A la otra orilla

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Solamente hay que retirar los escollos que impiden la caminata de la felicidad. Los días de la existencia son tan breves, que pierde sentido cargar pedazos de cólera, odio, envidia, temor, venganza, ambición desmedida, tristeza y soberbia que, finalmente, al paso de los días, se transforman en angustias, enfermedades, agonía, agua pútrida que mira el paso alegre de la corriente diáfana. Hay quienes dedican sus años a coleccionar historias de apetitos sin amor, cosas lujosas e insensibles a las necesidades humanas y a los sentimientos, fortunas y poder acorazados y distantes del bien. Quien no busca la luz en todo sentido, y la derrama permanece atrapado en las sombras, en las mazmorras más oscuras del ser, y llega roto, incompleto, enfermo, a la otra orilla. Si uno desea vivir sano, feliz y en armonía y paz consigo y con los demás, resulta primordial que destierre de sí los sentimientos, palabras, acciones y pensamientos intoxicados y se incline por el vuelo pleno hacia el bien, la verdad, el respeto, la justicia, el amor, la dignidad, los sentimientos nobles y la libertad, Aquel que se preocupa e interesa más en satisfacer su ambición y sus instintos que en conquistar y fundirse en lo sublime, despilfarra los minutos de su existencia y pronto, como la mayoría, naufraga en la noche oscura, en la tempestad de un mar incierto, hasta que descubre tardíamente que la vida no es arrebatar, sino dar. Los rostros se cubren de arrugas y las manos se marchitan, de manera que la apariencia y las joyas son tan temporales como los años; pero los sentimientos nobles, el bien que se hace, las huellas que se dejan, quedan grabados y permanecen en el pulso de la vida. Esto no significa, desde luego, abandonar la apariencia ni perder la ambición legítima dentro del mundo material; sin embargo, la vida está a los lados, adelante, y se fuga. Cada instante es único e irrepetible, y es uno quien decide, en sus días y sus noches, si protagoniza una historia bella, sublime, digna e inolvidable, o si en vez de dejar huellas indelebles, hiere las flores que crecen en el camino y ensombrece el paisaje y la ruta.

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Un comentario en “A la otra orilla

  1. Definitivamente un ser humano en toda la extensión de la palabra no pierde su humildad en cosas y horas superfluas, la vida es tan breve que deberíamos siempre darnos la mano unos a otros para ayudar, un afectuoso saludo.

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