Hay días

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hay días en los que me refugio en la soledad, entre los muros de mi buhardilla atiborrada de libros y papeles, igual que ayer, en mi infancia azul y dorada, cuando buscaba sumergirme en mis profundidades para aliviar esas inquietudes que a veces uno siente al andar por el mundo. Otros instantes, en cambio, miro transitar las páginas de mi existencia, el álbum de mis recuerdos, acto parecido a la sensación que se experimenta cuando se admira desde la ventanilla del ferrocarril el paisaje que queda atrás y se percibe el ambiente de las estaciones que se dejan, como si alguien, oculto en alguna morada, pretendiera decirme que la existencia es breve y no siempre alcanza el tiempo para protagonizarla de acuerdo con lo que cierta vez soñó. Existen momentos en los que naufrago y me olvido de la realidad, de la gente, del mundo y de sus cosas, acaso porque me encantan los sueños, probablemente por la fascinación que encuentro en hacer realidad mis fantasías e ilusiones, quizá por cansarme los reflectores, tal vez por ser de otra arcilla. Hay días en los que cansado de la monotonía y superficialidad de las sociedades de la hora contemporánea, me interno en mí, en el silencio y la profundidad de mi alma, donde inicia la inmortalidad, lo que la gente llama paraíso, y allí encuentro la paz, los sentimientos más bellos, y descubro las fórmulas de mi arte, las ecuaciones de la vida, las respuestas a las incógnitas y a los planteamientos existenciales, y escucho, por añadidura, los rumores de la creación, el susurro del viento y los murmullos de Dios. Hay días en los que necesito aislarme, borrar mi rostro de la cotidianidad, renovar mi ser, desvanecer el maquillaje que adquiere uno al andar por el mundo, para reaparecer más tarde con la luz del interior, trazar rutas, dejar huellas al andar, iluminar la senda y trascender. Hay días en que me necesito, en que me resulta perentorio ser más esencia que materia, y es así como horado y llego a mí para retornar con sentimientos e ideas que transformo en acciones y obras. No lo niego, hay instantes en mi vida en que tengo necesidad y urgencia de regresar a mi, enfrentar los monstruos y las sombras y retirar los escombros previos a la entrada de mi paraíso, para nadar en el río etéreo de la inmortalidad, entre nubes de tonalidades insospechadas, renovarme y ser yo. Hay días, lo confieso, en que me encierro en mi morada, entre las mansiones de una aldea universal, donde todos somos nota y emitimos la música que da vida a las flores, enciende las estrellas una noche oscura y pinta el mar, los manantiales y la naturaleza de colores.

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6 comentarios en “Hay días

  1. No te conozco, pero me enamoran de ti tu talento artístico y su sensibilidad, de tal manera que eres garantía según tengo la impresión de ser un hombre honesto y hermoso, muy lindo, de esas personas que se vuelven inolvidables y por quienes se dejaría todo para seguirlos.

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