Mujeres de siempre. Entrevista a Olivia Kroth: Recuerdos de los Juegos Olímpicos de Verano de 1972, en Munich, Alemania

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Bello es abrir un paréntesis a una hora de la vida, detener la caminata por unos instantes, y recordar los capítulos del ayer, atesorados en la memoria y envueltos en los más hermosos sentimientos, sin importar si la historia y los detalles resultaron pequeños o grandes porque, finalmente, lo que más valor tiene e interesa, en realidad, es qué tan auténtico fue uno y si de algo sirvieron las experiencias para crecer, evolucionar, derramar el bien y ser feliz.

Olivia Kroth, escritora y autora de cuatro libros publicados -«Märchenschlösser und Dichterresidenzen im Taunus»/ «Castillos de hadas y residencias de poetas en las montañas de Taunus», «Zeitreisen im Taunus»/«Viajes en el tiempo en las montañas Taunus», «Im Zeitstrom des Mains»/ »En la corriente del tiempo del río Main» y  «Tote tanzen nicht»/ «Los muertos no bailan»-, quien nació en Alemania y radica en Rusia, ambas naciones con antecedentes familiares para ella, tuvo la fortuna de participar como edecán en los Juegos Olímpicos que se desarrollaron en Munich, Alemania, durante el verano de 1972, en el intenso e inolvidable siglo XX.

Abre las puertas de su memoria, recorre los muchos días del ayer, hasta llegar a la época en que tenía 23 años de edad, y explicar: “había concluido mis estudios profesionales en la Universidad de Heidelberg y aprobado mi primer examen estatal con éxito, con la intención de convertirme en profesora de Lengua y Literatura Alemana e Inglesa en el Gymnasium, proyecto que me ilusionaba; sin embargo, en aquellas horas juveniles de mi existencia, sentí que aún no era momento de volver a la escuela tan pronto. Simplemente, tenía 23 años de edad y anhelaba emprender y vivir otras experiencias”.

Intelectual, mujer de su tiempo, Olivia Kroth evoca ahora el día en que encontrándose en la universidad, leyó un cartel patrocinado por el Comité Organizador Olímpico, con la invitación a estudiantes de idiomas extranjeros interesados en incorporarse al equipo para formar parte de las edecanes y anfitrionas en las competencias deportivas que se celebrarían del 26 de agosto al 11 de septiembre de 1972. Refiere con firmeza: “pensé que era lo correcto para mí. Presenté mi solicitud y fui aceptada”, y así deja el primer mensaje en el sentido de que si uno cuenta con las bases para vivir una experiencia, hay que analizar los escenarios y atreverse a hacerlo.

Ya en otra orilla -la del tiempo-, esta mujer que en la actualidad pretende dar a conocer al mundo occidental la historia de Rusia y la trayectoria de su presidente Vladimir Putin (https://santiagogaliciarojonserrallonga.wordpress.com/2020/06/15/mujeres-de-siempre-olivia-kroth-escritora-y-periodista/), expresa: “en realidad, en aquel capítulo de mi vida conocí dos mujeres que de alguna manera influyeron en mí. Tuve oportunidad de tratarlas en Munich. Ambas eran miembros del Comité Organizador Olímpico y fueron responsables de la primera entrevista conmigo. Volví a tratarlas en diferentes entrenamientos como azafatas. En total, éramos 1,600 edecanes quienes participamos y recibimos capacitación intensiva con la idea de dar lo mejor de nosotras durante las competencias olímpicas”.

Pronuncia suavemente el nombre de Schwabe, de Innsbruck, Austria, quien fungía como jefa del Servicio de Anfitrionas. La asistente de esta mujer era Silvia Simmerlat, quien tenía seis años más que Olvia. La coincidencia es que Silvia y Olivia nacieron en Heidelberg. En el caso de Silvia, sus raíces sanguíneas eran alemanas y brasileñas, mientras las de Olivia, lo sabemos, procedían de Alemania y Rusia.

Olivia hace un paréntesis, reflexiona y manifiesta que probablemente por la herencia mixta de Silvia y ella, ambas tenían apertura a nuevas experiencias, conocer personas extranjeras, hablar otros idiomas. Por cierto, “Silvia había estudiado para intérprete y, por lo mismo, hablaba seis idiomas con fluidez”.

Durante los XX Juegos Olímpicos de Munich, “Silvia conoció al príncipe heredero Carl Gustaf de Suecia. Su relación se mantuvo en secreto. Tras la muerte de su padre, el rey sueco Gustav VI Adolf, el 15 de septiembre de 1973, Carl XVI Gustaf lo sucedió en el trono, y así, en 1976, contrajo matrimonio con Silvia Sommerlarth, quien se convirtió en reina de Suecia. Posteriormente, fue la madre de la heredera aparente al trono, la princesa Victoria. En 2011, Silvia se convirtió en reina de Suecia con más años de servicio, récord que anteriormente tenía Sophia  de Nassau”.

Las Olimpiadas de Munich, en 1972, resultaron una fuente de aprendizaje para Olivia, quien buscaba modelos femeninos para aplicarlos en su vida. Era una joven con apertura al aprendizaje, quien se daba a respetar. Dos de los ejemplos de vida que encontró fueron la doctora Emmy Schwabe, mujer estricta y con muchos conocimientos y experiencia, “y la encantadora y competente Silvia Sommerlath, quien se elevó en la sociedad para convertirse en reina”.

Y agrega: “ser estricta, competente, enérgica, encantadora y ambiciosa, caracterizan mis rasgos. Probablemente se encuentran en mis genes. No dudo haber nacido con tales aspectos; además, reconozco que entrené conscientemente tal estilo de vida, y los modelos a seguir me ayudaron bastante”.

“La tercera persona que recuerdo muy bien era una joven alemana que había ido a trabajar a Munich desde Estados Unidos de Norteamérica. Ella trabajaba como jefa de azafatas para Panamerican Airways, que tenía su sede en Nueva York. No recuerdo su apellido. Su primer nombre era Christa. Me vio entre la multitud y se acercó a mí con la intención de mostrarme fotografías de su trabajo. Me preguntó si me gustaría unirme a Panamerican Airways, y yo respondí: ¿por qué no? Era mi sueño viajar alrededor del mundo. Se presentó la oportunidad de cumplirlo”.

Christa y algunos gerentes de la aerolínea sostuvieron entrevistas en el lobby de un hotel de Munich. Hablaron con solicitantes interesadas, durante los Juegos Olímpicos de Verano de 1972. Olivia completó los formularios de solicitud que Christa le entregó y acudió puntual y de frente a la entrevista, decidida a conseguir el puesto laboral que requería para cumplir sus anhelos. Una semana después, Crhista le informó que la habían aceptado y que pronto recibiría un permiso especial de trabajo para Estados Unidos de Norteamérica, lo que implicaba, por supuesto, que tendría que prepararse para volar a Miami, donde se encuentra la sede panamericana para la capacitación de azafatas.

Evidentemente, participaría en un curso de capacitación de seis semanas, “noticia que me pareció excelente. Salté de alegría”, admite Olivia, quien explica que se trató de un gran paso hacia lo que tanto deseaba.

Mientras llegaba el capítulo tan esperado como azafata, se sometió a un curso intensivo de entrenamiento en Munich con el objetivo de prepararse y dar lo mejor de sí como edecán durante las Olimpiadas. Aprendió detalles sobre la ciudad de Munich y conoció, paralelamente, las sedes olímpicas. También le enseñaron acerca de los deportes y la historia de los Juegos Olímpicos en general.

Reseña que trabajó en la oficina de información para visitantes. Respondía sus dudas y preguntas y los orientaba correctamente, tarea que, por cierto, no resultaba sencilla porque el parque olímpico era enorme. Le parece mirarse con el dirndl en turquesa y blanco. La doctora Emmy Schwabe “quería que todas luciéramos como típicas chicas bávaras. Reconozco que la mayoría de nosotras no éramos bávaras. Hubo edecanes de todos los continentes, incluso jóvenes chinas y africanas. Aclaro que el dirndl es un traje  folklórico, un vestido tradicional para mujeres y niñas en los Alpes bávaros y austriacos. Tiene un corpiño ajustado con escote rectangular. Es una falda ancha de talle alto y un delantal. Usábamos una chaqueta en la parte superior, medias blancas hasta las rodillas y zapatos blancos”.

Los recuerdos son, quizá, un columpio que devuelve el paseo a los otros días, a los momentos que se vivieron, a lo que uno, en determinada época de su existencia, sintió, pensó, soñó y llevó a cabo. Olivia manifiesta: “los Juegos Olímpicos me ayudaron a adquirir un gusto especial por la arquitectura. Para mí, la belleza de la arquitectura moderna, en el Parque Olímpico, fue abrumadora. Incontables visitantes me dijeron que se sentían muy impresionados. Lo más brillante en el Parque Olímpico fue el gran techo de la tienda de 75.000 metros cuadrados y su incrustación en el paisaje”.

También se refiere al Estadio Olímpico, al Salón Olímpico y a la Piscina Olímpica que se localizaban bajo ese techo transparente, cubierto con plexiglás translúcido. El techo de la carpa ofrecía un aspecto muy ligero, con una sensación óptima y estática.

Originalmente, añade Olivia, “la construcción se desmantelaría después de los Juegos Olímpicos. No obstante, la presión de la prensa internacional, que vio el carácter de los juegos de luces mejor reflejados en el techo, evitó su desmantelamiento. El célebre techo de la tienda fue completamente renovada a fines de la década de los 90, antes de que concluyera el siglo XX, precisamente con la finalidad de restaurar su impresión translúcida”.

“Disfruté mucho viviendo y trabajando en Munich. Estar en medio de este importante evento, fue muy emocionante. Todas las azafatas vivíamos en una cuadra del parque deportivo, así que vimos a los deportistas ir y venir todos los días. En mi tiempo libre, fui al centro de la ciudad que no conocía bien en ese momento. Caminé por parques y centros comerciales. Me senté en cafés y vi pasar a la multitud. Mi parque favorito, en Munich, es el del Palacio de Nymphenburg.”, que fomentó mi pasión por la arquitectura de jardines, especialmente los formados a gran escala”

Hablar con Olivia resulta un deleite e implica, adicionalmente, el reto de encontrarse lo suficientemente preparado porque es una mujer culta, amable y estricta. Ella ilustra, igual que un libro, y no se distrae para mencionar que “este exquisito Palace Park se considera una obra maestra del diseño de jardines. Comprende dos tipos de jardines: un jardín francés formal y un jardín paisajista inglés. Los diseños del jardín barroco formal, en Nymphenburg, se inspiraron en el jardín francés de Versalles. El trabajo, en el espacioso parque paisajístico, basado en el modelo inglés, comenzó en 1804. Me encanta la síntesis de estos dos tipos de jardines fundamentalmente diferentes. El ordenado jardín barroco francés mantiene la idea de mejorar la naturaleza mediante el arte y el orden. El parque paisajístico inglés destaca el juego libre de la naturaleza”.

Y pasamos, durante la conversación, a otro tema relacionado con los Juegos Olímpicos: “también asistí a los entrenamientos y las competencias de regata, en Oberschleißheim, cerca de München, para presenciar algunos de los eventos de remo. Este lugar fue construido para las competencias de remo y canotaje de los Juegos Olímpicos de Verano de 1972. El curso tiene dos kilómetros de largo. Tiene capacidad para 9.500 espectadores. Me encantaba ver remar desde mis tiempos como estudiante, en Heidelberg, en el río Neckar. Los estudiantes de la universidad remaban cotidianamente en el río Neckar. Solía ​​sentarme en un banco en la orilla y observar los botes ligeros que se deslizaban. Todo parecía tan fácil y, sin embargo, remar es un deporte complejo. Los hombros y los brazos desarrollan músculos muy fuertes. Nunca he remado, pero me gusta mucho este deporte acuático”.

Serena, atenta, segura de sí, Olivia declara: “como tengo raíces rusas, estaba muy feliz de que a mis compatriotas les fuera tan bien en Munich. Las competencias de remo y piragüismo tuvieron lugar en el espacio de regata en Oberschleißheim. No podía verlos a todos porque estaba ocupada trabajando en mi puesto de información. Cuando escuché que los deportistas soviéticos habían ganado ocho medallas de oro en remo y piragüismo, me alegré mucho”.

“No tuve oportunidad de conocer a ninguno de estos campeones de oro soviéticos en persona. Mirando hacia atrás, a los eventos, estoy muy orgullosa de que a los soviéticos les haya ido tan bien. Yury Malyshev ganó medalla de oro en scull individual para hombres. Gennadi Korshikov y Alexander Timoshinin ganaron medalla de oro en dobles scull para hombres”, confiesa con alegría.

Y completa: “los soviéticos también tuvieron éxito en piragüismo. Alexander Shaparenko ganó oro en individuales de kayak para hombres (1000 m). Yulia Ryabchynskaya ganó oro en singles de kayak femenino (500 m). Nikolai Gorbachev y Victor Kratasyuk ganaron oro en parejas de kayak para hombres (1000 m). Yekaterina Kuryshko y Lyudmila Pinayeva-Khedosyuk ganaron oro en parejas de kayak para mujeres (500 m). Vladas Cesiunas y Yury Lobanov ganaron oro en parejas de hombres (1000 m). Yury Stetsenko, Valery Didenko, Yury Filatov y Vladimir Morozov ganaron oro en cuarteto de kayak para hombres”.

Olivia Kroth se siente orgullosa de su sangre, de la gente del país donde tiene antecedentes familiares. Es alemana y es rusa. Su padre fue alemán y su madre y sus antepasados eran rusos. Amar a la familia, al pueblo de donde uno viene, el origen, es un privilegio y, tal vez, secreto para engrandecer una raza y una nación.

Ante la pregunta ¿qué lecciones hay para aprender?, ella, Olivia, destaca: “en primer lugar, los deportes olímpicos requieren dedicación. Los atletas soviéticos dedicaron todo su tiempo al entrenamiento. En segundo lugar, se sabe que los campos de entrenamiento soviéticos fueron excelentes y extremadamente duros. Ciertamente se requería buena salud y un estilo de vida muy equilibrado y vigoroso para sobrevivir. Incluso, sin ser atleta, un estilo de vida saludable también me ha servido bien”.

En tercer lugar, “he aprendido que, incluso, los mejores atletas pueden morir jóvenes, igual que la ganadora de la medalla de oro en kayak, Yulia Ryabchynskaya. Sólo cuatro meses después de su victoria en Munich, murió cuando cayó al agua helada durante una sesión de entrenamiento en la Unión Soviética. Supongo que todos tenemos nuestro destino. Hay un dicho alemán, Der Mensch denkt, Gott lenkt, que significa: los seres humanos piensan y planean, pero Dios decide qué será de nosotros”.

En cuanto a la masacre cometida en contra de la delegación de Israel, Olivia lo lamenta: “sí, recuerdo el acontecimiento, pero no los detalles en absoluto. Es como si una densa niebla hubiera envuelto mi memoria de tan condenables y tristes hechos. Estaba tan sorprendida que no podía pensar con claridad en absoluto. Di la vuelta como un zombi. Sólo fragmentos del trágico tiroteo nos llegaron a las azafatas inmediatamente después de que sucedió. Al siguiente día, por supuesto, pudimos leer en la prensa sobre la masacre a atletas israelíes en Munich por terroristas de Palestina”.

En las noticias, “se nos informó que en la madrugada del 5 de septiembre, un grupo de terroristas palestinos había asaltado el apartamento de atletas israelíes en la Villa Olímpica, matando a dos y tomando como rehenes a otros nueve. Los terroristas formaban parte de un grupo conocido como Black September. A cambio de las vidas de los rehenes, exigieron que Israel liberara a más de 230 prisioneros árabes, detenidos en cárceles israelíes, y a dos terroristas alemanes. En un tiroteo posterior en el aeropuerto de Munich, los nueve rehenes israelíes fueron asesinados, junto con cinco terroristas y un policía alemán”

Entristecida por el hecho que condena, explica que “posteriormente, las competencias olímpicas fueron suspendidas por 24 horas, para celebrar servicios conmemorativos en honor y memoria de los atletas asesinados. Recuerdo que el Comité Organizador discutió si se deberían detener todos los juegos. Sin embargo, la mayoría votó por continuar. No querían que los terroristas tuvieran la última palabra. Entonces los juegos continuaron”. Y sí, los juegos, la historia, el tiempo y la vida prosiguieron.

La ceremonia de clausura de los Juegos Olímpicos de Verano en Munich, “que había comenzado con una nota tan ligera y agradable, debió haber sido sombría y triste. No recuerdo haber ido allí. Creo que no asistí. Me fui de Múnich uno o dos días antes. Regresé a casa para empacar mis maletas y volé a Miami, donde Panamerican Airways inició el entrenamiento para azafatas, en otoño. Me aceptaron y comencé la siguiente fase de mi joven vida”.

Las manecillas del reloj, atrapadas en una carátula con 12 números, caminan incansables, sometidas a las reglas del tiempo, y Olivia, culta e inagotable, resume que los Juegos Olímpicos, celebrados en Munich, Alemania, durante el verano de 1972, “influyeron en mi vida definitivamente. Me mostraron que es muy importante trabajar duro para alcanzar los objetivos que uno se ha fijado. Los deportistas famosos que ganaron medallas de oro, tuvieron que entrenar muy duro y durante mucho tiempo. El talento no es suficiente. La resistencia, el ejercicio continuo y una fuerte voluntad de éxito son igualmente importantes”.

Y da la fórmula, el secreto, la receta del éxito: “además, necesitas mantenerte enfocado en tu proyecto. No se permiten distracciones. Los deportistas en Munich que ganaron medallas de oro, no salieron. No fueron vistos bailando en clubes nocturnos. Se mantuvieron enfocados en prepararse para los principales eventos deportivos de sus vidas”.

Advierte: “también aprendí que es importante reconocer tu propio talento y desarrollarlo. Nadie es multitalentoso. Igual que los ganadores olímpicos tienen un deporte, en el que destacan, todos poseemos un rasgo, una habilidad, una faceta de nuestro carácter que necesita ser reconocido y entrenado. Para mí, esto fue y sigue siendo algo escrito. Sigo escribiendo y publicando artículos y libros. Cuanto más escribo, más me encanta. Se ha convertido en mi primera prioridad en la vida”.

“He aprendido que la vida puede resultar muy corta, si estás en el lugar equivocado, en el momento erróneo. ¿Qué pasaría si hubiera estado en el departamento israelí y hubiera sido asesinada a tiros por terroristas? No era una pensadora política, a la edad de 23 años. Era una niña feliz que amaba la vida. Todavía amo la vida hoy, a la edad de 72 años.”, reflexiona, y tiene razón en lo que siente, piensa y habla.

Recalca que “las ideas de mortalidad se deslizan a menudo en mis pensamientos cuando escribo mis artículos sobre política. Entonces me pregunto, ¿por qué la masacre de 1972 en los Juegos Olímpicos de Munich todavía no ha llevado a algún tipo de conocimiento? En 2020, casi 50 años después, leemos diariamente las noticias de algunos disparos entre Palestina e Israel. Ha pasado medio siglo, pero los israelíes y los palestinos siguen luchando por los derechos territoriales. Creo que después de medio siglo, la gente podría haber adquirido sabiduría para calmarse y vivir en armonía y pacíficamente”.

“Por último, pero no menos importante, he aprendido de mi experiencia en los Juegos Olímpicos de Verano de 1972, que las actividades terroristas nunca conducirán a la paz. Lamento inmensamente que hasta el día de hoy, israelíes y palestinos aún no hayan hecho las paces entre ellos. Creo que con buena voluntad de ambos lados, se podría lograr algún tipo de compromiso para detener el derramamiento de sangre, el dolor y la tristeza interminables”, concluye Olivia Kroth, la otrora joven de 23 años que soñó, forjó proyectos de vida y los materializó. Es Olivia Kroth, la periodista y autora de cuatro libros que vive en Rusia.

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Su blog: https://olivia2010kroth.wordpress.com

Fotografía: Olivia Kroth

 

El poema de amor

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

…al saberte mi tesoro…

El poema de amor no es el que miente a cambio de palabras hermosas, y menos el que falsifica la verdad con la idea de decorarla con expresiones que parecen cautivantes. El poema de amor es bello, como la flor que nace alegre y comparte sus matices y perfumes en el jardín o en la campiña, hasta obtener maquillajes y fragancias del paraíso. El poema de amor no es el que parece un obsequio caro al entregarse en una hoja lujosa, porque es el que se escribe desde el alma y se regala con la sencillez y el embeleso de una sonrisa. El poema de amor no es el que se diseña para satisfacer un apetito; es el cielo transformado en plano terrenal, la esencia y la luz convertidas en arcilla, la voz de Dios que se vuelve palabra impresa con olor a tinta. Es hacer de lo infinito un sendero asequible. El poema de amor es el que te dedico todos los días al regalarte una flor, al disfrutar tu mirada, al saberte mi tesoro, al preguntar por ti y tu estado de ánimo, al hablar y jugar contigo. El poema de amor eres tú en mis letras, soy yo en el cielo que traigo y pinto para ti. El poema de amor somos tú y yo.

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¿Quién me recordará?

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Cuando ya no me encuentre aquí, en el mundo de colores, fragancias, sueños, realidades, formas y sabores, ¿quién me recordará? Miro los retratos amarillentos de mis antepasados, las fotografías en blanco y negro y las imágenes de color, unas guardadas en un álbum, quizá impregnadas de perfumes y suspiros de antaño, y hasta con algunas dedicatorias, y otras enmarcadas y muchas más digitalizadas. Permanecen inmóviles, igual que la gente que un día y muchos más tuvo nombres y apellidos, sonrió y lloró, caminó y paró. Observo los rostros,  los perfiles, los rasgos, y ya no los encuentro ni aquí ni allá, en ningún sitio. Todos se han marchado. ¿Acaso alguien los recuerda? Probablemente el tiempo, la muerte, el recuerdo y el olvido rivalizaron entre sí o quizá, no lo sé, establecieron alianzas, y todo fue disperso por el viento. Tuvieron biografía, historia, momentos, vida. Ya no están. ¿Quién los recuerda? La gente envejece ante la caminata de los días y los años, y pronto, sin notarlo de inmediato, va quedando sola, hasta que una vez mira atrás, a los lados, al frente, y los asientos y los espacios se encuentran totalmente vacíos, la lista tiene ausencias, y quien desafía al tiempo se descubre solo, desfasado, con caras distintas que, igual que las otras, navegan al mismo destino. Todos, supongo, transitamos por esa ruta y parece inevitable asomar a los abismos, salvar profundidades insondables, encontrar pedazos de generaciones que también caminaron y, fatigadas y sedientas, detuvieron la marcha. Un día, en este plano, algo acontece que todo pasa. La historia y los nombres perdurables, en el mundo, pertenecen, casi siempre, a los que aportan algo trascendente y a los que ejercen el control y dominio sobre las personas transformadas en cifras. Y a veces piensa uno, ¿de algo servirá dejar un nombre, un recuerdo, una historia, si al final todo quedará borrado? ¿Quién me recordará cuando ya no me encuentre aquí? En ocasiones me pregunto si tendrá sentido que alguien, al paso de las décadas y las centurias, me recuerde. ¿Qué he hecho bueno y grandioso para no despedazarme, impedir que mis trozos naufraguen en la desmemoria y alguien, al menos uno, me recuerde? Los retratos permanecen guardados, yacen estáticos y en silencio, ajenos a los rumores, mientras la gente sale a las calles, a los restaurantes, a las escuelas, a los empleos, a los paseos, a las empresas, y la vida es tan abrumadora, unas veces intensamente dichosa y otras, en cambio, demasiado triste, que no siempre hay oportunidad de recordar a las mujeres y a los hombres de antes. ¿Será tan importante que me recuerden las generaciones si finalmente no estaré a su lado? Oh, qué dilema tan grande. ¿Quién me recordará cuando ya no me encuentre en el mundo? El mejor recuerdo y la constancia más gratificante del paso por este plano son, parece, aportar lo mejor de sí, siempre impregnado con mayor esencia que arcilla. Escribir libros, pintar cuadros, crear música subyugante, en caso de ser artista, o legar descubrimientos e invenciones que beneficien a la humanidad si se es inventor, o tal vez, como místico, trazar rutas a destinos grandiosos e infinitos; pero también plantar árboles que un día y muchos más regalen oxígeno y sombra, sembrar plantas y flores que decoren y embellezcan los caminos, tender puentes que comuniquen y enlacen a unos con otros para que vuelvan a ser hermanos, tener hijos que reproduzcan sentimientos nobles y valores, dar a los necesitados, aconsejar a quienes requieran algunas palabras para no desmoronarse ni sucumbir, llenar los minutos, las horas y los años de detalles, sonreír, destruir murallas, amar, actuar con sencillez, retirar abrojos y piedras del sendero, dejar huellas indelebles, no dañar a los demás y vivir con la belleza de un alma esplendorosa. Me parece que es la mejor forma de inmortalizarse y, sobre todo, de ser intensamente feliz, trascender y multiplicarse en la hermosura y brillantez de la vida, hasta alcanzar la inmortalidad.

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Mujeres de siempre: Blanca Pascual Forcada, el arte como estilo de vida y los colores en la belleza y la moda

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Sé que es necesario el progreso y que estas herramientas nos ayudan en muchos aspectos de la vida actual, pero una infancia sin internet ni móviles ni consolas permite desarrollar muchísimo más el ingenio, la imaginación y la creatividad. Blanca Pascual Forcada

Si tuviera que enviar un mensaje a las mujeres, les aconsejaría que sean dueñas de sus propias vidas. Que estudien y se formen, que tengan sed de conocimiento, que se cuestionen las cosas y vean más allá de lo convencional y establecido. Esto les dará visión, libertad, conocimiento, criterio y autonomía para poder alcanzar sus sueños. Blanca Pascual Forcada

La apariencia física es, parece, retrato del alma y reflejo de la inteligencia y de los sentimientos. Una mirada que transmite una historia noble, un rostro que sonríe, una boca hermosa que aconseja y pronuncia palabras bellas, unas manos hermosas que dan, renuncian a la temporalidad de los maniquíes y trascienden por ser superiores y derrotar a la temporalidad.

Cuando la arcilla es maquillada con esmero y se le viste con equilibrio, armonía y estilo, luce preciosa; sin embargo, si adicionalmente se le aplican los matices del bien y la verdad, envueltos en la sencillez de una vida de detalles, se transforma en lucero, en modelo auténtico de belleza.

Definitivamente, no resulta sencillo hablar acerca de belleza y modas, principalmente cuando uno, al andar en un lugar y en otro, descubre la frecuencia con la que el tema atrapa y es capaz de llevar a la gente a sentimientos, raciocinio, palabras y actos superficiales.

No obstante, uno queda sorprendido al conocer a Blanca Pascual Forcada o al leer sus publicaciones en el blog que fundó con el título Beauty and More, espacio que cada día registra mayor número de visitantes, acaso por su estilo de exponer los temas relacionados con la belleza física y las modas, probablemente por su forma tan especial de vivir, quizá por la maestría y sencillez con que trata conceptos y tendencias que en ocasiones muchos consideran superfluos, tal vez por esa magia de darles un sentido real a las cosas.

Hay que aclarar, por ser necesario y para evitar interpretaciones erróneas, que la belleza y las modas son temas apasionantes, bellos e interesantes cuando las personas los complementan y enriquecen con los tesoros del interior.

En su blog, el lector se entera de que Beauty and More “es un proyecto creativo en el que se integran mis estudios de Periodismo y Publicidad, mi pasión por el diseño, la fotografía y el arte y mi afición, desde muy joven, a la moda y la belleza. En Beauty and More, encontrarás reseñas, tendencias e inspiración sobre belleza y accesorios de moda. Mis reseñas son honestas y sólo sobre productos que he probado y me han dado buen resultado. Los posts de Beauty and More no están financiados por ninguna marca y ninguno de los enlaces de este blog están patrocinados”.

Aparece una fotografía suya y posteriormente la continuación del texto: “Los siete años que estuve viviendo en Londres fueron una continua fuente de inspiración. Una ciudad donde conviven los estilos más novedosos, arriesgados y eclécticos con los más clásicos y tradicionales, donde las tendencias están en constante renovación, donde la moda y la belleza tienen un magnífico escaparate”.

Y concluye con una historia prodigiosa, digna de un relato o de un filme que se presiente bello, interesante y enriquecedor: “en Londres me subí a unos tacones y ya no hubo vuelta atrás. Allí encontré mi propio estilo y descubrí las prendas que verdaderamente me sientan bien y van con mi personalidad. Aprendí que la moda no es una norma, sino un modo de expresión. No se trata de dejarse llevar por las tendencias, sino de apropiarnos de las que realmente nos inspiran y reflejan nuestra forma de ser”.

Escribe, en consecuencia, que “cuidarse y verse con buen aspecto, tiene un efecto positivo en la mayoría de nosotros, y sentirse bien es parte integrante del conjunto de nuestra felicidad”.

Al concluir su texto introductorio, anota tres citas: “Conoce primero quién eres y después adórnate en consecuencia”, de Epicteto; “Encuentra bello todo lo que puedas; la mayoría no encuentra nada suficiente bello”, de Vicent Van Gogh; “El mejor cosmético para la belleza es la felicidad”, de la Condesa de Blessington.

Los rasgos de Beauty and More, descubren a alguien más que una mujer dedicada a hablar de belleza y modas, y desmiente a quienes sustentan que el tema de la apariencia física es superficial e irrelevante, y hasta inversamente proporcional a la razón. Blanca demuestra que se trata de algo que vale y tiene un sentido real.

Blanca Pascual Forcada, quien nació en Barcelona, España, el 10 de abril de 1973, es una mujer excepcional, un ser humano que sabe ser dama y demuestra cotidianamente que los temas, conceptos e ideas sobre belleza física y las modas no son rivales del conocimiento, el arte y la educación, y que cuando se combinan armoniosamente y con equilibrio, provocan el más profundo de los suspiros y la más grande admiración.

Hay días que no se olvidan. Existen momentos que permanecen en la memoria, en los recuerdos, en los sentimientos. Y es que una infancia completa y feliz, al lado de un padre y una madre que dan amor, educan y disfrutan la convivencia y la historia cotidiana de la familia que fundaron, innegablemente traslada a estaciones posteriores de dicha y plenitud humana.

Blanca, al definirse, acepta que creció “en un hogar feliz y tranquilo, con mis padres Joaquín y María Antonia, y mi hermano David, año y medio más pequeño que yo. Jugábamos mucho juntos. Era una niña con mucha imaginación. Me encantaba dibujar pintar, hacer manualidades y escribir historias, incluso crear mis propios juguetes y decorarlos, como cometas, peonzas o casitas de muñecas”.

Al abrir las páginas de su biografía, recuerda con entusiasmo: “también me gustaba muchísimo ir a la escuela. Me apasionaban todas las asignaturas de letras, es decir, la gramática, la literatura, la historia, la música y los idiomas. Me entretenía muchísimo sola; nunca me aburría. De hecho, me siento afortunada de haber crecido en una época en la que todavía no existían las nuevas tecnologías. Sé que es necesario el progreso y que estas herramientas nos ayudan en muchos aspectos de la vida actual, pero una infancia sin internet ni móviles ni consolas permite desarrollar muchísimo más el ingenio, la imaginación y la creatividad”.

Y así transcurrieron las horas y los días de su niñez, en aquel rincón de Barcelona, con una madre que a ella y a su hermana les dedicaba su amor y los cuidaba, y un padre cariñoso e inolvidable que participaba con alegría y emoción en juegos de mesa como dominó, parchís y ajedrez.

No olvida Blanca las tardes dominicales de juego y convivencia familiar. De pronto, hace un paréntesis con la idea de aclarar que no soportaba perder durante las partidas y los juegos de mesa. Era ganadora. Se preparaba, desde entonces, para ser una mujer triunfadora, siempre con respeto, honestidad y en base a sus principios y convicciones.

Reflexiona. Habla despacio, como si pretendiera resaltar los valores familiares, y es que “mis padres han sido ejemplo para mí y de ellos he aprendido la importancia de la familia, de cuidarnos y de querernos, y los valores de bondad, respeto, empatía, espíritu de superación y esfuerzo que siempre me han acompañado y ahora transmito a mi hijo”.

Otra pregunta más surge. Como escritor y periodista, escudriño, busco y descubro al ser humano. Disfruto la entrevista. Blanca es directa, educada, amable, formal. Su gentileza me recuerda a mi madre, fragmentada y hecha, igual que yo, de distintos orígenes, quien solía platicar que la gente de entonces, en Cataluña, era amable y respetuosa.

Blanca reconoce que siempre llevó consigo el gusto por la belleza y la moda, “pero es algo de lo que me he dado cuenta de mayor. Desde muy pequeña, con cinco o seis años de edad, me apasionaba llevar bolso y me ponía los de mi madre. También me gustaba elegir la ropa que me compraban. Me encantaba disfrazarme y maquillarme”.

Oh, la vida es una historia que se hojea un día y otro, y uno recuerda, al mirar las páginas, los momentos que se han protagonizado. Y se ríe y se llora porque eso son los días de la existencia, instantes, cuadros, escenas, rostros, acontecimientos, ilusiones, sueños, realidades.

Es Blanca quien refiere que ya de mayor edad, “empecé a personalizar prendas de ropa. Les añadía detalles e incluso las elaboraba yo misma. Las joyas y la bisutería también despertaron mi interés en la adolescencia, y me encantaba combinarlas con la ropa. Siempre han formado parte de mí”.

Creció con especial interés y pasión por el arte, el diseño y la fotografía. Prevalecía su vocación por todas las asignaturas relacionadas con las letras, motivo por el que consideró que el Periodismo y la Publicidad representaban una formación académica que le permitiría adquirir, ampliar y profundizar conocimientos en ámbitos como gramática, literatura, ciencias políticas y sociales, diseño gráfico y fotografía. De esa manera, agrega, “podría estudiar lo que me apasionaba y tener a la vez una buena salida profesional”.

Fue así como estudió Ciencias de la Información con especialidad en Publicidad, en la Universidad Autónoma de Barcelona, profesión que ejerció, inicialmente, en el Departamento de Marketing de una empresa que se dedicaba al diseño gráfico y a la digitalización visual.

Los recuerdos son la oportunidad de volver a experimentar la vida. Ella, Blanca, Blanca Pascual Forcada, declara: “mi padre, desde pequeña, me enseñó a apreciar el arte. Recuerdo que íbamos de paseo por las calles de Barcelona y me preguntaba: ¿has visto el trabajo que hay en este edificio modernista? Y como este ejemplo, en muchísimas ocasiones resaltó el trabajo en los relieves y las decoraciones de los techos, el tapizado de una silla, el realismo pictórico de un bodegón, el diseño de una preciosa vajilla antigua”.

De hecho, agrega Blanca, “mi familia paterna siempre ha sido muy artística y creativa. Mi padre ese ebanista de profesión; aunque luego cambiaron los tiempos y se dedicó a otras actividades. Mi tía cantaba en el coro del Gran Teatro del Liceo, gracias a quien aprendí a amar la ópera. Mi tío era joyero. Mi abuelo era fotógrafo. Eran, por cierto, una familia muy humilde; pero él, mi abuelo, tenía su pequeño estudio de fotografía en casa y revelaba sus propias imágenes de paisajes y retratos preciosos, en blanco y negro e incluso en color cuando todavía no era práctica habitual. Tenía mucho talento”.

Prosigue con el relato de su vida: “una prima de mi padre tenía un taller de esmaltes y daba clases. En el instituto, durante el bachillerato, tuve una profesora de arte, Gloria Mata -aún recuerdo su nombre-. quien supo contagiarme su pasión por el arte. Después vinieron los viajes a ciudades maravillosas y pueblos encantadores, con visitas a museos y exposiciones, que siempre me resultaron muy gratificantes y llenaron de momentos inolvidables mi juventud. Me interesan todas las formas de expresión del arte. Por supuesto, me fascinan los tres pilares del arte: la pintura, la escultura y la arquitectura. Y lo que realmente me apasiona es que el arte se encuentra en tantísimos aspectos de la vida. Uno puede distinguir el arte en la creación del vestuario de una película, en el diseño de la portada de un disco, en las páginas de un libro, en una fotografía, en una joya, en un vestido de alta costura, en la letra de una canción… El arte embellece al mundo y hace más rica nuestra existencia”.

Calcula que su inclinación al arte comenzó en su adolescencia. “La fotografía es afición familiar. Tanto mi padre como mi abuelo han amado la fotografía. Empecé con la fotografía clásica y después llegó la digital. Me encanta la edición de fotos. La mayor parte de las fotografías que publico en mi blog son hechas y editadas por mí, mientras en las que aparezco, las toma mi marido. Me resulta más gratificante crear una publicación con fotografías propias que con imágenes de archivo”.

Uno aprende a conocer a Blanca y a interpretar sus palabras y sus silencios. Tiene historia. Es mujer de ayer, de hoy y de siempre. Manifiesta que el diseño es algo que aprendió a apreciar y descubrir por sí misma. Incluso, en la adolescencia orientaba su atención en el diseño gráfico de revistas, discos, carteles, documentos publicitarios y etiquetas de productos. El diseño mobiliario y de interiores le fascina y le interesa. Asistió y participó en un curso de interiorismo.

Complementariamente, Blanca se siente atraída por la fotografía artística y periodística, y en especial la publicitaria. Experimenta pasión por el color, le fascinan la infinidad de tonalidades que puede capturar una cámara y los efectos que se obtienen con la luz y el contraste. El color, en general, le apasiona, la embelesa… “en la naturaleza, en la pintura, en la decoración, en la moda, en los accesorios y hasta en los esmaltes de las uñas”.

Fiel a su proyecto de vida, a su destino, a su historia, Blanca se sabe conocedora del diseño gráfico y de interiores, pero indica que no se dedica al referente a la moda. “De momento, el blog Beauty and More está creciendo y me centro en que gane solidez”.

Relata que desde hace 12 años trabaja en el sector de Recursos Humanos de una entidad bancaria, empleo que obtuvo gracias al nivel de inglés que adquirió en Londres. “Este trabajo me ha brindado la oportunidad de adquirir muchos conocimientos sobre capital humano, excelencia profesional, diversidad, conciliación, igualdad y muchos temas que le eran totalmente ajenos.

En Londres, laboró en el área administrativa de una empresa consultora de ingeniería, y se sintió afortunada de trabajar en el Departamento de Educación del Museo Tate Britain, por cierto una de sus experiencias profesionales más enriquecedoras y gratificantes en su vida.

Une las remembranzas y se traslada hasta los otros días, a los del ayer, cuando en su adolescencia trabajó ocasionalmente en el Gran Teatro del Liceo, donde apareció en algunas óperas como figurante y bailarina, gracias a su tía, quien le consiguió el acceso a los castings. Evidentemente, le favoreció el Ballet Clásico, que estudió hasta los 16 años de edad.

Beauty and More es su espacio, su página oficial, el recinto digital donde se encuentra a sí misma. Surgió por su inquietud de poner en práctica su formación académica en Periodismo y Publicidad, aunado a su interés y pasión por el diseño, la fotografía, la moda y la belleza. Tiene la característica de escribir y publicar con claridad sus textos en español e inglés.

Confiesa que, profesionalmente, le hubiera encantado ser editora de una revista de moda, belleza o decoración; sin embargo, al crear su propio blog, exploró y obtuvo esa posibilidad. Construyó su propia oportunidad. Se atrevió a hacerlo. Y es que “para que un proyecto funcione y no se abandone, tiene que estar relacionado con algo por lo que se sienta pasión y se posean conocimientos”, reflexiona.

Un día de su vida, decidió trasladarse a Londres con la intención de aprender inglés. Siempre fue una mujer con proyectos. Anhelaba adquirir un excelente nivel de inglés para tener opción a un empleo óptimo en todo sentido. La idea era permanecer en esa ciudad unos meses, pero le apasionó tanto, que determinó quedarse mayor cantidad de tiempo.

Por cierto, cuando comenta que en Londres subió a unos tacones y ya no hubo vuelta atrás, “se trata, sin duda, de una frase que tiene sentido literal y también figurado. Cuando llegué a Londres, la mayor parte de las mujeres llevaban tacones altos. Era normal llevarlos. Los vendían en todas partes. En España no era habitual. Me encantó esa tendencia. Desde entonces, los utilizo casi a diario”.

En sentido figurado, añade, “lo que quiero decir con subirme a unos tacones, es que mi perspectiva de la realidad cambió, vi el mundo desde una posición más alta que me permitió descubrir y mirar nuevos horizontes y abrir mi mente a infinidad de culturas, estilos, formas de pensar y de vivir que hasta la fecha desconocía. Londres es una ciudad muy cosmopolita. Me impactó profundamente”.

Observadora, reflexiva, profunda, Blanca reconoce que en Londres apreció “una libertad de expresión a la hora de vestir y maquillarse, que estaban a años luz del tradicionalismo que había en Barcelona. Esa forma de entender la moda y la belleza me enseñó que no hay que regirse por cánones, sino ponerse lo que te hace sentir bien y expresa quién eres como persona. Como anécdota puedo contar que lo de llevar tacones, forma tanta parte de mí y de mi personalidad, que hasta el día que fui a dar a luz a mi hijo, los llevaba puestos. Mi marido no podía creerlo y siempre comparte la historia con amigos y familiares”.

Explica que tiene un truco sencillo que, además, no cuesta dinero, el cual consiste en suscribirse a las newsletter de revistas de moda y de marcas de belleza que destacan por ser trendsetters. “Estar al tanto de las tendencias en color marcadas por Pantone es también de ayuda. Otra forma sencilla de estar al corriente de las tendencias es visitar la sección de novedades en moda y accesorios de páginas web, como net-a.porter, matchesfasion, mytheresa”.

Blanca tomó la decisión de aportar y dejar huella. Se preparó y tuvo valor de hacer algo que marcara los días de su existencia. Hace una pausa y recomienda a las mujeres que no se apresuren ni autopresionen, que llegará el momento en que se sentirán preparadas para llevar a cabo sus proyectos. Entonces, todo fluirá.

Opina: “creo que es fundamental el hecho de que yo misma considero la moda y la belleza una forma de expresión, algo que junto con el cuidado personal nos hace sentir bien, a gusto con nosotros, y es un reflejo de nuestra personalidad, es decir una proyección de nuestro interior para mostrar la mejor versión de nosotros, pero sin caer en la superficialidad. La belleza física es efímera, pero si hay belleza interior y se cultiva con conocimientos, también hay espacio para mostrarte al mundo con buen aspecto. Intento que esto se transmita en mis publicaciones y también pretendo que se proyecte la necesidad de una belleza sin tóxicos que respete nuestra salud y una moda más consciente que consiste en comprar menos, pero con más calidad, con piezas que sean atemporales y tengan mayor durabilidad en el tiempo”.

El tiempo camina implacable, mientras los conceptos y las palabras de Blanca dan forma y sentido a la entrevista. Con emoción, explica: “todo me inspira. Soy una persona muy observadora y cualquier imagen, frase u objeto me pueden dar la clave para mi nueva publicación. También me inspira sentarme en la calle y mirar a la gente pasar. Eso siempre da ideas”.

Cita una anécdota sobre los anuncios publicitarios de televisión: “no me gusta el contenido actual que dan en televisión, pero desde siempre me han gustado los anuncios. Mi padre los quitaba enseguida y mi marido igual, y yo le insisto no, no, no los quites, déjamelos ver. Me gusta mirar el trabajo visual y creativo que hay en un anuncio, el mensaje que se intenta transmitir y a quién va dirigido, qué promesa subjetiva está vendiendo…”

Si Blanca tuviera que enviar un último mensaje a las mujeres, las exhortaría a “que sean dueñas de sus propias vidas. Que estudien y se forman, que tengan sed de conocimiento, que se cuestionen las cosas y vean más allá de lo convencional y establecido. Esto les dará visión, libertad, conocimiento, criterio y autonomía para poder alcanzar sus propios sueños”.

Creativa e inagotable, Blanca destaca que aparte de su familia, su empleo y su blog Beauty and More, “en el poco tiempo libre que me queda, tengo un pasatiempo que consiste en elaborar collares y pulseras. Crear me relaja muchísimo. Quizá en un futuro crearé una tienda online para promocionarlos”.

“Nunca me he planteado la opción de escribir un libro, pero sí, en cambio, seguir publicando en mi blog Beauty and More, porque me enriquece muchísimo, y quizá probar suerte con la promoción de mis collares y pulseras. En un futuro no descarto volver a pintar. Hubo una época en la que pintaba, pero al empezar a trabajar, lo dejé. Nunca es tarde para retomar la pintura”, concluye Blanca Pascual Forcada, mujer de siempre, extraordinaria, quien acepta que tiene otras aficiones como la lectura, el cine, la música y los paseos. De cierta manera, “podría estar el día entero paseando. Es mi actividad física favorita”.

Y así, en estos días inolvidables e irrepetibles de nuestras vidas, Blanca sigue la ruta que eligió para llegar al destino que anhela y le ilusiona, quizá con la convicción y el ejemplo de que hay que atreverse a protagonizar la historia que se sueña.

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

 

Blog Beauty and More, propiedad de Blanca Pascual Forcada:

https://beautyandmore.blog/

Fotografía de la colección de Blanca Pascual Forcada/ Beauty and More

 

Me enamoré de la vida

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Me enamoré de la vida una mañana, una tarde, una noche y muchas más, y la dediqué a pintar los colores de mi historia y a matizar, cuantas veces fue posible, otras biografías con nombres y apellidos o anónimas, que lo necesitaban, para así, juntos, pasear por el lienzo más hermoso de la creación. Me cautivó la vida, desde el inicio, al presentarme a la gente que más he amado y al regalarme cada aurora y ocaso con sus detalles y sorpresas. Me fascinó la vida cuando musitó a mis oídos que si acaso me sentía desolado, triste y roto, tendría oportunidad de reencontrarme, abrir las puertas de mi alma y reconstruirme para llegar completo a la luz inmortal. Me gustó la vida al mirar los rostros de mi historia y de mi gente, al probar el elixir de la alegría y la tristeza, al saborear la dulzura y la amargura, y buscar el equilibrio y la armonía. Me encantó la vida -y no dudo que siempre me maravillará,- y le tuve confianza cuando descubrí que es amiga incondicional si se le ama y respeta. Me atrajo la vida cuando me invitó a entrar a su recinto, a su palacio inconmensurable, a sus jardines edénicos, y me mostró los regalos que da a aquellos que la entienden con su sí y su no, con sus luces y sus sombras, y comprendí que podría disfrutarla si me interesaba en conocerla y experimentar su brillantez. Me embelesó la vida cuando, plena y segura, me presentó al tiempo y a la muerte, y advirtió que el primero marcaría la temporalidad de mi viaje por el mundo, razón por la que me convendría tomarlo en cuenta, para posteriormente explicar que ella, la muerte, sólo es un paso necesario en el plano material, un pasaporte a otro destino, a las rutas del infinito, y que, por lo mismo, alguna vez retornará conmigo con la intención de acompañarme hasta la estación. Me agradó la vida cuando expresó que en el mundo ofrece pruebas y comparte lo bueno y lo malo con la idea de que uno elija el desierto interminable de la muerte o un cielo bello y prodigioso. La vida, entendí, es tan breve como un suspiro e infinita a la vez. Y más me conmovió y gustó al tomar mis manos, llevarme hasta el ventanal, descorrer la cortina y mostrarme la mirada y el pulso de Dios. Lloré emocionado y prometí, entonces, no volver a desperdiciar un momento. Y aquí estoy, en medio de un océano de calma y tempestad, entre el día y la noche de mi existencia, agradecido y feliz por la vida que me corresponde protagonizar, con el timón y la brújula en mis manos y la mirada fija en un horizonte grandioso. Me enamoré de la vida.

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Mujeres de siempre: Evelyn Tavares, de una infancia feliz y una juventud de ensueño, a un paseo inolvidable por el mundo

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

La sonrisa, cuando es genuina, toca a la puerta del cielo y trae consigo el encanto de las flores y de los ríos de cristal que abundan, parece, en los jardines del paraíso. Es un poema de la mirada, del alma, de los labios, de la memoria, del corazón, de las manos.

Quienes la dibujan en sus rostros, en su estilo de vivir cada instante, cautivan por ser auténticos y libres, plenos y felices. Es un síntoma de la alegría, el amor, el bien y la verdad que reposan en el interior.

Y si a la sonrisa se le acompaña y decora con la nobleza de sentimientos y una ruta existencial bella y ejemplar, aparecen una mirada y un semblante felices que asombran y motivan a pensar que esa vida humana ya se salvó.

No siempre tiene uno la fortuna de coincidir con alguien especial, con una persona extraordinaria, irrepetible y maravillosa, ajena a arrebatos y superficialidades, con un mapa de amor en las manos, detalles hermosos y desbordantes, inteligencia y valores.

Ella, Evelyn Tavares Castillo, es una de esas personas que no se olvidan, un ser humano inagotable, una mujer que prefiere ser dama e impone admiración, cariño y respeto. Es privilegiada por su esencia.

Un día, como otros más, tuve oportunidad de que me platicara su pasión por la naturaleza. Cuando admitió que le encantan las aldeas italianas, los paseos en bicicleta y comer y beber café al aire libre, admirar los paisajes con la belleza y la magia de sus matices en los amaneceres y en los atardeceres, y que más que encerrarse en el gimnasio de una plaza comercial con ventanales para que la miren, igual que a otros tantos, en una escaladora o un aparato, le apasiona caminar y respirar aire puro, entre árboles, plantas y flores, comprendí que me encontraba frente a una mujer que verdaderamente ha aprendido a vivir y que estos días de estancia en el mundo, para ella, son de recreo y aprendizaje, de enseñanza y de dar de sí, de consumir cada minuto y hora con un sentido real, de tener definidos una ruta y un destino.

Hay quienes de pronto se encuentran frente a sí, en los suspiros de la vida, y tienen el privilegio de explorar sus secretos insondables, caminar dichosos entre flores y cardos, hacer de los sueños e ilusiones trozos de realidades, regalar momentos de felicidad a los demás, dar lo mejor de sí y dejar huellas indelebles y constancia de su paso por el mundo.

Evelyn nació en 1972, el 6 de julio de aquel año, varias semanas previas a la celebración de los XX Juegos Olímpicos, celebrados en Munich, entonces Alemania Federal, entre el 26 de agosto y el 11 de septiembre. Pertenece a una generación que todavía disfrutó la niñez y adolescencia en las calles apacibles, entre la inocencia de los juegos y la ilusión por lo bello.

Hago un paréntesis para exponer que la década de los 60 y parte de la de los 70, en el inolvidable, épico e irrepetible siglo XX, no solamente registraron procesos de transformaciones económicas, sociales y políticas; también fue un período de encuentro y desencuentro de generaciones, una centuria que marcó la compleja prueba de la coexistencia entre mujeres y hombres que nacieron en diferentes épocas. Había gente, entonces, que databa de la segunda mitad de la decimonovena centuria e igualmente de las sucesivas estaciones de la vigésima, cada una con sus modas, costumbres, ideas y creencias, no pocas veces opuestas y contradictorias entre sí.

En la década de los 70, naufragaban escombros e ideales de los últimos 100 años, con gente que venía de desembarcos y conocía el aroma de las travesías y las encalladuras con tormentas, revoluciones y guerras, epidemias, hambre y cambios radicales, y también personas con la convicción de protestar y rebelarse contra las estructuras tradicionales para establecer otros modos y sistemas de vida.

Y así, entre las décadas de los 60 y los 70, surgieron las generaciones de los cambios, las mujeres y los hombres que transitaron de un modelo de vida a otros, la gente que atestiguó y protagonizó, en los siguientes años, la aportación ambivalente de la ciencia y la tecnología, desde los televisores en blanco y negro que utilizaban bulbos, las máquinas de escribir y las sumadoras mecánicas, las llamadas telefónicas de larga distancia que requerían la intervención de las operadoras y las cámaras fotográficas que utilizaban cubos de flash, hasta los aparatos cibernéticos de la hora contemporánea.

Evelyn nació en la década de los 70. El 6 de julio de 1972, en un rincón de la isla La Española, donde se encuentra la República Dominicana, precisamente en Santiago Rodríguez, Felipe de Jesús Tavares y Margarita Castillo Estévez agradecieron el nacimiento de su hija.

Las mujeres dominicanas de aquellos días, acudían con sus madres para que las ayudaran en los partos, y así lo hizo, en su momento, Margarita. La abuela de Evelyn -Ana Delia Estévez de Castillo-, quien entonces tenía medio siglo de edad -ahora, en 2020, cumplió 98 años de vida-, animó a su hija Margarita, que era muy joven, y la acompañó al hospital, hasta que de improviso, en aquella institución médica de Santiago Rodríguez, el llanto anunció el nacimiento de una niña.

Ana, la abuela, siempre tan activa en ese ambiente caribeño, matizado por las tonalidades de la naturaleza y rodeado del trinar de las aves y del susurro la vida, iba y venía, hasta que abrazó a Felipe de Jesús, su yerno, por el nacimiento de su hija, una bebé preciosa.

Como en los cuentos de hadas y princesas, la infancia de Evelyn resultó un deleite, una historia inolvidable, feliz e intensa, a pesar de que sus padres decidieron separarse cuando ella tenía tres años de edad. Margarita, la madre, partió a la ciudad de Santo Domingo con la idea de continuar sus estudios, mientras Felipe de Jesús, el padre, permaneció en Santiago, donde también vivía la abuela Ana Delia, la mujer que hizo de los años y la vida de Evelyn una historia prodigiosa.

Dentro de un hogar marcado por el amor, la educación y los principios de la abuela Ana, Evelyn, la niña, se formó en un ambiente sano en el que siempre prevalecieron el respeto y los valores. Sus tíos la amaban demasiado. De hecho, una pariente suya le llamó por teléfono recientemente y le expresó: “eres la sobrina, hija de todos los tíos”. Tal es el amor que le tienen.

Los encuentros con su madre fueron continuos, ya que cada 15 días se reunían. A su padre, establecido en Santiago de los Caballeros, lo veía con mayor frecuencia. La abuela le daba consejos, le enseñaba innumerables labores y la consentía; sin embargo, la inscribió en un colegio de monjas con la idea de que adquiriera una educación integral.

Algunas existencias humanas se vuelven biografías hermosas e inolvidables, historias inagotables, y así fue la de Evelyn, dichosa en el ambiente campirano, donde compartió tantos capítulos con su hermano Felipe, ya fallecido, y con sus primos, a quienes tanto ha amado.

Ni el tiempo, acostumbrado a borrar historias felices y dejar pedazos de ayeres en el sendero, ha sido capaz de dispersar los recuerdos de aquella infancia dichosa que se prolongó, igual, en la adolescencia. Su padre le enseñó a amar la naturaleza. La llevaba a las montañas, a la campiña, a los escenarios naturales.

“Mis primos eran como hermanos. Me encantaba vacacionar con ellos y con mis tíos, al lado de mi entrañable hermano Felipe, en el campo. Fue un período muy bello de mi vida. Siempre lo llevaré conmigo”, recuerda Evelyn, quien explica que fue deportista, capitana de dos equipos de voleibol, “uno en  el colegio y otro en el club. En ese lugar, el club, las niñas jugábamos voleibol y los niños practicaban basquetbol”.

Sonríe al revisar los expedientes de antaño. Sus remembranzas la trasladan hasta los domingos en que la abuela Ana, a quien acompañaba a todas partes, le daba permiso de jugar voleibol después de asistir a misa porque siempre ha sido una mujer muy católica.

Describe su bicicleta y relata trozos de su existencia: “me la regaló mi madre en uno de mis cumpleaños y fue, a partir de entonces, compañera inseparable durante tanto tiempo. Fue aliada y testigo de mis capítulos, sueños e ilusiones… y claro, también recibí incontables muñecas, de las que llamábamos de trapo. Jugábamos en medio de nuestra inocencia. Pienso, a la distancia, que quizá lo que más nos fascinaba era convivir, reunirnos con la intención de jugar en las calles, en los espacios públicos. Al concluir las tareas, solíamos reuniros en las calles, tan tranquilas que hasta podíamos correr y jugar voleibol. Cenábamos y de inmediato volvíamos a pasear. Mis amigas y primas eran como hermanas”.

Entre un relato y otro, una pausa y alguna más, Evelyn reseña que su madre trabajaba en un gran hotel, coyuntura que le facilitaba ir con su hermano Felipe a las instalaciones y disfrutar la piscina; sin embargo, “confieso que más amaba mi estancia en el campo, al lado de la abuela Ana. Mis amigos y mis primos íbamos al río, a los parajes montaraces, a caballo o en burros, en lo que denominábamos expedición, y allá, a la orilla del río, cocinábamos. Disfrutábamos caminar. Contemplábamos los tonos de la naturaleza y percibíamos los rumores de la vida. Fue una de las etapas más bellas de mi infancia”.

La emoción de Evelyn se desborda en la hora de sus remembranzas, principalmente al narrar una anécdota que se registró durante una de sus llamadas expediciones. En algún momento cayó de un burro, accidente que influyó para que la abuela Ana le prohibiera montar esa clase de animales, e incluso caballos. Era la más pequeña entre el grupo de primos y amistades, y no resultaba conveniente, por lo mismo, que se arriesgara.

De gran espíritu aventurero, como lo aprendió de su padre, Evelyn llegó hasta casa de su tío, hermano de la abuela, a quien explicó que pasearía con sus primos y necesitaba, en consecuencia, le prestara uno de los tantos caballos que poseía, de preferencia el corcel blanco que parecía tan elegante y precioso.

La distancia que recorrerían era de aproximadamente 10 kilómetros. No deseaba caminar tanto. Montó el caballo blanco, pero el animal relinchó y de improviso reparó, lo que provocó que Evelyn cayera entre piedras. A pesar de los golpes y las heridas, se sobrepuso y caminó hasta el paraje que habían elegido para su expedición. Era la más pequeña del grupo. Los primos acordaron no platicarle a la abuela lo acontecido a la niña, pero la mujer descubrió las heridas y los moretes de su nieta, quien vestía pantalón corto. “Es una anécdota que todavía recordamos y nos hace reír”, asegura.

La vida continuó fluyendo, igual que una corriente diáfana, y Evelyn siguió montando caballos y burros. Cruzaban ríos y andaban aquí y allá, en un lugar y en otro, en medio de la naturaleza. Era una pasión que mezclaba con el deporte.

Durante uno de los paseos campestres con su padre, ambos descubrieron un pájaro  lastimado. Lo recogieron con bastante cariño y lo llevaron a casa con la intención de coser su herida y cuidarlo, hasta que un día el ave emprendió el vuelo hacia la libertad. Tal acontecimiento reforzó su aspiración de estudiar Medicina con el objetivo de contribuir a sanar a otros seres y salvar vidas.

No obstante, le encantaba la comunicación y la practicaba en los días de su vida, capacidad que desde muy joven le favoreció para emplearse en la Tarjeta de Crédito Oro y, a la vez, estudiar Relaciones Públicas, que tiempo después enriqueció con los cursos de Televisión.

De la Tarjeta de Crédito Oro -su primer empleo-, ingresó a la Procuraduría General de la República, en Santo Domingo. Trabajó con tres procuradores distintos y tuvo oportunidad de aprender y conocer gran cantidad de personas. De hecho, todavía mantiene comunicación con algunas amigas abogadas de aquella época. Sabe que la amistad es algo más que una casualidad o un saludo, acaso por tratarse de capítulos mutuos, de una historia compartida, y esa suerte ha tenido con la gente que la conoce.

Reconoce que tuvo incontables oportunidades de progreso en su vida y reseña, por lo mismo, que cuando laboraba en la Procuraduría General de la República, un productor de televisión la descubrió e invitó a incursionar en un medio de comunicación.

Discurrían, entonces, los días de la década de los 90. Trabajaba en Color Visión. Le encantaba. En aquella época, la Universidad del Caribe impartía un curso importante para productores de televisión. Existía una escuela de Periodismo, pero no una especializada en la formación de productores.

Color Visión resultó un foro importante dentro de la televisión dominicana. Los domingos aparecía al aire, siempre con su magnífica presencia, mientras los viernes, en tanto, participaba en un canal por medio de un programa de su creación, “Con entera libertad”.

Su participación en televisión fue exitosa. Tuvo oportunidad de conocer diversos personajes, como a Jean-Bertrand Aristide, sacerdote salesiano que ocupó la presidencia de Haití, país vecino de la República Dominicana, con el apoyo del pueblo, hasta finalmente convertirse en dictador.

Al hojear aquellas páginas de la historia, sustraídas de su memoria, Evelyn expresa que “era un período muy complicado para Haití, país que sufrió mucho con el paso de dictadores. En ese tiempo se registraban gran cantidad de asesinatos en contra de periodistas y de personas disidentes. El pueblo haitiano estaba en contra de la dictadura. Por medio de la Embajada de la República Dominicana, un grupo de comunicadores vistamos y entrevistamos a Aristide, en el Palacio Nacional de Haití. Mis compañeros eran los periodistas más experimentados del momento. Parecía inaccesible el ingreso al recinto y allí nos esperó y recibió Jean-Bertrand Aristide”.

Prosigue con el relato: “a Raoul Cédras, político y militar que ejerció el poder dictatorialmente en Haití, lo conocí a través de una amiga. Al reunirme con él y platicar, me percaté que detrás de aquel rostro de hombre tan temido, existía una persona que hablaba normal, humilde, risueño… Posteriormente enfrentó problemas muy fuertes”.

Fluyen los recuerdos en la memoria de Evelyn Tavares Castillo. Recuerda que dentro de su ejercicio profesional, conoció al escritor, ensayista y presidente dominicano Joaquín Antonio Balaguer Ricardo; aunque también trató a toda clase de personajes desde temprana edad, experiencia que le otorgó mayor seguridad y le dio oportunidad de adquirir conocimiento y experiencia.

Los recuerdos son aves peregrinas que escapan de la mente, en ocasiones con sentimientos muy profundos y a veces indiferentes, pero vuelan y dejan nidos que el viento dispersa al final. Es la razón, parece, por la que Evelyn retorna de nuevo a su infancia, cuando la cantante española Rocío Dúrcal, amiga de su madre, viajaba hasta la República Dominicana y se hospedaba en un hotel hermoso.

Y así, al recorrer el álbum de su existencia, Evelyn recuerda que era muy niña cuando ella y su hermano Felipe recibieron de la cantante trajes de baño y se tomaron fotografías en la piscina. Fue aquel un día completo de convivencia y plática. Nunca lo olvidarían.

Llegó el momento, en la vida de Evelyn, en que enfrentó el reto de tomar una decisión. En una fiesta navideña, conoció al hombre con quien contraería matrimonio, un industrial italiano que se encontraba en la isla caribeña por motivos de negocios. Resultó difícil tomar una decisión porque se encontraba en su país, en la República Dominicana, y vivía su momento de prestigio en la televisión.

Siete meses después de aquel encuentro, viajó a Italia. Hizo una pausa. Cada mes y medio realizaba vuelos entre ambas naciones. Renunció a la televisión y se estableció en un pueblo apacible de Milán que entre seis de la tarde y siete de la noche estaba oscuro y frío, envuelto en niebla, “clima muy diferente para una persona solar como era yo, que venía del Caribe”.

Trabajó en la empresa de su marido, en las áreas de Administración y Relaciones Públicas, industria que fabricaba máquinas empacadoras. Antes de trasladarse a Italia, cuando vivía en la República Dominicana, viajaba con frecuencia a naciones como Panamá, entre otras, y a Europa llegó por primera vez en el año 2000. “El primer país europeo que pisé fue Francia, pero las actividades de la fábrica favorecieron mis viajes a diferentes regiones de ese continente. Viajaba cada 15 días. Me encanta la fotografía. Empecé a tomar fotografías que reservaba para mi colección y que posteriormente decidí publicar en las redes sociales, específicamente en Facebook”, explica.

“Mis familiares y amigos sugerían que creara un blog para publicar fotografías y textos relacionados con mis viajes, pero yo les contestaba que no era escritora, que había surgido de la televisión y no me resultaría fácil; pero un día me atreví, y eso es primordial en la vida, analizar el potencial de uno y llevar a cabo acciones, materializar sueños e ilusiones, realizar los proyectos y dar un sentido pleno a la existencia”, reconoce Evelyn.

Al separarse de su marido, Evelyn se reencontró consigo y tomó la decisión de crear un blog especializado sobre viajes. Lo inició en 2018 y ha resultado exitoso. “Me dejé llevar por la inspiración, por el encanto de cada lugar que visito, y así empecé a escribir y publicar fotografías”, completa.

Las preguntas surgen aquí y allá y ella responde, unas veces pausadamente y otras con emotividad, hasta que expone que “cuando uno llega a otro lugar, a un país diferente, las personas suelen ser herméticas, y es natural. En el Caribe la gente tiene mayor apertura y es más hospitalaria; en Italia, en cambio, algunas personas ni siquiera conocen a sus vecinos. Tuve suerte. Una vecina de mi edad me saludaba y hasta la fecha somos amigas. La señora que vivía enfrente me estimaba. La gente me saludaba. No tuve problemas, indudablemente por mi carácter amigable y tranquilo. En la fábrica, obtuve el afecto de los trabajadores, y lo mismo sucedió en el grupo de catecismo de mis hijos y en todas partes”, y eso es la vida, parece, un viaje en el que es grato y maravilloso dar, recibir y devolver sonrisas y detalles, dejar huellas y llevar consigo una historia plena, sin cargas penosas ni sombras que provoquen arrepentimiento y dolor.

Entre sus evocaciones, Evelyn ríe al decir que si bien es cierto que en Santo Domingo poseía licencia de conductor, en Italia andaba en bicicleta. En ese tiempo resultaba difícil obtener la licencia europea, “y la verdad es que yo aprendí a hablar italiano en dos meses y el trabajo y los viajes me obligaban a repasar los estudios para conseguir mi anhelo. Finalmente, sólo cuatro personas del grupo obtuvimos la licencia europea”.

Y de una respuesta aparece otra y luego una más. La conversación con Evelyn parece interminable. La plática es agradable. No olvida que de pronto acudió puntual a su cita con el destino en Italia y se encontró de frente con otra gente, comida, idioma, costumbres e historia. “En la República Dominicana, mi vida estaba adelantada profesionalmente, y en Italia, que tanto amo, tuve que comenzar”.

Confiesa que ama la República Dominicana e Italia. Italia es un país maravilloso. Le encanta. La escuela italiana es excelente para sus dos hijos. Siempre le encantó visitar el centro de Milán, ciudad que es muy étnica, donde la gente no se involucra en conflictos vecinales. Las personas están ocupadas en sus actividades, en sus proyectos, en sus vidas.

Tras reconocer que las grandes ciudades enseñan mucho, admite que cada pueblo ofrece sus propios atractivos y platillos. En cada región existen dialectos y la comida es rica en variedad y muy deliciosa. Es una ventana que si se abre de improviso, se desborda tanta cosa tan bella.

Evelyn tiene más proyectos. Aunado al canal de youtube, pretende que su blog ofrezca recomendaciones para su público. Algunos lectores piensan que pertenece a una agencia de viajes, pero no es así, su blog es autónomo y libre, simplemente contiene los apuntes y las fotografías de una mujer enamorada de los paseos y los destinos turísticos. Pretende, por ejemplo, que su auditorio comprenda que es primordial saber viajar sin gastar tanto dinero. Desea abordar temas relacionados con los molinos y los sitios de antaño. “Quiero establecer secciones especializadas para enriquecer más la cultura y las experiencias de mis lectores y agradarlos con el contenido del blog”, reafirma. Cabe recordar que su blog, como le llama, es una página completa y profesional: https://evelyntavares.com/.

Tras recorrer el mapa de su existencia y conocer las rutas y las estaciones de su biografía, llega al momento en que debe dar algún consejo a las mujeres latinoamericanas y del mundo: “las invitaría a superarse. Es importante que se encuentren a sí mismas, que se atrevan a definir y protagonizar sus vidas y sus destinos. Sean autónomas, es decir traten de emprender y ofrecer más de ustedes. No se requiere ser profesional para alcanzar el éxito; aunque es importante la formación académica. De preferencia, si las condiciones lo permiten, hay que estudiar, formarse y buscar la actualización toda la vida. La creatividad y la originalidad son importantes. Si estudian, es mejor”.

Recomienda tener una pasión. “Eso ayuda a la salud mental. Difícilmente enferman o se deprimen las personas que tienen alguna pasión: caminar, ejercitarse por medio de un deporte, escribir, cultivar flores y plantas, coleccionar algo, viajar. Esa clase de personas viven mejor y son más felices. Independientemente de la posición socioeconómica y de ser madres de familia, estar casadas o permanecer solteras o divorciadas, hay que tener una pasión sana. Es maravilloso reconocer lo que hago con mis manos o lo que tiene forma después de concebirlo en mi mente. Resulta hermoso y satisfactorio crear, avanzar, sentirse orgullosa de uno misma. Ante todo, es significativo amarse mucho y contar con su propio espacio. En mi caso, tengo dos hijos, a quienes amo demasiado; pero tras atenderlos y ellos dedicarse a sus actividades, realizo lo que me apasiona y me siento realizada”.

Invita a las mujeres a crecer, superarse, ser ellas mismas, libres, dignas, respetuosas. Es necesario avanzar, no detenerse ante ninguna circunstancia negativa. Recomienda que se quieran y se valoren, y que por ningún motivo se rezaguen ni se sientan inferiores porque todas las mujeres tienen derecho a realizarse plenamente y ser felices.

Agrega que “mujer significa muchas cosas. Una mujer hace mil tareas. Tiene fiebre y no sabe porque debe seguir adelante, llevar a hijos a escuela, responder a todos los retos de la vida, cumplir responsablemente. Significa ir, a veces, en contra de la corriente. Todavía hay muchos prejuicios. Abundan las personas que etiquetan a las mujeres sin conocer lo que han hecho, sus antecedentes, sus historias, su realidad. Por eso me gusta la fuerza interior que estimula a caminar hacia adelante. Ante todo, hay que tenerse respeto. Respétense a sí mismas y a los demás. No hagan caso a otras voces que generalmente pretenden arruinar y destruir. Escuchen y sigan los consejos de su voz interior. Den ejemplo de lo que son, de lo mucho que valen, y no olviden comprender y ayudar a otras mujeres. A las mujeres se les denomina sexo débil, pero son muy fuertes y muchas dan ejemplo de grandeza”.

Le parece deplorable que en muchos países las familias se dividan y enfrenten por intereses materiales. El dinero ha provocado tantas rivalidades y separaciones familiares. Aconseja, en consecuencia, superarse toda la vida, pero renunciar a ambiciones desmedidas, envidias, chismes, engaños y superficialidades. Una vida dedicada al bien y a la verdad tiene más valor que una desperdiciada en el mal.

Antes de concluir el viaje por su biografía, Evelyn recuerda a su hermano Felipe, con quien compartió tantas vivencias durante su infancia, el cual falleció. También piensa en sus hermanos, siempre con un amor entrañable: Daniel, Rudy, Ramón, Raúl, Carolina y Alberto.

Sabe que la familia tiene un valor significativo y es, por lo tanto, base y eje de una sociedad sana cuando existen valores que la rigen. Es recomendable fortalecer a las familias a través del amor, la nobleza de sentimientos, la educación, los consejos, la convivencia, los ejemplos positivos.

De sus viajes, le encanta todo. En Europa compró gran cantidad de libros y mapas sobre lugares de interés. Colecciona libros dedicados a las ciudades europeas. No desconoce que por medio de internet es posible conocer más acerca de tales temas y hasta trasladarse virtualmente a cada sitio; sin embargo, disfruta mucho recorrer los destinos turísticos. Busca los centros históricos de las ciudades, con toda su arquitectura, su historia, sus museos y sus espacios, donde le es factible conocer a la gente que se reúne; sin embargo, le fascina recorrer los mercados porque allí, entre pasillos y negocios, “descubro los rostros, las costumbres, el palpitar y la esencia de los pueblos”.

A Evelyn le apasiona caminar. Anda por senderos antiguos, recorre lugares históricos, explora, desentraña, conoce. Imagina el paso de las carretas por las antiguas callejuelas empedradas y hasta le parece mirar a los enamorados del ayer en los balcones, acaso lanzando papeles con mensajes, quizá intentando acercarse, tal vez despidiéndose.

Evelyn Tavares Castillo es corresponsal de canales de televisión en Estados Unidos de Norteamérica y República Dominicana; aunque en Italia también es solicitada por su experiencia, profesionalismo, ética, conocimiento, capacidad y entrega.

Habla acerca del coronavirus y lo define como una pesadilla que aún se encuentra latente. “De pronto, la ciudad cierra todo. Lo vivimos en Lombardía, la región italiana que registro mayor cantidad de casos. Todos estábamos desorientados. Nunca habíamos vivido algo tan horrendo. Muchas personas de Milán se fueron al sur, pero enfrentaron problemas de rechazo porque en otras partes la gente aseguraba que estaban infectados y podrían ser fuente de contagios. Hubo distanciamiento y rechazo. Todo permaneció cerrado. Luego, en los balcones comenzaron los aplausos, las canciones, las palabras de ánimo, en reencuentro humano. Todos nos animábamos. El coronavirus ha modificado a la humanidad. Tenemos la responsabilidad de cuidarnos en lo personal y como familias y sociedad”.

“Cuando enviaba, desde Italia, reportajes a empresas noticiosas como Telefuturo, en Santo Domingo, me preguntaban qué deseaba al término de la pesadilla del coronavirus, y yo les respondía que ser libre nuevamente para caminar con mis hijos, respirar oxígeno puro, disfrutar cada detalle y momento de la vida. Eso es lo que verdaderamente vale. Lo otro es acumulación de dinero y cosas, pero finalmente lo que da la felicidad es disfrutar a la familia, los momentos de la vida, la naturaleza, los detalles, los sentimientos”.

No omite que “pasé días en el balcón. Los días eran bellos, pero tristes. Dicen que Milán es gris, pero siempre permaneció soleada. El aislamiento humano favoreció a la naturaleza. Regresaron las ardillas, los llamados conejos selváticos, las aves. Los animales empezaron a vivir felices y libres, pero nosotros, los seres humanos, estábamos encerrados. Me sumergí en el verdor, en las flores, en mí, en mi familia, en mis actividades profesionales, en mis escritos, en mis fotografías, en mis recuerdos y en mis anhelos. Atendí a mis hijos y ejercí mi profesión de comunicadora. Todo era incierto. Aprendí que hay que ser optimistas y no perder el ánimo”.

La tenista juvenil cierra el volumen de su historia. Intuye, sin duda, que hay incontables páginas en blanco reservadas para los próximos años de su existencia. Sonríe. Confiesa que no habla de lo negativo porque la vida es breve, tan corta que es preciso aprovecharla en algo bello, grandioso y sublime.

Y tiene razón. Su vida es fuente de conocimientos, experiencias, sentimientos, ideales y pensamientos bellos y positivos. Es una dama, una mujer de siempre, que aconseja a otras personas del sexo femenino a liberarse de ataduras y mediocridad para ser dignas, respetables, auténticas. Las invita a superarse, a no permitir que alguien más las denigre, a respetarse y a hacer de sus existencias un viaje hermoso e inolvidable.

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Página oficial de Evelyn Tavares:

https://evelyntavares.com/

La fotografía que ilustra la presente publicación forma parte de la colección particular de Evelyn Tavares y también está protegida su autoría

Antes del naufragio

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Hay sentimientos que quedan atrapados en las mazmorras más hediondas y oscuras de las personas, entre cadenas y barrotes intoxicados de herrumbre que las sujetan e impiden que se liberen y expresen plenamente. Existen palabras que nunca fueron pronunciadas y se ahogan por su indiferencia, su distanciamiento, su crueldad y su silencio. Flotan en la gente deseos y proyectos que se volvieron intenciones porque el camino enlodado por la intolerancia, el resentimiento, la soberbia, el odio y la ausencia de amor, provocaron su desequilibrio y su fatal caída. Abundan las cargas que se llevan a cuestas gratuitamente y desgarran la ropa, la piel, el corazón, la memoria. Naufragan en las turbulencias de los remordimientos, del olvido y del arrepentimiento, los sentimientos, abrazos y besos que no se dieron. Quedan en las manos pedazos de cosas que jamás se entregaron, a pesar de las necesidades y las urgencias. Permanecen en la mesa los borradores que no se utilizaron para eliminar infidelidades, discordias, necedades, injusticias, engaños, traiciones e ignorancia. Muchas planas quedan en blanco, olvidadas, igual que una estación de ferrocarril añeja, desolada y sucia, en espera de ser escritas con historias magistrales, hermosas e inolvidables. Innumerables destinos se proyectan anticipadamente hacia su lamentable ocaso, quizá por resultar más cómodo permanecer en los asientos lóbregos que esforzarse, dar de sí y resplandecer. El tiempo y la vida son indiferentes al tránsito de la gente, al paso interminable de mujeres y hombres, a los triunfos o fracasos, a las alegrías y tristezas, a la salud y enfermedad, a las razas y creencias, a la inteligencia e ignorancia, y probablemente es la razón por la que resulta perentorio dar un sentido a la biografía individual y social, a la historia que se protagoniza cada instante, y evitar así tanto escombro que hay en el paisaje. Los ciclos de la vida continúan incesantes, mientras hay personas, en el mundo, que prefieren encadenarse y permanecer atrapadas en sus propias cárceles, rodeadas de abismos, fantasmas, murallas y oscuridad, simplemente por no descubrir sus verdaderos rostros y presentarse auténticos, libres, dignos, con sentimientos nobles, actos y detalles bellos y la decisión de tender puentes de amor y dar lo mejor de sí.. La oportunidad de sanar, rescatarse y ser libres y plenos es ahora, en este momento, no después, porque seguramente cualquier viento desviará las intenciones y el espacio para los hechos grandiosos podrían ocuparlos los remordimientos, la tristeza y los sentimientos más mezquinos. No hay que cambiar la luz por los destellos fugaces de la oscuridad. Resulta perentorio evitar el naufragio y la muerte.

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Amor de julio y de siempre

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Te amo en julio por la lluvia romántica y las gotas que se transforman en perlas. Te amo en julio por la tierra que huele a barro mojado, por el perfume de la hierba y por la hermosura de las flores que asoman al llegar el sol y la mañana con sus matices y fragancias. Te amo en julio porque inicia la segunda mitad del año y así es mi vida tras los minutos y los días primaverales. Te amo en julio, con su verano intenso, anticipándome al otoño y al invierno. Te amo en julio y lo multiplico por doce para obtener todos los meses del año y mantenerme enamorado de ti. Te amo en julio de antaño, en julio de hoy y en julio de mañana. Te amo en julio de siempre. Y si no existiera julio entre los meses de mi existencia, lo inventaría hermoso y sutil, mágico e inagotable, y lo insertaría hasta convertirlo en puente hacia otras estaciones y un destino común. Te amo en julio por tanto recuerdo que cargo en mi memoria, por la cantidad de sentimientos que llevo en mí, por las fragancias y las texturas, por el ambiente y las lágrimas de alegría que derrama el cielo y transforma en gotas de lluvia. Simplemente, te amo en julio como también en enero, febrero, marzo, abril, mayo, junio, agosto, septiembre, octubre, noviembre y diciembre. Cada vez que en tu vida aparezca el mes de julio, recuerda mis palabras y mis sentimientos con rasgos de poemas. La locura de este amor, fiel e inagotable, es de julio y siempre.

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El violín de mi padre

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Entre la niñez, la adolescencia y la juventud de mi vida, escuché y miré una, otra e incontables veces el piano antiguo de origen alemán que permanecía en la sala de la casa, la guitarra que cautivaba a mi hermano, el requinto que me regaló mi padre y su violín traído de Italia a América, alguno de esos días añejos que al final permanecen en el naufragio y en la desmemoria de la mayor parte de las personas, instrumentos musicales de los que, por cierto, solamente quedan recuerdos, imágenes, ecos, suspiros.

Cada instrumento se integró a la familia en alguna etapa de nuestras existencias, o, definitivamente, como el violín, ya se encontraba en casa. El bagaje artístico y cultural de mi padre era demasiado amplio, y algunas ocasiones, en nuestras tertulias familiares, sorprendía al tocar el violín con pasión y sentimiento, mientras mi madre, quien mucho tiempo más tarde, en los años postreros de su vida, perteneció a un grupo coral que disfrutó tanto, relataba el encanto y la fascinación de mi abuela por cantar ópera o el capítulo épico sobre el día en que mis antepasados recibieron de Alemania un piano de cola, el cual fue armado pacientemente por técnicos germanos, acontecimiento que resultó noticia en la población donde vivían.

Poseíamos una consola o tocadiscos, modelo que mi padre, al fin inventor, diseñó y fabricó. Escuchábamos música, como también lo hicimos, en su momento, con casetes, los cuales ahora pertenecen al ayer y forman parte, en todo caso, de colecciones, museos y remembranzas. Evidentemente, mis hermanos y yo integramos en el hogar un grupo musical que improvisamos con un lavadero portátil, botes, palos y diversos materiales.

Y así, hasta una noche anónima se volvió recuerdo grato e inolvidable. Mis hermanos y yo organizamos y presentamos un festival a mi tía Magdalena y a mi abuela, mientras mis padres se encontraban fuera de casa. Y nunca olvidamos, ellas y nosotros, aquella fiesta con abundancia de música.

Aprendimos que la música, igual que la vida, puede ejecutarse en armonía y magistralmente, o al contrario, degenerar en notas discordantes, en conciertos de triste y lamentable  memoria.

El violín de mi padre, rechazado por el apresuramiento y la repentina petulancia del conductor de noticieros más célebre en aquella época tanto en México como en América Latina, Jacobo Zabludovky Kraveski -a pesar de otros capítulos y momentos agradables-, quien indudablemente pretendió minimizar la pieza de colección para adquirirla a precio muy bajo, tenía historia, y lamento, en verdad, que se haya perdido.

Mi padre era muy niño cuando paseaba al lado de mi abuelo, algunas tardes, antes del ocaso, por las callejuelas del centro histórico, mientras los campanarios y las maquinarias de los relojes instalados en los templos vetustos repetían sus tañidos y melodías envueltos en un ambiente de melancolía.

En una de las calles, un anciano, atrapado en las sombras de su ceguera, ejecutaba piezas magistrales con su violín antiguo, pintado por una extraña razón de color rojo. Al acariciar las cuerdas con el arco, las notas emitían sonidos profundos, similares a las voces del cielo, al lenguaje de la lluvia y del océano. El hombre era un artista, un intérprete genial, que sentía la música desde las profundidades de su ser, quizá entre los rumores y los silencios de su alma, y la transmitía con gran sentimiento.

Al escucharlo, a su corta edad, mi padre se sentía conmovido. Pedía a mi abuelo detener la caminata con la idea de escuchar la música de violín que lo invitaba, tal vez, a zambullirse en su ser, explorar sus secretos insondables y atreverse a vivir, a protagonizar una historia prodigiosa e inolvidable.

Todas las tardes, el hombrecillo del violín deleitaba a los transeúntes, a las personas que caminaban por las calles y plazas centenarias, entre casonas de piedra, portones de madera y balcones decorados con herrería fundida y martillada en los talleres y yunques de la antigüedad.

Confieso que mi padre nació artista. Le encantaba escribir y sabía dibujar, pintar, esculpir y tocar el violín, arte que mezclaba con la ciencia, con sus horas y días de investigación, con sus inventos.

Mi abuelo decidió consentirlo. Investigó el domicilio del anciano y solitario artista, con quien conversó una noche y otra más con la intención de felicitarlo por su talento musical y, a la vez, preguntarle, si no lo ofendía, la posibilidad de vender el violín, el violín rojo, el violín que hablaba al reproducir cada nota.

Evidentemente, el músico y el violín formaban parte de una fórmula artística. El instrumento musical era medio de sustento del viejo invidente, quien se sentía enfermo y cuyos ecos del ayer rondaban su memoria y su cuarto. Narró que hacía años, en sus días juveniles, compró el violín, ya usado, y que ya estaba pintado de un tono rojizo poco común. El hombre que se lo vendió, en los minutos del siglo XIX, aseguraba al músico que el instrumento resguardaba un secreto inconfesable. Al comprarlo, se dedicó a ejecutar piezas sublimes, hasta que la ceguera lo trasladó a las sombras, a la oscuridad y, en consecuencia, al rechazo social, a la marginación. Sorprendía por su virtuosismo y algunos hombres y mujeres arrojaban monedas a su sombrero, incapaces de entablar comunicación con él.

Mi abuelo compró el violín y así, antiguo y rojizo, enigmático y prodigioso, lo entregó a su hijo consentido, a mi padre, quien arrancó, al tocarlo, palabras y susurros musicales, rumores del cielo y del mundo, murmullos y sonidos mágicos que mucho tenían que ver con la calma y las tormentas, el día y la noche, la vida y la muerte, las respuestas y las incógnitas. Era un violín maravilloso.

Un día, como todo, el violín llegó puntual y de frente a su cita con el destino, y lo perdimos, igual que las cosas que poseíamos; sin embargo, ahora pienso que la mayor riqueza no consiste en lo que uno pueda acumular y tener, sino en la capacidad de ser felices, dignos, libres, plenos, nobles y auténticos.

Perdimos el violín. De pronto, uno queda sin patrimonio, desprovisto de cosas; pero con la fortuna de una vida digna y sencilla, genuina y justa, feliz y virtuosa, cargada de sueños e ilusiones, amor, alegría e innumerables vivencias.

El violín de mi padre, junto con el piano, la guitarra y el requinto de la casa solariega, ahora naufragan en las remembranzas y pertenecen a los otros días, al ayer, con la dulzura y el encanto de su lenguaje musical inolvidable y el aprendizaje de que la vida es breve y lo único que queda es lo bueno o lo malo que cada uno elige registrar en las partituras de su biografía e historia. La vida es una sinfonía magistral y subyugante o una serie de notas discordantes.

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Una vida…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Una vida dedicada al bien, es aquella que suma detalles y multiplica pequeños actos de amor hacia los demás. Una vida plena es la que agradece cada momento y lo disfruta plenamente. Una vida que se consagra a dar y no a arrebatar, es la más dichosa y la que, finalmente, recibe la gratitud del infinito. Una vida que transita auténtica, ausente de máscaras, genuina, podrá ser criticada severamente, pero jamás sometida a caprichos ni a debilidades. Una vida libre y digna, camina segura, percibe las caricias del viento y emprende el vuelo a rutas y destinos de mayor belleza y encanto. Una vida sencilla, desprovista de los trajes de la arrogancia, el odio, la ambición desmedida, el egoísmo, la crueldad y los instintos primarios carentes de sentimientos nobles y que acartonan el rostro y endurecen la coraza que encarcela al alma, es más admirable por sus virtudes. Una vida es ejemplar no por la abundancia de dinero, exceso de joyas y presunción por cosas materiales; lo es por los resultados que cotidianamente presenta por medio de sus sentimientos, acciones, pensamientos, ideales y palabras. Una vida rica es feliz lo mismo en el yate más lujoso y en el crucero de mayor elegancia, que en un bote modesto de remos, decorado únicamente con una gran sonrisa y la alegría de gozar cada instante. Una vida triunfadora no es la que corre vertiginosamente sin importar aplastar a los demás, en un afán de conquistar una meta descomunal que le dará incontables cosas materiales, pero quizá le arrebatará el sueño y la tranquilidad, le entregará otros grilletes y le durará mientras permanezca en el mundo. Una vida feliz es la que sueña, se ilusiona y realiza esfuerzos para experimentar cada segundo, sin omitir la reproducción de lo más dulce, hermoso y sublime. Una vida resulta inolvidable cuando se le recuerda por las huellas que deja. Una vida es bonita e intensa al retirar los abrojos y las piedras del camino, al marcar itinerarios y al cultivar flores y dispersar pétalos fragantes de deliciosa textura e intensa policromía. Una vida es completa al reír y llorar, al explorar el sí y el no de lo que le rodea, al consumir los minutos y los años en un estilo propio, en armonía consigo y con los demás, con equilibrio y plenamente. Una vida rompe barrotes y cadenas al decidir enfrentarse a sí misma, desafiar y aplastar sus propios fantasmas, disipar sus sombras, y tiende, a cambio, puentes, derrumba fronteras, escala cumbres, es fiel y derrama luz y no proyecta la oscuridad de las simulaciones. Una vida de satisfacciones, convida de sí y jamás quita a otros. Una vida que resplandece es la que cuida y embellece la arcilla que la envuelve, pero nunca enloda ni apaga su esencia luminosa. Una vida mágica no sucumbe ante la ignorancia ni la maldad; busca y practica el bien y la verdad. Una vida cautivante y prodigiosa es la que diariamente, a toda hora, protagoniza una historia ejemplar, una biografía extraordinaria. Una vida que asegura su inmortalidad, cierra los ojos en la hora postrera y se despide del mundo con alegría, humildad y satisfacción de haber contribuido al aprendizaje, la evolución y la felicidad de otros.

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