Desde mi naufragio

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Anhelaba un ángel y una musa,  una dama y una mujer, un tú y un yo. Mi búsqueda databa de mucho tiempo atrás, quizá de la infancia, probablemente de las horas juveniles, tal vez de siempre. No necesitaba una muñeca de aparador. Requería a alguien especial, con nombre y apellidos, para construir una historia, un romance, un paraíso, una ruta, un estilo…

Momentáneamente, me desterré del mundo cuando no te miré en sus desvaríos. Renuncié a los maquillajes, ambiciones desmedidas y apariencias ingratas al sentirte indiferente a los maniquíes y ausente de tanto cosmético y superficialidad de muñeca de aparador. Te supe mi musa cuando te miré de frente, en los espejos que cuelgan en la senda, en la ruta interior, rumbo a la cumbre, y descubrí atrás, junto a las mías, tus huellas. Me sumergí en las profundidades insospechadas de un océano sin final, en mi ser y en el arte, con la idea de regresar, ir y venir con una canasta pletórica de estrellas y flores de intensa policromía y exquisita fragancia, y una tarjeta, un papel con el lenguaje de mi amor por ti. Construí mi refugio en un lugar recóndito, donde las voces del aire y la lluvia, el resplandor del sol y el reflejo luminoso de la luna, tu presencia y tu aliento de musa, todos juntos, provoquen en mí tal inspiración que mis poemas sean la vida y el sueño, la risa y las ilusiones, la aurora y el ocaso, la alegría y la estancia infinita. Decidí ir y venir, abrir y cerrar la puerta de mi casa para acudir fielmente a tu encuentro y llevarte conmigo, refugiarme y de pronto salir, patinar al ritmo de la música que se percibe en el ambiente sidéreo, admirar la nieve y jugar en parajes boscosos, pasear contigo por las rutas de las arboledas, fuentes y calzadas, caminar a tu lado entre flores perfumadas y de intensa policromía, correr juntos una mañana, una tarde o una noche de lluvia, y empaparnos, sentir las gotas diáfanas deslizar por nuestros rostros y manos. Me convertí en esencia y en barro, en poema y en cascada, en estrella y en mineral, en agua y en tronco. Desde mi naufragio, entre letras, escojo los mejores signos para armar poemas y textos, poemas y textos que son mi vida, poemas y textos con tu nombre y el mío, poemas y textos con un tanto de ti y mucho de mí. Soy de aquí y de allá, náufrago del mundo y viajero del incomprensible infinito, desde donde construyo un vocabulario que, igual que los tulipanes que al otro día acaricia y sacude el viento, se vuelve rumor delicado y suave, palabras de amor que besan y deleitan al pronunciar tu nombre y confesar la locura de este amor.

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11 comentarios en “Desde mi naufragio

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