Fórmula del cielo o preludio de amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres yo, soy tú, somos nosotros. Es nuestra historia

Alguna vez, parece, Dios pintó tus ojos con las tonalidades de su paleta y los alumbró con la luz de tu alma, como si hubiera deseado colocar en tu semblante una marca, la señal de sus criaturas consentidas, el lenguaje de los seres elegidos. No se conformó, al crearte, con la delicadeza de tus manos y tu silueta de mujer, porque te hizo dama para dejar en cada detalle y movimiento tu huella femenina. Guardó en tu esencia, en tus sentimientos y en tu memoria la fórmula de niña y princesa, el encanto de mujer y dama, la sutileza de ángel y musa. Escogió de los rumores celestes, las notas más bellas, los susurros del silencio, la música de la creación y la vida, para convertir tu voz canora en poema, en canto, en concierto. Llamó al viento para que jugara con tu cabello de muñeca y sopló hasta que despertaste de un sueño denominado eternidad. Inscribió tu nombre en una estrella para inmortalizarlo en la pinacoteca del universo. Notó que había creado aquella mañana, en su buhardilla, un trozo de cielo, un fragmento de su alma, un pedazo de ternura. Aquella ocasión, creo, también modeló mi figura y deslizó sus pinceles sobre mí, hasta que sopló, como lo hizo contigo, y desperté, igual que tú, de ese sueño inmortal en la morada, donde ambos jugábamos y permanecíamos fundidos en un palpitar sin final. Nuestra historia ya estaba escrita; sin embargo, permitió que tú y yo, nosotros, los de siempre, enmendáramos los capítulos y añadiéramos páginas a nuestra historia, con la idea, parece, de hacerla grandiosa, sublime, inmortal e inolvidable. Emocionado, Dios me confesó al oído que tú tienes mucho de mí y yo un tanto de ti, de tal manera que somos uno y otro con diferente identidad y el mismo pulso en un alma que no morirá porque contiene un soplo de eternidad. Guardó Dios sus secretos de amor en tu alma y en la mía, con la promesa de que algún instante, en cierta estación, coincidiríamos con la idea de compartir un destino, una historia, un romance. Recibí de Dios la encomienda de amarte con el alma, fielmente, como si cada momento iniciara nuestro encuentro y me enamorara de ti a toda hora, siempre con alegría, emoción, asombro e ilusión, como lo hago desde la primera vez, cuando dije a tu oído “me cautivas. Me siento profundamente enamorado de ti. Te amo”. Es un enamoramiento que no cesa, una locura que no se apaga, una luz que no se extingue. Tú convertida en mí y yo transformado en ti. Es un amor que viene de lo alto, que proviene del interior, que nos mantiene en los parajes de la temporalidad y lleva a ambos al oleaje de la inmortalidad. Con un amor así, poseemos la llave del cielo. Hemos compartido incontables capítulos, prefacio, es verdad, de los días y la eternidad que están por venir. Amar significa fundir dos almas con tu esencia y la mía, volar juntos, navegar inseparables, ser mundo y paraíso, canto y suspiro, silencio y voz, nieve y tormenta, cascada y río. Veo mi reflejo en tu mirada cuando me encuentro a tu lado y al no estar contigo, te percibo en mí aquí allá, me siento en ti, y lo más asombroso es que somos tú y yo, con un rostro y otro más, mecidos en el arrullo de un alma, en una morada donde el amor es la luz, el destino y el principio sin final. El nuestro es un amor inextinguible porque nació en el cielo, en el alma, en ti y en mí, en la primera flor. Sólo un amor como el nuestro se vuelve inmortal y exhala los perfumes del infinito, irradia la luminosidad de los luceros y regala las caricias del viento que llega de rutas  distantes. Tú y yo, nosotros, es el secreto de un amor vuelto locura. Intenso, alegre e ilusionado, te siento en mí, en la hoja dorada que arranca el viento una tarde otoñal, en el copo de nieve que derrama el invierno una madrugada sobre los abetos, en el rocío de la mañana que a una hora primaveral desliza en los pétalos de la flor, en las gotas de lluvia que se precipitan un día de primavera, acaso porque somos eco y promesa, probablemente por ser el amor código de la alegría e inmortalidad, quizá por definir en ti algo de mí y volverme un tú que abrazo desde el silencio y la profundidad de nuestras almas, tal vez por formar parte del preludio y la fórmula del cielo.

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16 comentarios en “Fórmula del cielo o preludio de amor

  1. Escritor Santiago, dedicarte unas palabras no es fácil para una simple lectora como yo porque eres un maestro y yo una neófita que no alcanza esa maestría que tienes en las letras. Quiero decirte con todo respeto que escribes precioso y haces que me sienta enamorada de ti sin conocerte ni saber de ti a excepción del contenido de tus obras. Te aplaudo, te abrazo y te quiero conocer por ser tan sensible y profundo. Debe ser un privilegio estar contigo.

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  2. Conmovida hasta las lágrimas… conmovida hasta el cálido abrazo, el dulce beso e iluminada sonrisa que no le puedo dar, Escritor. Sublime su poema, artista. Simplemente bellísimo.

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  3. Santiago, me atrevo a preguntarte cómo haces para inspirarte y escribir tanto y tan lindo. Tus escritos dan idea de la altura en la que te encuentras, me refiero a una medida espiritual e intelectual. Estás enamorado, muy enamorado. Hablas de todos los temas. Eres genial.

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  4. ¿A quién le escribes estos poemas tan hermosos? ¿Qué ser humano es capaz de inspirar algo tan bello y motivar a un artista a expresarse de esta manera? ¿Quién es esa mujer enigmática que provoca tanto poema romántico? Creo que es una mujer especial como tú seguramente lo eres. Disfruté mucho este texto. Cada vez son más hermosos y de verdad envuelven y provocan sentimientos muy especiales.

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  5. Hermosos tus sentimientos y tu corazón, pero creo que has sido muy humilde contigo mismo y no reconoces tu talento y tu capacidad creo que Dios te bendijo con un don enorme y hermoso para nuestra gratitud. También creo que falto añadir que cuando Dios te creó a ti, se inspiró y te hizo un caballero de nobles sentimientos, in hombre inteligente porque se nota tu inteligencia, un hombre educado y caritativo todo esto nos lo das a notar en tus poemas, textos y publicaciones, un alma reluciente porque sino lo fueras no sería posible que nos complacerlas con tu arte y tus poemas, yo creo que los dos son almas elegidas por dios. Y son muy bendecidos.

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