Entre un instante y otro

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Entre un instante y otro, la lluvia me recuerda la tarde en que estábamos en el puente de piedra, felices y enamorados, inmersos en el paisaje campirano y lacustre, tras una mañana de paseo, cuando de pronto, sin esperarlo, las nubes ennegrecidas se rasgaron y abrieron paso al aguacero que provocó nuestra carrera hacia algún refugio, con saltos y tropiezos, donde se diluyeron los minutos, las horas, el capítulo que no se olvida y justifica la estancia en el mundo. Oh, tu ropa, la mía, tus botas, mis tenis, nuestros rostros, tan empapados como las frondas de los árboles, el pasto y las flores policromadas y fragantes. Entre un momento y otro, evoco los días en que jugábamos y reíamos al descubrir nuestros reflejos en los cristales de las boutiques y las tiendas, donde ingresábamos y siempre encontrábamos un motivo para divertirnos. Entre un segundo y otro, aparecen en mi memoria tu figura y la mía, en la cocina, preparando un postre que más tarde disfrutábamos, mientras platicábamos o permanecíamos en silencio. Ah, y no olvido que dueña de las recetas, me distraías cuando se trataba de agregar los ingredientes mágicos, y así, ejercías encanto sobre mí. Pienso que algún día me revelarás los secretos de tus fórmulas de repostería, aunque antes disfrutemos mirarnos cubiertos de harina y contemple con embeleso tus manos, tus pestañas y tus ojos. Entre un minuto y otro, recorro mentalmente la calzada vetusta de piedra, circundada por álamos, y me parece definir, en una banca, tu mirada y la mía, libres al fin, plenas, fielmente enamoradas. Entre una hora y otra, añoro tus ocurrencias y las mías, tus alegrías y tus enojos, nuestros diálogos y silencios. Entre un día y otro, los recuerdos, las historias y el tiempo se acumulan, y más te amo y extraño. Entre una semana y otra, miro mi rostro en el espejo y contemplo mis sombras que se proyectan contra la pared al entrar la luz solar por la ventana, y entonces me sé vivo aún, y así, en medio de los abismos de una época turbulenta, me propongo ir por ti para reiniciar nuestra historia prodigiosa. Entre un mes y otro, siento la proximidad de los años y las sombras de un futuro incierto, hasta que decido, en consecuencia, atreverme a vivir, caminar, ser yo, ir por la luz y protagonizar contigo el vuelo majestuoso a esta e incontables fronteras, libres y plenos, enamorados y alegres. Entre un año y otro, comprendo que podrán transcurrir décadas y centurias, y no perturbarán la historia que compartimos ni provocarán el naufragio de este amor tan nuestro en la desmemoria porque se trata de un tú y yo que el artista del mundo y del universo decretó al crear las estrellas, los ríos, las cascadas, los océanos, la vida. Entre un instante y otro, te siento conmigo, y en verdad lo estás porque nuestras almas se fundieron nuevamente al reencontrarnos aquella vez en un rincón del mundo. Entre un momento y otro, abro un paréntesis con la idea de entregarte unas flores y expresarte mi más fiel amor, con la promesa de cubrir con pétalos los días de tu existencia y construir una escalera para llevarte a un cielo sin final. Entre un minuto y otro, me pregunto si ya te habré expresado lo tanto que te amo. Entre una hora y otra, la vida transcurre, se agota y me siento afortunado de pasear contigo por los parajes terrenos y preparar la senda a paraísos hermosos y magistrales. Entre un día y otro, somos tú y yo con una historia  cautivante, bella, fiel, prodigiosa e inolvidable.

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