Deletreo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En el minuto presente y en el que está por venir, siempre abriré la puerta de mi vida para confesarte que me cautivas y te amo

Deletrea, cuando escuches el rumor del océano, el mensaje que te envío en el oleaje esmeralda y turquesa. Busca entre la arena y la espuma de las olas la botella que arrojo al mar cada mañana con una carta en el interior, siempre con la esperanza e ilusión de que la descubras y leas con asombro y emoción mis confesiones, promesas y regalos. Descifra en la lluvia las sorpresas e ilusiones que he depositado en cada gota para ti; descubre en los colores del arcoíris la alegría y los juegos que te reservo. Encuentra en el reflejo de la fuente tu rostro y el mío, y al fondo la intensidad del cielo. Contabiliza en cada estrella los capítulos de nuestra historia y los faroles para caminar juntos y cruzar puentes durante las noches de luna con rostro de columpio. Percibe las fragancias de los tulipanes, rosas y orquídeas para que siempre reconozcas nuestro perfume. Interpreta las voces del silencio, los murmullos del aire y los susurros de la vida para que entiendas su significado real y sepas que estoy contigo. Deletrea los poemas que me inspiras y escucha los vocablos de las cascadas, la nieve y los ríos para que compruebes, como siempre, que eres mi musa y sólo transcribo, en lo que me rodea, los dictados de mi ser: te amo.

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Abismos y puentes

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Al caminar por el mundo, he comprobado una y otra vez que si uno encuentra abismos, barrotes, fantasmas y fronteras, son los que se diseñan y construyen desde el corazón y la mente. Si uno desea conquistar la cima y trascender, es fundamental tender puentes, destruir celdas, diluir espectros y desmoronar muros. Es preciso mirarse de frente y enfrentarse a sí mismo, reconocerse dentro de su silencio y soledad, ser libre, actuar con determinación y luchar con pasión por los sueños y aspiraciones, a pesar de enfrentar creencias, costumbres, dogmas, intereses, prejuicios y tabúes. Es grande no aquel conformista que se sienta porque el orden social le dicta costumbres y reglas que debe seguir ciegamente, sino quien se atreve a volar auténtico y libremente, cambiar las cosas para bien y volver realidad sus sueños, ilusiones, anhelos y promesas.

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Otros rasgos de la era Trump

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Todo tiene una explicación y un significado. Si Donald Trump, presidente de Estados Unidos de Norteamérica, atrapado en su ausencia de valores, estupidez, fantasías y mediocridad, cree que la diplomacia y la política se practican por medio del twitter, evidentemente está equivocado, con el riesgo de que con similar demencia sería capaz de oprimir, si se lo permitieran, un botón para provocar una catástrofe mundial.

Eso sucede, evidentemente, porque es el novio que amenaza, grita, manosea y ultraja, y nadie se atreve, por conveniencia, intereses, complicidad o temor, a colocarlo en el sitio que corresponde a todo barbaján ambicioso y enloquecido con el poder. Es un riesgo latente para la humanidad, a pesar de que ahora esté perdiendo niveles de popularidad entre la ciudadanía que lo eligió.

Más allá de explorar en este espacio el perfil y los síntomas patéticos de Trump, los intereses perversos de los grupos de poder que lo respaldan y las rutas que podría tomar un racista que se siente policía, juez y rector del vecindario humano, prevalecen algunos rasgos que llaman la atención y merecen, por lo mismo, destacarse para análisis personal.

En primer término, todo parece indicar que dentro de la sociedad estadounidense, tan vacía y carente de valores, las mujeres no se tienen el mínimo respeto, acaso porque nacieron en una época en la que se les trata como maniquíes y así actúan. No tienen otros parámetros. ¿Qué las motivo a votar por un misógino? Un hombre que se expresa vulgarmente de las mujeres, que les tiene aversión y las utiliza sexualmente, ¿es digno de recibir el voto femenino? Tan poco se valoran las gringas -sí, las que impresionan a los latinoamericanos con sus ojos azules o verdes y sus cabelleras rubias-, que favorecieron a Donald Trump.

Otro aspecto digno de resaltar es que los propios latinoamericanos, y muy particularmente los mexicanos, regalaron el voto a quien se ha dedicado a amenazar y ofender a los pueblos de ese origen, incluso con calificativos denigrantes. ¿Cuál fue la razón por la que amplio porcenaje de mexicanos y latinoamericanos votaron por este hombre grotesco que representa una amenaza para sus naciones? Se notan falta de raciocinio y solidaridad en esta raza, y ejemplos sobran de cómo, en vez de unirse, unos a otros se atraviesan los pies para provocar tropiezos.

Paralelamente, el odio y racismo de Donald Trump ha despertado esos sentimientos adormecidos en los gringos, en quienes se sienten de raza superior por el hecho de tener la piel clara, el cabello rubio y los ojos azules o verdes, entre otros prejuicios estúpidos que les dio la genética.

Esta parte, por cierto, la del odio racial, es muy preocupante. Significa que están despertando fuerzas hasta hace poco aletargadas o reprimidas, con un odio tal que aumenta cada día y se extiende por todo el territorio estadounidense y por el mundo, cuyas consecuencias serán negativas en caso de consentirlas.

El materialismo de los gringos, las mujeres a las que no interesó la misoginia del otrora candidato y hoy mandatario, los latinoamericanos totalmente desunidos y el odio racial, marcan, con Donald Trump, el inicio de una etapa oscurantista que sumada a grupos que pretenden desarticular el actual orden mundial para imponer sus intereses ambiciosos, crueles y desmedidos, necesitan mayor atención y reacción de la sociedad que los distractores que abundan y fascinan a las masas.

Más que criticar a Donald Trump por su estulticia y su obra de teatro grotesca, habría que analizar lo que representa, lo que trae consigo, lo que identifica a los gringos con ese proyecto tan malsano que podría convertirse en pesadilla para el mundo entero.

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En el amor…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Por cierto, ¿sabes qué hora es? En este momento y donde te encuentras, ¿te he dicho cuánto te amo?

En el amor, las palabras son maquillaje que resalta la dulzura y el encanto del romanticismo, perlas que dan alegría a los enamorados, atuendos que embellecen los sentimientos, arrullo que mece suave y tiernamente, perfume que ilusiona, ornamento que se convierte en color, poema, canto y música. Los actos son timón que conducen los sueños e ilusiones a un feliz encuentro entre quienes se aman. Quienes comparten una historia genuina de amor, la decoran con palabras, es cierto; sin embargo, saben que el verdadero sentido de su relación se encuentra en los hechos, en lo que uno hace por el otro, en los detalles, en ser caballero o dama, en comprenderse y, por lo mismo, proporcionarse todo el apoyo y respeto. Escribir una historia de amor inagotable, bella, sublime, mágica e inolvidable no solamente plantea bolígrafo y papel; requiere, tú y yo lo sabemos, compartir instantes y capítulos, coincidir un día y otro, acompañarse ante los claroscuros de la vida, volar juntos sin que alguno intente apoderarse de la identidad de quien ha decidido permanecer a su lado, diseñar un destino común y esplendoroso. Resulta cautivante recibir una carta, un poema o una servilleta de papel con palabras tiernas; pero si carecen del sustento que dan los actos, se volverán tan fríos como una tarjeta impresa o una postal. En el amor, las palabras escritas y pronunciadas se diluyen cuando presentan ausencia de pilares y faltan, en consecuencia, fidelidad, comunicación, detalles, respeto, confianza, emotividad, ilusiones, sueños, realidades y espontaneidad. Un texto, por más poético y subyugante que parezca, o las palabras dichas al oído con ternura, alcanzan su verdadero significado cuando uno, en el amor, es auténtico y congruente en los hechos y ante las pruebas de la vida. Las lágrimas que provocan la felicidad y la risa son gotas que se cristalizan y transforman en luceros bellos y resplandecientes; las que se derraman en los momentos de aflicción y desconsuelo, las comparten, igualmente, quienes en verdad se aman, y son perlas que jamás se olvidan. No es justo ni válido, en el amor, estar al lado de alguien por los beneficios materiales o placenteros que le pueda significar, porque cuando dos almas vuelan en niveles mágicos y de ensueño, identifican su esencia sutil y se unen eternamente. En el amor, siempre hay que estar presentes. Si las palabras expresan la belleza de un romance, los hechos son la embarcación que lo conduce a rutas insospechadas, al océano inexorable donde todo es inicio y fin, amanecer y ocaso, música que arrulla, columpio que mece y lucero que embelesa. En el amor, insisto, las palabras coronan las acciones, y uno puede, entonces, compartir la historia más conmovedora y sublime. Por cierto, sólo a ti te lo digo, ¿te confesé este día que me cautivas y te admiro?  Exactamente a esta hora del día, ¿ya te dije que te amo?

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Desmantelamiento

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Uno desmantela su vida cuando cierra la puerta al presente y cancela la posibilidad del mañana; desarticula los días de su existencia al confinar su historia en el cajón empolvado del desván y la transforma en tristes e ingratos recuerdos; la clausura a partir de la hora en que sella las ventanas de la alegría y el amor. Uno termina con la vida cuando revienta todas las burbujas de sus sueños e ilusiones y en su presente sólo abundan cardos y parajes desolados; anticipa su momento postrero al no percibir la fragancia de los jardines y disgustarse ante las gotas de lluvia o el vuelo de las mariposas. La menoscaba al no atreverse a dar un paso más y no luchar por lo que anhela su corazón. Uno marca su final cuando sustituye la felicidad por tristeza y gestos, la esperanza por desilusión, la risa por lágrimas, el amor por odio y los sentimientos por abandono y cruel indiferencia. Uno muere cuando no hay posibilidades de reconocer el próximo instante ni de sentir emoción y reír mucho. Uno cava una tumba ausente de epitafio, flores e identidad al arrancar las hojas de su cuaderno de apuntes y no las reserva para siguientes episodios, al arrebatar, al negarse dar lo mejor de sí a los demás, al ambicionar sin medida ni sentido. Uno concluye su existencia cuando cierra los ojos no para soñar y mecerse en el arrullo mágico de cada instante, sino con la intención de yacer en el dolor, la mediocridad, los remordimientos y la perversidad. Uno desbarata la trama de la existencia cuando renuncia a la oportunidad de experimentar el segundo que está por llegar, arranca las hojas con desdén sin palpar su textura y da la espalda a los demás. Uno no existe cuando destierra a Dios de sí y lo cubre con capas de lodazal, piedras y tierra. Uno muere cuando el tiempo se consume y no hay oportunidad de marcharse en paz ni de expresar a los demás palabras de aliento y ternura, dejar huellas indelebles a través de las obras y sonreír, porque simplemente todo se acaba. No vivir es morir.

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Mucho de ti

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Con la emoción, alegría e ilusión de nuestro reencuentro en algún paraje especial del mundo, me pregunto si a esta hora ya te dije que te amo

Las orquídeas, los tulipanes y las rosas tienen mucho de ti al desprender fragancias de jardines secretos y asomar a la vida con alegría y maquillajes naturales. Las estrellas lucen tanto de ti por su belleza y resplandor que uno, cuando se enamora, admira subyugado y siente en las profundidades del ser hasta que vibra al unísono de la creación y el universo una noche romántica y silenciosa. El follaje simboliza, en cada hoja, tus detalles y virtudes, tus rasgos femeninos, de tal manera que al desprenderlas el viento y mecerlas suavemente, me recuerdan las horas encantadoras y mágicas a tu lado, cuando sonrientes reventamos burbujas de ilusiones para transformarlas en juegos y realidades. La lluvia me recuerda en cada gota los instantes de dicha a tu lado, los momentos compartidos, las horas y los años juntos, la fugacidad y la eternidad para nosotros. Lo charcos, al reflejar el cielo, me enseñan que algo tan pequeño puede contener la grandeza, y en eso he aprendido que al compartir ambos el sueño de la vida, preparamos el sendero a la inmortalidad. El mar, insisto, guarda mucho de ti porque al contemplarlo cada mañana y escuchar los susurros de su oleaje, percibo tu voz, las palabras que cotidianamente pronuncias sin que pierdan encanto; pero también, he de confesar, me insinúa que su parecido contigo es tan grande porque si sus pliegues turquesa embelesan, sus verdaderos tesoros yacen en sus profundidades. El cielo tiene mucho de ti, acaso por mantener un estilo de vida especial, quizá porque de allá vienes, tal vez porque tu forma tan singular propicia que vaya contigo de la mano a fronteras insospechadas que uno presiente en el alma. El amor que recibo tiene todo de ti porque eres tú, nombre de ángel, nadie más, con quien aquella noche de nuestro reencuentro supe que Dios me había entregado uno de los regalos más bellos y sublimes.

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Cuando te presentía

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Reunía fragmentos del cielo con la esperanza e ilusión de definirte en los latidos de mi corazón, en mi alma, en mi vida. Como que los poemas que componía, cuando te presentía, ya estaban inspirados en ti

Antaño, cuando te presentía en algún rincón del mundo, el aire me entregaba cada mañana la fragancia de tu perfume y las flores anticipaban tu rubor natural. Las gotas de lluvia, al deslizar en mi piel y empaparme, insinuaban tu sonrisa, tus juegos, tus travesuras de niña inocente, tus deseos de vivir y ser feliz. Las estrellas, al asomar en la galería nocturna, alumbraban mi camino y me guiaban hacia ti por un cielo bello y esplendoroso, desde donde admiraba los escenarios mágicos de nuestra historia. El mar ya tenía mucho de ti y de mí porque al recibir la espuma en la playa, rompía los esquemas del tiempo y confesaba que un día y muchos más miraríamos sus profundidades y protagonizaríamos aventuras inolvidables e intensas en sus pliegues turquesa. Sin saberlo, cada poema que componía estaba inspirado en ti. El follaje, en el bosque, ya representaba desde entonces tus detalles de mujer. Al mirar el cielo, arrancaba un trozo con el deseo de que te reflejaras igual, con todo su resplandor. Te presentía, entonces, en las auroras y ocasos, en el sol y la luna, en el colorido de las alas de las mariposas y en los arcoíris, en los filamentos de los dientes de león, en las dimensiones inconmensurables del universo, en el cielo, en mi alma y en el mundo. Tras nuestro maravilloso e inolvidable encuentro aquí, en algún paraje mundano, créeme que comprobé que tu fragancia, sabor, maquillaje y sonrisa son los que me entregaba el viento cada mañana al abrir la ventana de mi habitación con la esperanza e ilusión de descubrirte en el camino o sentada en la banca del jardín. Y lo mejor de todo, lo confieso, es que al desprender fragmentos de cielo y armarlos, te descubrí frente a mí, en los latidos de mi corazón y en mi alma con la luminosidad que irradias. Comprendí, al mirarte, que se trataba de ti, mi musa amada, y que ya conocía tu perfume y sabor que el aire y la lluvia me entregaban cuando te presentía.

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