El síndrome del espejo y el poder

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Están de moda. Son maniquíes a la mexicana, con sonrisas, peinados y copetes reforzados por el encanto del photoshop, las redes sociales, los anuncios espectaculares y la televisión, que conmueven a las multitudes para que les concedan el poder y la oportunidad “histórica” de saquear al país.

Las hormonas suplen a la razón y las boletas son depositadas en las urnas electorales a favor del político más guapo o de la candidata de mayor belleza, sin importar sus antecedentes ni que no pocas veces la apariencia física sea inversamente proporcional a la inteligencia y los valores.

Evidentemente, se trata de un concepto de belleza muy al estilo mexicano, al grado, incluso, de que parece que la gente se siente inferior ante cualquier aspirante político transformado en muñeco de aparador.

Hoy los miramos soberbios, rodeados de escoltas feroces, enriquecidos inexplicablemente e incapaces de atender y solucionar las demandas de millones de mexicanos que coexisten en un territorio nacional desgarrado por corrupción, impunidad, desempleo, ilegalidad, miseria, crisis económica, violencia, inseguridad, burocracia e injusticias.

El síndrome del espejo se apoderó de la nación con el consentimiento de docenas de millones de mexicanos que víctimas de amnesia histórica y social, ahora sufren las consecuencias de sus decisiones erróneas.

Si antaño, en la vigésima centuria, fueron los generales y posteriormente los licenciados quienes saquearon al país, ahora, en el siglo XXI, son los maestros y doctores en Economía y otras especialidades los que continúan empeñados en aferrarse al poder y adueñarse de toda la riqueza nacional, claro, con sus honrosas excepciones.

Parece surrealista que un candidato político con imagen de actor de cine y televisión, que relate chistes o baile y cante durante las concentraciones masivas, obtenga el triunfo en las urnas electorales. Queda claro que si la nación mexicana fuera desarrollada y conciente, esa clase de políticos se irían al carretón de la basura.

Evidentemente, gobernar un municipio, un estado o un país exige algo más que rostro de actor o bufón de anuncio comercial de cerveza o desodorantes. Se necesitan honestidad, inteligencia, sensibilidad, compromiso, entrega, integridad, valores, experiencia y responsabilidad.

Una cara bonita, de acuerdo con el concepto mexicano, no es suficiente para gobernar, y la sociedad ya lo está comprobando al enfrentar las consecuencias de administraciones públicas con políticas totalmente erráticas.

La situación de México es riesgosa y preocupante. Ahora tal vez hay rostros “lindos” y “simpáticos” en la política nacional, con personajes como de telenovela estúpida de Televisa o TV Azteca; pero el país se encuentra sumido en las más descaradas y perversas corrupción e impunidad, entre crisis económicas, violencia, inseguridad, rezago educativo, desempleo, burocracia, represión aplastante del poder, pobreza lacerante e injusticias, no con tanto parecido a los dramas de televisión, sino a la realidad.

4 comentarios en “El síndrome del espejo y el poder

  1. Un texto que muestra la triste realidad de nuestro país . Ojalá que muchas personas lo lean porque necesitamos concientizarnos. Las telenovelas nos adormecen! No podemos seguir así ! México es un país de 60 millones de pobres

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