El perro roto

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Antes del anochecer, cuando el crepúsculo postrero asoma en el horizonte con sus matices amarillos, naranjas, rojos y grises, su dolor se agudiza y siente miedo y quizá hasta tristeza. Sus suspiros se perciben lastimeros, como quien ya no tiene alegría ni ilusiones por delante.

Con cada ocaso, sus esperanzas se desvanecen y aumenta su padecimiento. La ancianidad se adelantó en algún instante no recordado y marcó las horas de su existencia juvenil. Cierta fecha anónima, sin esperarlo, la miseria salió a su encuentro acompañada de trastornos indecibles.

Un día llegó desprovisto de nombre, historia y linaje. A nadie importó que se trate de un French Poodle pequeño, mezclado con alguna estirpe callejera, acaso porque desde el principio los moradores del fraccionamiento lo consideraron paria en el destierro,  probablemente por su aspecto deplorable, quizá por temer algún contagio, tal vez por el materialismo, superficialidad, deshumanización e indiferencia que se apoderan de mayor número de personas.

Le falta una pata. Es un perro tullido. Solamente tiene tres extremidades. Alguien, cierta vez, le colocó una bolsa con la idea de evitar que la infección avanzara; sin embargo, el plástico impidió que el aire y el oxígeno tocaran su herida y el resultado fue nefasto.

La gente lo mira con asco y desprecio porque la sarna les parece horrible y contagiosa. Durante las mañanas, antes de que el calor se acentúe, camina por la calle e ingresa a los jardines en busca de comida. Los moradores del lugar lo corren e insultan, pero regresa con la esperanza de descubrir residuos de comida entre las bolsas y los cestos con basura.

El animal es repudiado por su aspecto. La mayor parte de las familias lo esquivan. Su problema es que llegó sucio e incompleto, ausente de una pata e intoxicado por sarna y gangrena. Huele mal. No es como los otros perros.

Lo he observado. Me ha enseñado, en silencio, su fortaleza, la lucha incansable por sobrevivir a pesar de encontrarse despedazado. Es un animal roto, fragmentado, que la sarna y las infecciones acosan a una hora y a otra, todos los días, al amanecer y al anochecer, durante el calor y el frío, en los momentos de lluvia y cuando graniza.

A pesar de su sufrimiento, el animal es pacífico y ha vivido con mayor intensidad que las mascotas del lugar, las cuales, al llegar sus amos a casa, pasean consentidas por el boulevard y obedecen cuando las llaman por sus nombres, algunas ocasiones desordenadas y feroces.

Tomé la decisión de auxiliarlo, pero ¿qué hacer, pregunto, en un lugar donde las personas fingen sentimientos nobles, los dueños de la Medicina generalmente son negociantes e inhumanos y las autoridades no asumen sus responsabilidades? Hay días en que el perro solitario se ausenta y otros, en cambio, permanece debajo de los automóviles, atrapado en sus dolores. Necesito ayudarlo. Me es incómodo permanecer distraído y pasivo ante el dolor de otros.

Acepto que el perro fragmentado me ayudó a comprobar la lentitud de mi reacción ante el dolor ajeno, porque no solamente se trata de criticar o denunciar una situación negativa, sino actuar y hacer algo por los demás. El mundo, igual que el pequeño animal, se está desmoronando ante la culpa e irresponsabilidad humana. Este perro se sabe muerto en cierto sentido, pero se aferra a la vida y da ejemplo de lucha contra las adversidades.

Hay quienes se quejan o se sienten infelices en la vida y hasta se dan por vencidos ante situaciones minúsculas. El pequeño animal da ejemplo de lucha. La pierna arrancada o amputada, dejó la herida infectada que avanza incontenible por el organismo. Evidentemente, el perro no desconoce que la muerte lo acecha mordaz. No obstante, inmerso en su actitud pacífica, lucha cada momento, se aferra a la vida y no se da por vencido, a pesar de tratarse de un perro roto.

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6 comentarios en “El perro roto

  1. Qué triste historia Santiago, no sé si será real o ficción, pero lo que sí es cierto que hay muchos casos así, en animales y en humanos.
    La vida está mal repartida y muy mal organizada, cada vez este mundo egoísta va a peor.
    Qué futuro más triste les espera a las generaciones venideras…
    Un abrazo querido amigo. 🌹

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  2. Uff, pobrecito y es cierto no es agena la realidad ya sea si se trate de una persona o un animalito , es cierto también que la vida no esta equilibrada a unos las toca demás y a otros la vida les queda debiendo
    Tan real y cierto que muy pocas personas detienen su camino para ayudar a un semejante., Cómo si se fueran a contagiar o les quitara mucho tiempo.
    Que triste realidad , TODOS ESTAMOS ROTOS , LA HUMANIDAD NO TIENE HUMILDAD. QUE TRISTEZA.

    Le gusta a 2 personas

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