Mientras Dios pintaba el cielo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

De otra manera, no me explicaría tu origen, encanto  e historia…

Una mañana, mientras Dios deslizaba los pinceles sobre el lienzo celeste, derramó pintura en la caja de cristal donde reposaba una de las esculturas de su predilección. Era una patinadora con cara de niña y mirada de espejo. Sonrió al notar que los colores escurrían en el cabello, los ojos, la boca, el rostro, las manos y el resto del cuerpo, hasta cubrirlo todo y definir rasgos delicados y suaves, con tanto parecido al modelo femenino y sutil que concibió durante sus horas de entrega e inspiración, que decidió colocar polvo de estrellas en sus manos y soplar con la idea de dispersarlo e impregnar la figura con su fragancia. La arcilla recibió la esencia y se hizo el milagro de la vida, al mismo tiempo que brotó la primera flor en el mundo, se escuchó el rumor de la creación en el universo y surgieron los ríos, las cascadas y los océanos etéreos y materiales. De aquella mezcla de tonalidades -fórmula mágica de un paraíso que se intuye comienza en uno y se extiende hasta el infinito-, Dios formó tu imagen. Pronunció tu nombre y despertaste de aquel sueño maravilloso. Llegaste de un mundo prodigioso de burbujas, juegos e ilusiones. Te consintió desde el principio, hasta que un día, parece, escuchó susurros lejanos, palabras de niño, adolescente, joven, hombre maduro y anciano, emitidas todas desde diferentes planos y tiempos, que le suplicaban un amor, una musa y un ángel, una dama y una mujer, un tú y un yo. Era mi voz, mi lenguaje de ayer, hoy y mañana que lo conmovió. Se trataba de mi petición cotidiana, mi anhelo, mi sueño, mi oración. Me escuchó y creo, también, leyó los poemas que desde entonces escribía para ti al imaginarte y sentirte en mí, poemas que se convirtieron en hondos suspiros, en dibujos, en pinturas, en acordes musicales. Convencí a Dios y decretó, en consecuencia, que coincidiéramos en algún camino de este mundo, a una hora insospechada, igual que en las historias de enamorados, con el objetivo de compartir auroras y ocasos, reír mucho y que tu biografía y la mía pulsen en el oleaje incansable, en las nubes peregrinas, en los luceros que cuelgan en la pinacoteca nocturna, en las hojas que mece el viento, en las gotas de lluvia, en los pétalos. Y mira, ahora paseamos juntos por el mundo y ya planeamos viajar a otros planos, a fronteras distantes, donde la vida y el amor son manantial inagotable. Traes contigo el recuerdo de aquellas horas, en la buhardilla de Dios, en su taller de artista, y quizá sea el motivo por el que al abrazarte desde la profundidad y el silencio de nuestras almas, y besarte con ternura idílica, perciba la fragancia y el sabor del cielo.

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