Lo que dejamos atrás

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Lo que dejamos atrás, en los días y las noches que apenas hace algunas horas parecían tan nuestros y hoy añoramos, son el amor que recibimos de otros, sus sonrisas y los pequeños detalles que daban luz y engrandecían todos los momentos. Lo que se hunde en el traspatio de nuestras existencias es, precisamente, la lista con los nombres y apellidos de quienes ya no se encuentran con nosotros y fueron reales sin que muchas veces nos percatáramos de lo que valían. Lo que salió por alguna de las puertas o ventanas de nuestras vidas es la gente de antaño, son los actos nobles y las costumbres buenas. Lo que perdimos en alguna parte del camino son, sin duda, los paréntesis vacíos de nuestras existencias, los puntos suspensivos de la vida, los días y los años que condenamos a la desmemoria por carecer de proyectos y sentido. Lo que quedó encallado en algún sitio y parece irreconciliable con la realidad que hoy enfrentamos, son las familias alegres que se amaban, los períodos de paz, el respeto a uno mismo y a los demás. Cambiamos, parece, las fragancias de los tulipanes y el aroma de la naturaleza por perfumes caros y artificiales. Nada que no tuviera valor monetario, nos atraía ni satisfacía, y lo perdimos todo. En algún paraje abandonamos el amor, la capacidad de asombro, las virtudes, el poder de dar de sí a los demás, la sonrisa, los sueños. Lo que arrastramos son los remordimientos y la tristeza, el vacío de existencias artificiales y superfluas, la crítica y la mofa a otros. Lo que cargamos, tras la pérdida de lo que verdaderamente valía, son temores del encuentro con uno mismo y los demás, pánico de que de alguna manera se suspenda nuestra participación en el concierto existencial, miedo de perder el asiento y tener que ausentarse a pesar de que la presencia no aporte lo que se esperaba. Lo que se extravío allá, en algún instante de antaño, fueron las oportunidades que no aprovechamos, la incapacidad de ser nosotros mismos y hacer el bien a los demás. Lo que cayó en el pantano que ahora atravesamos aterrorizados e inseguros, es el valor de ser auténticos. Desde antes de la huida a escondites seguros -¿qué son los muros?, ¿qué las paredes y fortalezas cuando los seres son tan frágiles?-, permitimos que cayeran y se enlodaran nuestros tesoros invaluables, que cambiamos por destellos falsos, brillos tramposos y rutas inciertas. Lo que perdimos durante la caminata es la esencia que vendimos con la ambición de comprar formas y sensaciones pasajeras. Quedamos vacíos y hoy, angustiados e irascibles, inmensamente mortificados y tristes, preguntamos dónde quedó lo que éramos; pero somos tan soberbios y tontos que no tenemos valor de cavar en nosotros, evitamos sumergirnos en las profundidades del ser, no horadamos un día y otro más con la finalidad de reencontrarnos y rescatar la luz. Preferimos tomar la pala y el zapapico con la intención de preparar tumbas que abrir puertas con la finalidad de descubrirnos realmente y ser auténticos. renacer y transformarnos en luz.

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3 comentarios en “Lo que dejamos atrás

  1. Vamos tentando não ficar para trás mas sim crescer, aprender, procurar, aprofundar, conhecer, dar-se a conhecer. Vida de reciprocidade de acrescento, e não ausência.
    Tentemos não deixar para trás, ou se deixarmos, ao menos que valha a pena, que seja uma construção.
    Abraços.

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