La bolsa

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…entonces, la bolsa no te transformó en maniquí ni en mujer presuntuosa. No fue superior ni inferior a ti. Definiste, al lucirla, su belleza, y en eso consisten la magia y el secreto de una mujer delicada y especial

Tomaste la bolsa. Estaba, parece, en una boutique, entre alhajas, aparadores, ropa, perfumes, carteras y relojes, en espera, quizá, de que alguna mirada especial la descubriera y unas manos sutiles recorrieran y sintieran su textura.

Entraste a la tienda de los encantos, donde las fragancias, los colores y las formas cautivan, atrapan los sentidos y prueban la sensibilidad de las mujeres que se deleitan con las colecciones que reciben las luces de los reflectores.

Aquel día, tu emoción fue tan grande al descubrir la bolsa, que parecías, imagino, la niña que coincide con el juguete tan anhelado, porque de otra manera cómo podría describir tu reacción de alegría. Por fin cumplirías tu anhelo, uno de tantos sueños que de pronto se vuelven realidad, y es que a pesar de que tus riquezas e intereses se relacionan más con tu ser, decidiste abrir un paréntesis y darte un regalo.

Miraste el color y exploraste las entrañas de la bolsa, donde encontraste compartimientos y hasta un candado minúsculo, dorado, con las inscripciones de la marca, las cuales parecían estar dedicadas a ti: “esta bolsa pertenece a una dama especial e irrepetible que deja huellas y un toque femenino a su alrededor”.

Observaste sus detalles. Sonreíste. Imaginaste, tal vez, que yo te hubiera dicho: “esta bolsa es un poema. El artífice que la diseñó y elaboró es un poeta y filósofo que probablemente supuso que pertenecería a una mujer enamorada”.

Al mirarte esta mañana con tu bolsa, me percaté que el modelo de Louis Vuitton no te había convertido en maniquí ni en otra clase de mujer cubierta con los antifaces de las apariencias y el maquillaje de la superficialidad, como lamentablemente acontece, en ocasiones, con algunas personas que cambian hasta sus conductas cuando portan algún objeto lujoso.

Noté, conmovido, que al portar la bolsa, no fue superior a ti, como quienes requieren atuendos, maquillajes y máscaras elegantes y caros para destacar en una sociedad artificial; tampoco la humillaste con el desdén de quienes se sienten superiores dentro de este sueño llamado vida.

Grácil, apareciste ante mí con tu silueta femenina. Sonreíste. Me di cuenta de que la elegancia de una bolsa es insuficiente para extinguir la luz que proviene del interior, el resplandor que surge del alma.

Iluminada por la alegría de tu rostro, por la emoción de portar un detalle transformado en bolsa, me motivaste a reflexionar que contigo la elegancia deja a un lado su engreimiento, mientras la sencillez, en tanto, no se desvanece, acaso porque estás hecha de otra arcilla y simplemente eres dama, un ente femenino, y eso eleva y da valor, y más cuando difícilmente se encuentra en el mundo la cuenta del collar de perlas para escalar al cielo.

Estoy convencido de que la mayoría de la gente podría creer que es trivial hablar de una bolsa femenina. Me parece asombroso y extraordinario que una bolsa no sea la que te convierta en maniquí, como muchas veces ocurre a algunas personas, sino destaque tu perfil de mujer y le des un sentido encantador. Enamorado, te vi de nuevo. Diste un sello de distinción a la bolsa, y en eso consiste, creo, la magia de una mujer, en hacer de las cosas y la vida algo excelso, en desdeñar las sombras de la soberbia para alumbrar con la luz de la verdadera belleza.

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37 comentarios en “La bolsa

  1. Tienes un lugar especial como escritor, Santiago, pero ahora me referiré a tu musa, quien debe ser una mujer extraordinaria. Te leo con toda mi admiración.

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  2. Creo que si esa dama es real como lo escribes, morirías si no la tuvieras a tu lado porque se ve que la amas con todo. Seguramente a ella le pasaría lo mismo porque debe ser muy dichosa.

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  3. Nunca había leído textos sobre el amor con un estilo tan exquisito como lo hace el escritor Galicia Rojon, a quien ahora que lo leo lo admiro mucho.

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  4. Si este Santiago Galicia Rojon Serrallonga es un caballero que ama con la intensidad y el romanticismo con que escribe, qué afortunada debe ser la destinataria de su obra. En uno de los textos que publicó leí que es un delirio de amor, una locura… a mí me parece un encanto y una delicia.

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  5. Durante poco más de un año, frecuento su espacio, Escritor. En cada comentario he expresado con admiración y respeto hacia usted y hacia la mujer que ama, Celeste Serrallonga, como en algún momento nos hizo saber su nombre, los sentimientos que me provocan sus textos. Al igual que quienes lo leemos, he vivido con romanticismo y emoción su historia de amor. Ahora me sucede algo extraordinario y motivo más para nutrir mi asombro y admiración, el relato de la selección y compra de una bolsa, que no sólo retrata los detalles que cualquier mujer invierte para una decisión de esta índole, sino la forma en que la agudeza de su observación se hilvana con sus sentimientos para convertir en un poema, una acción y una pertenencia de la mujer que ama. Es usted adorable.

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  6. También yo quiero opinar, yo pienso que estos escritos y el escritor son fuera de serie, que si ama como escribe entonces es un hombre especial al que ninguna mujer rechazaría porque es una garantía de que su amor es genuino.

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  7. Yo más bien siempre he reconocido el talento de este escritor o sea desde que leo sus textos o sus obras, pero también siempre me he preguntado por esa su musa, quién será, cómo es, qué tiene de especial que lo inspira a estos niveles de componer páginas tan hermosas que de veras llegan al corazón y que se sienten tan dentro. Eso es qué clase de mujer es la musa que inspira cosas tan bonitas.

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  8. Escritor Santiago, la propuesta tuya de amor me parece genial e insuperable. Veo que nunca te cansarás de amar a tu musa y que estás tan enamorado de ella que nunca te cansarás de demostrárselo. Dinos qué es lo que te atrae de ella y hace que estés tan enamorado.

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  9. Coincido con otras lectoras en la belleza de lo que escribe este autor mágico que todo lo convierte en romanticismo y que estoy segura se siente demasiado enamorado porque se percibe en lo que expresa. Destaco que no es sencillo hablar del amor porque el riesgo es que se puede caer en una repetición o en una exageración o tontería, pero el autor tiene el talento tal que en cada texto presenta algo intenso y diferente sobre el amor y eso le da mucho valor y belleza.

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  10. El encanto que tiene el autor para hacer algo encantador de la compra de una bolsa femenina. El valor tan grande que le da a su enamorada al decir algo así como que ella es quien dio la elegancia a la bolsa. Caray, eso es ser grande.

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