Otra oportunidad

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

No quiero que las luces se apaguen sin escuchar de nuevo el canto del jilguero. Antes de que descienda el telón, me es preciso, otra vez, asomar al charco humilde y sencillo, a la represa que contiene el pulso de la vida, al lago rodeado de árboles, para descubrir mi rostro sonriente y contemplar la profundidad del cielo retratada. Me niego a cerrar los ojos definitivamente sin escuchar, como antes, los rumores del mar, los susurros del viento, el lenguaje de la naturaleza, los murmullos de la vida. Necesito salir con la idea de correr y respirar, reír y llorar, resbalar y levantarme, soñar y vivir. Me urge recolectar los pedazos que quedan de mí y de los demás para rescatar, si es posible, nuestras historias e identidades, lo que nos hizo tan dichosos y hoy añoramos. Me resulta perentorio sembrar para así, la otra y las siguientes mañanas y tardes, recoger los frutos con sabor a lluvia y a tierra, y elegir las flores de elegante figura, perfumadas y multicolores. No admitiré, por ningún motivo, que mi historia, la tuya, la de ellos, la de todos, quede inconclusa o que alguien la borre o arranque sus páginas. Nadie tiene privilegios sobre los demás ni facultades para deformar o eliminar nuestras huellas. Rehúso cerrar el portón y las ventas al sol, al aire, a la lluvia, a la nieve, al frío, al calor, a la vida. Pretendo abrazar el tronco de un abeto, hundir los pies en el barro, cerrar los ojos y percibir, desde el silencio y la profundidad de mi alma, las voces de la creación, el palpitar de la vida, el concierto de la naturaleza. Quiero, igual que antaño, disfrutar la felicidad e inocencia de la niñez, con sus juegos y travesuras; pretendo desatar y romper las cadenas de los adolescentes y jóvenes, reclusos de modelos que los han aprisionado, y gozar sus emociones, sus sueños, sus anécdotas, sus experiencias, sus alegrías; también deseo reír, platicar y convivir con los adultos, y agregar a los ancianos tan ingratamente olvidados. No me iré sin antes descorrer las cortinas e invitar a todos, a ti, a ellos, a ustedes, a recuperar el aire limpio, la dignidad, la alegría, el amor, la nobleza de sentimientos, la libertad, el respeto. Si el viento es incapaz de apagar la flama de la vela por amor y respeto a quien lo creó, menos podrán hacerlo los profanadores y ultrajadores de la vida, el bien y la verdad. No me iré a la vieja estación ni partiré sin antes regalar flores, dispersar pétalos en los caminos, dejar huellas indelebles, provocar sonrisas y dar trozos de mis sentimientos y de mi vida a quienes los necesiten. No, no navegaré a otro puerto mientras la gente no recupere a sus familias, sus hogares, sus principios, su dicha, su salud, su libertad, sus derechos, su realización, su dignidad. Irme antes, equivaldría a renunciar y traicionar a la gente que me ha acompañado, enlodar su confianza y abandonarlos. No me sentiría feliz ni tranquilo. Quiero mirar de nuevo las sonrisas, sentir los abrazos, percibir el sí y el no de la existencia, contemplar la naturaleza magistral desde un bote de remos, experimentar las caricias de los amaneceres y hasta los ósculos de una tarde luminosa, y así, tranquilo, esperar la noche con sus rumores y silencios. Pretendo que las canciones, los poemas y la música sean escuchados otra vez y envuelvan a todos los seres humanos con su encanto. Uno no puede ausentarse de un mundo de gente, cosas, recuerdos, historias, presente y futuro rotos. Al menos, insisto, hay que dejar huellas, retirar las piedras del sendero, prender uno o más faroles durante la jornada, y jamás apagar la flama ni atravesar el pie con la intención de que otros caigan. El cielo o el infierno son más intensos de lo que creemos y en verdad inician en uno. Quiero que las estrellas me ayuden a alumbrar pueblos, caminos y paisajes, la aldea que es el mundo, para que ningún niño, adolescente, joven, adulto y anciano sufran ni experimenten las injusticias, el desconsuelo y la soledad, y deseo, con la misma vehemencia, que el sol me acompañe brillante para demostrar que siempre hay un amanecer y la esperanza de hacer de los días de la vida una historia armoniosa, bella, magistral e inolvidable.

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12 comentarios en “Otra oportunidad

  1. Santiago que hermosa y profunda forma de escribir tienes, me ha gustado mucho como describes, casi te puedo decir que escuché cantar al jilguero, percibí el perfume de las flores, y sentí el lodo en mis pies. Dejas un bello mensaje lleno de esperanza.
    Ser positivo es un trabajo de todos los días. Gracias.

    Le gusta a 3 personas

    • Estimada Elvira, agradezco tus palabras y el concepto que tienes de mí y de mis publicaciones. Me encanta escribir. Lo disfruto mucho. Estoy convencido de que es importante hablar de temas positivos, sobre todo en la época actual en que existe tanta preocupación. Y como bien dices, es un trabajo de todos los días. Recibe saludos y lo mejor de la vida.

      Le gusta a 3 personas

      • Estimado Santiago, agradezco te tomes el tiempo de responder. Me gusta decir lo que pienso, se percibe que te encanta escribir, cuando se disfruta lo que se hace se plasman muchas emociones que captan tus lectores. Coincido totalmente contigo tratar temas positivos es de crucial importancia sobre todo con lo que estamos viviendo.
        Mucho éxito y saludos.

        Le gusta a 1 persona

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