Sin destinatario ni remitente

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Se marchó el invierno sin despedirse. No dejó una nota con el último adiós. Tampoco prometió regresar. Se ausentaron, de pronto, su piel blanca, su rostro silencioso, su aliento helado. Llegó la primavera sin anunciarse a las puertas ni asomar a las ventanas, tan indiferente a la presencia humana como puede ser, verbigracia, una carta sin destinatario ni remitente. Simplemente, dispersó sus colores, formas y perfumes. Otro día aparecieron las abejas, los pájaros y las mariposas, tan libres como el viento matinal, las burbujas que brotan de la intimidad de la tierra en los manantiales, las cascadas y las olas que besan y refrescan la arena. Y una noche y muchas más, regresaron las libélulas y los grillos, y alumbraron los caminos en compañía de las estrellas y de mundos lejanos, y cantaron sus himnos que se mezclaron con los rumores de la vida. Animales y plantas sintieron los abrazos de la primavera y se entregaron a su abundancia, a sus pinceles, a su paleta de tonos, a sus partituras, a sus melodías, a sus cuadernos, a sus poemas. Ni el abeto balanceado por las ráfagas matutinas y vespertinas, ni otra especie dentro de la fauna y la flora, preguntaron por los hombres y las mujeres. Un día no tan distante -oh, todo momento llega a uno-, el celaje nublado, la lluvia, el granizo y los relámpagos del verano retornarán a los mares, a la tierra, como cada año, sin preguntar por los enamorados que acostumbraban recibir las gotas diáfanas, sonreír, correr y guardar sus capítulos en la memoria, para más tarde, al envejecer, recrearse con sus recuerdos y volver a vivir, y menos interesado se sentirá por el género humano con sus ocurrencias y locuras, con sus alegrías y tristezas, con lo bueno y hermoso y lo malo y terrible que les acompaña. Los charcos formados por los aguaceros, reflejarán las nubes plomadas, las flores amarillas y multicolores de la campiña y las frondas de los árboles; pero no a la gente porque niños, adolescentes, jóvenes, adultos y ancianos no le resultarán indispensables ni reclamará en búsqueda incansable la vida, que es abundante y multiforme. Posteriormente, las ráfagas del viento otoñal recorrerán montañas, valles, abismos, selvas, desiertos, bosques, océanos y hasta calles desiertas, cubiertas de plástico, asfalto y petróleo, donde el miedo, la enfermedad y el luto seguirán anidando en refugios que olvidaron ser hogares y sólo fueron escenarios de discusiones, peleas y quebranto, rincones consagrados a la gastronomía intoxicada por la química mercantilista, posadas expulsoras de familias. Y así retornará el invierno y cubrirá todo con su nieve prodigiosa. Todas las criaturas, excepto la raza humana, recibirán el saludo de las estaciones y seguirán viviendo. Sí. La vida seguirá indiferente a la presencia humana, y pensar que hombres y mujeres se creyeron dueños del mundo que degradaron despiadadamente al someterlo a sus apetitos, ambición incontrolable, caprichos e intereses. La vida, la naturaleza, la flora, la fauna, los minerales, todo, en el mundo, es indiferente al ser humano. Nadie, en el planeta, extraña a la humanidad hoy refugiada y atemorizada por su propia crueldad. Muchos seres humanos, confinados en sus casas o en total rebeldía a las medidas sanitarias impuestas por gobiernos incapaces de responder con acierto a la emergencia mundial y sí, en cambio, serviles a los intereses de una élite de poder, han demostrado que continúan estancados en el nivel primitivo de hordas, mientras otros, en tanto, han descubierto los errores en que vivieron y se sienten arrepentidos y están dispuestos a rescatarse con sus familias y sus valores para darse la oportunidad de vivir libre y plenamente. La vida, la naturaleza, el tiempo, las estaciones y las cosas del mundo son indiferentes a los seres humanos. Lo verdaderamente prodigioso y sublime es, en consecuencia, la forma de vivir y las cosas con lo que cada uno vibre y sea luz: la familia, el amor, el bien, la verdad, el equilibrio, la armonía, los valores.

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Un comentario en “Sin destinatario ni remitente

  1. Mi querido amigo, leyendo tus palabras de hoy me viene al recuerdo algo que me decía muchas veces mi mamá y es que, al mal tiempo hay que poner buena cara.
    No por el mal tiempo propio de cada estación del año, el frío invernal, el viento otoñal, la lluvia de abril o el fatigoso verano…
    Me refiero a esos plásticos y todos los contaminantes que nos infectan la tierra poniéndola gris y agriando sus días, que en realidad son los nuestros.
    Nuestra cara estará gris y nuestros pulmones cada día más negros, gracias a lo que hacemos.
    Pero la tierra parará y dirá: ¡basta ya!
    Entonces el ciclo de la vida comenzará de nuevo.
    Mi querido Santiago tus letras llenas de amor y bien piden a gritos un mundo mejor, ojalá vuelen alto y se expandan.
    Vivremos en el bien.
    Recibe mi cariño y mi abrazo .🌹

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