cinco minutos, apropiarme brevemente de tu tiempo, porque tengo la idea de dedicarte toda mi vida. Me siento a tu lado, en la banca de piedra, para entregarte un arreglo floral y confesarte que me encantas y deseo amarte al amanecer y al anochecer, cada instante, en el mundo y en la eternidad, porque te percibo en mí y me siento en ti como aquel día lejano de la creación, cuando juntos asistimos al surgimiento de la primera flor y del agua ante las miradas de asombro de todos los seres presentes en el universo. Te distraigo unos minutos a cambio de entregarte mi vida entera con todo lo que significa, con las luces y sombras de lo que soy, con mi historia y la que planeo protagonizar a tu lado, con las alegrías y tristezas inherentes a la jornada existencial y, principalmente, con el amor más bello, grandioso y sublime que un ser humano puede entregar a otro. Robo unos minutos de tu existencia para confesarte que me subyugas por tus actos, rasgos y movimientos femeninos, por tu alma, por tu código de vida, por la luminosidad de tu ser, por percibir en los latidos de tu corazón la misma frecuencia que la mía, por las alas que te conducen al cielo, por sentirte mi otro yo, por la ilusión de que nuestros nombres aparezcan juntos en el libro del amor. Hoy decidí acercarme a ti, distraerte unos segundos, con la intención de plantearte mis sueños y proyectos, revelarte los secretos de mi estrategia, expesarte mi admiración y enamoramiento, mirar tu semblante y ofrecerte todos los días de mi vida una canasta pletórica de amor, detalles y alegría. Esta vez pretendo decirte que la historia inició hace tiempo, casi sin percatarnos, y resulta que ahora coincidimos en las páginas blancas de la libreta de apuntes, en el pentagrama que hay que llenar de signos para componer la más magistral de las sinfonías, en el lienzo que espera colores mágicos aplicados por los pinceles, en el mármol que recibe el cincel y el martillo. Compartimos incontables capítulos que cada día se suman a un volumen grandioso, el de nuestro amor. Sólo hurto unos instantes dentro de tus actividades con la finalidad de informarte que conmigo cargo un morral con una goma para enmendar las planas del destino y un bolígrafo para escribir el libro de nuestro amor. Soy un ladrón que roba ciertos minutos de tu atención para hacerte una confesión y regalarte todos los años de mi vida. Acerco mis labios a tus oídos para decirte en voz suave que resolví las ecuaciones del amor, los valores y la felicidad, y que conservo las fórmulas para ambos porque su diseño contempla su aplicación en el mundo y la eternidad. Sustraigo de tu existencia unos minutos para recordarte que mi idea es amarte, jugar y reír contigo, dedicar instantes a la contemplación y al silencio interior, pasear, disfrutar el sol y la luna con las estrellas, crecer, cuidarte, caminar por rutas insospechadas, escalar, consentirte, cultivar detalles y dispersarlos a tu paso, contribuir a que tu vida sea de ensueño, fragmento inolvidable en el mundo y alegría plena en la inmortalidad. Quiero arrebatarte algunos minutos para hablar contigo, proponerte mi amor y plantear mis secretos, porque mi plan consiste en dedicarte toda mi vida.

El jardinero

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Para ti, con un amor inscrito en el cielo con polvo de estrellas

¿Y si me convierto en el jardinero que cultive detalles y felicidad durante los años de tu existencia? ¿Y si transformo tus sonrisas en pétalos fragantes y tersos? ¿Y si una noche, otra y muchas más te conduzco a la terraza, frente al mar, para contemplar juntos los luceros que decoran el firmamento? ¿Y si de los murmullos del océano, de los rumores del viento y de los susurros de la lluvia sustraigo notas musicales para que alegren tu corazón? ¿Y si me vuelvo florista para regalarte cada día, al amanecer, un ramo de rosas aromáticas y de intensa policromía? ¿Y si tomados de las manos, fundimos nuestras miradas, hasta sentir que tu corazón y el mío palpitan al ritmo de las cascadas, de los ríos y de las nevadas? ¿Y si inscribimos nuestro amor en el cielo con polvo de estrellas? ¿Y si compartimos la historia más bella y sublime? ¿Y si tu mano y la mía, guiadas por el pulso del amor, escriben capítulos en las páginas de la vida? ¿Y si soplamos los filamentos de los dientes de león para que los disperse el viento, mientras tú y yo volvemos a sentir la dicha de ser niños? ¿Y si hacemos mil locuras, hasta descalzarnos y hundir los pies en el barro, en el agua, para experimentar las contracciones del planeta? ¿Y si todos los días, a cierta hora, te declaro mi amor y confieso que me encantas, que me siento cautivado ante tu resplandor de ángel? ¿Y si regresamos a la infancia dorada, a los momentos irrepetibles, para traer con nosotros mayor dosis de felicidad? ¿Y si organizamos un banquete con los rostros del ayer, de hoy y de mañana para compartirles la dicha de un amor como el nuestro? ¿Y si saltamos por la ventana y empapamos nuestra piel durante una tarde de lluvia para posteriormente correr tras los colores mágicos de los arcoíris? ¿Y si escribimos nuestros nombres en la arena de la playa con la intención de que la espuma y el oleaje los rapten y presuman entre sus pliegues jade y turquesa a quienes vuelan muy alto, cerca del cielo? ¿Y si tomamos maquillaje de los crepúsculos, de las auroras y los ocasos, para aplicarlos en nuestras facciones y exhibir alegrías y no tristezas? ¿Y si confeccionamos alas de mariposa o de hada para volar? ¿Y si tomo tu mano y recorremos unidos la senda hacia las alturas? ¿Y si hacemos de nuestras vidas y del amor que compartimos, el puente hacia la inmortalidad? ¿Y si al asomarnos a nuestros ojos una mañana soleada, una tarde de lluvia o una noche de frío, descubrimos la mirada de Dios? ¿Y si al entregarte un arreglo floral confieso que mi amor te pertenece y deseo ya no separar mi alma de la tuya? ¿Y si te digo que tú y yo somos uno con diferente rostro? ¿Y si al beber jugos o vino tinto y comer ensalada, queso y pan, derrocho tinta en una servilleta de papel con el objetivo de plasmar mis sentimientos hacia ti? ¿Y si una vez que exprese “me cautivas” y “te amo” en la servilleta, anotamos la fecha y jugamos a esconderlo en uno de los libros de nuestra biblioteca para que alguien, una mañana o una noche tal vez distante, la descubra amarillenta y se pregunte sobre los autores de sentimientos escritos en un fragmento de papel como constancia de una historia de romance? ¿Y si al caminar, inseparables, dejamos huellas indelebles para que la gente descubra que el amor existe? ¿Y si bailamos, cantamos, reímos, jugamos, dialogamos y caminamos? ¿Y si al dormir, beso tu frente con ternura y te abrazo para entregarnos a la ensoñación y percibir el aliento de la vida, el hálito del universo, la presencia de Dios? ¿Y si dedicamos cada día de nuestras existencias a amarnos, a ser felices, a experimentar los claroscuros de la vida y a subir la escalera hacia la morada eterna? ¿Y si hoy, mañana y siempre, como ayer, confieso que te amo y me encantas? ¿Y si aprendemos a ser dichosos durante el sí de la vida y permanecer unidos y fuertes ante el no de la existencia? ¿Y si junto a cada flor que te entregue y sembremos en nuestro jardín, brotan innumerables botones de colores mágicos y nunca antes vistos, hasta multiplicarse y formar una alfombra conectada a las rutas celestes? ¿Y si hacemos de cada día, durante nuestra estancia en el mundo, la oportunidad de amarnos, crecer, compartir una historia maravillosa y transitar por la senda que trazamos? ¿Y si al final de la jornada, en el mundo, descubrimos atrás de nosotros un tapiz floreado con una historia compartida, y al frente el portón del cielo? ¿Y si tocamos la campana de la puerta celeste y alguien muy especial abre y declara que somos invitados especiales? ¿Y si una vez dentro de la inmortalidad, descubrimos que tu alma y la mía siempre pulsaron al ritmo del universo y sentimos la compañía de los ángeles, de quienes estuvieron con nosotros cual regalo y de Dios? ¿Y si descubrimos, entonces, que Dios siempre permaneció en nuestro interior y que es quien depositó las riquezas en tu ser y en el mío? ¿Y si esta mañana soy el jardinero que cultive tu jardín y el florista que te entregue el más hermoso de los arreglos con una nota que transmita los sentimientos que me inspiras? ¿Y si te invito a algún lugar y musito a tu oído: “nunca te había dicho aquí, a esta hora, te amo”? ¿Y si Dios, en su paraíso, pide que lo sigamos para presenciar la hora en que por primera vez, por amor, surgieron los manantiales, aparecieron las estrellas, brotaron los bosques, se manifestó la vida y tú y yo nos reencontramos? ¿Y si al entregarnos en la más dulce de las miradas, descubres tu presencia en mis ojos y yo la mía en los tuyos? ¿Y si escuchamos las voces que surgen del interior y del universo para anticiparnos: “el amor, cuando es auténtico, hay que experimentarlo porque proviene de las alturas”, y nos percatamos, entonces, por los signos de nuestras existencias, que por algo compartimos una historia inolvidable, bella, subyugante, plena e irrepetible? ¿Y si entre los detalles cotidianos, dejo tarjetas con mi confesión “te amo”? ¿Y si asomamos a la fuente de piedra, en algún callejón romántico o una plaza con árboles y bancas, para contemplar nuestro reflejo y recordar que los días de la vida, en el mundo, son fugaces y, por lo mismo, merecen experimentarse con amor, alegría y riquezas internas, si en verdad deseamos trascender a la luminosidad sin final? ¿Y si hoy te invito a la contemplación y al silencio interior, y susurro “me cautivas y te admiro. Estoy enamorado de ti. Te amo”?

En otra fecha

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hoy corremos, saltamos y jugamos como dos chiquillos porque de eso se trata, de vivir, amarnos, reír y ser dichosos cada instante; mañana, cuando las tardes otoñales y las noches invernales anuncien la proximidad de la hora postrera, miraremos con alegría las páginas de nuestra historia y coincidiremos en que fundir tu corazón y el mío fue la mejor decisión porque entonces, por el amor especial que elegimos para darnos, estaremos cerca de la inmortalidad. Si ahora me atrevo a construir una torre con el objetivo de alcanzar las estrellas y tejer una diadema luminosa para ti, observar juntos los luceros fugaces o sentir la proximidad del cielo, durante los días finales no me cansaré de mirarte, acariciar tus mejillas otrora lozanas y expresarte, igual que la primera vez, “me encantas” y “te amo”. Mi embelesamiento por ti no se habrá diluido; al contrario, me sentiré profundamente enamorado de ti y agradecido contigo por haberme dado la oportunidad de entregarte mi amor y recibir el tuyo, por los momentos de alegría, por tus ocurrencias y risas, por limpiar las lágrimas de mis ojos, por enfrentar juntos el sí y el no de la vida, por tus consejos, por diseñar el camino al cielo, por compartir una historia intensa, bella, irrepetible, plena e inolvidable. Las canas y los pliegues en la piel nunca han ahuyentado al verdadero amor. Un día o una noche de otra fecha, quizá aún no definida en el calendario, cuando te observe en la biblioteca leyendo mis obras inspiradas en ti, en el jardín o en el sillón de la sala, acudirá a mi memoria la imagen de aquella joven que alguna vez me cautivó al grado de mover las fibras del universo y escuchar la voz de mi interior que anticipó: “es ella, el amor de tu vida, el corazón que buscas desde hace mucho tiempo en todos los rincones del mundo”, y te veré igual de hermosa y resplandeciente, orgulloso de haber elegido a la mujer especial y distinta, a mi musa, al ser femenino que atesora riquezas en el alma. Entonces, igual que hoy, te abrazaré y confesaré a tu oído: “hoy no te he dicho que me gustas, que estoy enamorado de ti y que te amo”. No tendré miedo, insisto, de navegar contigo y llegar a los días del ocaso existencial porque juntos, tú y yo, ya tendremos una historia compartida, un amor eterno y el código para acceder a la inmortalidad. En otra fecha, aún no señalada, tu rostro y el mío exhibirán los signos del tiempo y exhalarán las notas de la más subyugante de las sinfonías porque estaremos demasiado próximos a compartir, por fn, el amor eterno que preparamos aquí, en el mundo.

La llave

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La llave que un día te entregué, simboliza el acceso a mi vida, a mi corazón, a los textos que escribo inspirado en ti, a los detalles que derramo en tu camino, al amor que cotidianamente te ofrezco y te pertenece por ser nuestras almas, la tuya y la mía, suspiro del universo, sonrisa de la lluvia, poema que Dios, al colocarnos en el mismo sendero y unirnos, compuso y trazó con estrellas en la pizarra celeste. Tú lo sabes, las llaves abren candados y cerrojos, sin que aseguren que los secretos y las cosas que resguardan sean de uno; en consecuencia, la que una vez coloqué en tus manos, es símbolo de las riquezas que atesoro en mi interior y que resplandecen cuando el amor que compartimos se transforma en alegría, diálogo, juego, canto, baile, travesuras, paseos, miradas, ocurrencias, reflexiones y entrega al silencio interior. Es una llave que perteneció al portón de una casona, quizá con las secuelas del herrumbre que alguna vez la acosó por desafiar al tiempo; pero allí está, tú la tienes, es tuya, como representación de la entrega de nuestro amor. Insisto en que únicamente es un regalo, la constancia simbólica de una historia irrepetible, bella, intensa e inolvidable, porque nuestro amor no necesita cerraduras, es un tú y yo para toda la eternidad. El amanecer no arrebata a la noche su derecho de reposo ni su hermoso resplandor celeste, ni las horas nocturnas irrumpen la brillantez del sol ni la blancura de las nubes pasajeras que mudan sus formas y se reflejan en los lagos, porque destilan el amor y la armonía de la creación, igual que tú y yo, inmersos en los sentimientos más bellos y sublimes. No necesitas tocar a la puerta de mi ser ni saltar la cerca o brincar por la ventana, porque siempre ha palpitado tu corazón con el mío. Nuestras almas son una y pulsan al ritmo de las partituras del cielo, sin que eso signifique renunciar a la identidad ni encadenar la libertad. Somos tú y yo. Las coincidencias fortalecen nuestros corazones y las diferencias los complementan y enriquecen, igual que las noches adornadas con incontables luceros o el océano con interminables repliegues color jade y turquesa. La espuma del mar besa la arena de la playa y retorna a la grandiosidad para convertirse en oleaje que viaja al ritmo de la constelación, de la lluvia, de los relámpagos, de las cascadas, de la nieve, de la batuta de una mano etérea y mágica que dirige el concierto de la vida en el universo. El amor, como el de la creación y el que tú y yo compartimos, no necesita llaves porque actúa impulsado por el aliento que proviene del interior y de las alturas, por los decretos de quien hizo de la vida, los sentimientos y la eternidad un regalo pleno. La llave que te di un día, es símbolo y constancia de nuestra historia subyugante. En realidad no requieres abrir cerrojos ni retirar cadenas porque tu corazón y el mío, insisto, comparten el amor y los sentimientos que conectan a la vida, al universo, a la inmortalidad, y quien no lo crea, quizá algún día descubrirá el compendio de nuestra historia y las huellas de una relación especial que conducen a la morada más plena y subyugante. No necesitamos llave para abrir nuestros corazones porque somos tú y yo envueltos en el amor. Entiendo que un amor como el nuestro, abre las cerraduras de la felicidad y otros sentimientos excelsos, y conduce libremente al palacio de la inmortalidad. La llave somos tú y yo con el amor más hermoso y sublime.

La flor de la vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Un día, al amanecer, la rosa asomó entre las plantas, en el jardín, a quienes anunció que antes de que su belleza y vanidad fueran mancilladas por la brevedad de su existencia, les daría una lección. Árboles, plantas y flores miraron, asombrados y con cierto recelo, a la rosa de aparente petulancia, quien exclamó: “ay de aquel que al caminar por las rutas del mundo, solamente fije su mirada en las apariencias o se interese exclusivamente en poseer durante algunas horas fugaces las fragancias, los colores y las formas que el viento ha de desprender y dispersar, porque sus actitudes e impulsos le negarán la oportunidad de conocer la belleza, el sentido y la esencia de todo cuanto existe en la naturaleza y el universo. Su confusión lo trasladará a destinos erróneos porqueque olvidará que las verdaderas riquezas yacen en el interior”. Mientras las gotas del rocio deslizaban por su textura, agregó: “miren mi apariencia, soy una rosa de fugaz existencia, a la que alguien puede acercarse y arrancar sin recordar que para conquistar lo bello en todos los aspectos, no pocas ocasiones hay que espinarse; por lo mismo, resulta preciso aprender a no lastimarse en el camino. Como mi belleza es pasajera, el perfume que destilo no tiene porvenir y se transformará en pestilencia y mis pétalos arrugarán irremediablemente antes del próximo amanecer”. La flora del jardín intercambió miradas de interrogación y escuchó las explicaciones de la rosa que advirtió que la vida es dual al ofrecer, en su menú diario, auroras y ocasos, calor y frío, risa y llanto, amor y odio, y que uno, en el lapso que dura el hálito existencial, tiene la alternativa de elegir entre las luces y las sombras. “Quienes pretenden disfrutar el aroma y la tersura de mis pétalos de hermoso colorido, deben cuidarse de las espinas que me custodian, de modo que si alguien aspira a lo superior, antes tendrá que experimentar las pruebas de la jornada. La mayor parte de los seres humanos, impulsados por las apariencias, arrancan las flores sin apreciar las raíces que les dan sustento ni reparar en los tallos, las hojas y las espinas. Todo, en el mundo y el universo, tiene una razón de ser”. Ese día, mezclado con el sol matutino y la llovizna y el viento de la tarde, la rosa habló sobre la brevedad de la existencia y su significado, hasta que expuso que entre el nacimiento y la muerte sólo hay un suspiro, un parpadeo que implica experimentar los días de la vida en armonía, con equilibrio y plenamente, sin olvidar los ingredientes del amor, la felicidad y las virtudes que son los que definen un sentido más auténtico y real. Recomendó, igualmente, no quedarse con el deseo de vivir, por más locura que parezca, siempre que uno no sea afectado ni perjudique a los demás ni al entorno. Recordó que la existencia es un ciclo interminable y que si hoy, al anochecer, se marchitan los pétalos y las hojas por desafiar al tiempo, mañana, al amanecer, el sol brillará pleno, las burbujas de los manantiales se iluminarán y se diluirán en el río; entonces surgirán flores tersas y perfumadas en el jardín y la campiña. “Eso es la vida, parece”, suspiró la rosa, quien al siguiente día, para asombro de la flora, estaba agachada, con las hojas y los pétalos marchitos porque su historia concluyó en el jardín; sin embargo, a diferencia de sus antecesoras, había dejado una huella, un recuerdo dentro de su finitud terrena. Fue diferente y enseñó que durante la trama existencial, con toda su brevedad, existe la posibilidad de elegir las luces o las sombras, y que es preferible abir la puerta a la esencia, hacer el bien, amar y practicar un código de principios que sin duda son la conexión entre el jardín y el cielo que todos los días resplandece y se refleja en los mares grandiosos y en los charcos de apariencia insignificante.