Mi idea es consentirte tanto…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Si las palabras son bellas y el poema cautiva, ¿cómo será quien lo inspira? Si te amo tanto estos años de mi jornada terrena, ¿con qué intensidad lo haré en el regazo de la inmortalidad? Si te amo, ¿qué sigue?

Mi idea es consentirte tanto, que una noche y otra, al dormir, te sientas la princesa consentida que fuiste de aquellos cuentos de la infancia y que te llevaban a mundos bellos, felices y mágicos, mientas alguien, con voz dulce, los relataba y acariciaba tu cabello. Mi plan consiste en cultivar orquídeas, tulipanes y rosas en tu camino, con el perfume y las tonalidades del cielo, para que no extrañes tu morada de ángel. Mi proyecto se basa en construir puentes y senderos que te unan a mí y conduzcan a ambos a rutas prodigiosas, sutiles e insospechadas. Mi estrategia se centra en sumir mis manos en la profundidad del manantial con la intención de sustraer burbujas diáfanas y transformarlas en globos y esferas de colores para que a tu paso revienten y se conviertan en detalles, en promesas y sueños cumplidos, en ilusiones y vivencias. Mi objetivo es convertirme en artista para dibujar tu sonrisa permanente, plasmar la melodía de tu voz y pintar tus ojos de mujer y dama. Mi empeño es que siempre seas la musa de mis obras y que tu aliento y fragancia permanezcan en sus páginas. Mi ideal es tener tanto de ti, que te sientas mucho de mí. Mi propósito es que seas parte de mi historia y yo de la tuya, con un amor que no se olvide y alumbre la senda de este mundo a un plano sin final, donde nacen las estrellas y las cascadas y del que provienen la lluvia, el viento, la nieve y el trigal dorado. Mi idea es pronunciar tu nombre, mirar tus ojos y declararte mi amor con tal emoción, alegría e ilusión, que siempre me sientas en ti.

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La puerta

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Toqué a la puerta de tu ser con la idea de fundirme contigo en las cascadas y en la lluvia, en los sueños y en la vida, en el mundo y en planos sin final, y al entrar a tu morada, descubrí que era mi casa, que siempre había estado contigo

Siempre anhelé entrar por esa puerta. La miré una y otra vez, y suspiré mucho, y la soñé demasiado, y deslicé mis dedos sobre su textura mágica. Me cautivó al caminar por la vida, al soñarla, al imaginar su riqueza inconmensurable, al mirar por su cerrojo, hasta que un día, sin darme cuenta, me sentí tan atraído por su estilo especial, por lo que significaba para mí, que decidí tocar con la aldaba, como si acariciara tu piel o tu cabello una mañana soleada o una tarde lluviosa. Asomaste por el postigo. Te reconocí de inmediato. Definí el perfil de tu rostro, el encanto de tu mirada intensa, y escuché, arrobado, la dulzura y la sutileza de tus palabras, mezcladas con los colores, las fragancias y los rumores del cielo. Al verte por primera vez tras la puerta, supe que se trataba de ti porque entré donde siempre me había encontrado, identifiqué el ambiente de tu morada, percibí el aroma de tu esencia. Antes de consentir mi ingreso, anticipaste que no esperabas a alguien más, igual que yo, y te creí, y confié en ti, y compartimos la llave del cerrojo, y comprendimos, entonces, que los prodigios son reales y que a veces, cuando uno sueña y cree, alguien -Dios, la vida, el destino, el universo- cumple los deseos más bellos y puros. Toqué a tu puerta para reencontrarme contigo, correr el pasador y no salir más de nuestra casa, porque el amor lleva a las estrellas, al oleaje jade y turquesa del océano, a los sueños y a la vida, al mundo y a los planos sin final.  Toqué a la puerta suavemente, quizá porque siempre intuí que te encontrabas al otro lado y que al entrar, comprobaría que siempre había estado contigo.

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El poema más bello

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A ti, que eres mi musa. A ti, que te encuentras en mi historia. A ti, que te defino en mi alma. A ti, que te descubro en mi vida y en mis sueños. A ti, que sabes que te amo

El poema más bello, uno lo escribe, quizá, alguna noche romántica, cargada de estrellas distantes que apagan y encienden sus luces plateadas, tal vez con un suave viento que hace sentir la presencia del amor y la vida, quizá con el rumor del agua que brota de la fuente. El poema más hermoso, uno lo compone una mañana, al despertar de un sueño mágico para entregarse a una vida intensa, con la alegría e ilusión de encontrarse con la musa amada. El poema más dulce, uno lo plasma al sentir la sutileza de un beso, el calor de un abrazo y el palpitar de dos corazones. El poema más sublime, uno lo escribe al amar de verdad y percibir el mundo y el cielo, tu alma y la mía, la sonrisa de Dios y la maravilla de la vida inmortal. El poema más cautivante, uno lo escucha al pronunciar tu nombre y el mío, al amarte y al descubrir que somos un acto prodigioso y una luz inextinguible.

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