Simplemente…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Quiero dejarte trozos de mí, como la primavera, al nacer, regala sus colores y fragancias;  el verano, en sus mañanas y noches, dispersa perlas de agua que deslizan por las hojas de los árboles y los cristales de las ventanas; las tardes otoñales, en su empeño de no desfallecer, arrastran rumores y silencios en su viento procedente de horizontes recónditos y misteriosos; y las madrugadas invernales, en tanto, maquillan de nívea blancura las montañas, los techos de las casas, los jardines, las calles y los parques, mientras la lumbre de la chimenea arrulla y cobija las horas de ensueño. Me resulta preciso salvar del naufragio de la desmemoria, las historias que compartimos, las ocurrencias que tenemos y hasta los juegos y las risas que dan un toque de locura a nuestros días. Tengo interés en colocar pedazos míos en ti, y no como ensayo de una ecuación de sobrantes y vacíos, sino en un acto que complemente el tú y el yo de nuestras existencias, con la arcilla de mi rostro y la esencia de mis sentimientos, hasta que un día, a cierta hora, pronuncies mi nombre al escribir el tuyo y me sientas en ti al volar libre y plena, con tu sonrisa de niña y tus ojos de muñeca. Antes de partir a otras fronteras -ya sabemos que los días de la existencia son breves y frágiles-, quiero esculpir mi perfil cerca del tuyo con la intención de que me sientas junto a ti y si corres por el césped, sepas que también ando contigo, como lo estaré en los perfumes que el aire matinal arrastrará imperturbable, ráfagas que, por cierto, jugarán con tu cabello, te despeinarán y te recordarán que es bello experimentar el milagro de la vida y el deleite del amor. Simplemente, lo confieso, deseo vivir con intensidad el minuto presente, a tu lado, correr, abrazar troncos de abetos, girar hasta caer sonrientes, hundir los pies en la arena y en la corriente de la alegría e inmortalidad e invitarte a asomar  al engranaje de los segundos con el propósito de desarmar el tiempo y dar paso a la libertad y al infinito. Quiero dejar algo de mí en ti para que siempre, al abrir y cerrar los ojos, al amanecer y al anochecer, sepas que el amor flagela la espalda del tiempo y derrumba sus murallas. Es, sencillamente, una fórmula que tiende puentes etéreos y mágicos entre uno y otro, y propicia, por lo mismo, la cercanía a paraísos que de pronto creíamos perdidos y solamente estaban ocultos en nosotros, entre los abrojos y los maquillajes de la cotidianeidad. Es, en suma, amar, componer el poema o la sinfonía magistral y sutil, atreverse, traspasar umbrales, cruzar puentes, salvar abismos, desvanecer fantasmas, diluir sombras y conquistar vergeles, escalar cumbres, zambullirse a profundidades insondables, entender las pautas de la vida, percibir los rumores y silencios que pulsan en la creación y transformarse en cielo, luz y corriente diáfana.

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