Santiago Galicia Rojon Serrallonga: “Mujeres de siempre – Olivia Kroth, escritora y periodista”

Olivia2010kroth's Blog

Mujeres de siempre: Olivia Kroth, escritora y periodista

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

“Yo diría a las mujeres: sé tú misma. No te dejes definir por otros. No aceptes juicios negativos sobre tu personalidad; de todos modos son prejuicios injustificados. Si los hombres te humillan, están tratando de ser autoritarios y superiores. Si las mujeres te menosprecian, sucederá principalmente por envidia. Tienes algo que ellos no tienen…” Olivia Kroth

“Aconsejaría a las niñas y mujeres jóvenes: obtengan la mejor educación posible. Les ayudará a encontrar un buen trabajo, tener una carrera y ganar su propio dinero. Establezcan sus propios objetivos en la vida y marchen hacia ellos, paso a paso. Nunca se rindan. Sigan adelante…” Olivia Kroth

La mejor educación posible:

libro libros56 | Build Up

Una palabra amable, alguna reflexión inteligente, una sonrisa, un acto humanitario, una biografía o un capítulo ajeno a lo cotidiano, una huella indeleble o una aportación al conocimiento, al arte o…

Ver la entrada original 3.875 palabras más

Mujeres de siempre: Olivia Kroth, escritora y periodista

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

“Yo diría a las mujeres: sé tú misma. No te dejes definir por otros. No aceptes juicios negativos sobre tu personalidad; de todos modos son prejuicios injustificados. Si los hombres te humillan, están tratando de ser autoritarios y superiores. Si las mujeres te menosprecian, sucederá principalmente por envidia. Tienes algo que ellos no tienen…” Olivia Kroth

“Aconsejaría a las niñas y mujeres jóvenes: obtengan la mejor educación posible. Les ayudará a encontrar un buen trabajo, tener una carrera y ganar su propio dinero. Establezcan sus propios objetivos en la vida y marchen hacia ellos, paso a paso. Nunca se rindan. Sigan adelante…” Olivia Kroth

Una palabra amable, alguna reflexión inteligente, una sonrisa, un acto humanitario, una biografía o un capítulo ajeno a lo cotidiano, una huella indeleble o una aportación al conocimiento, al arte o a la ciencia, quedan en la memoria, en los recuerdos, en los instantes suspendidos en las añoranzas, y hacen de las personas -mujeres y hombres- seres irrepetibles, extraordinarios e inolvidables.

Hay quienes trascienden su condición humana al atreverse a vivir diferente, al quebrantar barrotes y fronteras para sentir el aire de la libertad, al dar lo mejor de sí a los demás, al desafiar abismos y escalar cumbres, al escribir su propia historia y no admitir cadenas ni rutinas, al ser genuinos y dejar a su paso detalles y trozos de grandeza.

En un ambiente mundial intoxicado por el consumismo, la estulticia, los antagonismos, el odio, las superficialidades, el materialismo, la ausencia de valores y el escándalo, las personas que se dedican al bien y a la verdad y exploran, por lo mismo, la ciencia, el arte, el conocimiento, parecen sustraídas de otros mundos, personajes que caminan con una lámpara y dejan huellas imborrables con el propósito de que otros, los que vienen atrás, las sigan y no pierdan la ruta.

Las multitudes, distraídas en asuntos cotidianos, en cosas que les han entregado como valiosas, no entienden cómo es posible que existan personas diferentes, con capacidad de lectura, estudio o construcción de un proyecto grandioso en los ámbitos del arte, la ciencia o alguna disciplina del conocimiento, cuando los días de la existencia transcurren inciertos y fugaces. El tiempo del genio es el mismo que el del tonto. Uno, el primero, lo aprovecha, hasta trascender, mientras el otro, el segundo, lo derrocha en asuntos baladíes.

Hoy, al iniciar la sección Mujeres de siempre, es un honor y un privilegio reseñar la vida de Olivia Kroth, escritora y periodista de origen alemán y ruso, quien ha protagonizado una historia intensa, bella e interesante. Ella misma se define al asegurar que es “una típica mujer libro”, inmersa en obras y documentos…

Cuatro años antes de su nacimiento, el 15 de agosto de 1945, concluyó la Segunda Guerra Mundial y Alemania, como otras naciones europeas, despertaban con la noticia de su nueva realidad, devastadas y entre las ruinas materiales, las sombras de un ayer inmediato de bombardeos y terror, los escombros de las diferencias y el odio y las interrogantes sin respuestas dentro de un período y un escenario que imponían el reto de enfrentarse a sí mismas, reencontrarse, desafiar los abismos de la historia y del destino y reconstruirse.

El mundo era otro. Su rostro había cambiado sustancialmente. La geografía de naciones como Alemania, dividida en bloques, reflejaba el hecho de que no solamente era posible desdibujar y reconfigurar territorios, sino dividir y clasificar a los seres humanos. La civilización previa al conflicto mundial, sucumbía y daba paso a otro ciclo local, continental y global. La gente estaba rota. Había ausencias y sobrantes, fracturas y añadiduras.

Y Europa, a pesar de las contradicciones humanas y los fantasmas y las sombras que dejan las guerras, con toda su carga histórica, social y económica, se conquistó a sí misma y una vez más, como en sus horas épicas de antaño, demostró al mundo su capacidad, talento y grandeza, con sus claroscuros y su estilo tan sui géneris.

Hay vidas que coinciden y se vuelven historia y destino. Tras finalizar la guerra, tres mujeres, la hija, la madre y la abuela -Aino, Alide y Emilia-, dijeron adiós a Riga, Letonia, su terruño inolvidable y querido, rincón del mundo donde consumieron tantos capítulos y quedaban sus recuerdos, linaje e historia, y así, entre los sentimientos de nostalgia que se refugian en aquellos que se quedan y las esperanzas, los sueños, las ilusiones y las expectativas de quienes parten, viajaron hasta Heidelberg, Alemania, ciudad bella, cautivante y de rasgos universitarios.

Aino, que era joven, ingresó a la universidad, donde inició sus estudios de Medicina. Entregada a los libros, al estudio científico, tuvo oportunidad de conocer, entre los muchachos de su época, a Günther, industrial alemán, con quien contrajo matrimonio durante los días de 1948.

Günther era dueño de la fábrica que su abuelo, también alemán, fundó en las horas postreras del siglo XIX, precisamente en 1886. La compañía, establecida en el campo, se dedicaba a la fabricación de zapatos. Los obreros provenían de los pueblos aledaños. La casa de Günther y Aino se localizaba a un costado de la fábrica.

Y así, el 27 de abril de 1949, nació Olivia, Olivia Kroth, quien creció en dos lugares, inmersa en una infancia feliz. Entre semana, vivía con su abuela y su bisabuela, Alide y Emilia, porque asistía a la escuela en Heidelberg. Aino, su madre, era una mujer que deseaba un futuro promisorio para su hija; en consecuencia, la inscribió en «Humanistisches Gymnasium», donde aprendió griego, latín antiguo y otros idiomas.

A la institución de prestigio asistían muchos hijos de los profesores universitarios de Heidelberg. En las aulas, los pasillos y los corredores se respiraba un ambiente intelectual, donde los temas del arte y el conocimiento se mezclaban y eran fórmula en el desarrollo de los estudiantes. Olivia disfrutaba esa atmósfera. Dedicaba horas al estudio, pero en su tiempo libre le encantaba leer y practicar ballet y deportes: atletismo, natación y tenis.

La otra parte de su vida estaba en la casa solariega, en el campo, al lado de la fábrica, con sus padres. donde permanecía contenta y plena durante los fines de semana y las vacaciones escolares. El jardín era enorme y poseía árboles frutales y una piscina, parajes en los que se diluyeron incontables horas y días de su infancia y su juventud.

Olivia se deleitaba en la piscina. Nadaba. Se sumergía en el agua y la sentía deliciosa, como lo eran, igualmente, el paisaje campirano, las frondas de los árboles acariciadas por el viento, las nubes y los colores y las fragancias de las flores que se extendían cual alfombras de exquisita textura. El panorama natural era un poema, un concierto, una paleta de matices prodigiosos. Todo ofrecía un sentido, un camino, un significado.

También le fascinaba respirar el aire puro y recoger bayas. Las mañanas y las tardes otoñales, exploraba el bosque, donde los sonidos de la naturaleza y el lenguaje del silencio le enseñaron a amar la vida. Y fue en esa estación cuando disfrutó la recolección de hongos.

Tenía un caballo. Lo montaba y paseaba libre, plena y feliz. Era, como se autodefine, “una mujer al aire libre”. Así se diluían sus años juveniles. Era, parece, una vida de ensueño, una historia que no se olvida, una existencia lejana de naufragios.

Su madre, al reconocer su capacidad y talento, insistió en que estudiara francés, lo que implicó su registro en un internado. Vivió un año en Francia. Aprendió el idioma. Durante los períodos veraniegos, retornaba a aquella nación, donde asistía a cursos para perfeccionar su aprendizaje. Y como bien admite, “crecí bilingüe, con francés y alemán”.

Curiosamene, a pesar de su linaje familiar, no aprendió a hablar ruso. Por supuesto, su abuela Alide lo hablaba y pronunciaba correctamente, con bastante fluidez. Olivia lamenta no haber dedicado tiempo al aprendizaje y la práctica del idioma. Ahora lo hace por medio de libros, videos y profesores en Moscú, donde vive y tiene raíces sanguíneas.

Olivia hojea y revisa las páginas del ayer, resguardadas en su memoria. Reseña que su abuela Alide nació en 1899, en el ocaso de la decimonovena centuria, y asistió a un internado para niñas en San Petesburgo, cuando Letonia pertenecía a la Rusia imperial. La mujer acudió puntual y de frente a su cita con el destino y la historia, y sus días estudiantiles formaron parte de los últimos años de vida del zar. Cuando estalló la revolución, el zar Nicolás II y la familia real, los Romanov -la zarina Alexandra, Olga, María, Tatiana, Anastasia y el zaréchiv Alexei-, fueron asesinados por los bolcheviques que lideraba Lenin, la noche del 17 de junio de 1918.

Alide tenía dos hermanos menores, Hugo y Karlis. El primero, Hugo, combatió en el frente alemán durante la Segunda Guerra Mundial. Alguna vez, Olivia descubrió una fotografía de él y su esposa entre las pertenencias de su abuela. El hombre aparece con uniforme nazi. El hermano menor, Karlis, se unió a los partisanos comunistas y más tarde, al integrarse al Ejército Rojo, luchó contra los invasores nazis. Posteriormente, en Moscú, se integró al Comité para la Seguridad del Estado, KGB por sus siglas en ruso.

Aquellas tres mujeres que emigraron de Riga, Letonia, al finalizar la Segunda Guerra Mundial -Emilia, Alide y Aino-, siempre creyeron que Karlis había muerto. La propia Emilia narraba a su bisnieta Olivia Kroth, los episodios de combate en los que participó su amado hijo menor y su supuesta muerte en las trincheras.

El retrato de Karlis permanecía en la mesita de noche. La fotografía, borrosa y pequeña, presentaba a un hombre joven de cara redonda, apenas identificable. Así, la bisabuela Emilia evocaba a su hijo menor, siempre con amor y dulce y nostálgico sentimiento. Años más tarde, Olivia se enteró de que el tío Karlis fue un hombre destacado en la KGB, en Moscú, donde alcanzó un nivel jerárquico de relevancia.

Günther, el padre de Olivia, se mantenía ocupado en la dirección y administración de la fábrica y en sus múltiples pasatiempos, coyuntura que favoreció a Aino, la madre, quien era disciplinada y fuerte. Ella era quien supervisaba el desarrollo y la educación de su hija y quien argumentó a su marido: “Olivia debe aprender francés. Enviémosla a un buen internado francés”. El industrial, como refiere Olivia, “estuvo de acuerdo y pagó por ello”.

Tiempo después, la mujer comentó al hombre: “Olivia necesita ir a la universidad. Ella es una niña muy inteligente. Sería una pena dejar que eso se desperdicie”. Emulando nuevamente a Olivia, su padre “estuvo de acuerdo y pagó por ello”. Él, Günther, estaba de acuerdo en todo lo que ella, Aino, deseaba, y de esa forma pagaba las cuentas, como lo hizo, en su momento, con el alquiler del departamento, en Heidelberg, que habitaban la abuela y la bisabuela maternas, Alide y Emilia, donde Olivia se hospedaba entre semana, cuando asistía a la escuela.

Aino siempre inculcó a su hija Olivia que “una buena educación es lo más importante en la vida. Uno puede sobrevivir en todas partes, siempre y cuando esté educado y se incorpore a un empleo bien remunerado”.

Inicialmente, Olivia acudió a la universidad en Heidelberg y luego en Frankfurt am Main, la ciudad donde nació el célebre escritor Johann Wolfgang von Goethe. En el intermedio de sus cursos, obtuvo una beca para estudiar en el Southern College, en Florida, Estados Unidos de Norteamérica, en el período 1968-1969. Sus asignaturas, en esa época, eran alemán, inglés y literatura.

A su retorno a Alemania, aprobó el primer y el segundo exámenes estatales para convertirse en profesora a nivel profesional. Durante 32 años, impartió clases en una escuela secundaria alemana -Gymnasium-, cuyos alumnos eran niños, adolescentes y jóvenes. Tenían de 10 a 18 años de edad.

Olivia hizo un paréntesis tras concluir sus estudios universitarios. No se dedicó a la enseñanza de inmediato. Realmente tenía cita con otras expresiones de la vida. En el verano de 1972, año en que aprobó su primer examen estatal con bastante éxito, solicitó empleo como anfitriona en los Juegos Olímpicos de Munich, escenario que le abrió las puertas a otros ámbitos, acumuló experiencia, enriqueció su vida y conoció buen número de personas interesantes de todo el mundo, hecho que definió, finalmente, su decisión de viajar antes de impartir clases.

No naufragó en las rutas de su existencia. Siempre trazó líneas, objetivos, direcciones.  Se atrevió a vivir y cumplir sus sueños. Trabajó algunos años como azafata. Inicialmente fue contratada en Pan American Airways. Vivió un año en Londres y otro en Berlín, hasta que la empresa se declaró en quiebra y se mudó a Frankfurt am Main, ciudad en la que fue aceptada por la aerolínea alemana Lufthansa.

Viajó por el mundo. Voló y conoció otros rostros y nombres en distintas nacionalidades. Esos años de su juventud le resultaron maravillosos e inolvidables. Disfrutó cada día que acumuló en su historia, en su caminata, en su biografía. En 1978, presentó su segundo examen estatal y se convirtió en profesora de idiomas.

Desde su más tierna infancia, le encantaron los libros. Siempre han ejercido un sentimiento especial en su ser y un embeleso indescriptible. En la casa solariega, la familia poseía una biblioteca con gran cantidad de estantes pletóricos de obras que le parecían maravillosas. Por lo mismo, alternó sus juegos, sus paseos a caballo y su recolección de bayas con la lectura por horas en la biblioteca. Minutos y horas que se convirtieron en días. Días que se volvieron semanas, meses y años. Años que se transformaron en décadas. Tiempo que se convirtió en estilo de vida.

Leyó, entre otras obras, las novelas de Dostoyevsky, Tolstoi y Turgenev, todas en traducción alemana. La familia Kroth poseía libros de escritores alemanes, franceses e ingleses; no obstante, ella, Olivia, amaba a los autores rusos. Esa pasión por los libros era resultado de la herencia e influencia rusa de su madre. Es el motivo por el que asegura: “crecí para ser una típica mujer libro. Ahora vivo en mis libros. No importa dónde esté, siempre vivo con libros”.

No solamente ha sido lectora. Comenzó a escribir sus propios libros en el año 2000, en la aurora del siglo XXI y el tercer milenio de nuestra era, cuando todavía daba clases en la escuela. Enseñó en la institución, enclavada en un pequeño y, a la vez, elegante y famoso pueblo de las montañas Taunus, llamado Bad Homburg.

Digno de resaltar es el hecho de que al sitio acudían innumerables aristócratas. Iban al “spa”. No pocos escritores y artistas célebres visitaron el pueblo, entre los que destacaron, verbigracia, Fyodor Dostoyevsky. Indudablemente, allí se inspiro el reconocido novelista ruso, al admirar la belleza y majestuosidad de las montañas de los alrededores.

Se trata de una región en la que existen innumerables tesoros arquitectónicos y culturales. Las montañas esconden tales atractivos. Allí, Olivia se sintió profundamente inspirada y escribió una guía cultural de las montañas Taunus. Fue su primer libro, publicado en 2001. Su título es «Märchenschlösser und Dichterresidenzen im Taunus»/ «Castillos de hadas y residencias de poetas en las montañas de Taunus».

Los siguientes dos libros, publicados en 2002 y 2004, respectivamente, abordaron diversos aspectos culturales de la región de Rhein-Main, donde radicaba en esa época. Los títulos de las obras son «Zeitreisen im Taunus»/«Viajes en el tiempo en las montañas Taunus» y «Im Zeitstrom des Mains»/ »En la corriente del tiempo del río Main».

El cuarto libro, editado en 2006, es una novela que se titula «Tote tanzen nicht»/ «Los muertos no bailan». La misma Olivia Kroth admite que “es una novela criminal, con las montañas Taunus como telón de fondo. El editor de todos mis libros fue Societäts-Verlag, en Frankfurt am Main. El número de copias impresas fue de 2.500 para cada libro”.

Reconocida por su creatividad, talento y originalidad, Olivia fue invitada a gran cantidad de lecturas de autores, en el período comprendido de 2001 a 2007. Reconoce que dicha etapa, dentro de su vida como escritora, resultó satisfactoria y la disfrutó bastante. Leyó sus libros ante el público interesado en sus obras.

Y es Olivia Kroth quien define la misión del artista, el quehacer del autor de obras literarias: “escribir es una ocupación solitaria, cuando te sientas en un escritorio durante muchas horas cada día. Salir a reuniones y ferias de libros es una actividad agradable. Me fascina reunirme con vendedores y compradores de libros, editores, críticos. Me gusta mucho eso”.

Agrega la escritora: “visité regularmente la Feria del Libro de Frankfurt, cuando vivía en la zona. Me sentí orgullosa de ver mis obras expuestas en el estante de libros de Societäts-Verlag. Mi editor estaba allí, las chicas de la oficina estaban allí. Pasé muchas horas en el puesto de libros con ellos, bebiendo té y charlando. También conocí a otros autores, periodistas, críticos de libros y vendedores. Por supuesto, conocí a mis lectores y firmé libros. Me encanta el ambiente de las ferias de libros”.

Escritora, intelectual, pensadora, mujer de su tiempo, Olivia Kroth anuncia que en 2014 comenzó un importante proyecto literario, realista y no de ficción, que concluirá en 2024. “De hecho, estoy trabajando en una crónica de Rusia, la década de 2014 a 2024, bajo la presidencia de Vladimir Putin. Este libro será una colección de todos mis artículos periodísticos sobre Rusia. Se agruparán en temas, por ejemplo, «Defensa de Rusia», «Economía de Rusia», «Deportes rusos», «Vida salvaje en Rusia», «Artesanía rusa», «Música rusa», «Escritores rusos», «Recuerdos de los Gran Guerra Patriótica», y así sucesivamente. Los artículos que ya he publicado en inglés y alemán, se pueden encontrar en mi blog, en The Duran y en Saker Italia (traducción al italiano)”.

Respecto a su actividad periodística, aclara que no fue una decisión consciente; sin embargo, sucedió naturalmente, ya que su estilo de vida estaba cambiando. En 2009, tomó la determinación de retirarse de la enseñanza en la escuela. Salió de Alemania y se mudó al sur de Francia, a un pueblo pequeño, no lejos de la costa mediterránea.

Instalada en Francia, comenzó a leer los medios de comunicación rusos, «La voz de Rusia», en inglés, y «Die Stimme Russlands». en alemán. Reconoce que “no sólo presentaban la política, la economía y la defensa rusas, como la mayoría de los medios de comunicación; también ofrecían textos interesantes sobre cultura, tradiciones y regiones. Eso me fascinó. Sobre eso había escrito exactamente cuando vivía en las montañas Taunus. Cultura, tradiciones y regiones son absolutamente lo mío. Entonces escribí algunos textos y los envié a Rusia. Oh, maravilla, los aceptaron y pidieron más. De esta manera, me convertí en periodista de «La Voz de Rusia» y «Die Stimme Russlands». Me encantó”.

Desafortunadamente, prosigue la escritora, “ese excelente medio ruso cerró a fines de 2014. Lamento mucho que el cierre de “La Voz de Rusia” y “Die Stimme Russlands” me dejara sin hogar para mis esfuerzos periodísticos. Me sentí como niña abandonada”.

Posteriormente, coincidió con The Duran, en internet, medio en el que sigue colaborando. Le agrada bastante la política de los editores, Alexander Mercouris, en Londres, y Alex Christoforou, en Nicosia, Chipre, quienes le han dado libertad de escribir sobre cualquier tema. Evidentemente, es respetuosa y trata de coincidir con la línea editorial. Incluso, cuando escribe artículos culturales o acerca de deportes, siempre inicia con algunos hechos reales de política, economía, sanciones y guerras, entre otros asuntos, para proseguir con el tema a tratar.

Olivia Kroth es escritora auténtica, artista real. Es escritora y mujer, dama y pensadora. Su sencillez, a pesar de su amplia cultura y experiencia acumulada durante los años de su existencia, la vuelven una persona agradable. Es posible dialogar con ella.

Manifiesta que se siente muy impresionada por la habilidad e inteligencia de sus dos editores anglo-griegos, quienes respaldan un medio de noticias alternativo que permanece vigente a pesar de la serie de dificultades, desafíos y presiones de la hora actual.

Adicionalmente, los editores cuentan con un interesante canal de YouTube, a través del cual discuten temas reales en video. En ocasiones, ambos conversan y tratan asuntos relevantes; otras veces, en tanto, invitan a Peter Lavelle, presentador de la entrevista de «Crosstalk», en Russia Today (RT). Ante esto, Olivia exclama “¡bien hecho, caballeros!”

Mujer de su época, declara: “no hago entrevistas en absoluto. Soy periodista analítica. Me gusta escribir análisis, comentarios, opiniones y dar muchos antecedentes históricos en mis publicaciones. A menudo, los lectores occidentales no saben mucho sobre Rusia. La historia rusa es un libro cerrado para ellos. Así que trato de abrir este libro y mostrar, página por página, lo que sucedió en los más de mil años que Rusia ha existido, desde sus inicios hasta ahora. Por ejemplo, cuando escribo acerca de los nuevos submarinos atómicos rusos, les cuento a mis lectores sobre las cifras históricas detrás de los nombres de esos buques. También trato de señalar la continuidad de la historia rusa. No se debe borrar ninguna parte, no se debe omitir nada”.

Tras revisar el libro de las evocaciones, Olivia suspira y acepta que el suceso histórico más impresionante para ella es la Segunda Guerra Mundial que en Rusia se denomina la “Gran Guerra Patria”. Argumenta que “esto es de importancia personal para mí. Mi padre alemán luchó en el lado alemán. Fue comandante en la Caballería de la Wehrmacht. Mi tío abuelo ruso, Karlis, luchó en el Ejército Rojo. Mi familia está destrozada y vive a ambos lados de la trinchera. Hay una rama occidental y una rama oriental. Quiero llegar a ambos. Creo que ha llegado el momento de la reconciliación”.

Sonríe. Cambia el tema. Dice lo siguiente: “Santiago, reí entre dientes cuando pensé en cómo responder una de tus preguntas. Después de haber vivido durante 71 años, hay muchas anécdotas que podría contar. De hecho, podría llenar un libro completo. Tal vez algún día lo haga. El primer recuerdo que me vino a la mente fue una extraña conversación en una fiesta, en Berlín, Alemania. Sucedió cuando trabajaba como azafata de Pan American Airways. Tenía alrededor de 25 años de edad cuando un joven, en la fiesta, me preguntó: «¿qué tal tun sie sonst noch, ausser schön zu sein?», es decir “¿y qué más estás haciendo, además de ser hermosa?”

Continúa: “estaba estupefacta. Podría haberle contado sobre todos mis logros intelectuales. Sin embargo, no había tantos como ahora. Simplemente me di la vuelta con disgusto. Pensando en este tipo extraño hoy, me pregunto si fue su forma incómoda de coquetear conmigo. Ciertamente, no era un caballero suave y pulido. Este episodio satírico me lleva a la siguiente pregunta… Yo diría a las mujeres: sé tú misma. No te dejes definir por otros. No aceptes juicios negativos sobre tu personalidad; de todos modos son prejuicios injustificados. Si los hombres te humillan, están tratando de ser autoritarios y superiores. Si las mujeres te menosprecian, sucederá principalmente por envidia. Tienes algo que ellos no tienen”.

Adicionalmente, agrega Olivia, “aconsejaría a las niñas y mujeres jóvenes: obtengan la mejor educación posible. Les ayudará a encontrar un buen trabajo, tener una carrera y ganar su propio dinero. Establezcan sus propios objetivos en la vida y marchen hacia ellos, paso a paso. Nunca se rindan. Sigan adelante”.

Completa: “el lema de mi vida es un dicho ruso: Только вперëд, ни шагу назад!”, que significa “¡sólo hacia adelante, sin retroceder! Lo que fue útil para los soldados soviéticos para ganar la Gran Guerra Patriótica (1941-1944), todavía me es útil hoy”.

Y así concluye sus respuestas esta escritora, intelectual y mujer de su tiempo, un ser humano extraordinario y sensible que ya ha dejado huellas gratas e indelebles. Ella es mujer de siempre, Olivia Kroth, quien vive en un hermoso rincón del mundo llamado Moscú.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

A continuación ofrezco el enlace de la escritora y periodista Olivia Kroth, a quien agradezco el detalle de publicar la entrevista que le hice y que me encantó por la grandeza de ser humano que es. Gracias por tu amistad, tu confianza y tu disposición de compartir algo de lo mucho que eres, estimada Olivia.

https://olivia2010kroth.wordpress.com/2020/06/15/santiago-galicia-rojon-serrallonga-mujeres-de-siempre-olivia-kroth-escritora-y-periodista/?unapproved=30599&moderation-hash=004363d2d8343087d2ca12059609f8f2#comment-30599

Las flores que te entrego

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

En las flores que te entrego se refugian  los secretos de la locura de este amor… son el recuento de los días y las noches de nuestra historia

Las flores que te entrego son el color de la vida. Como que lo traen en su memoria. Surgen de la tierra con los matices y las fragancias del cielo. Son, parece, el regalo que Dios entrega una mañana de primavera, entre la magia y el encanto de los arcoíris, las gotas de lluvia y el vuelo sutil de abejas, mariposas y libélulas. Las flores que te entrego, cargan tu perfume y mi aroma, tienen tu semblante y el mío, lucen contentas por ser su destino tus manos, tu sonrisa, tu mirada y tus suspiros. Las flores que te entrego son el poema que me convierten en jardinero porque todas las mañanas perfumadas y las noches iluminadas por la luna y las estrellas, formo bouquets y ramilletes con las letras y los pétalos, unas horas al aire libre y otras tantas entre las paredes de mi buhardilla de artista. Las flores que te entrego se parecen tanto a ti cuando te amo, te abrazo y te consiento. Las flores que te entrego, hablan en silencio y confiesan algo de mí para ti. Las flores que te entrego, huelen a amor, a cielo, a vida, a ti y a mí, a pétalos que quedan dispersos en el recuerdo, en los sentimientos, en las páginas de un libro, en nuestra historia.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

El maniquí y los otros muñecos

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

El maniquí enfrenta un dilema existencial cuando los empleados de la boutique lo manipulan con la intención de desnudarlo, cambiarle la ropa y colocarlo en algún aparador, entre cristales, elementos decorativos y reflectores; sin embargo, su condición intrínseca, totalmente ligada a la apariencia física y no a los sentimientos ni a la razón, ensombrecen sus aspiraciones de vivir y soñar, y lo convierten en muñeco con rasgos de hombre o de mujer. Su atractivo exterior lo condena. Portará ropa con etiquetas de prestigio. La gente lo mirará y sentirá necesidad y urgencia de vestir igual, con la diferencia de que se trata de un ente ficticio para atraer suspiros, gustos, compras, dinero. Los dueños de la tienda pueden ordenar que le coloquen ropa elegante, calzado fino, algún reloj costoso y hasta alhajas y fragancias exquisitas. El maniquí, absolutamente disfrazado, quizá llamará la atención por su figura distinguida y su perfil hermoso; pero siempre conservará su aspecto inexpresivo de muñeco, estará vacío y llegará de frente y puntual a su cita con el destino. Su belleza física habrá sido fugaz y, por lo mismo, no tendrá porvenir. Pasará de moda y otro modelo, con similar destino, ocupará su lugar en la boutique. El modelo envejece, pierde atractivo y sentido conforme transcurren las semanas, los meses, los años, hasta que un día, al amanecer o ya en la tarde, antes del ocaso, despierta con la noticia de que es basura. De alguna manera, los otros muñecos -hombres y mujeres- lo miran con desdén y mofa, como fragmento de una generación caduca y extinta. Ríen sin sospechar que otra noche, a una hora incierta, alguien planeará sustituirlos por figuras más modernas. Tal es la suerte del maniquí. Millones de seres humanos, en el mundo, padecen el síndrome del maniquí y, al final de sus capítulos de desventura, se marchan ausentes de sí, rotos, manchados, incompletos, sin historia ni huellas inolvidables. Saben que los días de la vida son breves y, en consecuencia, dedican cada instante a disfrutarlo ciegamente, tan fugaz y superficialmente como la lozanía de sus pieles y la aurora peregrina. Viven irresponsablemente, enamorados de sí y de las etiquetas de su ropa, las marcas de sus perfumes, las formas de sus automóviles, sus cuentas millonarias en el banco y sus pasiones desbocadas, sin mayores aspiraciones épicas que ser personajes de biografías aburridas y discordantes. Permanecen envueltos en un ambiente ficticio, en una realidad confundida con fantasías y enmascarada, cubierta de maquillajes demasiado artificiales. Acostumbrados a la estridencia y a los reflectores materiales de una sociedad encadenada a la estulticia, a las apariencias, a lo desechable, a la inmediatez, huyen de sí mismos, evitan el silencio interior, rechazan la soledad cíclica, acaso por presentir que allende las fronteras de las formas cuelgan sus verdaderos rostros que con cada latido les reclaman sus falsedades, probablemente por preferir esconderse en la inmundicia de sus existencias, quizá por resultar más cómodo sentarse en la insignificancia que protagonizar una historia extraordinaria, tal vez por ya ser parte de las filas humanas, de los grandes rebaños, de las cifras y estadísticas manipuladas por quienes ejercen control y poder sobre ellos. Igual que los maniquíes al pasar de moda y ser confinados al basurero y la soledad de las bodegas empolvadas o terminar su servicio en los basureros infestados de moscas, ratones, gusanos, cucarachas y microbios, millones de personas -hombres y mujeres- son tan desdichados y proclives a las apariencias, al consumismo, a la acumulación egoísta e insaciable de bienes materiales, a satisfacer apetitos primarios, a despreciar los valores y a sentir, pensar, hablar y actuar inhumanamente, y a formar parte del inventario de cosas desechables. Las fortunas materiales, los rostros atractivos y los cuerpos estructurales no compran los sentimientos justos y nobles, la inteligencia, el talento, el amor, la sensibilidad y la riqueza interna. Evidentemente, es grato y válido presentarse ante uno, los demás y la vida con una apariencia bella, e interesarse por una figura bien ejercitada físicamente y niveles dignos de bienestar material, e incluso poseer una fortuna; pero si no se respaldan por medio de riqueza interna, sentimientos nobles, amor, honestidad, inteligencia e ideales, las arrugas, las enfermedades, el agotamiento, las canas y la ancianidad desplazarán los elementos decorativos y utilitarios, hasta desnudar a la gente y dejarla al descubierto, con escasez o falta de esencia y exceso de arcilla, parecidos a los maniquíes que enfrentan el precio de sentirse, por un lapso fugaz, moda de aparador.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Las manos de mi padre

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

A la memoria de mi padre

Cuánto te amé. Y te amo. Fue un honor ser tu hijo

Las manos de mi padre fueron de artista. De artista porque su imaginación prodigiosa, su sensibilidad y su talento lo motivaron a escribir cuentos y novelas originales, y supo esculpir y dar forma a la madera yerta, dibujar en la hoja de papel en blanco, deslizar los pinceles en el lienzo y tocar el violín que su papá le compró durante los años de su infancia azul. Las manos de mi padre se entregaron a la ciencia. De científico porque dedicó una noche, otra y muchas más de su existencia a desentrañar el conocimiento con la idea de descubrir la fórmula y los secretos del Movimiento Continuo, invención que pretendía regalar a la humanidad con la intención de combatir el abuso irracional de hidrocarburos y la contaminación. Las manos de mi padre fueron de profesor. De maestro porque enseñó en las aulas infantiles con el interés de formar generaciones comprometidas, profesionales, honestas, responsables e íntegras. Las manos de mi padre fueron de arqueólogo. De arqueólogo porque fue parte de su pasión, y lo comprobé en mi niñez y adolescencia, cuando innumerables ocasiones me llevó a los sitios aún inexplorados y me reveló no pocos de los signos que años más tarde serían descubiertos. Las manos de mi padre fueron de excursionista. De excursionista porque le fascinó escalar montañas, descender barrancos, explorar selvas, conocer lugares y vivir incontables aventuras. Las manos de mi padre fueron de piloto. De piloto porque en su juventud aprendió a volar aviones de dos alas y posteriormente, en el desembarco de Normandía, emprendido el 6 de junio de 1944, tuvo que apretar los gatillos de los fusiles. y, a la vez, salvar vidas inocentes. Las manos de mi padre acariciaron suavemente las páginas de los libros. De lector porque amó el conocimiento, la cultura, la sabiduría. Las manos de mi padre fueron de místico. De hombre espiritual porque permaneció enclaustrado en celdas monásticas y probó la dureza de una cama de madera, escuchó los rumores del silencio desde la profundidad de su alma y abrió compuertas de paraísos que iniciaban en su interior y se extendían al infinito. Las manos de mi padre fueron de consejero. De consejero porque siempre escuchó a quienes acudían a él con la finalidad de confiarle sus dolores y tristezas o solicitarle palabras de aliento. Las manos de mi padre fueron un mapa grandioso. Un mapa porque eran caminos, rutas, destinos. Las manos de mi padre fueron de luz. De luz porque defendió y practicó la búsqueda del bien y la verdad. Las manos de mi padre fueron de buen amigo y vecino. De buen amigo y vecino porque a la gente le parecía sabio e inagotable y no se daba por vencido ante los retos, las adversidades y los desafíos. Las manos de mi padre fueron cálidas. Cálidas porque al tocarlas, al sentir sus caricias, transmitía amor, confianza, seguridad y firmeza. Las manos de mi padre fueron de jardinero. De jardinero porque le encantaban las flores que mi madre cultivaba en el jardín. Las manos de mi padre fueron de virtud modelo. De virtud modelo porque nunca arrebató ni maltrató y sí, al contrario, dio de sí, bendijo, curó, enseñó y produjo. Las manos de mi padre fueron de enamorado inquebrantable. De enamorado inquebrantable porque siempre amó a mi madre. Las manos de mi padre fueron eso, un escudo, una enseñanza, un aliento, un poema, un hogar, una plataforma de seguridad, un manantial de amor y sentimientos nobles y una bendición y un ejemplo para nosotros, sus hijos. Del cielo porque Dios envía, en ciertos períodos, a alguno de sus ángeles, acaso con el objetivo de que alumbren las existencias de otros, probablemente por su amor infinito, quizá para que uno evolucione y sepa que la eternidad es real, tal vez por alguna razón que flota en el ambiente y se percibe al abrazar los troncos de los árboles, al hundir los pies en el barro mientras la corriente del río fluye libre y plena, al admirar el crepúsculo en el horizonte marítimo y al contemplar las estrellas que brillan en el firmamento y prometen otras vidas y sueños mágicos y subyugantes. Las manos de mi padre, insisto, fueron todo lo bello para nosotros. Todo lo bello porque cumplió felizmente su misión con nosotros y supo ser esencia y arcilla, luz y sombra, ángel y hombre, vida y sueño, padre y compañero.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Entre los murmullos y los silencios de mi existencia

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Entre los murmullos y los silencios de mi existencia, descubro piedras y escombros de las murallas que una tarde amarga, nebulosa y fría construí y una mañana luminosa y romántica derrumbé con la ilusión de tender calzadas y puentes de cristal próximos a la gente. Entre los susurros y el sigilo de mi vida, encuentro las ruinas de lo que fui algunas veces y coincido con el palacio que diseñé cuando sonreí, amé, di y fui dichoso. Entre los rumores y el sosiego de mi voz, contemplo los amaneceres y los ocasos de mi existencia. Entre los gritos y la mudez de los minutos que transcurren con celeridad, asomo por la ventana de mi ser a los otros días, a los del ayer, desde el cunero hasta la hora presente, y descubro mayor cantidad de flores que de cardos, más lágrimas de alegría que de tristeza, y un paisaje mágico e inagotable de colores, fragancias y matices, con rostros, nombres y apellidos alegres, amorosos, fieles y nobles, y pienso, en consecuencia, en lo bella y enriquecedora que ha sido mi vida. Entre la estridencia y mis palabras apagadas, repaso y exploro, en el aislamiento, aquellos años de mi existencia, hasta llegar al segundo que acaba de transcurrir y perece en la espiral del tiempo, y reflexiono en lo afortunado que he sido durante mi paseo por el mundo. Entre los sonidos y las pausas de las octavas de mis días y mis años, hago un paréntesis, acompañado exclusivamente de mí con la idea de evitar maquillajes innecesarios y el vestuario que uno porta en ocasiones, cuando recibe visitas, y descubro con emoción que la balanza se inclina hacia el viento de la libertad, al amor, a los sentimientos nobles, al encanto de la dulzura, a lo cautivante de una sonrisa y a lo sublime de un detalle. Entre el tejido de las palabras y el deshilado de la voz, hago un recuento de mi historia y, envuelto en el asombro, compruebo que la mía es una biografía irrepetible, justa, prodigiosa e inolvidable, como quizá es la de cada mujer y hombre en el mundo. Entre el concierto y la espera de los signos musicales, recuerdo que cuando toqué a la puerta del cielo, percibí en mi interior una corriente etérea que siempre me dio la bienvenida e invitó a pasar a los jardines y salones de un palacio hermoso; al excursionar a remansos de armonía y paz, me encontré conmigo, con el aliento y la mirada de Dios, con el pulso de la vida. Entre el ruido del engranaje y su repentino silencio, me doy cuenta de que el tiempo únicamente es una barrera, una medida, una frontera, porque el amor, los sentimientos, el alma, la razón, no tienen límite y son infinitos. Entre los latidos de mi corazón y sus instantes desapercibidos, sé que he elegido paraísos e infiernos y que, por lo mismo, soy responsable de las rutas que sigo. Entre los murmullos y los silencios de mi vida, al asomar por la ventana de mi ser, agradezco mi historia y mi destino, mi linaje y mi biografía, mis días y mis noches, mis luces y mis sombras, y me dispongo a abrir la puerta con el objetivo de salir y dedicar mis años de estancia en el mundo a vivir la más bella y grandiosa de las historias.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y comienzan los relatos tras la publicación del libro “123 años de historia, Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia”

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La idea del título –123 años de historia, Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia-, fue del entonces presidente de una de las agrupaciones empresariales de mayor antigüedad y tradición en la capital del estado de Michoacán y en México, Luis Navarro García, quien me lo sugirió días antes de que yo concluyera la redacción de la obra y la entregáramos al editor, en los primeros meses de 2019.

Desde hacía casi dos años, por encargo suyo, investigaba y escribía apasionadamente la historia de la institución empresarial, quehacer que definitivamente me comprometía a consultar documentos antiguos y archivos, independientemente de realizar entrevistas a todos los expresidentes vivos, a líderes de otras asociaciones de la iniciativa privada, a periodistas y a diversos personajes de los ámbitos económico, social y político de Michoacán.

Ante la caminata de los días y los meses, me percaté de que amplio porcentaje de los datos e información de la Cámara de Comercio de Morelia se habían perdido o se encontraban dispersos, a pesar de que algunos autores, en el pasado reciente, dedicaron parte de su esfuerzo y tiempo a recopilarlos y tratarlos en sus obras.

Es innegable que la acumulación de los años, los acontecimientos sociales, las mudanzas a diferentes fincas del centro de la ciudad y hasta las políticas, acciones y estrategias de cada presidente y consejo directivo, contribuyeron a que la Cámara de Comercio de Morelia perdiera mucho de su acervo documental.

Lamentablemente, en el pasado hubo consejeros, personal y directores que titaron a la basura no pocos de los expedientes, fotografías, documentos, libros de actas y papeles institucionales, lo cual me parece irresponsable, atentado al patrimonio camaral e ignorancia.

Afortunadamente, años antes, en postrimerías de la década de los 80 e inicio de los 90, en el siglo XX, cuando yo era demasiado joven y comenzaba mi carrera periodística, un empresario reconocido -Jaime Ramírez Villalón-, miembro de la familia propietaria de la cadena de salas cinematográficas más grande de México, me ofreció su amistad y confianza, y me permitió, en consecuencia, consultar libros antiguos de actas que yo leía con pasión e interés durante las tardes, al concluir mi quehacer profesional.

Así se diluyeron aquellas tardes de lluvia, nebulosas y frías, en la casona añeja de cantera que hasta la fecha es sede de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia, y también se consumieron incontables años de mi juventud.

Fue, entonces, la empleada de mayor antigüedad en la institución. Guadalupe Vega Ibarra, quien por instrucciones del empresario que cité, hacía favor de proporcionarme los libros de actas, de los que extraje innumerables datos históricos e información, acaso sin sospechar que algún día los ocuparía, quizá por mi gusto irrenunciable a la historia y a las cosas antiguas, tal vez por todo y nada.

En otro espacio, seguramente tendré oportunidad de hablar acerca de Lupita Vega Ibarra, quien laboró durante 66 años en la Cámara de Comercio de Morelia, es decir de 1952, tras egresar como secretaria en la Academia Técnica de Enseñanza Mercantil que respaldaba dicha asociación, a diciembre de 2018, tras algunos días de cumplir 90 años de edad.

Y así transcurrieron los años, hasta que un día de 2017, Luis Navarro García, quien iniciaba su gestión como líder de la Cámara de Comercio de Morelia, tuvo la amabilidad de proponerme la creación de un libro sobre la historia de la agrupación.

Recordó que anteriormente, en la presentación de uno de mis libros –El pájaro Lizzorni y la niña de cartón-, un expresidente de la Cámara de Comercio, el economista y empresario José Antonio Garrido Mejía, intervino durante la sesión de preguntas y respuestas, y propuso que por la experiencia que yo había adquirido como reportero de la fuente económica, analizara la posibilidad de escribir una obra sobre la historia de la asociación.

Acepté la propuesta de Luis Navarro García y empecé mi labor de investigación. Combiné mis actividades profesionales con la encomienda de la obra. Acudí, incluso, al Panteón Municipal de Morelia, donde busqué la tumba del hacendado, comerciante y prestamista Ramón Ramírez Núñez, quien fundó de manera formal la otrora Cámara de Comercio e Industria de Morelia, en 1896. Un año antes, en 1895, el empresario alemán, Luis Andresen, propietario de la firma La Palma, especializada en ferretería, mercería y maquinaria, estableció las bases de la Cámara de Comercio e Industria de la ciudad, junto con otros prominentes hombres de negocios establecidos en Morelia, capital de Michoacán, estado que se localiza al centro-occidente de México,

 Me sorprendió bastante descubrir la tumba vacía de Ramón Ramírez Núñez y su familia, los Ramírez García, quien además fue dueño del Huizachal, terreno perteneciente a la Hacienda La Huerta, que en el anochecer del siglo XIX cedió para el establecimiento del Panteón Municipal de Morelia.

Así partí con el libro, ante los desafíos de una tumba vacía y la ausencia de datos, expedientes, documentos e información. Con celeridad me di cuenta de que tendría que investigar exhaustivamente sobre los empresarios y la economía de Michoacán a través de la historia, migraciones a Morelia, epidemias de cólera, antecedentes del ferrocarril en la ciudad, cementerios, fundación de comercios e industrias, minería, haciendas, conflictos estudiantiles y creación de bancos., entre otros temas.

Recurrí a todos los exlíderes de la Cámara de Comercio de Morelia que aún vivían, a quienes entrevisté con relación a sus respectivas gestiones. Visité diversas ocasiones al querido amigo barcelonette, Juan Jaubert Jauffred, todavía con el aroma del antiguo  y cerrado almacén El Puerto de Liverpool, fundado en la capital de Michoacán por los hermanos Audiffred.

Probablemente por la trascendencia de la comunidad francesa en los negocios establecidos en Morelia durante las últimas décadas del siglo XIX y la aurora de la vigésima centuria, quizá por el amor y la remembranza hacia mis antepasados o tal vez por el romanticismo envuelto en las historias de antaño, sentí embeleso y dediqué un capítulo a la narración de un negocio tradicional, fundado en 1898 por los hermanos Margaillan, el cual, sin duda, identificó a no pocos de los lectores con sus antecesores.

Sostuve conversaciones amenas e interesantes con el célebre Juanito Jaubert Jauffred, quien hace años fue cónsul honorario de Francia en Morelia. Y también lo hice con el actual diplomático honorario en la capital de Michoacán, Raul Reynaud Bernard.

Y me reuní con otros empresarios, dueños de establecimientos comerciales de gran tradición en la ciudad de Morelia, fundada el 18 de mayo de 1541, como Luciano Margaillan, descendiente de los hermanos Margaillan, creadores, en 1898, en este lugar, del almacén Las Fábricas de Francia, hoy Las Fábricas Margaillan.

Conocí, igualmente, la historia del empresario dulcero Luis Torres Villicaña, uno de los expresidentes más queridos y entrañables de la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia, y visité a diversos personajes, quienes con sus relatos e información coadyuvaron a enriquecer la obra.

Admito que, finalmente, muchos temas quedaron en el tintero, en espera de una publicación futura; además, por tratarse de una obra lujosa, totalmente respaldada por la Cámara de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia, a través de su presidente, en ese momento, Luis Navarro García, suprimí más de 100 páginas y retiré, incluso, pies de página y otras anotaciones. Hubiera resultado muy oneroso imprimir un volumen con las características iniciales.

El libro, 123 años de historia, Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia, fue editado en septiembre de 2019, y consta de 320 páginas impresas en papel couché. Su contenido abarca las cartas de los presidentes, ese año, de la Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, Servicios y Turismo y la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia, José Manuel López Campos y Luis Navarro García, respectivamente; prólogo, elaborado por mi colega, el periodista e historiador Arturo Herrera Cornejo; e introducción.

La obra presenta los capítulos Una historia; Una tradición; Cámara de Comercio de Morelia; Cámaras Nacionales de Comercio/ Confederación de Cámaras Nacionales de Comercio, su historia; Academia Técnica de Enseñanza Mercantil de la Cámara de Comercio de Morelia; Circular número 8; De aquí y de allá; Economía informal; Los presidentes; Personajes. El libro tiene epílogo, nombres de los integrantes del consejo directivo 2019-2020 y carta del Consulado Honorario de Francia en Morelia; también posee un espacio denominado Acerca del autor, escritos por el escritor, periodista y académico Rogelio Villarreal Macías y por el artista y escultor Pedro Dávalos Cotonieto; fotogalería y bibliografía.

Me llamó la atención el hecho de que algunos descendientes y familiares de personajes que antaño fundaron o dirigieron negocios exitosos y de tradición en Morelia, ni siquiera hayan respondido a la invitación de entrevistarlos para incluir sus historias en la obra, algunos que, por cierto, posteriormente se sintieron extrañados y no tomados en cuenta.

Por fortuna, mi relación con expresidentes, consejeros y miembros de la Cámara de Comercio de Morelia ha sido de amistad y respeto. Valoro la confianza que tuvieron en mí y el afecto que me demostraron.

De hecho, durante el período final de la redacción y posterior revisión de la obra, mi quehacer literario se multiplicó porque escribía, a la vez, el libro La trascendencia de la industria manufacturera en Michoacán, que me encomendó el industrial Ricardo Bernal Vargas, entonces presidente de la Asociación de Industriales del Estado de Michoacán, con motivo de las cuatro décadas de fundación de dicha agrupación.

En cuanto a lo demás, me resulta placentero recordar el entusiasmo y la ilusión que él, Luis Navarro García, demostró cada día, principalmente en la etapa de revisión, diseño e impresión de la obra, y efectivamente, fue quien propuso el título 123 años de historia, Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia.

La presentación de la obra fue en las instalaciones de la Cámara Nacional de Comercio, Servicios y Turismo de Morelia, en el centro histórico de la ciudad, ante empresarios, líderes de agrupaciones de la iniciativa privada michoacana, funcionarios públicos e invitados especiales, el 18 de septiembre de 2019.

Ofrecí públicamente que meses después me dedicaría a difundir la historia de esta agrupación centenaria, con mucho de lo expuesto en el libro y bastante de lo que suprimí por falta de espacio y de lo que quedó en el tintero. Lo haré en mi espacio oficial: santiagogaliciarojonserrallonga.wordpress.com. Seré constante, como lo prometí, con la idea de que los lectores interesados en el tema, cuenten con información fidedigna y la historia de una agrupación empresarial que ha influido a nivel municipal, estatal y nacional en temas académico, social, económico y dentro de la función pública.

Agradezco, en verdad, el apoyo, la amistad y la confianza que Luis Navarro García tuvo en mí; pero también valoro el respaldo del empresario y economista José Antonio Garrido Mejía, quien varias ocasiones sugirió, en mis presentaciones literarias, la creación de esta obra. También reconozco las atenciones de los expresidentes camarales, los miembros del consejo directivo y los personajes que me dedicaron parte de su afecto y tiempo.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

La delicia de cada página

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La delicia de cada página consiste en sumergirse en las letras, el papel y la tinta. El encanto de un libro se basa en su rostro de portada, en su espalda de contraportada, en los susurros impresos en su interior, en su perfume y en su significado, en su nombre y en su contenido, en sus secretos y en sus expresiones. Los libros exhalan las fragancias del agua, la corriente etérea del oxígeno y las cortezas musgosas de los bosques. Huelen a sentimientos e ideas, a aventuras y sapiencia, y también a abecedario, lenguaje e imprenta. Resumen la historia humana con sus luces y sus sombras, sus rumores y sus silencios, su realidad y sus sueños. Tienen la magia de cautivar y enamorar. Los hay delicados, suaves y tiernos para una infancia feliz e inocente; también abundan otros que toman de las manos a los adolescentes y a los jóvenes, a quienes llevan a vivir innumerables aventuras, a soñar, a pensar, a creer. Existen libros para la aurora de la existencia, la mitad de la vida y el ocaso de este sueño terreno.  Son compañeros de viaje. Tienen pasaporte al ayer, a los otros días, e igualmente al hoy, a la hora actual, y al mañana, a amaneceres y anocheceres que se antojan distantes. Quebrantan celdas, rompen candados, destrozan cadenas, aniquilan fantasmas Entregan las alas de la libertad. Dejan huellas indelebles. Muestran senderos. Marcan rutas y destinos. Provocan motines entre los prisioneros al entregarles las llaves del conocimiento y tender puentes. Los buenos libros, son consejeros inseparables, amigos invaluables, enamorados eternos, artistas, creadores, maestros y compañeros. Tienen similitudes con los seres humanos al presentarse minúsculos, mayúsculos, delgados, gruesos. Y si conducen a las profundidades de los océanos y a la inmensidad del espacio, son guías en las selvas, los desiertos y los polos. Imparten clases y son guías excepcionales de turismo. Enseñan a cocinar, a crecer, a reparar, a construir. Son tan variados como las octavas del universo. Concentran, en sus hojas, poemas subyugantes, historias que brotan de la imaginación, cátedras de ciencias, relatos históricos, fórmulas, doctrinas, teorías. Resulta complicado definir si el concepto de libro es invención, descubrimiento o creación. Es innegable que se trata de un regalo prodigioso del cielo, una aportación de la mente humana, una luz imprescindible en la ruta hacia la evolución. Como artista -escritor, si he de ser preciso-, a esta hora de mi vida -un día cualquiera- rindo homenaje a los libros y a sus autores, a las bibliotecas, a sus integrantes y a los lectores. Mi propuesta es hacer de cada día la hora del libro, el momento de la lectura, el instante del encuentro entre las obras escritas y los lectores, como lo acostumbran los enamorados al citarse en un puente desde donde contemplan los amaneceres y las puestas de sol que se funden en el horizonte, en lo inconmensurable del océano, mientras consumen los años de sus existencias.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

El poema que te dedico

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Porque tú, tú eres mi poema

Un poema -el que te dedico- se compone desde la profundidad del ser, con el alma envuelta en las burbujas de los sentimientos y en las esferas de la razón. Un poema lo dicta el artista a las manos acostumbradas a lo sublime de la creación, y qué mejor si son las que construyen y dan de sí. Un poema acude fielmente al abecedario, a las letras, al lenguaje que no insulta ni agrede, y sí, al contrario, canta al amor, a la belleza, a la vida, a la alegría. Un poema, al crearlo, se parece a las orquídeas, los tulipanes y las rosas que el florista elige por ser los de mayor belleza del jardín Un poema es algo más que una hoja de papel y un bolígrafo, quizá porque trae las voces de las cascadas, del viento, de los océanos y de paraísos insospechados. Un poema funde estrellas, mezcla la intensidad de tu mirada con las letras, lleva tu voz y mi canto. Un poema -el más bello y sublime, el que te lleva al mundo y te traslada al cielo- es el que escribo para ti. Simplemente, acomodo las letras, los signos y la puntuación en mi cuaderno de artista porque tú, tú eres mi poema.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

Y llegó junio

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Y llegó junio, irreconocible, con añoranzas rotas e historias transformadas en ayer, seguramente guardadas en su mochila de viajero. Llegó junio con exactitud, puntual y de frente a su cita con el año 2020. Y llegó junio, tomado de las manos de enero, febrero, marzo, abril y mayo, en uno de sus extremos, y, en el otro lado, sujeto a julio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre, todos en círculo, girando incansables, asomados en el espejo de la vida y los ciclos. Llegó junio, completo, con 30 días. Y llegó junio con la expectativa de nuevos amaneceres y los colores que uno aplica al lienzo cuando presiente cercanas las ilusiones y la esperanza, tras el naufragio y el encierro. Llegó junio con el recuento de primaveras, veranos, otoños e inviernos añejos, consumidos aquí y allá, en cada rincón del mundo, y el eco de otra gente que ya no regresó. Y llegó junio, indiferente, solitario e invertebrado, igual que el viajero que en la estación aguarda impaciente el furgón del ferrocarril en el que ha de partir, con flores de la mañana, alegrías mutiladas y suspiros apagados. Llegó junio con todo, con lo bueno y lo malo de la vida, con la risa y el llanto, con alegrías y tristezas. Y llegó junio con el aliento de horas trasnochadas, diluidas en las casas pletóricas de rostros mayúsculos y minúsculos, en las escuelas desoladas, en los proyectos existenciales inconclusos. Llegó junio con diferentes miradas y semblantes, de pronto caluroso e inesperadamente envuelto en lluvia, o con frío y a veces con ráfagas de viento, como si arrastrara consigo el recuento de otros días e invitara a vivir porque los instantes de la existencia se marchan entre un suspiro y otro. Y llegó junio, silencioso, acostumbrado, como los otros meses, al desapego y la neutralidad de los períodos, acaso porque el tiempo mundano le prohíbe expresar directamente su lenguaje, quizá por ser pacto el aprendizaje de la humanidad por medio de los signos que se le presentan, tal vez por tener las cosas un simbolismo y cada momento pasajero representar una oportunidad de vivir o morir. Llegó junio, completo, con el equipaje que una mañana, una tarde, una noche o una madrugada, al concluir su tarea, llevará consigo. Y llegó junio sin tocar a las puertas. Llegó junio, como siempre, para que cada mujer y hombre, en el mundo, escriba y protagonice la historia de su existencia y haga de su biografía una obra sinfónica magistral o una serie de notas discordantes. Llegó junio, es verdad, con la idea de que cada persona experimente el viaje y disfrute o sufra durante la travesía. Y llegó junio para la humanidad, con las páginas abiertas y en blanco, con la idea de que cada uno asiente los argumentos, las anécdotas y los datos de su existencia, y plasme dibujos de sonrisas, amor, sentimientos nobles, alegría y huellas indelebles, dignas de una historia bella, luminosa, extraordinaria e inolvidable, o, al contrario, presa de apetitos, egoísmo, superficialidad, estulticia y maldad. Llegó junio a ocupar la vacante que dejó mayo, con la certeza de que julio lo reemplazará. Y llegó junio, simplemente, con la intención de que, a pesar de las circunstancias del mundo, naturales y sintéticas, la vida y la muerte coexistan, al grado de que mujeres y hombres evolucionen, crezcan, se prueben a sí mismos, se midan y se conviertan en luz o en sombra. Llegó junio con un maquillaje para cada uno de los sus 30 días de estancia en el planeta. Y llegó junio.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright