¿Quién me recordará?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando ya no me encuentre aquí, en el mundo de colores, fragancias, sueños, realidades, formas y sabores, ¿quién me recordará? Miro los retratos amarillentos de mis antepasados, las fotografías en blanco y negro y las imágenes de color, unas guardadas en un álbum, quizá impregnadas de perfumes y suspiros de antaño, y hasta con algunas dedicatorias, y otras enmarcadas y muchas más digitalizadas. Permanecen inmóviles, igual que la gente que un día y muchos más tuvo nombres y apellidos, sonrió y lloró, caminó y paró. Observo los rostros,  los perfiles, los rasgos, y ya no los encuentro ni aquí ni allá, en ningún sitio. Todos se han marchado. ¿Acaso alguien los recuerda? Probablemente el tiempo, la muerte, el recuerdo y el olvido rivalizaron entre sí o quizá, no lo sé, establecieron alianzas, y todo fue disperso por el viento. Tuvieron biografía, historia, momentos, vida. Ya no están. ¿Quién los recuerda? La gente envejece ante la caminata de los días y los años, y pronto, sin notarlo de inmediato, va quedando sola, hasta que una vez mira atrás, a los lados, al frente, y los asientos y los espacios se encuentran totalmente vacíos, la lista tiene ausencias, y quien desafía al tiempo se descubre solo, desfasado, con caras distintas que, igual que las otras, navegan al mismo destino. Todos, supongo, transitamos por esa ruta y parece inevitable asomar a los abismos, salvar profundidades insondables, encontrar pedazos de generaciones que también caminaron y, fatigadas y sedientas, detuvieron la marcha. Un día, en este plano, algo acontece que todo pasa. La historia y los nombres perdurables, en el mundo, pertenecen, casi siempre, a los que aportan algo trascendente y a los que ejercen el control y dominio sobre las personas transformadas en cifras. Y a veces piensa uno, ¿de algo servirá dejar un nombre, un recuerdo, una historia, si al final todo quedará borrado? ¿Quién me recordará cuando ya no me encuentre aquí? En ocasiones me pregunto si tendrá sentido que alguien, al paso de las décadas y las centurias, me recuerde. ¿Qué he hecho bueno y grandioso para no despedazarme, impedir que mis trozos naufraguen en la desmemoria y alguien, al menos uno, me recuerde? Los retratos permanecen guardados, yacen estáticos y en silencio, ajenos a los rumores, mientras la gente sale a las calles, a los restaurantes, a las escuelas, a los empleos, a los paseos, a las empresas, y la vida es tan abrumadora, unas veces intensamente dichosa y otras, en cambio, demasiado triste, que no siempre hay oportunidad de recordar a las mujeres y a los hombres de antes. ¿Será tan importante que me recuerden las generaciones si finalmente no estaré a su lado? Oh, qué dilema tan grande. ¿Quién me recordará cuando ya no me encuentre en el mundo? El mejor recuerdo y la constancia más gratificante del paso por este plano son, parece, aportar lo mejor de sí, siempre impregnado con mayor esencia que arcilla. Escribir libros, pintar cuadros, crear música subyugante, en caso de ser artista, o legar descubrimientos e invenciones que beneficien a la humanidad si se es inventor, o tal vez, como místico, trazar rutas a destinos grandiosos e infinitos; pero también plantar árboles que un día y muchos más regalen oxígeno y sombra, sembrar plantas y flores que decoren y embellezcan los caminos, tender puentes que comuniquen y enlacen a unos con otros para que vuelvan a ser hermanos, tener hijos que reproduzcan sentimientos nobles y valores, dar a los necesitados, aconsejar a quienes requieran algunas palabras para no desmoronarse ni sucumbir, llenar los minutos, las horas y los años de detalles, sonreír, destruir murallas, amar, actuar con sencillez, retirar abrojos y piedras del sendero, dejar huellas indelebles, no dañar a los demás y vivir con la belleza de un alma esplendorosa. Me parece que es la mejor forma de inmortalizarse y, sobre todo, de ser intensamente feliz, trascender y multiplicarse en la hermosura y brillantez de la vida, hasta alcanzar la inmortalidad.

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7 comentarios en “¿Quién me recordará?

  1. Amigo mío, tal y como lo cuentas hoy, veo mucha razón en todo, si no hacemos algo verdaderamente fuera de lo normal, no nos recordarán.
    No somos presidentes de un país, no somos cantantes o músicos famosos, ni pintores o escultores… en fin, la vida es así, las tumbas están llenas de nombres que ya el tiempo ha borrado y el polvo las cubre, pues hace tanto que no hay ya ni familiares que sepan que sus restos están ahí.
    Por eso, como bien dices, lo mejor es vivir y disfrutar, no dañar y hacer las cosas lo mejor posible, pues en realidad cuando ya no estemos ¿qué más nos dará si nos recuerdan o no?
    Si no creo que nos enteremos, pues haya otra vida o no la haya, en ese plano lo material no importará demasiado y allí solo nos llevaremos lo bueno y lo vivido con el alma llena de amor.
    Qué buen artículo nos dejas hoy querido Santiago, me encanta leerte, ahora mis días están algo ocupados y hago poco caso al blog, pero al abrirlo y verte, siempre me detengo en tus letras.
    Recibe todo mi cariño y mi abrazo sincero. 🌹

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