De aquellos días…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No era cuestión de besos arrebatados ni de actos incontrolables… ella, la vida y el tiempo me lo enseñaron. No se trataba de amoríos disueltos una, otra y muchas noches en posadas inciertas, sino de la calidez de un hogar decorado con los colores de la alegría, el amor, la entrega y los detalles… ella lo repitió ante la caminata de las horas y los días, mientras nuestras existencias se consumían sin darnos cuenta y todo quedaba en anhelos e ilusiones. No nos movían los apetitos ni la búsqueda de otros rostros y cuerpos… definitivamente, ella y yo cerramos las puertas y ventanas porque nuestro destino tenía dirección y, en consecuencia, no esperábamos a alguien más. No intentamos mentir, escondernos o practicar simulaciones… ella mostró su cara de niña y su mirada de espejo ausentes de antifaces y maquillajes, y yo, igual, ajeno al instinto de los titiriteros que manipulan y controlan a otros, con la idea de que si uno es caballero, no se le puede engañar a una dama. Nunca busqué otras manos… las suyas me bastaron porque sentí su calidez, me enseñaron a dar y recibir y hasta las admiré en sus instantes femeninos, en sus horas de trabajo, en sus momentos de romance. Fuimos caminantes incansables, enamorados silenciosos, niños sonrientes, esencia y arcilla, musa y artista, ángeles y seres humanos, mujer y hombre, ella y yo… coincidimos en un sitio especial, en una fecha significativa, y así partimos por el mundo, diferentes y amurallados, en un viaje inagotable a rutas esplendorosas. Admiramos las flores minúsculas que crecían en las laderas, en los jardines, en una alfombra tersa de colores y fragancias que sólo la corriente diáfana se atrevía a rasgar y serpentear. Permanecía inmerso en mi arte, en las ideas, en las letras, en las profundidades del océano y en la soledad de la cumbre… ella, el amor y la vida me inspiraron para dedicarles las palabras escritas a una hora y otra de mi existencia. No solíamos pronunciar el lenguaje sin sentimiento ni razón… ella y yo decidimos comunicarnos y entender nuestro propio código. Hicimos de cada encuentro un motivo de alegría, un detalle de amor, un pretexto para viajar, una historia inolvidable… ella, el tiempo y la vida me lo aconsejaron. La primavera desvaneció la nieve invernal, el verano hurtó las canastas pletóricas de flores y mariposas, el otoño sopló y diluyó la lluvia, y el frío llegó de nuevo… ella y yo lo aprendimos. Y así, ambos llegamos puntuales y de frente a nuestra cita con el destino y la historia, cada uno en el aislamiento, como toda la humanidad, con los días y los sueños rotos, con la vida que escapa cada minuto, en espera de nuevos encuentros y coincidencias, con la esperanza de abrazarnos y protagonizar más capítulos, con las burbujas de la dicha que revientan en nuestras manos vacías, con el miedo de convertirnos en pasado y en todo y en nada, con la enseñanza, los recuerdos y la magia de un amor que siempre ha sido una locura hermosa… ella y yo lo sabemos, y también comprendemos que si se ausentan otros amaneceres en el mundo, acudiremos al del infinito para seguir jugando al amor y a la vida.

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12 comentarios en “De aquellos días…

  1. •~…”ella” puede ser tantas situaciones que me parece un escrito muy estilo musical, que viaja entre los vaivenes de la vida, con las estaciones del año y puede ser “ella” cualquiera y adaptarse al rimo…, como cuando se derrite la nieve y queda la huella de los frutos que ofrendó la tierra… sabiendo que en primavera volverán los retoños, que en otoño crujirán las hojas y siempre volverán aquellos días…~•
    🍃🌱Buenas energías!

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    • Un amor que surge de las profundidades del alma y el tiempo se empeña en aislar. Un sentimiento que parece irrealizable por tantas cosas. Cuánta gente enfrenta situaciones similares en el mundo, y ahora con la prueba, una vez más, de que la vida es tan breve y frágil. Por eso siempre hay una invitación a experimentar cada instante de la existencia en armonía, con equilibrio, plenamente y con alegría y los sentimientos más nobles. Gracias, Mónica, una vez más, por tus aportaciones.

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