No se trata de trapear con agua sucia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La fascinación que ejercen los rostros ocultos tras los antifaces, en una fiesta, o el cambio de jugadores en una cancha de fútbol cuando no presentan resultados satisfactorios ni cumplen las expectativas del club al que pertenecen y de los aficionados encolerizados en el estadio, definitivamente son asuntos intrascendentes que no afectan a un país, a menos que acontezca algo extraordinario; pero sustituir nombres y apellidos dentro de los cargos importantes de la función pública sin rectificar el rumbo nacional, sólo será eso, relevo de rostros y amigos, trapear la casa con el agua sucia de la cubeta, mientras no exista la decisión firme de corregir los errores, enfrentar los problemas y adversidades y asumir el ejercicio de gobierno con compromiso, responsabilidad y patriotismo.

Nadie desconoce que hace un par de semanas, el presidente Enrique Peña Nieto aceptó la renuncia de los titulares de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público y del Servicio de Administración Tributaria, hecho con el que el principal amigo y consejero del mandatario nacional, Luis Videgaray Caso, no solamente perdió su cargo público, sino la oportunidad de convertirse en aspirante del partido oficial a la Presidencia de la República Mexicana, evidentemente con una carga de desprecios, ridiculez  e irritación social.

De nada sirvió al ex secretario de Hacienda la capacidad que le atribuyen, evidencia de que la verdadera inteligencia se demuestra y prueba en la práctica, ante las circunstancias que se presentan durante la vida, porque sólo se caracterizó por su afán deshumanizado de arrancar más impuestos a un pueblo empobrecido que no palpa el desarrollo, tomar decisiones contrarias a los intereses nacionales y asumir el síndrome del adivino al ajustar continuamente los pronósticos de crecimiento económico, generalmente a la baja, y con interés obsesivo y perverso de recaudar sin beneficio real para los mexicanos.

Sus políticas, aceptadas sumisamente por quien le sucedió, caminaron muy cerca de las decisiones del gobernador del Banco de México, Agustín Guillermo Carstens Carstens, quien siempre responsabiliza a los factores externos de los problemas financieros del país, cuando se derivan, en gran parte, de los errores internos, y que por cierto alguna vez aseguró que “el alumno supera al maestros”, como crítica al Premio Nobel de Economía, Joseph Eugene Stiglitz, hombre culto y sencillo que en una conferencia habló acerca de la situación de la nación.

Por cierto, resultaría interesante dedicar un análisis sobre la conducta y reacciones de la colectividad, cuyos millones de integrantes, ante la impotencia de no poder castigar severamente a quien adquirió una residencia con un proveedor favorecido por la administración de Enrique Peña Nieto sin ser investigado, cuando la sociedad es sospechosa hasta de lavado de dinero si compra una casa, un terreno o joyas de cierto valor, e ideaba fórmulas para arrebatar dinero extra a los mexicanos por medio de incrementos a los precios de las gasolinas y otras medidas inflacionarias, celebró su renuncia.

Inmersos en una nación empobrecida y saqueada, con niveles escandalosos de impunidad, corrupción e injusticias, los mexicanos, sí, los mismos que justificaron el acto deshonesto de Enrique Peña Nieto, hace un cuarto de siglo, al plagiar al menos una decena de obras de diferentes autores para introducirlos a su tesis profesional, sólo fueron testigos de los nuevos nombramientos dentro del gabinete, sin promesas de cambio ni mejoría, equivalentes a pintar la fachada carente de cimientos e invadida de salitre, o lo que es lo mismo, barrer la estancia y esconder el muladar bajo los sillones.

Más allá de que los niveles de credibilidad hacia el presidente Enrique Peña Nieto son ínfimos, no solamente debe dar confianza, sino actuar y presentar resultados tangibles en beneficio de la sociedad mexicana.

A dos años de la conclusión de su mandato constitucional, Enrique Peña Nieto debe olvidar a los amigos, a quienes por cierto ha favorecido en exceso, e involucrar en las decisiones y funciones de su gobierno a la gente que posee conocimiento, experiencia, honestidad y deseos de influir en las transformaciones estructurales que necesita México, no a las que tanto defiende la élite del poder.

La actual política gubernamental, junto con las fallidas reformas educativa y energética, por citar dos, ha encogido, carece de calidad, es de talla menor a las necesidades de los mexicanos, quienes coexisten en un país de subdesarrollo, con rezagos en educación, salud, empleo y vivienda, y problemas acentuados de corrupción, impunidad, delincuencia e injusticias.

Más que barnizar las vigas apolilladas del techo, pintar los muros debilitados por ausencia de cimientos, comprar adornos antes de poseer la casa o calzar zapatos de menor talla, urge renunciar a las simulaciones y actuar por el bien de México.

Si el presidente Enrique Peña Nieto desea hacer algo por México y sus más de 120 millones de habitantes, debe renunciar a favorecer a sus amigos con las caricias del poder, dejar de lamentar sus errores en perjuicio de la nación, aceptar sus fallas, tener apertura para el diálogo y la rectificación de políticas, no justificar sus actos como muchacho rebelde ante lo que cree incomprensión de la sociedad, castigar la ilegalidad y restaurar la nación resquebrajada.

Y no se trata de ser recordado por la historia como paladín o traidor o inepto, como esas figuras de bronce o piedra que permanecen de espalda a los templos religiosos en los jardines públicos, símbolo de la lucha entre dos poderes, sino mirar de frente a los mexicanos de la hora contemporánea y cumplir con las responsabilidades y los compromisos que asumió desde el momento de recibir la investidura de mandatario nacional.

Necesita dar paso a la democracia, estabilizar la economía, erradicar la corrupción e impunidad, aplicar verdaderas reformas estructurales, devolverle al país la dignidad que merece, garantizar le justicia y la legalidad, abatir la desigualdad social, combatir todos los elementos negativos y dar paso al progreso.

Más que pintar la fachada de la casa en ruinas, es perentorio limpiarla y depositar en el carretón de la basura el estiércol que ya apesta en todos los rincones en perjuicio de sus moradores. Con la mudanza debe llegar el cambio.

3 comentarios en “No se trata de trapear con agua sucia

  1. Excelente análisis, el presidente cambió caras pero no su política que ha perjudicado a millones de mexicanos, sigue empecinado con sus reformas mientras la corrupción está a la orden del día.

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  2. MUY ACERTADO TU ANALISIS DEL ACTUAL GOBIERNO SANTIAGO, DESGRACIADAMENTE NO CREO QUE ENRIQUE PEÑA NIETO EN DOS AÑOS QUE LE QUEDAN PUEDA MEJORAR NADA DE NUESTRO GOLPEADO PAÍS, Y LO TRISTE ES QUE SERA AL CONTRARIO COMO TODO MANDATARIO CORRUPTO E INEPTO SE DEDICARA A SAQUEAR EL PAÍS COMO LO HACEN SIEMPRE LOS DE ESTE PARTIDO , AUNADO A QUE TRAZ DE ESTE MAL MANDATARIO QUE SOLO ES TÍTERE HAY MUCHOS QUE LE AYUDARAN A DEJARNOS PEOR DE LO QUE QUE OTROS NOS DEJARON !!!!!!!!.

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  3. Tenemos gobernantes corruptos e ineptos, encabezados por un grupo que está aferrado a mantenerse en el poder sin importarle aplastar a los mexicanos, es hora de despertar y sacar a estos delincuentes del gobierno.

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