La encomienda de un libro

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Le dediqué dos años de mi vida. Entre mañanas calurosas o nebulosas y frías, tardes de lluvia y noches de soledad, días interminables de silencio, minutos de lucha por alcanzar el momento inmediato dentro de mi naufragio existencial, horas repetidas de desazón o de fe e ilusiones, e instantes de claroscuros intensos, leí documentos añejos y páginas amarillentas y quebradizas, consulté uno e incontables libros, ingresé a archivos vetustos, visité sepulcros y casonas palaciegas con aroma a otro tiempo, hablé con personas con rasgos del ayer, repasé la historia y escribí, sí, escribí.

Sé lo que significa la experiencia de permanecer aislado, en la noche apacible, mientras la vida se fuga y uno escribe y es artista. Así escribí hasta la madrugada, uno y otro día, con la idea de crear una obra, un libro con la mezcla del arte y la formalidad de la historia. Conforme transcurrían las semanas, mi refugio de artista e investigador modificaba su aspecto, cambiaba su rostro, por la cantidad de documentos, hojas y libros que se acumulaban.

Cuando uno acepta una tarea con responsabilidad, la caminata de las horas parece apresurada e impostergable, aunque el tiempo sea el mismo. Había asumido el compromiso de escribir un libro sobre la historia de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia*, cuyo presidente, Luis Navarro García, confió plenamente en mí.

Hombre con experiencia en la función pública y empresario, él, Luis Navarro García, recordó que otro personaje de la iniciativa privada michoacana, entonces expresidente de la Cámara de Comercio de Morelia -José Antonio Garrido Mejía-, había propuesto, en una de mis presentaciones como escritor, que con base a mi experiencia literaria y mi trayectoria periodística en el área económica, creara un libro con la historia de la institución.

Ya antes, en noviembre de 2017, Luis, a quien aprecio y es mi amigo, me propuso escribir la obra. Acepté la encomienda de un libro. Tenía la advertencia de que la agrupación empresarial debía fortalecer sus ingresos y finanzas, ya que la economía mexicana, y específicamente la michoacana, es débil e inestable. Acepté y me dediqué a investigar y escribir. Luis propuso, en el camino, el título de la obra: 123 años de historia, Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia.

En aquellos días postreros de 2017, inicié la tarea, acaso sin imaginar que se prolongaría casi dos años porque la mayor parte de la información de la institución se ha extraviado, en parte porque los protagonistas de antaño ya murieron y, por otro lado, por la pérdida lamentable de documentos, situación que me motivó a buscar información en archivos y hasta en la tumba de quien fue su presidente fundador.

La información estaba dispersa, fragmentada aquí y allá. Tuve que estudiar, leer y repasar innumerables obras relacionadas con una multiplicidad de temas, entre los que destacan haciendas, cementerios, costumbres mortuorias en México, epidemias de cólera durante el siglo XIX, cajones de ropa, presencia e inversiones de las comunidades extranjeras, minería, agiotismo, apertura de las primeras casas bancarias, establecimiento del ferrocarril, fundación de comercios e industrias, usos y costumbres, antecedentes y consecuencias de las actividades informales, períodos históricos, agricultura, economía, política e historia en general.

No resultó sencillo. Entre lecturas, investigaciones en archivos y consultas en documentos, entrevisté gradualmente a todos los expresidentes de la Cámara de Comercio de Morelia que aún viven. Me pareció que más allá de las luces y sombras que cada ser humano presenta, los exlíderes representan la experiencia acumulada, la memoria y la historia institucional. Son quienes, en su momento, actuaron y tomaron decisiones en representación de los comerciantes organizados de la capital michoacana y la región. Influyeron en la historia del sector empresarial de Morelia.

Y en ningún caso, durante las entrevistas, di mayor preferencia a unos y limité a otros en sus declaraciones. Todos dispusieron de libertad para hablar, reseñar sus experiencias y remembranzas y opinar. Cada uno dejó su estilo personal, sus huellas, sus evocaciones.

Afortunadamente, hace años, cuando inicié mis actividades periodísticas dentro del sector empresarial de Michoacán, un presidente muy querido y recordado de la Cámara de Comercio de Morelia -Jaime Ramírez Villalón, entonces vicepresidente de Organización Ramírez, antecedente de Cinépolis, la firma más importante del país en salas cinematográficas-, me ofreció su amistad y, por lo mismo, me dio oportunidad de consultar los antiguos libros de actas, documentos que me cautivaron y reproduje en mis libretas de apuntes.

Me recuerdo joven, muchacho, con ideales y entregado a mi tarea de recopilar información en mis cuadernos de anotaciones. Aquellas tardes de lluvia torrencial, en la casona añeja de cantera, se diluyeron incontables horas de mi existencia, acaso por mi pasión de explorar el pasado, probablemente por mi anhelo y pretensión de reencontrarme con el ayer y la gente y las cosas de los otros días, quizá por la influencia de mis padres al relatarme historias durante la infancia y por mi posterior formación, tal vez por todo.

Los meses se consumían y yo continuaba con mi labor. Entrevisté a incontables consejeros, líderes y expresidentes de diversas agrupaciones de la iniciativa privada michoacana, personajes reconocidos en la sociedad moreliana, periodistas, directores de la institución y funcionarios públicos.

Dentro de mi investigación, experimenté momentos de emoción, como el día que me enteré que la Academia Técnica de Enseñanza Mercantil, fundada y respaldada por la Cámara de Comercio en 1937, dejó un precedente de trascendencia nacional al luchar de frente y con valentía por la libertad de educación en México, o la emisión de la Circular 8, a través de la cual , en 1929, los hombres de negocios de la capital de Michoacán solicitaron al presidente de la República implementara acciones con la intención de acabar con el conflicto agrario y agilizar, en la medida de lo posible y sin afectar intereses de otras personas, el reparto de tierras. El documento camaral fue enviado al mandatario nacional, a los gobernadores, a las Cámaras de Comercio establecidas en el territorio nacional y a su Confederación. Se adelantó a los personajes, a los hechos y a la historia.

Quedaba claro, como lo sabemos quienes nos dedicamos a estos temas, que el primer presidente de la agrupación, entonces llamada Cámara Nacional de Comercio e Industria de Morelia, en 1896, fue Ramón Ramírez Núñez, hacendado, prestamista, comerciante, comisionista y quien incursionó en la industria, la minería, la banca y los ferrocarriles.

No obstante, otro empresario, amigo mío, Luciano Margaillan Guerrero, descendiente de los fundadores de Las Fábricas de Francia, establecida en 1898, me recordó un dato muy importante, el cual, por cierto, se encuentra inscrito en la Revista Social Ilustrada de la Banca, Comercio, Industrias y Profesiones, editado en 1930 por Agustín Vega y respaldado por la entonces Cámara Nacional de Comercio, Agricultura e Industria de Morelia, libro dedicado al mandatario del país, Pascual Ortiz Rubio, en el sentido de que la agrupación fue fundada en 1895 por el ferretero Luis Andresen.

Por cierto, décadas más tarde, en los días de la Segunda Guerra Mundial, cuando la multitud enardecida, en la ciudad de Morelia, protestó violentamente contra Alemania y los nazis, ese negocio familiar, Ferretería La Palma, fue apedreado.

Luciano Margaillan Guerrero actuó con honestidad e hizo favor de proporcionarme el documento para extraer datos e información respaldada, casi 90 años antes, por la Cámara de Comercio. Entré en crisis porque el primer capítulo del libro inicia con la tumba vacía de Ramón Ramírez Núñez.

Uno, otro y muchos días más fui al Panteón Municipal de Morelia, en busca de un amigo mío que nació en la década de los 30, en el siglo XX, cuyo abuelo fue el primer administrador y velador del lugar, a fines de la decimonovena centuria, durante los minutos porfirianos, en las horas revolucionarias y los siguientes años, de manera que ella, su madre, nació en el interior del cementerio, y él experimentó su infancia y los períodos de su vida entre árboles corpulentos, calzadas, tumbas y hondos suspiros.

Fue quien me condujo, amablemente, hasta la tumba ausente de restos, al sepulcro que perteneció al hacendado y dueño de El Huizachal, predio donde se estableció el Panteón Municipal de Morelia durante postrimerías del siglo XIX, fundador de la Cámara de Comercio.

Y allá permanece la tumba, desolada y vacía, entre eucaliptos enormes que balancean sus ramas al recibir las caricias del viento, junto a otros sepulcros que resguardan nombres y apellidos con otras historias. Así inicia el libro, con la descripción de la tumba vacía, como ausente y dispersa de datos estaba la Cámara de Comercio de Morelia.

Como escritor, periodista, editor e investigador, dediqué el tiempo al tema de la fundación de la Cámara Nacional de Comercio e Industria de Morelia, hasta que me enteré que en 1895, Luis Andresen, comerciante alemán, dueño de Ferretería La Palma, formó, junto con otros hombres de negocios, la agrupación, mientras un año más tarde, en 1896, el inquieto Ramón Ramírez Núñez, originario de Valle de Santiago, Guanajuato, la formalizó con el primer consejo directivo.

Una vez que investigué y comprobé la información en archivos, e incluso en las páginas de mis libretas ya olvidadas, proseguí con las entrevistas, el estudio y la investigación, hasta que un día, sin darme cuenta, las manecillas del reloj habían rebasado su jornada y debía, en consecuencia, entregar el manuscrito a la editorial.

Abro un paréntesis con la idea de resaltar la disposición de ciertos personajes, quienes amablemente me atendieron y proporcionaron facilidades para obtener información a través de sus documentos y reproducir algunos de sus retratos antiguos, conducta que definitivamente contrasta con otras personas que a pesar de tener referencias mías y del trabajo profesional e institucional que elaboraba, ni siquiera respondieron a mis solicitudes. Los detalles, parece, marcan la diferencia entre los seres humanos extraordinarios que están más allá de la línea común y los que lamentablemente se encuentran debajo, entre envidias, coraje y resentimiento con la vida. Todo deja una enseñanza y transmite un mensaje.

Antes, incluí en el libro las cartas del presidente de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo, denominada Concanaco por sus siglas, José Manuel López Campos, y del líder de la Cámara de Comercio de Morelia, Luis Navarro García; también inserté el mensaje del cónsul honorario de Francia en Morelia, Raul Reynaud Bernard, por haber representado esta comunidad un sector dinámico e importante en el desarrollo mercantil e industrial de la capital de Michoacán. Y solicité a mi amigo y colega, el escritor, periodista e historiador Arturo Herrera Cornejo, la elaboración del prólogo. Otro amigo y también colega, Víctor Armando López Landeros, director de La Página Noticias, hizo favor de proporcionarme una colección de fotos antiguas, de las que seleccionamos las más adecuadas para ilustrar la obra.

Paralelamente, otro amigo, Sergio Tirado Castro, resultó ser descendiente del primer presidente formal de la Cámara de Comercio de Morelia, Ramón Ramírez Núñez. Hizo favor de relatarme parte de la historia de ese personaje y hasta gentilmente me proporcionó dos fotografías del mismo.

El libro se encontraba en la editorial, en proceso de diseño y maquetado, cuando Gerardo Torres Calderón, hijo menor de Luis Torres Villicaña, un expresidente muy querido y recordado de la Cámara de Comercio de Morelia, quien compró la finca antigua que actualmente ocupa la institución, me relató la biografía de ese hombre ejemplar. Lamentablemente no fue posible incluir su historia en la obra por falta de espacio. Eliminé más de 100 páginas del libro, ya que su dimensión era excesiva. Incluso, suprimí pies de página y otros elementos. Por su formato, resultaba imposible agregar mayor cantidad de datos e información.

Me resultaría imperdonable omitir el nombre de otro amigo, un expresidente de la Cámara de Comercio de Morelia, José Luis Dueñas González, quien constantemente entabló diálogo conmigo con la finalidad de recomendarme la búsqueda de ciertas personas que tienen documentos, referencias, información y fotografías de décadas pasadas. A él, que estuvo presente, mi agradecimiento.

Tras eliminar capítulos completos y entrevistas a diversos personajes, asumí el compromiso de escribir, por mi cuenta, la biografía de Luis Torres Villicaña, y publicar otras narraciones trascendentes e inéditas de la Cámara de Comercio de Morelia, las cuales, sin duda, contribuirán a enriquecer la historia de la capital de Michoacán e incluso del país.

Me enamoré de una anciana, la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia. Exploré sus entrañas, definí sus rasgos y me reencontré con su esencia. Aprendí, en sus muros, entre su aliento y sus papeles de antaño, a morir y renacer, porque eso es la vida, ciclos de auroras y ocasos.

Durante la elaboración de 123 años de historia, Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia, protagonicé y viví una historia, episodios que quedan en uno y no se olvidan.

Agradezco a todos los expresidentes de la Cámara de Comercio de Morelia, las atenciones y el tiempo que me dedicaron para entrevistarlos y platicar con ellos. A la mayoría los entrevisté y cubrí periodísticamente en diversas etapas de mi vida.

En cuanto a Luis, Luis Navarro García, mi amigo, ha dejado una huella indeleble en mi vida. Se encuentra en mi memoria. No lo olvidaré jamás. La amistad es algo más que una casualidad o un saludo; se trata de capítulos mutuos, de una historia compartida, de momentos. Me ha demostrado su amistad y confianza desde hace algunos años, y de mi parte tiene mi agradecimiento, cariño y recuerdo.

Confieso que este hombre, Luis Navarro García, es un empresario de acción. Disponía de ciertos días para ir a la editorial y revisar los avances, a  pesar de que los recibíamos en nuestros correos electrónicos. Tuvo la gentileza de tomarme en cuenta, como autor del libro. Y de esa manera trabajamos en conjunto. Lo vi entusiasmado y con tal energía, que me convencí de que es lo que se necesita para cumplir objetivos y abrirse paso en la vida.

Humildemente, soy escritor, periodista, editor e investigador. Cuando un artista concluye una obra, prende una vela que alumbra al mundo, coloca una estrella más que define la geometría del universo, aporta algo que pulsa en la vida. La contribución del arte y el conocimiento se mantiene totalmente alejado de la estulticia que promueven los bufones y programas televisivos y no pocas de las páginas de internet. Uno, en la vida, debe elegir entre la luz y la sombra. Cada día es una elección. Es el reto de cada instante. Gracias, en verdad, por la confianza y la oportunidad que he recibido para la creación de esta obra.

* Morelia es la capital de Michoacán, estado que se localiza al centro-occidente de México. Esta ciudad fue fundada el 18 de mayo de 1541.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

11 comentarios en “La encomienda de un libro

  1. Santiago muchas felicidades por este gran logro, sin duda que formar parte de este Consejo Directivo que encabeza muy diligentemente Luis Navarro y poder tener en mis manos un ejemplar tan valioso ya me deja 100 % satisfecho de mi paso por esta Cámara a la que le he tomado un especial cariño y de la que he obtenido el tesoro más preciado LA AMISTAD de tantos compañeros y amigos a lo largo de estos ya casi 18 años.

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  2. Santiago una persona que tiene tal entrega y dedicación por su trabajo, dos años de tu vida creando una obra entre las mañanas calurosas o nebulosas y frías tardes de lluvia, noches de soledad… Como dices y toda la investigación, por todo lo que pasaste hasta tener que eliminar 100 páginas, que fuerte. Increíble historia. Definitivamente es un libro que hay que leer y cuidar como un tesoro lleno de realidad, arte y creatividad.
    Felicidades que te lluevan las recompensas por ardua labor.
    Bendiciones

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