Imposible callarlo…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Lo admito y no puedo callarlo… te amo

Imposible callarlo… te amo. Te siento cuando estás presente y al no encontrarte conmigo, al abrazarte y al percibir las caricias del viento, al escuchar tu voz y al captar los rumores del silencio y los susurros de la vida y del universo, al admirar juntos el oleaje y la inmensidad del mar y de pronto abrazarte para recostarnos sobre la arena y contemplar la grandeza y profundidad del cielo custodiado por nubes de incontables figuras pasajeras. Imposible callarlo… te amo. Te amo cuando estás conmigo y al encontrarte lejos por alguna causa, y te soy fiel al pensar en ti y en todos los momentos de mi existencia. Imposible callarlo… te amo. Te amo en los encuentros y en las ausencias, en el día y en la noche, en tus detalles y al reflejarte en los lagos y en los aparadores de las tiendas. Insisto en que es imposible callarlo, no lo puedo evitar, es difícil ocultarlo… te amo. Te encuentro en mí cuando me busco y al andar en el camino, al sentirme tú, al saberte yo, en el mundo y en el cielo. Imposible callarlo… te amo. Te defino una noche estrellada, una tarde de lluvia, una mañana soleada, una madrugada de nieve. Te descubro en todas las estaciones. Estás en mí, pero también en la policromía de las rosas, en el perfume de las orquídeas, en la belleza y el encanto de los tulipanes. Imposible callarlo… te amo. Somos tú y yo. Te siento en mí y me sé en ti. Imposible callarlo… te amo. Dios existe y es muy bueno porque contigo me ha regalado la dicha del amor, el encanto de la felicidad y el privilegio de la eternidad. Imposible callarlo… te amo.

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Quien una mañana escribe “te amo”, en la arena de la playa

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

… la miré aquella vez y supe que la amaría eternamente. Cuando un susurro interno me anticipó “es ella, es ella”, comprendí que dentro de mí escuché su voz que advirtió “soy yo, soy yo”. Entendí el secreto de ser uno y otro en el amor

Quien una mañana se anticipa al oleaje y traza en la arena de la playa la expresión “te amo”, conoce los secretos del alma y ha pronunciado en silencio el código para abrir las puertas del cielo. Quien se preocupa por uno y tiene la atención de recomendar una alimentación sana, un buen abrigo en temporada de frío, un paraguas o un impermeable durante la lluvia y un sueño dulce y tranquilo, es una bendición porque hace de cada momento un detalle, un paraíso, un destello. Quien es mujer y dama, también es suspiro y ángel, poema y música, luna y estrella, y merece a su lado un hombre y caballero, un ser humano capaz de serle fiel y tratarla con enamoramiento e ilusión. Quien abraza y provoca que uno perciba su esencia y escuche el lenguaje que brota desde el silencio y la profundidad de su alma, es la mujer a quien se ama fielmente, la dama a la que se le admira y respeta, la compañera de una aventura llamada vida y de un sueño que se entrega al arrullo de la eternidad. Quien es mujer, posee el encanto de una niña; pero si por añadidura es dama, resplandece y guarda los tesoros celestes. Quien una noche se anticipa a los luceros y a la luna con sonrisa de columpio y prende velas entre los sabores de una cena, es compañera de una historia sin final, doncella de un cuento real, amor que no se olvida y que se lleva siempre por ser tan bello y sublime. Es a quien se entrega un bouquet de rosas. Quien me ama, eres tú, la dama de quien hoy hablo y a la que defino en los rumores del mar y el viento, en las notas del violín, en los minutos temporales y en los círculos de la eternidad, en los latidos de mi corazón y en un lenguaje que proviene de ti y de mí. Quien una mañana nebulosa o una noche de llovizna escribe “te amo” en la arena de la playa o en alguno de los cristales de la ventana, eres tú.

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De frente

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me encanta mirarte hasta cuando no te encuentras a mi lado. Esta emoción da idea de la locura que experimento al estar contigo. Es una ilusión que no cesa, un encanto que se vuelve delirio, una admiración constante. Me sé tú. Te sabes yo. Nos sabemos nosotros

…Tal vez es la causa por la que al sentarnos, a la hora de beber café, es un deleite mirarnos de frente. Cuando te observo, reconozco en tu figura y en tu rostro un yo muy tuyo, algo de mí que quedó impregnado en tu esencia, en ti, en tus labios, en tu mirada, hasta que me percato de que conservo un tú demasiado mío en el alma, en mi piel. En ti hay algo de mí, un tanto de mi fragancia, mucho de nosotros. En mí, detecto trozos de ti, fragmentos de nuestros juegos y encuentros. Al abrazarte, al regalarte un guiño, al besarte, me siento yo con mucho de ti. Ahora entiendo el motivo por el que al descubrirte por primera vez, fue mi alma la que me habló con tu voz para avisarme “es ella, la niña de tus sueños e ilusiones, la musa que te inspira, el suspiro y la vida que anhelas, la dama que buscaste desde el principio, el amor de ayer, hoy y siempre porque la eternidad es un círculo sin inicio ni final. Háblale. No la pierdas”. Supe, entonces, que se trataba de tu voz que decía “soy yo, tu musa, tu amor, tu dama. Mi alma es la tuya. Tu alma es la mía”. Verdaderamente entendí que mi voz interior era la tuya y que en mí había bastante de ti, y por eso decidí hablarte con nuestro lenguaje de dos niños que alguna ocasión fueron tú y yo. Cuando me siento frente a ti, tengo la sensación de que me miro feliz y enamorado, quizá porque al ser tú, eres yo. Este es, probablemente, el misterio del amor cuando se transforma en estilo y delirio, en sueño y vida, en temporalidad e inmortalidad: eres yo, soy tú. He aprendido a definir el encanto de sentarme frente a ti para saberme tú y yo y así amarte más cada instante, con la alegría de la primera vez, cuando confesé lo mucho que me cautivas y el amor que me inspiras. Créeme que un día, sin darme cuenta, aprendí el deleite de sentarme frente a ti para disfrutar tu sonrisa y descubrirme en ti.

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Fragmento para un amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Eres detalle, soplo de una fórmula del cielo, poema de amor

Los detalles podrían, en todo caso, parecer trozos, pequeños fragmentos, cosas cotidianas e intrascendentes; no obstante, forman la grandeza de un amor, la historia de una vida, el destello y los enigmas de la creación. En un idilio, la fórmula consiste en los detalles. La lluvia es acumulación de gotas, la playa está formada por granos de arena, los paisajes nevados se componen de copos, la pinacoteca celeste es una estrella y muchas más. Esa es la grandeza que Dios coloca en cada trozo de vida. En tu amor y el mío, el secreto consiste en regalarnos detalles, en ser uno con dos identidades, en volar libres e inseparables, en soñar y vivir, en ser tú y yo en este mundo y en otros planos, en abrazarnos y ser felices. El detalle de nuestro amor eres tú, soy yo, somos nosotros. Pienso que somos eco y trozo de algo sutil que viene de un paraíso y está en nosotros, en ti y en mí, como las partículas de agua que brotan de la intimidad de la tierra, en un manantial, hasta formar ríos y cascadas que se funden en un océano donde eres yo y soy tú. Somos eso, esencia y forma, día y noche, cercanía y distancia, barro y luz, complemento y sendero, destello y fuente, detalle y todo. Eso, creo, es el amor.

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