Trozos de vida… Las letras que te dedico

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Tú sabes que te amo y que este texto te pertenece

Tomo las letras del abecedario que Dios guarda en su morral, acaso con la esperanza de que germinen y se conviertan en palabras que expresen los sentimientos que me inspiras. Escribo textos para ti porque tengo el proyecto, y te lo comparto, de que cada idea que plasme se transforme en la vivencia más hermosa. Admito que si soy inagotable al escribirte, es porque no me cansaré de mirarte como la primera vez, reír contigo y repetirte lo mucho que te amo, hasta rotular mis sentimientos en una paleta de hielo, en el café que bebemos y en la arena de la playa donde corremos libres y dichosos. Mi planteamiento consiste en plasmar mis sueños, ilusiones y sentimientos en el papel para moldearlos y darles vida, de tal manera que si te escribo en una hoja dorada y quebradiza o en el pétalo de una flor, es con la intención de llevarte a un bosque o a un jardín encantado para amarte, divertirnos y jugar como dos enamorados. O si elijo una servilleta como superficie para trazar letras que te transmitan mis sentimientos, es con el propósito de que sepas que te convidaré un platillo delicioso, quizá un pastel con tu nombre y el mío, y que te confesaré que me embelesas y estoy enamorado de ti. Así, al escribirte un compendio, un libro con incontables capítulos bellos y sublimes, sabrás que es con la finalidad de protagonizar una historia inolvidable, maravillosa, plena e irrepetible. Ningún texto será fatuo ni superficial porque mi anhelo es protagonizar contigo el relato más hermoso. Guío las letras con el resplandor de las estrellas y la luz de un faro para que no se pierdan ni naufraguen porque mi aspiración es vivir plenamente cada palabra contigo. Ilusionado, con el bolígrafo y el cuaderno de anotaciones, dibujo letras, las uno y formo palabras, conceptos e ideas que sueño materializar y compartir a tu lado. Escribo tu nombre y el mío muy unidos, mientras narro el espectáculo irrepetible del mar y el cielo, en el horizonte, cuando se besan con ternura durante la hora postrera de una tarde de verano, con el resplandor amarillo, naranja y dorado del crepúsculo, ¿y sabes el motivo?, porque deseo que tú y yo permanezcamos abrazados en el encanto del amor, aquí, en el océano y el mundo, y allá, en los parajes de la creación, donde Dios crea guiones e historias magistrales para aquellas almas que se reencuentran algún momento y ya no se separan porque se se han reconocido al mirarse y se saben gemelas, como nosotros.

Con cada flor…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Estas palabras tienen colores y sentidos porque las escribí para ti con el amor que me inspiras, igual que la primera vez

Al recibir las flores que hoy te regalo con dulzura e ilusión, abre la puerta de tu alma, las ventanas de tu corazón y las persianas de tu mente para hospedarme en ti no como forastero que huye antes del amanecer, sino para amarte, sonreír juntos y acompañarte, compartir y experimentar los días felices, y abrazarte y dar consuelo a tu ser durante las horas difíciles.

Si en cada flor que te entrego percibes su fragancia sutil, su policromía intensa y su textura exquisita, descubrirás que al agitarlas el viento desearán susurrar a tus oídos mis confesiones de amor, el embeleso que siento por ti, la idea loca que tengo de cargarte, correr por la arena de la playa, comer paletas de hielo, empaparnos una tarde de lluvia, girar y caer al pasto, reír y mojar los pies con la espuma del mar.

Notarás, al tocar sus pétalos, que mis caricias no intentan raptar momentos que se olvidan o coleccionan igual que un trofeo, porque siempre te transmitirán mi amor, los sentimientos que se entregan cuando uno, fiel y enamorado, los trae desde las profundidades del alma para entregarlos en un acto puro.

Al salir de tu alcoba y descubrir una canasta pletórica de rosas blancas y una nota con las expresiones “me cautivas” y “te amo”, percibirás un hálito suave y tierno, una fragancia especial que te indicará que fui yo quien tocó a la puerta.

Guiarás tu mirada al horizonte, donde cada tarde sucumben los colores de los arcoíris y la luminosidad del sol para ceder su espacio, en la galería nocturna, a los faroles sidéreos, a las estrellas que alumbran los puentes y la senda cuando tomamos nuestras manos y caminamos hasta la orilla de un lago o a una fuente para mirar el reflejo de dos enamorados que aprendieron que la estancia en el mundo es fugaz y que si uno desea amarse plenamente, debe cultivar los instantes de alegría y detalles para eternizar la unión de dos corazones que palpitan al unísono del murmullo del aire, la lluvia, los ríos y las cascadas.

Nunca dudes, cuando acaricies las flores que te doy, en guardar una, la más especial de todas, entre las páginas de tu diario o de un libro, o tal vez en un cofre, en una caja o en el baúl de las remembranzas, para dejar constancia del misterio del amor más bello y sublime.

Iremos a la ruta celeste, como lo hemos planeado; pero antes, en este mundo, ensayaremos la historia de nuestro amor, la trama de dos almas inseparables, y jugaremos incansables igual que el bolígrafo al imprimir poemas en el papel, los pinceles al plasmar en el lienzo los colores del paraíso o los pentagramas al convidar signos musicales al piano y al violín.

Tú y yo, los de siempre, disponemos de esta vida para construir escalones y cubrirlos con flores, hojas doradas y nubes blancas que nos ayuden a subir al paraíso que soñamos. Mi propuesta consiste en volar juntos, libres y plenos, para que al tomar nuestras manos sea por alegría y amor, y no por imponer ataduras y caprichos.

Estoy convencido de que el amor es la llave que abre los cerrojos del paraíso. Si corremos y reímos bajo la lluvia, si jugamos, si mantenemos la alegría y la ilusión, si protagonizamos la más hermosa y subyugante historia de amor, uniremos el mundo con el cielo a través de un puente mágico.

Imagina, al recibir cada flor, que es un beso anticipado, una sonrisa anunciada, un juego divertido, la promesa de un abrazo, un paseo irrepetible, un encuentro mágico, una mirada romántica, un juramento de amor, una confesión hermosa y la unión de dos almas, la tuya y la mía, que siempre viajarán en una embarcación por los océanos de la inmortalidad.

Y si una mañana nebulosa y perfumada, al abrir la puerta, descubres otra canasta con flores y una carta con tu nombre y el mío, y sonríes y recuerdas que un día, a hurtadillas, me atreví a dejar en tu almohada el trazo de una flor en una hoja de papel, indudablemente comprenderás que un amor como el nuestro desconoce las fronteras del tiempo y el espacio porque viene del cielo.