Paseo interminable

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

… me di cuenta, entonces, de que por alguna causa mágica y sutil coincidimos en una estación en la que sin perder rasgos e identidad, ella ya estaba en mi morada y yo en la suya. Le pedí que sonriera porque la nuestra no sería una relación pasajera, caprichosa o provisional. El nuestro, definí, es un amor para hoy, mañana y siempre, aquí, en el mundo, y allá, en el plano etéreo donde el principio es fin y el ocaso, en tanto, aurora. La abracé en silencio, prolongadamente, hasta que ambos sentimos en nuestro interior las ráfagas de la inmortalidad. De pronto, abrimos los ojos y ya estábamos en los jardines del mundo y en los paisajes del cielo

Al confesar mi anhelo de compartir los días de la existencia contigo, me refiero, precisamente, a excursionar en los instantes, hacer parada en los momentos felices y dejar atrás las estaciones desoladas y sombrías con sus minutos de desventura, siempre juntos, con la alegría de sabernos parte uno del otro, de tal manera que las luces y las sombras no confundan ni distraigan nuestra senda porque sólo son eso, una dualidad, el sí y el no de la vida, para probarnos durante la jornada. Mi invitación es una carta abierta, un sobre con los boletos a la ruta interior y a los confines del mundo y el universo. Te propongo pasear por la vida y recrearnos y ser dichosos en los parajes y escondrijos que ofrecen las vivencias, los sueños y las ilusiones, en la temporalidad y en los planos de la inmortalidad. Cada día, acaso sin percibirlo, hemos construido una historia, un guión que te inserta en mí y me incluye en ti, hasta envolvernos en una nube de colores inimaginables que a ambos transporta a la maravillosa aventura de la existencia. Más allá de los asuntos mundanos con sus claroscuros, quiero pasear contigo, reventar las burbujas de ensueño, recibir y empaparnos con las gotas de una lluvia de fantasías, saltar a los planos de la realidad con sus valles, abismos y cumbres, y conquistar otros planos. La vida es una expedición con alegrías y tristezas, risas y llanto, cunero y tumba, elementos inevitables, es cierto, en el itinerario que conduce a otros horizontes más plenos. Es aquí y allá donde pretendo llevarte, tomada de la mano. Quiero que caminemos hasta la línea que parece definir la frontera entre el mundo y el cielo, para darte un beso y seguir nuestra travesía. La vida, en el amor, es un viaje interminable.

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Juntos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Vi que abrazaste a alguien, lo miraste a los ojos y le confesaste que lo amarías eternamente. Me acerqué y descubrí que se trataba de mí. Toqué tu rostro y me sentí. Escuché tu voz y me oí. Me volví estrella y te percibí en el firmamento. Leí tu historia y me encontré a tu lado en sus páginas. Asomé a tus ojos, entré a tu alma, y de pronto me encontré contigo en un paraíso insospechado

En las huellas que dejas, encuentro la ruta de tu destino, el itinerario que sigo; en las palabras que pronuncias cuando confiesas que me amas, escucho las voces del silencio, el lenguaje del paraíso, los rumores de la vida, los murmullos del oleaje y los latidos de nuestros corazones al enamorarnos; en tu fragancia descubro el aroma de las flores que la naturaleza pinta y yo te regalo una mañana, el perfume que me identifica en versión tuya; en tus besos percibo tu sabor tan parecido al mío. En tus ojos, cuando los miro, detecto el brillo de las estrellas, observo el universo y me veo retratado contigo, y al fondo, en las alturas, las cumbres nevadas y la inmensidad del cielo. En tus juegos coincido una y otra vez contigo porque ambos disfrutamos la infancia de quienes anhelan la belleza e inocencia del amor y la vida. En tus rasgos de dama, en tu silueta femenina, distingo mi perfil de caballero. En tu nombre y tus apellidos, leo los míos. En tus códigos, descifro la filosofía y los principios que me rigen. En tu alma, cuando entro, identifico el santuario de mi ser. En tus capítulos reconozco nuestras vivencias e historia. En tu risa y la mía detecto nuestra alegría. En tus detalles e ilusiones, admiro las burbujas que el viento revienta para convertirlas en regalos, las gotas de lluvia que se transforman en cristales y te entrego al ordenarlas en aretes y collares, la constelación que incluye nuestra presencia luminosa. En tu rostro ausente de maquillaje, compruebo que en la sencillez y pureza se manifiestan la autenticidad y la belleza. Al tocar tus manos, admito que eres la medida de mi existencia. Al volar y sentir el aire de la libertad, me percato de que seguimos la misma dirección. Al expresar yo, pronuncio tú. Al decir tú, declaro yo. Siento las caricias del aire, los ósculos del sol, la mirada de los luceros y la luna, la fragancia de las rosas y los tulipanes, el susurro de la vida y los secretos del amor, y eres tú, yo soy, ambos en un palpitar sutil e inagotable que repite nuestros nombres y los funde en esencia, en fulgor mágico, en sueño y vida.

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El regalo de la eternidad

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Entré a mi casa y te encontré en la biblioteca, en la sala, en mi buhardilla de escritor. Flotabas como una musa fiel, envuelta en un amor eterno, entre mis bolígrafos y manuscritos. Asomé a los rincones de mi alma, a mi ruta interior, y ya estabas en mí. Toqué a la puerta del cielo, asomaste por el postigo y reconocí tu rostro, tu perfume, tu voz… Entonces supe que entre tú y yo no existen barreras y que aquí, en la Tierra, el tiempo y el espacio sólo son medidas, aritmética y geometría, incapaces de quebrantar un suspiro, un poema, una historia, un amor.

Un día, tras aprender que el tiempo es medida temporal, me arrojé a los desfiladeros de mi ser, me sumergí a las profundidades de mi alma, me entregué a los latidos de mi corazón, hasta percibir las voces del silencio, fundirme en el pulso de la vida y descubrirte en la flor ufana, en las gotas del rocío, en la hoja amarilla que desprende y mece el viento, en el vuelo encantador de la libélula y en mí, en mi sonrisa, en mi mirada, en mi perfil. Un día, al entender que el espacio sólo es geometría y asunto de este mundo, y que el verdadero contacto es el que mantienen las almas  paralelas, sentí que entre tú y yo jamás habrá abismos ni muros porque volamos juntos. Supe, entonces, que ni las murallas ni las tumbas separan a quienes se reconocen como el amor especial. Así caminé por senderos, en la llanura, los bosques y las montañas, y un día, cuando me sentí libre de ataduras, toqué a la puerta del cielo y en quien abrió reconocí tu rostro, identifiqué tu perfume, distinguí tus manos. Comprendí que entre tú y yo se habían desmoronado los paredones del tiempo y el espacio, y que alguien etéreo dispuso consentirnos con el regalo de la eternidad.

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México

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

México no son sus políticos ni sus televisoras; tampoco aquellos que lo han herido con sus actos rapaces. Eso es basura. México es superior a las circunstancias y lo forman todos sus habitantes, hombres y mujeres que hoy sienten luto y dolor al contemplar las ruinas, muerte y desolación que provocó el temblor del 19 de septiembre de 2017. Mexicanos son aquellos que hoy sienten el dolor de las muertes, aunque no tengan familiares bajo los escombros, por el simple hecho de solidarizarse y ser hermanos de una raza. Mexicanos no son los funcionarios, políticos y líderes que se han enriquecido con el patrimonio nacional y que nuevamente, como el 19 de septiembre de 1985, significan vergüenza, causan asco y se encuentran rebasados por la sociedad. Mexicanos son los que sienten tristeza por el luto nacional, los que participan en la recolección de víveres, los que sacrifican su tiempo y exponen su integridad física al tratar de rescatar por lo menos una vida que agoniza bajo toneladas de escombros. Mexicanos no son los que se toman selfies ante escenarios de desgracia ni los que envían memes estúpidos y grotescos ante las horas presentes de angustia. Mexicanos son los que unen sus manos, sus brazos, para rescatar vidas y su nación, su país devastado por temblores, pero también por quienes ostentan el poder económico, político y social y se han beneficiado sin que les importe el destino de millones de familias. Mexicanos son los que hoy lloran, trabajan y estudian para restaurar un proyecto de país que puede ser esplendoroso. Mexicanos no son los gobernantes y políticos que iniciaron su gestión con una historia irrisoria de telenovela ni televisoras que generan psicosis y hacen de una desgracia nacional un negocio redituable y un reality show. Mexicanos no son los que inventan y lucran con personajes ficticios que remueven desconsuelo colectivo y generan enojo y frustración. Mexicano no es aquel que abusa, roba y causa daño. México eres tú. Mexicano es aquel que ante las adversidades y desastres de su nación, se levanta y con sus actos cotidianos hace patria. Es quien bendice el nombre de México y se enorgullece de llevar su sangre.

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Es la hora…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Miro el reloj. Veo la caminata imperturbable de las manecillas. Escucho el péndulo que se columpia suavemente y cuenta los segundos, los minutos, las horas, instantes que se transforman en años.

Hojeo los almanaques, los calendarios de los años que están por venir. Están impresos como si tuvieran la fortuna de sobrevivir al tiempo. Anuncian el hoy y el mañana que de pronto, entre un suspiro y otro, se convierten en ayer.

Igual que un ferrocarril que anuncia su llegada a una estación y otra, el tañido del reloj avisa cuando las horas se presentan ante uno. El tiempo es una cascada que la gente, en este mundo, no palpa ni ve porque parece insustancial; pero socava, horada, cincela los rostros y deja constancia y huellas de su paso.

Observo las flores apenas ayer fragantes y de intensa policromía, agachadas, débiles, marchitas. Mis familiares, atrapados en retratos, envejecen y se vuelven antepasados, eco de otros años, igual que yo.

La vida parece una embarcación que navega impasible y deja atrás orillas, muelles, en los que rostros, cosas y recuerdos empequeñecen hasta diluirse. Es insalvable la realidad de este mundo. Uno no puede detener la travesía ni retornar atrás o los lados porque se estancaría o naufragaría irremediablemente. Por eso es un milagro cuando alguien es diferente y vive intensamente cada momento, comparte sus sentimientos y no le importa desgarrarse la piel o la ropa si a cambio obtendrá la risa agradecida de una pequeña y desprotegida pordiosera.

Ahora entiendo que un día hay un amanecer y más tarde, en otro paraje, un anochecer, y que entre el alba y la oscuridad de la madrugada, existe un paréntesis cotidiano que da oportunidad de vivir una gran historia, capítulos irrepetibles, un guión maravilloso e inolvidable.

No hay nada más lamentable, al descender el telón de la existencia, que mirar atrás, a los muchos días del ayer, y descubrir un escenario enlodado y cubierto de matorrales y cardos. Es triste y doloroso sostener las partituras de una sinfonía discordante, las hojas de un poema mal escrito o los trazos de una pintura inconclusa. Igual es la existencia.

Es por lo mismo que hoy, mientras escucho el balanceo del péndulo y la caminata imperturbable de las manecillas que anuncian, después de todo, las auroras y los ocasos de nuestras existencias, con sus luces y sombras, deseo correr libremente por el mundo.

Necesito desmantelar las habitaciones, limpiar la casa, derruir los muros que estorban, retirar el polvo y abrir puertas y ventanas. Me es preciso guardar las cosas y recuerdos en cajas.

Conservaré las remembranzas y mi historia en los álbumes de mi memoria, en los archivos de mis sentimientos, para consultarlos cuando mi ser necesite recrearse, justificar su estancia terrena o repasar las vivencias consumidas.

Es hora de saltar la cerca para andar por el mundo. Me es perentorio quitarme el ropaje y los antifaces de las apariencias. Realmente necesito un equipaje ligero para andar aquí y allá, libre y pleno, sin las ataduras de las conveniencias y los intereses sociales.

Me doy cuenta, en este momento de mi existencia, que es hora de vivir, lo que significa, en todo caso, romper los barrotes y los grilletes de las creencias impuestas, los prejuicios, las modas pasajeras, los intereses materiales y políticos, los apetitos fugaces.

Debo sepultar, en todo caso, los cadáveres del odio, cólera, lascivia, ambición desmedida, falsedad, envidia y perversidad. Son bacterias que contagian y enferman, aniquilan, provocan dolor, hasta matar todo lo bello y puro.

El deleite de la vida implica atreverse a experimentarla y no soportar, como falsamente creen muchos, la imposición de doctrinas, tabúes , conductas e ideas que sólo masifican e idiotizan a los pueblos.

Hay que luchar por conseguir lo que uno desea y así transformar en realidad los sueños e ilusiones. Es injustificable anhelar algo y no emprender acciones para obtenerlo. Es preciso atreverse, aunque uno enfrente la condena y el juicio de una generación doblegada ante las apariencias, la comodidad de las cosas que encadenan, las creencias erróneas y los apetitos.

Existen incontables motivos para amar, reír, jugar, soñar y vivir. No pocas veces la felicidad se encuentra al alcance, precisamente por iniciar en uno; no obstante, los esquemas sociales están diseñados para ocultarla a la vista de las mayorías, negarla a quienes la buscan, y provocar, al contrario, desilusiones y tristeza.

Qué importa si ando descalzo o no sobre el césped, si hundo los pies en el barro para sentir el pulso de la creación, si percibo en mi rostro las caricias del viento o si abrazo un tronco con la intención de palpar los latidos de la vida. Tengo que hacerlo con emoción, alegría, pasión, autenticidad e ilusión.

No deseo que las enfermedades, la melancolía o el arrepentimiento por lo que pude hacer y no llevé a cabo, me sorprendan intramuros. Anhelo que los próximos años sean dichosos y plenos.

Quiero ser, por mis sentimientos y acciones, alguien inolvidable, un ser que deje huellas para que otros, los que vienen atrás, las sigan. Seré quien retire las piedras y enramadas de la senda.

Me gustaría ser un hijo, hermano, padre, tío, pareja, abuelo, amigo, compañero, artista y ser humano inolvidable. Quiero heredar sentimientos, obras, senderos, códigos y estilos de vida.

Sé que es primordial diseñar una vida de armonía, equilibrio y plenitud. Cada instante cuenta demasiado. Todos los momentos tienen un sentido invaluable. Ya no los desperdiciaré porque de los mismos está compuesta la vida.

Me urge limpiar la casa, desmantelar las habitaciones, embalar las cosas, precisamente para vivir intensamente. Me atreveré a hacer de mis sueños e ilusiones una vivencia diaria. No importa que la humanidad me condene o piense que mi locura se acentuó.

Romperé esquemas, es cierto, porque el verdadero desenvolvimiento implica abandonar peldaños de conveniencia o aparente seguridad. La vida es breve y frágil. No conviene esperar a que los grandes acontecimientos se presenten. Podrían no llegar si no se les busca o propicia.

Quiero volar libre y pleno. Deseo explorar las rutas de mi interior y las del cielo inmenso que distingo desde este plano, sin abandonar mi realidad terrena, con sus claroscuros. Sé que ambas están unidas y donde una parece concluir, empieza la otra.

Voy a amarme, conquistarme, enamorarme de mí, para así derramar lo mejor a la humanidad, al mundo, al universo, a la creación. Me voy a conquistar el mundo, como lo prometí, porque deseo emprender una hazaña, dejar huella, evolucionar y protagonizar una historia intensa, bella, sublime, maravillosa e inolvidable.

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Alguien inolvidable

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando no hay abismos ni muros, significa que alguien construyó puentes, diseñó una morada e inventó un lenguaje sutil. Al abrir la puerta de mi ser, te encuentro y te siento en mí. ¿Cómo olvidar a quien comparte con uno la historia más bella y excelsa? ¿El amor se olvida?

Alguien irrepetible es quien provoca un suspiro, trae consigo los colores del cielo y deja huellas indelebles en la memoria y los sentimientos. Nunca hiere porque sus palabras brotan de su interior. Guarda uno el más bello recuerdo de quien aceptó compartir una historia, un amor, las horas y los días más especiales de la vida, el sueño de alcanzar las estrellas y tocar a la puerta de la inmortalidad. Invita, quien es memorable, a experimentar el sí y el no de la vida, la mañana y la noche, el sol y la luna, las gotas de lluvia, los copos de nieve, la brisa del mar y el agua que salpica en las cascadas y las fuentes. Es inolvidable no quien se convierte en estación o posada de una tarde o una noche, sino en mansión de sentimientos compartidos, en jardín de alegría, en morada de amor fiel, puro y sublime. No deja huella quien se transforma en caja de resonancia de costumbres, modas y apetitos pasajeros; construye senderos, puentes y palacios el ser que trae la grandeza en su interior. Es insustituible quien ama con las palabras y los hechos. Grandioso e irreemplazable es aquel ser que hace de cada momento un detalle, una oportunidad para crecer y sonreír, un motivo de alegría. Recuerda uno a quien entrega su amor y no su cuerpo, su vida y no instantes medidos, sus juegos y no pasatiempos que se dispersan y borra el viento. Es insustituible quien lo ama a uno sin restricciones, admira las virtudes y acepta los errores, precisamente porque sabe que eso es la vida, un libreto que alguien, desde la creación, escribió para que los seres aprendan, crezcan, evolucionen y tengan libertad de enmendarlo. Tiene uno la fragancia, el sabor y la imagen permanente de quien es especial. Eres tú, musa mía, a quien me refiero. Temo, como algunos días, a otra hora, que no me alcancen las palabras para expresarte que eres única en mis sentimientos porque me miré reflejado en tus ojos, me reconocí en ti y me encontré a tu lado en un vuelo hermoso e interminable. Eres sutil, femenina, dama, resplandor. Alguien como tú permanece en la mente, en el corazón, en el alma, porque eres parte del santuario de mi ser, mi destino, la medida de mi existencia, mi delirio. Me encanta saber que eres inolvidable porque te encuentras en mi alma y yo permanezco en la tuya, como si fueran, y así lo son, parte de la misma esencia. Olvidaré, quizá, la hojarasca que suele acumularse en toda vida, pero no a ti porque alguien que ama como tú y se funde en uno con el alma, se vuelve inmortal.

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Vivan

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Los días de la existencia se agotan ante la caminata de las horas. Vivan. Sean felices, plenos y libres. No se atoren en cauces que ya se secaron. Rompan los grilletes de la envidia, el miedo, las costumbres, los prejuicios, las modas, el enojo, los intereses ajenos y las creencias erróneas. Atrévanse a ser auténticos y conquistar lo que creen y sienten, aunque una generación no los entienda y haya que luchar contra su ceguera. Exploren las rutas de su interior y sigan el camino hacia horizontes excelsos y mágicos. Vivan en armonía, con equilibrio y plenamente. Hagan de sus años una historia sublime, maravillosa e inolvidable. Las manecillas firmaron contrato con el tiempo y no harán un paréntesis para esperarlos. La vida es breve. En cualquier momento los abandonará en una estación desolada. Vivan. Cumplan sus sueños, por imposibles que parezcan. Sólo necesitan tener valor para hacer a un lado la muralla que los aprisiona y encarcela sus anhelos e ilusiones. Luchen por lo que desean. Recuerden que la historia ha demostrado, a través de los siglos, lo endeble de la sociedad. Nadie ha llegado a la verdad absoluta. No importa que el mundo los condene. No olviden ser protagonistas de la historia que desean. Vivan.

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