Es un delirio, un poema, un suspiro…

Santiago Galicia Rojon Serrallonga

Simplemente, tuyo

Es un ministerio, una locura, un suspiro. Es, parece, un concierto, un poema, un estilo de vida, un delirio, un baile, un encargo de Dios. Nada se le parece al amor. Acelera y detiene el pulso de la vida, pinta de colores el paisaje, cubre el ambiente de notas musicales. Es un concierto, un poema, un lienzo. Es el rumor y es el silencio que se propagan en nosotros, es el murmullo y es el sigilo que se perciben en ti, en mí, en ambos, al abrazarnos, al decir simplemente lo tanto que somos uno del otro y al convertirnos en trigo que acaricia y agita el viento. En el amor, está permitido inventar, reír, cantar, enloquecer, patinar, escapar una mañana a la orilla del mar y empaparse una tarde de lluvia en la campiña o en el parque de la ciudad. Es correr y resbalar, arrojarse a los brazos del otro y girar, caer al pasto y regresar a casa con barro en los pies y en el rostro, y con un canasto pletórico de historias. Es, sencillamente, volver a la infancia perdida, jugar, reencontrarse con la adolescencia dorada, soñar, rescatar los minutos juveniles, saltar bardas y cercas y vivir los siguientes días. Y al ser el amor tan libre y pleno, feliz e interminable, es posible inventarlo cada instante, sentirlo a una hora y a otra. En el amor, las ocurrencias, los juegos y las travesuras son permisibles, y tan es así que una noche o una madrugada, dos enamorados pueden transformarse en una sola gota de agua, contabilizar estrellas o suspirar profundamente. El amor es libre y pleno. No admite barrotes ni armaduras. Es la cara ausente de maquillaje, feliz, enamorada, auténtica. El amor se refleja en la mirada, en los ojos que retratan la otra parte de sí y la profundidad azul del cielo. Es la esencia y es la arcilla, es el infinito y es el mundo, es un tú con mucho de mí y es un yo con un tanto de ti. Es, entiendo, el tablero sin final que Dios colocó un día, al regresar y encontrarse de paseo por el mundo, como regalo para quienes coinciden, a cierta hora, puntales, se miran de frente y navegan en un bote de remos, se reúnen en la azotea una noche apacible o prenden una fogata en medio del bosque de abetos, mientras el aire emite el lenguaje de tierras lejanas y los susurros del río envuelven a dos que se mecen en el columpio, a dos que prometen cubrir los días de sus existencias con flores y detalles, a dos que se miran y se abrazan hasta escuchar las voces y los silencios de sus almas, a dos que topan con la reja del paraíso y la abren, a dos que ya llevan consigo la memoria de sus días y sus noches, a dos que se saben inmortales,

Derechos reservados conforme a la ley/ Copyright

5 comentarios en “Es un delirio, un poema, un suspiro…

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s