Trozos de vida… Tus ojos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

 Y cuando miré tus ojos, descubrí los míos retratados. Desde entonces supe que siempre serías parte de mi historia de amor…

No busqué, al amarte, jade ni turquesa en tu mirada. No lo necesitaba. Para reflejarme en tus ojos, bastó asomarme en ti y descubrir en tu interior la ventana del cielo. Desde que te vi la primera vez, hace años, tus ojos me cautivaron por su encanto de cristal. Ojos, los tuyos, de niña bonita, de muñeca de colección, de ángel consentido de Dios. Con tu mirada podría escribir un poema de amor, componer un concierto magistral o pintar un lienzo subyugante porque traen el embeleso de la creación, la magia del arte; aunque también, ahora lo entiendo, alumbran mi camino por la constelación, por las rutas del silencio, por el sendero hacia la inmortalidad. Confieso que una y otra vez me he introducido a tu mirada, igual que quien se zambulle en la profundidad del océano en busca de tesoros, y he encontrado en ti la veta más hermosa de amor, el conducto entre el alma y el pulso de la creación. Tu mirada me ha llevado a conocer las tonalidades de la vida, los arcoíris y los colores del paraíso. Contigo, en tus ojos, he aprendido a distinguir la verdadera belleza y la riqueza que engrandece. Me han conducido al cofre donde Dios guarda los colores con que pintó la creación. Nuestra historia ha sido tan intensa, que en tus ojos he disfrutado el amor que me compartes cada día, tu alegría y tu risa. Tu mirada me ha dicho cuando te sientes intensamente dichosa, acaso porque refleja tu sonrisa; también me ha informado, en su momento, acerca de tus horas de silencio y soledad, dedicadas a la comunión con quien te regaló, al crearte, dos ventanas para asomar desde el cielo. Tus ojos me avisan cuando estás ilusionada o triste. Lo mismo los he visto derramar lágrimas de felicidad que de dolor y tristeza. En tus ojos, musa mía, descubro la historia de tu vida, desde que eras niña, la pequeña consentida de tus padres y hermanos, hasta la mujer bella que hoy me entrega su corazón y a quien amo tanto. Viajo en tus ojos porque te amo y deseo conocer el itinerario de una vida especial, sublime y plena. Al esculpirte en algún rincón celeste, Dios definió tu rostro de ángel bonito y consentido, y como se percató del encanto de tus cejas y pestañas, de la dulzura de tus rasgos, colocó dos joyas preciosas que sustrajo de su morral de artista. Eran, parece, las dos únicas piedras preciosas que por alguna razón reservó para ti. Te diseñó con tal maestría, que me atraen los dos luceros que alumbran mi corazón. Al enamorarme de tus ojos, los convertí en embarcación para pasear por el mundo y llegar al cielo. La mirada expresa sabiamente los sentimientos, la identidad, los secretos de una vida. Quien la sabe interpretar, reconoce a quien tiene enfrente, como yo te identifiqué en cuanto definí mi reflejo en ti. ¿Podría comparar tus ojos con las estrellas que resplandecen en la constelación?, ¿con las flores que adornan la campiña?, ¿con los rayos solares que iluminan el fondo del océano? Entre millones de miradas, la tuya me atrajo un día y hoy me cautiva porque tiene los rasgos de las caras angelicales, por su dulce fondo y por conservar algo de la dicha de un creador bueno e ingenioso que guardó tu fórmula en un arcón celeste. Beso tu ojo derecho y luego el izquierdo para raptarlos por un instante, mirar con tus cristales y crear un mundo mágico, una canción hermosa, un destello que alumbra el universo. Tus ojos son cascada, bosque, arroyuelo, nube, tronco, lluvia, flor. Confieso al mundo, al universo, que tus ojos saben a ángel, huelen a rasgos femeninos; como que traen consigo las fragancias de donde nacen la luz y el viento. Me envuelve tu mirada cuando me amas y me enseña, igualmente, a conocer las expresiones y los sentimientos. Se han convertido en mis instructores, en los luceros que cotidianamente me enseñan los secretos de la vida. ¿Sabes por qué tus ojos son diferentes? Porque son dos cristales por los que constantemente asoman Dios y sus ángeles. Eres uno de ellos y hoy, como mañana y siempre, tengo la dicha, al mirarte, de verme reflejado en los espejos del cielo.

17 comentarios en “Trozos de vida… Tus ojos

  1. Santiago, tienes toda mi admiración. Un hombre que describe los ojos de su enamorada de esa forma, es un caballero y un poeta, atributos que solamente da Dios a los seres más sensibles del mundo.

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  2. En una época en la que la mayoría de la gente tiene otros intereses y se inclina ante sus apetitos, tú, Santiago Galicia Rojon Serrallonga, hablas de la belleza y divinidad de los ojos. La mujer que amas debe ser muy feliz al tener un hombre extraordinario. Ejemplos burdos los vemos todos los días, en los cantantes, por ejemplo, con sus letras groseras y morbosas. No me cabe la menor duda que hay mucha diferencia entre los seres humanos, y tú, Santiago, eres extraordinario.

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  3. Apenas estaba asombrada con el texto de la banca y las botas y ahora, con el de los ojos, quedo maravillada. Gracias por compartir tus textos tan hermosos, autor.

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  4. Santiago Galicia Rojon Serrallonga, lo he comentado con mis hermanas y mis amigas, eres mi escritor de cabecera. Como lectora y mujer, estoy segura de que nunca me defraudarás porque eres un caballero, un artista e intelectual de verdad. Feliz tu musa por tanto amor y la colección de textos inspirados en ella.

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  5. Es un poema, Santiago. El más hermoso, profundo, sublime, dulce y amoroso poema.. ¡Caramba! Esa capacidad suya de de llegar al alma. Esa brillantez y creatividad de traducir el silencio con que hablan las miradas, el alma.

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  6. Quedé sorprendida cuando leí este texto, pues no es fácil hablar de la mirada. Muchos lo han intentado y se nota la complejidad que encontraron porque no convencen o caen en lo absurdo; pero esta publicación de Santiago Galicia Rojon Serrallonga me dejó sorprendida. Con qué maestría y elegancia habló de los ojos de la mujer que ama. Felicidades, Santiago. Eres un excelente escritor.

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  7. Yo opino que solamente un hombre extraordinario en todos sentidos es capaz de escribir de esta forma. Si yo recibiera esos textos, sería la mujer más enamorada del mundo y jamás renunciaría a ese hombre. Debe ser un hombre fascinante.

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