Ser madre

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Ser madre, es una bendición , un regalo que Dios concede, un milagro, una dicha que late en el ser, una luz que brilla aquí y allá, hoy y siempre, y que nunca se apaga por venir del alma, del palpitar eterno. En realidad, cada día debería celebrarse a las madres, principalmente a aquellas que entregan lo mejor de sí para formar seres humanos buenos. Una madre, aporta a la humanidad, al mundo, a la naturaleza, a la creación. Es responsable, en parte, de que el concierto del universo sea armónico, sublime y prodigioso. Una madre aporta a la evolución cuando destierra de sí la estulticia, lo pasajero, y hace de su hogar un mundo feliz, un rincón minúsculo de alegría, respeto, valores, confianza y convivencia hermosa. No hay diferencia entre una madre que comparte la dicha de los hijos con un hombre, que aquellas que por diversas circunstancias lo son solas, a pesar de las adversidades o por decisión. Todas son valiosas. Durante mi caminata por el mundo, he contemplado con tristeza a algunas mujeres que viajan en automóviles o en el transporte público, que se encuentran en restaurantes y espacios, y que carcajean al recibir mensajes en sus equipos móviles, pero reprenden, molestas, a sus hijos pequeños cuando las distraen por tener la necesidad de preguntar, solicitar cariño y reclamar atención. Qué deplorable que pierdan, con cada día, la vida y la oportunidad de compartir una historia bella e inolvidable con sus hijos. También he mirado con especial encanto a aquellas que expresan su sentido maternal y son capaces, incluso, de quedar sin nada a cambio de la dicha y educación de sus hijos.  Son madres desde antes del cunero hasta después del funeral. Es un obsequio celeste y mágico. Hay algunas que no experimentan el proceso biológico de la maternidad y que, no obstante, asumen el compromiso y la responsabilidad de atender, cuidar y proteger a algún anciano, a una persona desvalida. Eso es grandeza humana. Este día, como los demás, sin pretender recurrir a las costumbres modernas de consumir y gastar, casi en un afán de competencia social, expreso mi más profunda admiración a todas las madres, mi respeto y también mi deseo y esperanza de que se sumen al proceso de evolución y coadyuven a formar seres humanos extraordinarios, dignos, positivos. Hace falta para equilibrar la balanza en un mundo cada vez menos sensible y más material. Ser madre, biológica o no, es un privilegio, una bendición, un encanto.

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3 comentarios en “Ser madre

  1. Tienes razón Santiago , ser madre es un privilegio , un milagro de Dios . Un compromiso de educar a personitas que serán hombres y mujeres del mañana que gobernarán incluso , y estaremos a cargo de ellos . Pero ser madre ante todo incluso ante uno mismo es el mayor tesoro.
    Saludos

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