Mujeres de siempre: Evelyn Tavares, de una infancia feliz y una juventud de ensueño, a un paseo inolvidable por el mundo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La sonrisa, cuando es genuina, toca a la puerta del cielo y trae consigo el encanto de las flores y de los ríos de cristal que abundan, parece, en los jardines del paraíso. Es un poema de la mirada, del alma, de los labios, de la memoria, del corazón, de las manos.

Quienes la dibujan en sus rostros, en su estilo de vivir cada instante, cautivan por ser auténticos y libres, plenos y felices. Es un síntoma de la alegría, el amor, el bien y la verdad que reposan en el interior.

Y si a la sonrisa se le acompaña y decora con la nobleza de sentimientos y una ruta existencial bella y ejemplar, aparecen una mirada y un semblante felices que asombran y motivan a pensar que esa vida humana ya se salvó.

No siempre tiene uno la fortuna de coincidir con alguien especial, con una persona extraordinaria, irrepetible y maravillosa, ajena a arrebatos y superficialidades, con un mapa de amor en las manos, detalles hermosos y desbordantes, inteligencia y valores.

Ella, Evelyn Tavares Castillo, es una de esas personas que no se olvidan, un ser humano inagotable, una mujer que prefiere ser dama e impone admiración, cariño y respeto. Es privilegiada por su esencia.

Un día, como otros más, tuve oportunidad de que me platicara su pasión por la naturaleza. Cuando admitió que le encantan las aldeas italianas, los paseos en bicicleta y comer y beber café al aire libre, admirar los paisajes con la belleza y la magia de sus matices en los amaneceres y en los atardeceres, y que más que encerrarse en el gimnasio de una plaza comercial con ventanales para que la miren, igual que a otros tantos, en una escaladora o un aparato, le apasiona caminar y respirar aire puro, entre árboles, plantas y flores, comprendí que me encontraba frente a una mujer que verdaderamente ha aprendido a vivir y que estos días de estancia en el mundo, para ella, son de recreo y aprendizaje, de enseñanza y de dar de sí, de consumir cada minuto y hora con un sentido real, de tener definidos una ruta y un destino.

Hay quienes de pronto se encuentran frente a sí, en los suspiros de la vida, y tienen el privilegio de explorar sus secretos insondables, caminar dichosos entre flores y cardos, hacer de los sueños e ilusiones trozos de realidades, regalar momentos de felicidad a los demás, dar lo mejor de sí y dejar huellas indelebles y constancia de su paso por el mundo.

Evelyn nació en 1972, el 6 de julio de aquel año, varias semanas previas a la celebración de los XX Juegos Olímpicos, celebrados en Munich, entonces Alemania Federal, entre el 26 de agosto y el 11 de septiembre. Pertenece a una generación que todavía disfrutó la niñez y adolescencia en las calles apacibles, entre la inocencia de los juegos y la ilusión por lo bello.

Hago un paréntesis para exponer que la década de los 60 y parte de la de los 70, en el inolvidable, épico e irrepetible siglo XX, no solamente registraron procesos de transformaciones económicas, sociales y políticas; también fue un período de encuentro y desencuentro de generaciones, una centuria que marcó la compleja prueba de la coexistencia entre mujeres y hombres que nacieron en diferentes épocas. Había gente, entonces, que databa de la segunda mitad de la decimonovena centuria e igualmente de las sucesivas estaciones de la vigésima, cada una con sus modas, costumbres, ideas y creencias, no pocas veces opuestas y contradictorias entre sí.

En la década de los 70, naufragaban escombros e ideales de los últimos 100 años, con gente que venía de desembarcos y conocía el aroma de las travesías y las encalladuras con tormentas, revoluciones y guerras, epidemias, hambre y cambios radicales, y también personas con la convicción de protestar y rebelarse contra las estructuras tradicionales para establecer otros modos y sistemas de vida.

Y así, entre las décadas de los 60 y los 70, surgieron las generaciones de los cambios, las mujeres y los hombres que transitaron de un modelo de vida a otros, la gente que atestiguó y protagonizó, en los siguientes años, la aportación ambivalente de la ciencia y la tecnología, desde los televisores en blanco y negro que utilizaban bulbos, las máquinas de escribir y las sumadoras mecánicas, las llamadas telefónicas de larga distancia que requerían la intervención de las operadoras y las cámaras fotográficas que utilizaban cubos de flash, hasta los aparatos cibernéticos de la hora contemporánea.

Evelyn nació en la década de los 70. El 6 de julio de 1972, en un rincón de la isla La Española, donde se encuentra la República Dominicana, precisamente en Santiago Rodríguez, Felipe de Jesús Tavares y Margarita Castillo Estévez agradecieron el nacimiento de su hija.

Las mujeres dominicanas de aquellos días, acudían con sus madres para que las ayudaran en los partos, y así lo hizo, en su momento, Margarita. La abuela de Evelyn -Ana Delia Estévez de Castillo-, quien entonces tenía medio siglo de edad -ahora, en 2020, cumplió 98 años de vida-, animó a su hija Margarita, que era muy joven, y la acompañó al hospital, hasta que de improviso, en aquella institución médica de Santiago Rodríguez, el llanto anunció el nacimiento de una niña.

Ana, la abuela, siempre tan activa en ese ambiente caribeño, matizado por las tonalidades de la naturaleza y rodeado del trinar de las aves y del susurro la vida, iba y venía, hasta que abrazó a Felipe de Jesús, su yerno, por el nacimiento de su hija, una bebé preciosa.

Como en los cuentos de hadas y princesas, la infancia de Evelyn resultó un deleite, una historia inolvidable, feliz e intensa, a pesar de que sus padres decidieron separarse cuando ella tenía tres años de edad. Margarita, la madre, partió a la ciudad de Santo Domingo con la idea de continuar sus estudios, mientras Felipe de Jesús, el padre, permaneció en Santiago, donde también vivía la abuela Ana Delia, la mujer que hizo de los años y la vida de Evelyn una historia prodigiosa.

Dentro de un hogar marcado por el amor, la educación y los principios de la abuela Ana, Evelyn, la niña, se formó en un ambiente sano en el que siempre prevalecieron el respeto y los valores. Sus tíos la amaban demasiado. De hecho, una pariente suya le llamó por teléfono recientemente y le expresó: “eres la sobrina, hija de todos los tíos”. Tal es el amor que le tienen.

Los encuentros con su madre fueron continuos, ya que cada 15 días se reunían. A su padre, establecido en Santiago de los Caballeros, lo veía con mayor frecuencia. La abuela le daba consejos, le enseñaba innumerables labores y la consentía; sin embargo, la inscribió en un colegio de monjas con la idea de que adquiriera una educación integral.

Algunas existencias humanas se vuelven biografías hermosas e inolvidables, historias inagotables, y así fue la de Evelyn, dichosa en el ambiente campirano, donde compartió tantos capítulos con su hermano Felipe, ya fallecido, y con sus primos, a quienes tanto ha amado.

Ni el tiempo, acostumbrado a borrar historias felices y dejar pedazos de ayeres en el sendero, ha sido capaz de dispersar los recuerdos de aquella infancia dichosa que se prolongó, igual, en la adolescencia. Su padre le enseñó a amar la naturaleza. La llevaba a las montañas, a la campiña, a los escenarios naturales.

“Mis primos eran como hermanos. Me encantaba vacacionar con ellos y con mis tíos, al lado de mi entrañable hermano Felipe, en el campo. Fue un período muy bello de mi vida. Siempre lo llevaré conmigo”, recuerda Evelyn, quien explica que fue deportista, capitana de dos equipos de voleibol, “uno en  el colegio y otro en el club. En ese lugar, el club, las niñas jugábamos voleibol y los niños practicaban basquetbol”.

Sonríe al revisar los expedientes de antaño. Sus remembranzas la trasladan hasta los domingos en que la abuela Ana, a quien acompañaba a todas partes, le daba permiso de jugar voleibol después de asistir a misa porque siempre ha sido una mujer muy católica.

Describe su bicicleta y relata trozos de su existencia: “me la regaló mi madre en uno de mis cumpleaños y fue, a partir de entonces, compañera inseparable durante tanto tiempo. Fue aliada y testigo de mis capítulos, sueños e ilusiones… y claro, también recibí incontables muñecas, de las que llamábamos de trapo. Jugábamos en medio de nuestra inocencia. Pienso, a la distancia, que quizá lo que más nos fascinaba era convivir, reunirnos con la intención de jugar en las calles, en los espacios públicos. Al concluir las tareas, solíamos reuniros en las calles, tan tranquilas que hasta podíamos correr y jugar voleibol. Cenábamos y de inmediato volvíamos a pasear. Mis amigas y primas eran como hermanas”.

Entre un relato y otro, una pausa y alguna más, Evelyn reseña que su madre trabajaba en un gran hotel, coyuntura que le facilitaba ir con su hermano Felipe a las instalaciones y disfrutar la piscina; sin embargo, “confieso que más amaba mi estancia en el campo, al lado de la abuela Ana. Mis amigos y mis primos íbamos al río, a los parajes montaraces, a caballo o en burros, en lo que denominábamos expedición, y allá, a la orilla del río, cocinábamos. Disfrutábamos caminar. Contemplábamos los tonos de la naturaleza y percibíamos los rumores de la vida. Fue una de las etapas más bellas de mi infancia”.

La emoción de Evelyn se desborda en la hora de sus remembranzas, principalmente al narrar una anécdota que se registró durante una de sus llamadas expediciones. En algún momento cayó de un burro, accidente que influyó para que la abuela Ana le prohibiera montar esa clase de animales, e incluso caballos. Era la más pequeña entre el grupo de primos y amistades, y no resultaba conveniente, por lo mismo, que se arriesgara.

De gran espíritu aventurero, como lo aprendió de su padre, Evelyn llegó hasta casa de su tío, hermano de la abuela, a quien explicó que pasearía con sus primos y necesitaba, en consecuencia, le prestara uno de los tantos caballos que poseía, de preferencia el corcel blanco que parecía tan elegante y precioso.

La distancia que recorrerían era de aproximadamente 10 kilómetros. No deseaba caminar tanto. Montó el caballo blanco, pero el animal relinchó y de improviso reparó, lo que provocó que Evelyn cayera entre piedras. A pesar de los golpes y las heridas, se sobrepuso y caminó hasta el paraje que habían elegido para su expedición. Era la más pequeña del grupo. Los primos acordaron no platicarle a la abuela lo acontecido a la niña, pero la mujer descubrió las heridas y los moretes de su nieta, quien vestía pantalón corto. “Es una anécdota que todavía recordamos y nos hace reír”, asegura.

La vida continuó fluyendo, igual que una corriente diáfana, y Evelyn siguió montando caballos y burros. Cruzaban ríos y andaban aquí y allá, en un lugar y en otro, en medio de la naturaleza. Era una pasión que mezclaba con el deporte.

Durante uno de los paseos campestres con su padre, ambos descubrieron un pájaro  lastimado. Lo recogieron con bastante cariño y lo llevaron a casa con la intención de coser su herida y cuidarlo, hasta que un día el ave emprendió el vuelo hacia la libertad. Tal acontecimiento reforzó su aspiración de estudiar Medicina con el objetivo de contribuir a sanar a otros seres y salvar vidas.

No obstante, le encantaba la comunicación y la practicaba en los días de su vida, capacidad que desde muy joven le favoreció para emplearse en la Tarjeta de Crédito Oro y, a la vez, estudiar Relaciones Públicas, que tiempo después enriqueció con los cursos de Televisión.

De la Tarjeta de Crédito Oro -su primer empleo-, ingresó a la Procuraduría General de la República, en Santo Domingo. Trabajó con tres procuradores distintos y tuvo oportunidad de aprender y conocer gran cantidad de personas. De hecho, todavía mantiene comunicación con algunas amigas abogadas de aquella época. Sabe que la amistad es algo más que una casualidad o un saludo, acaso por tratarse de capítulos mutuos, de una historia compartida, y esa suerte ha tenido con la gente que la conoce.

Reconoce que tuvo incontables oportunidades de progreso en su vida y reseña, por lo mismo, que cuando laboraba en la Procuraduría General de la República, un productor de televisión la descubrió e invitó a incursionar en un medio de comunicación.

Discurrían, entonces, los días de la década de los 90. Trabajaba en Color Visión. Le encantaba. En aquella época, la Universidad del Caribe impartía un curso importante para productores de televisión. Existía una escuela de Periodismo, pero no una especializada en la formación de productores.

Color Visión resultó un foro importante dentro de la televisión dominicana. Los domingos aparecía al aire, siempre con su magnífica presencia, mientras los viernes, en tanto, participaba en un canal por medio de un programa de su creación, “Con entera libertad”.

Su participación en televisión fue exitosa. Tuvo oportunidad de conocer diversos personajes, como a Jean-Bertrand Aristide, sacerdote salesiano que ocupó la presidencia de Haití, país vecino de la República Dominicana, con el apoyo del pueblo, hasta finalmente convertirse en dictador.

Al hojear aquellas páginas de la historia, sustraídas de su memoria, Evelyn expresa que “era un período muy complicado para Haití, país que sufrió mucho con el paso de dictadores. En ese tiempo se registraban gran cantidad de asesinatos en contra de periodistas y de personas disidentes. El pueblo haitiano estaba en contra de la dictadura. Por medio de la Embajada de la República Dominicana, un grupo de comunicadores vistamos y entrevistamos a Aristide, en el Palacio Nacional de Haití. Mis compañeros eran los periodistas más experimentados del momento. Parecía inaccesible el ingreso al recinto y allí nos esperó y recibió Jean-Bertrand Aristide”.

Prosigue con el relato: “a Raoul Cédras, político y militar que ejerció el poder dictatorialmente en Haití, lo conocí a través de una amiga. Al reunirme con él y platicar, me percaté que detrás de aquel rostro de hombre tan temido, existía una persona que hablaba normal, humilde, risueño… Posteriormente enfrentó problemas muy fuertes”.

Fluyen los recuerdos en la memoria de Evelyn Tavares Castillo. Recuerda que dentro de su ejercicio profesional, conoció al escritor, ensayista y presidente dominicano Joaquín Antonio Balaguer Ricardo; aunque también trató a toda clase de personajes desde temprana edad, experiencia que le otorgó mayor seguridad y le dio oportunidad de adquirir conocimiento y experiencia.

Los recuerdos son aves peregrinas que escapan de la mente, en ocasiones con sentimientos muy profundos y a veces indiferentes, pero vuelan y dejan nidos que el viento dispersa al final. Es la razón, parece, por la que Evelyn retorna de nuevo a su infancia, cuando la cantante española Rocío Dúrcal, amiga de su madre, viajaba hasta la República Dominicana y se hospedaba en un hotel hermoso.

Y así, al recorrer el álbum de su existencia, Evelyn recuerda que era muy niña cuando ella y su hermano Felipe recibieron de la cantante trajes de baño y se tomaron fotografías en la piscina. Fue aquel un día completo de convivencia y plática. Nunca lo olvidarían.

Llegó el momento, en la vida de Evelyn, en que enfrentó el reto de tomar una decisión. En una fiesta navideña, conoció al hombre con quien contraería matrimonio, un industrial italiano que se encontraba en la isla caribeña por motivos de negocios. Resultó difícil tomar una decisión porque se encontraba en su país, en la República Dominicana, y vivía su momento de prestigio en la televisión.

Siete meses después de aquel encuentro, viajó a Italia. Hizo una pausa. Cada mes y medio realizaba vuelos entre ambas naciones. Renunció a la televisión y se estableció en un pueblo apacible de Milán que entre seis de la tarde y siete de la noche estaba oscuro y frío, envuelto en niebla, “clima muy diferente para una persona solar como era yo, que venía del Caribe”.

Trabajó en la empresa de su marido, en las áreas de Administración y Relaciones Públicas, industria que fabricaba máquinas empacadoras. Antes de trasladarse a Italia, cuando vivía en la República Dominicana, viajaba con frecuencia a naciones como Panamá, entre otras, y a Europa llegó por primera vez en el año 2000. “El primer país europeo que pisé fue Francia, pero las actividades de la fábrica favorecieron mis viajes a diferentes regiones de ese continente. Viajaba cada 15 días. Me encanta la fotografía. Empecé a tomar fotografías que reservaba para mi colección y que posteriormente decidí publicar en las redes sociales, específicamente en Facebook”, explica.

“Mis familiares y amigos sugerían que creara un blog para publicar fotografías y textos relacionados con mis viajes, pero yo les contestaba que no era escritora, que había surgido de la televisión y no me resultaría fácil; pero un día me atreví, y eso es primordial en la vida, analizar el potencial de uno y llevar a cabo acciones, materializar sueños e ilusiones, realizar los proyectos y dar un sentido pleno a la existencia”, reconoce Evelyn.

Al separarse de su marido, Evelyn se reencontró consigo y tomó la decisión de crear un blog especializado sobre viajes. Lo inició en 2018 y ha resultado exitoso. “Me dejé llevar por la inspiración, por el encanto de cada lugar que visito, y así empecé a escribir y publicar fotografías”, completa.

Las preguntas surgen aquí y allá y ella responde, unas veces pausadamente y otras con emotividad, hasta que expone que “cuando uno llega a otro lugar, a un país diferente, las personas suelen ser herméticas, y es natural. En el Caribe la gente tiene mayor apertura y es más hospitalaria; en Italia, en cambio, algunas personas ni siquiera conocen a sus vecinos. Tuve suerte. Una vecina de mi edad me saludaba y hasta la fecha somos amigas. La señora que vivía enfrente me estimaba. La gente me saludaba. No tuve problemas, indudablemente por mi carácter amigable y tranquilo. En la fábrica, obtuve el afecto de los trabajadores, y lo mismo sucedió en el grupo de catecismo de mis hijos y en todas partes”, y eso es la vida, parece, un viaje en el que es grato y maravilloso dar, recibir y devolver sonrisas y detalles, dejar huellas y llevar consigo una historia plena, sin cargas penosas ni sombras que provoquen arrepentimiento y dolor.

Entre sus evocaciones, Evelyn ríe al decir que si bien es cierto que en Santo Domingo poseía licencia de conductor, en Italia andaba en bicicleta. En ese tiempo resultaba difícil obtener la licencia europea, “y la verdad es que yo aprendí a hablar italiano en dos meses y el trabajo y los viajes me obligaban a repasar los estudios para conseguir mi anhelo. Finalmente, sólo cuatro personas del grupo obtuvimos la licencia europea”.

Y de una respuesta aparece otra y luego una más. La conversación con Evelyn parece interminable. La plática es agradable. No olvida que de pronto acudió puntual a su cita con el destino en Italia y se encontró de frente con otra gente, comida, idioma, costumbres e historia. “En la República Dominicana, mi vida estaba adelantada profesionalmente, y en Italia, que tanto amo, tuve que comenzar”.

Confiesa que ama la República Dominicana e Italia. Italia es un país maravilloso. Le encanta. La escuela italiana es excelente para sus dos hijos. Siempre le encantó visitar el centro de Milán, ciudad que es muy étnica, donde la gente no se involucra en conflictos vecinales. Las personas están ocupadas en sus actividades, en sus proyectos, en sus vidas.

Tras reconocer que las grandes ciudades enseñan mucho, admite que cada pueblo ofrece sus propios atractivos y platillos. En cada región existen dialectos y la comida es rica en variedad y muy deliciosa. Es una ventana que si se abre de improviso, se desborda tanta cosa tan bella.

Evelyn tiene más proyectos. Aunado al canal de youtube, pretende que su blog ofrezca recomendaciones para su público. Algunos lectores piensan que pertenece a una agencia de viajes, pero no es así, su blog es autónomo y libre, simplemente contiene los apuntes y las fotografías de una mujer enamorada de los paseos y los destinos turísticos. Pretende, por ejemplo, que su auditorio comprenda que es primordial saber viajar sin gastar tanto dinero. Desea abordar temas relacionados con los molinos y los sitios de antaño. “Quiero establecer secciones especializadas para enriquecer más la cultura y las experiencias de mis lectores y agradarlos con el contenido del blog”, reafirma. Cabe recordar que su blog, como le llama, es una página completa y profesional: https://evelyntavares.com/.

Tras recorrer el mapa de su existencia y conocer las rutas y las estaciones de su biografía, llega al momento en que debe dar algún consejo a las mujeres latinoamericanas y del mundo: “las invitaría a superarse. Es importante que se encuentren a sí mismas, que se atrevan a definir y protagonizar sus vidas y sus destinos. Sean autónomas, es decir traten de emprender y ofrecer más de ustedes. No se requiere ser profesional para alcanzar el éxito; aunque es importante la formación académica. De preferencia, si las condiciones lo permiten, hay que estudiar, formarse y buscar la actualización toda la vida. La creatividad y la originalidad son importantes. Si estudian, es mejor”.

Recomienda tener una pasión. “Eso ayuda a la salud mental. Difícilmente enferman o se deprimen las personas que tienen alguna pasión: caminar, ejercitarse por medio de un deporte, escribir, cultivar flores y plantas, coleccionar algo, viajar. Esa clase de personas viven mejor y son más felices. Independientemente de la posición socioeconómica y de ser madres de familia, estar casadas o permanecer solteras o divorciadas, hay que tener una pasión sana. Es maravilloso reconocer lo que hago con mis manos o lo que tiene forma después de concebirlo en mi mente. Resulta hermoso y satisfactorio crear, avanzar, sentirse orgullosa de uno misma. Ante todo, es significativo amarse mucho y contar con su propio espacio. En mi caso, tengo dos hijos, a quienes amo demasiado; pero tras atenderlos y ellos dedicarse a sus actividades, realizo lo que me apasiona y me siento realizada”.

Invita a las mujeres a crecer, superarse, ser ellas mismas, libres, dignas, respetuosas. Es necesario avanzar, no detenerse ante ninguna circunstancia negativa. Recomienda que se quieran y se valoren, y que por ningún motivo se rezaguen ni se sientan inferiores porque todas las mujeres tienen derecho a realizarse plenamente y ser felices.

Agrega que “mujer significa muchas cosas. Una mujer hace mil tareas. Tiene fiebre y no sabe porque debe seguir adelante, llevar a hijos a escuela, responder a todos los retos de la vida, cumplir responsablemente. Significa ir, a veces, en contra de la corriente. Todavía hay muchos prejuicios. Abundan las personas que etiquetan a las mujeres sin conocer lo que han hecho, sus antecedentes, sus historias, su realidad. Por eso me gusta la fuerza interior que estimula a caminar hacia adelante. Ante todo, hay que tenerse respeto. Respétense a sí mismas y a los demás. No hagan caso a otras voces que generalmente pretenden arruinar y destruir. Escuchen y sigan los consejos de su voz interior. Den ejemplo de lo que son, de lo mucho que valen, y no olviden comprender y ayudar a otras mujeres. A las mujeres se les denomina sexo débil, pero son muy fuertes y muchas dan ejemplo de grandeza”.

Le parece deplorable que en muchos países las familias se dividan y enfrenten por intereses materiales. El dinero ha provocado tantas rivalidades y separaciones familiares. Aconseja, en consecuencia, superarse toda la vida, pero renunciar a ambiciones desmedidas, envidias, chismes, engaños y superficialidades. Una vida dedicada al bien y a la verdad tiene más valor que una desperdiciada en el mal.

Antes de concluir el viaje por su biografía, Evelyn recuerda a su hermano Felipe, con quien compartió tantas vivencias durante su infancia, el cual falleció. También piensa en sus hermanos, siempre con un amor entrañable: Daniel, Rudy, Ramón, Raúl, Carolina y Alberto.

Sabe que la familia tiene un valor significativo y es, por lo tanto, base y eje de una sociedad sana cuando existen valores que la rigen. Es recomendable fortalecer a las familias a través del amor, la nobleza de sentimientos, la educación, los consejos, la convivencia, los ejemplos positivos.

De sus viajes, le encanta todo. En Europa compró gran cantidad de libros y mapas sobre lugares de interés. Colecciona libros dedicados a las ciudades europeas. No desconoce que por medio de internet es posible conocer más acerca de tales temas y hasta trasladarse virtualmente a cada sitio; sin embargo, disfruta mucho recorrer los destinos turísticos. Busca los centros históricos de las ciudades, con toda su arquitectura, su historia, sus museos y sus espacios, donde le es factible conocer a la gente que se reúne; sin embargo, le fascina recorrer los mercados porque allí, entre pasillos y negocios, “descubro los rostros, las costumbres, el palpitar y la esencia de los pueblos”.

A Evelyn le apasiona caminar. Anda por senderos antiguos, recorre lugares históricos, explora, desentraña, conoce. Imagina el paso de las carretas por las antiguas callejuelas empedradas y hasta le parece mirar a los enamorados del ayer en los balcones, acaso lanzando papeles con mensajes, quizá intentando acercarse, tal vez despidiéndose.

Evelyn Tavares Castillo es corresponsal de canales de televisión en Estados Unidos de Norteamérica y República Dominicana; aunque en Italia también es solicitada por su experiencia, profesionalismo, ética, conocimiento, capacidad y entrega.

Habla acerca del coronavirus y lo define como una pesadilla que aún se encuentra latente. “De pronto, la ciudad cierra todo. Lo vivimos en Lombardía, la región italiana que registro mayor cantidad de casos. Todos estábamos desorientados. Nunca habíamos vivido algo tan horrendo. Muchas personas de Milán se fueron al sur, pero enfrentaron problemas de rechazo porque en otras partes la gente aseguraba que estaban infectados y podrían ser fuente de contagios. Hubo distanciamiento y rechazo. Todo permaneció cerrado. Luego, en los balcones comenzaron los aplausos, las canciones, las palabras de ánimo, en reencuentro humano. Todos nos animábamos. El coronavirus ha modificado a la humanidad. Tenemos la responsabilidad de cuidarnos en lo personal y como familias y sociedad”.

“Cuando enviaba, desde Italia, reportajes a empresas noticiosas como Telefuturo, en Santo Domingo, me preguntaban qué deseaba al término de la pesadilla del coronavirus, y yo les respondía que ser libre nuevamente para caminar con mis hijos, respirar oxígeno puro, disfrutar cada detalle y momento de la vida. Eso es lo que verdaderamente vale. Lo otro es acumulación de dinero y cosas, pero finalmente lo que da la felicidad es disfrutar a la familia, los momentos de la vida, la naturaleza, los detalles, los sentimientos”.

No omite que “pasé días en el balcón. Los días eran bellos, pero tristes. Dicen que Milán es gris, pero siempre permaneció soleada. El aislamiento humano favoreció a la naturaleza. Regresaron las ardillas, los llamados conejos selváticos, las aves. Los animales empezaron a vivir felices y libres, pero nosotros, los seres humanos, estábamos encerrados. Me sumergí en el verdor, en las flores, en mí, en mi familia, en mis actividades profesionales, en mis escritos, en mis fotografías, en mis recuerdos y en mis anhelos. Atendí a mis hijos y ejercí mi profesión de comunicadora. Todo era incierto. Aprendí que hay que ser optimistas y no perder el ánimo”.

La tenista juvenil cierra el volumen de su historia. Intuye, sin duda, que hay incontables páginas en blanco reservadas para los próximos años de su existencia. Sonríe. Confiesa que no habla de lo negativo porque la vida es breve, tan corta que es preciso aprovecharla en algo bello, grandioso y sublime.

Y tiene razón. Su vida es fuente de conocimientos, experiencias, sentimientos, ideales y pensamientos bellos y positivos. Es una dama, una mujer de siempre, que aconseja a otras personas del sexo femenino a liberarse de ataduras y mediocridad para ser dignas, respetables, auténticas. Las invita a superarse, a no permitir que alguien más las denigre, a respetarse y a hacer de sus existencias un viaje hermoso e inolvidable.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright 

Página oficial de Evelyn Tavares:

https://evelyntavares.com/

La fotografía que ilustra la presente publicación forma parte de la colección particular de Evelyn Tavares y también está protegida su autoría

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