Asomé al espejo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Una noche asomé al espejo y no definí mi imagen. Estaba muerto. Sorprendido, me pregunté qué había hecho de mi vida. ¿Dónde estaban los días de mi existencia? ¿En qué parte quedaron mis correrías infantiles y juveniles? ¿Dónde los años que me prometieron formarían parte de mi jornada terrena? Al no verme, entendí que todo, en el mundo, se sucede con celeridad y es temporal. Transitamos de una estación a otra y definitivamente, cuando menos lo esperamos, llegamos a un destino y debemos abandonar el furgón y renunciar al viaje. Desolado, busqué los rostros familiares, mi nombre con sus apellidos, las cosas que hice, mi casa y hasta mis cuentas bancarias y mis documentos personales; sin embargo, nadie me recordaba ni había indicios de mi tránsito por el plano material. Ni siquiera encontré mi tumba. Cabizbajo, me senté en una banca de hierro, en un parque, donde escuché los murmullos infantiles y contemplé la convivencia familiar, el gusto de los enamorados y el color de las flores. Al agacharme, descubrí en la tierra un pequeño charco, demasiado insignificante para la gente que paseaba, de tal manera que reflejaba la inmensidad del cielo azul. Reflexioné, entonces, en cómo algo tan minúsculo tenía capacidad de proyectar la belleza y la grandiosidad celeste. Miré a la gente, unos leyendo el periódico, algunos abrazados, otros en los juegos mecánicos, en las bancas o caminando, y todos consumiendo los minutos de sus existencias. Casi nadie contabiliza los momentos de la vida porque pasan imperceptibles; no obstante, comprendí que amplio porcentaje de hombres y mujeres desperdician los años de sus existencias en apetitos pasajeros, banalidades, estulticia, modas y superficialidades, generalmente con mayor interés en el calzado que en el sendero y en las huellas, más proclives al destello de un automóvil que a una caminata inolvidable. Les interesa mucho el yate y suelen desdeñar el bote de remos que quizá les entregaría una aventura inolvidable. Es que ahora, ausente de cuerpo, sé que la vida se compone de momentos y que cada instante debe experimentarse en armonía y equilibrio, con total plenitud. La familia, el ser que uno elige como un gran amor y las verdaderas amistades, son un tesoro invaluable. La gente merece respeto. Felices aquellos que no juzgan ni hieren a los demás. Dichosos quienes más que exhibir manos con el brillo del oro y los diamantes, poseen huellas de sus actos nobles. El amor, la honestidad, la nobleza de sentimientos, el bien y la verdad provocan que las almas resplandezcan. Los rostros engreídos, la ambición desmedida, las manos que arrebatan, no pertenecen a los seres humanos más dichosos. Hay que reír sin mofarse de los demás. Muchas veces, en lo sencillo están lo bello y la riqueza. El cielo se alcanza no con la opulencia material ni con una colección de apetitos carnales; se conquista con sentimientos, ideas, actos y palabras positivos. Si tuviera oportunidad de retornar a la vida e iniciar mis años primaverales, correría hacia mis padres y los abrazaría con amor; lo mismo haría con mis hermanos. Lejos de atesorar mis juguetes, los compartiría. Cumpliría con el estudio, las tares y los exámenes, en la escuela; pero no me sentiría tan tenso porque después de todo se trata de un ciclo y las verdaderas pruebas de la vida no son a través de altas calificaciones, sino de la capacidad de respuesta que se tenga ante cada situación. No me aterrarían esos profesores endiosados y denunciaría a los malos compañeros, a los que suelen abusar de los débiles y pequeños. Ayudaría en las labores de casa, pero también jugaría y me divertiría intensamente. Desde los primeros años tendría conciencia de la brevedad de la existencia y trataría, por lo mismo, de enojarme menos, amar más, reír mucho, dar de mí a los demás y trazar rutas con mi ejemplo y mis huellas. No perdería los años en la obsesión miserable de acumular una fortuna, pero viviría dignamente. No fijaría mis metas y resultados en los rostros adustos y las actitudes burdas, sino en mí, en mi capacidad de respuesta y evolución. Me enamoraría fielmente y cultivaría un amor auténtico y dulce. Fabricaría sueños que envolvería en burbujas de cristal para posteriormente reventarlas con alegría e ilusión y hacerlas realidad. No desperdiciaría el tiempo en amargura, odio, envidia y resentimiento. No encadenaría mi vida al miedo y la tristeza. Sería cariñoso y sensible. Derrumbaría muros y aniquilaría la discordia, el coraje, la soberbia y el desprecio a los demás por sus creencias religiosas, su raza y sus ideologías. A uno, a otro y a muchos seres humanos más les estrecharía las manos para formar un gran círculo y sentirnos hermanos. Sería un niño feliz, un adolescente alegre, un joven pleno, un hombre maduro íntegro y un anciano dichoso, bueno y sabio. Haría feliz a la gente que me rodeara. Me convertiría en el hijo, el hermano, el padre y el abuelo ejemplar e inolvidable. Tendría amigos y no enemigos. Evitaría vivir endeudado. Recordaría que el amor, las cosas y la fortuna no solamente son para uno y los seres amados, sino para el bien que se pueda hacer a los demás. Construiría puentes y escalinatas, derrumbaría fronteras y murallas, buscaría los rumores del silencio y también me uniría a los susurros de la vida. Aprendería desde el amanecer de mis días que la vida merece experimentarse con nobleza, armonía, equilibrio y plenitud. No tendría ansiedades ni temores. Protagonizaría la historia humana más noble, intensa, sublime, bella e inolvidable; sin embargo, una noche asomé al espejo y no descubrí mi imagen porque ya era tarde y estaba muerto. Antes de desvanecerme, grite: “¡La estancia en el mundo es breve! ¡Vivan!”

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

10 comentarios en “Asomé al espejo

  1. Santiago: eres profundo. Sabes tantas cosas y todo lo describes tan bello, que provocas algo especial en mí. Esto que escribiste es demasiado fuerte, pero a la vez tan cierto, que parece como que traes ese don mágico

    Me gusta

  2. Me pareció impresionante la forma de invitar a vivir. Creo que necesitamos que nos hablen así para reaccionar y comenzar a ver la vida de otra manera, con más alegría y filosofía.

    Me gusta

  3. Los que más me encantan son tus textos del amor, pero eres tan sabio y escribes tan hermoso que estos escritos sobre la vida también me parecen excelentes, motivo por el que deseo felicitarte, Santiago.

    Me gusta

  4. Majestuosa invitación a vivir. Te aplaudo, Santiago. La tuya es una filosofía honda. Me gustas romántico y me gustas sabio, señor escritor. Eres intenso, escritor. Admiro el arte tuyo y eso especial que irradias.

    Me gusta

  5. Hermosa reflexión, ojalá, no tuviéramos como seres humanos, vernos al filo de la muerte para valorar lo que tenemos en esta vida, porque lo que realmente vale la pena no se puede comprar con dinero.
    Vivamos lo que dios nos da, con sabiduría y humildad.
    Saludos.

    Me gusta

  6. SANTIAGO CUANTA VERDAD HAY EN ESTE TEXTO QUE REFLEJA LA VIDA TERRENAL QUE EN OCACIONES VIVIMOS SIN REFLEXIONAR EN LO BREVE QUE ES Y LO POCO QUE DISFRUTAMOS DE LO QUE DE VERDAD ES LA FELICIDAD, LAS COSAS SENCILLAS PERO QUE MARCAN NUESTRO CORAZÓN LO QUE DEBEMOS HACER PARA VIVIR PLENOS Y SER RECORDADOS CON AMOR. QUE DIOS TE BENDIGA , UN UNIVERSO DE BESOS.

    Me gusta

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s